jueves, 6 de diciembre de 2007

Barack Obama?

Hace dos meses, en Octubre, Hillary Clinton tenía una amplia ventaja sobre los demás precandidatos del Partido Demócrata. Según las encuestas de CBS News-New York Times, Hillary contaba con el 51 % de los votos, mientras el Senador Barack Obama tenía el 23 % y el ex Senador John Edwards sólo el 13 %.

Sin embargo, una encuesta de la misma fuente del 13 de Noviembre indica que la diferencia de intención de voto a favor de Hillary Clinton se ha acortado sustancialmente y ahora es ahora poco significativa.

El panorama de las internas de Iowa, previstas para el 3 de enero, es muy distinto de la situación de Hillary Clinton en los distritos del Noreste, donde es favorita con amplio margen de ventaja. Las primarias de Iowa (evento que se denomina “caucus”) son una especie de “pre-interna” que, según la tradición, ejercen una gran influencia sobre las internas que luego tienen lugar en los demás estados para nominar el candidato presidencial de cada partido.

En Iowa, la interna demócrata hoy se presenta muy pareja: Hillary Clinton cuenta con un 25 % a su favor, Edwards con un 23 y Obama con un 22. Esto, con un margen de error de 4 %, indica que ninguno de los precandidatos surge como un líder seguro para las huestes del Partido Demócrata.

Un serio obstáculo para Hillary, es que, a nivel nacional, el 36 % de los votantes afirma que nunca votaría por Hillary, no importa quien fuere el candidato Republicano. La favorece el voto femenino en todos los distritos. Pero, al mismo tiempo, los menores de 45 años tienen una marcada preferencia por el senador Obama.

Frente a Obama, Hillary Clinton esgrime principalmente sus planes y propuestas, en particular su plan de seguro universal de salud. Pero Obama muestra en cambio rapidez en las respuestas, determinación y capacidad de decisión. Lo que al principio fue tomado como una actitud “idealista y sentimental,” cuando Obama se ofreció para hablar en forma directa y personal con los líderes de Iran y Siria, hoy es visto como una alternativa creíble y positiva frente la desorientación y, por momentos, actitudes extremas que caracterizan la política exterior de los Estados Unidos en esta etapa.

Del mismo modo, el senador Obama cuestionó desde el principio el respaldo y la centralidad que su país le otorgó al hoy cuestionado presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, en la lucha contra el terrorismo. Obama propuso en su momento perseguir a Bin Laden en territorio paquistaní aun sin la autorización del gobierno de Pakistán.

La presencia pública del senador Obama ha crecido por su capacidad sobresaliente de comunicarse con audiencias muy diversas y ofrecer respuestas convincentes a las preguntas más desafiantes de sus interlocutores. Encuestas recientes muestran que, frente a cualquiera de los potenciales candidatos Republicanos, tendría un desempeño electoral superior al de Hillary Clinton. Estos datos no pueden sino ejercer una sutil seducción en el imaginario del electorado norteamericano y ser tomados cuidadosamente en cuenta por el establishment liberal que no termina de aceptar a Hillary Clinton. Es probable que esto explique en parte el cambio de tendencia que, en tan breve lapso, se ha planteado frente a las inminentes internas de Iowa.

Andres Fontana

sábado, 1 de diciembre de 2007

Capacidad nuclear de la Argentina

La semana pasada, Mohammed ElBaradei, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA), se reunió en Buenos Aires con el presidente Néstor Kirchner. El objeto del encuentro fue analizar el plan nuclear de la Argentina y aspectos vinculados al rol que desempeña nuestro país en el organismo.

El OIEA, con sede en Viena y sedes regionales en Ginebra, Nueva York, Toronto y Tokio, es la entidad del sistema de Naciones Unidas encargada de supervisar y verificar in situ el cumplimiento de las normas y compromisos que regulan y garantizan el uso de la energía nuclear con fines exclusivamente pacíficos.

La Argentina, desde sus primeros pasos de común acuerdo con Brasil a fines de los años 80 –cuando ninguno de los dos países había ingresado aún al régimen internacional mencionado, que funciona en el marco del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP )— ha marcado un camino de compromiso con este criterio fundamental del sistema internacional: la energía nuclear debe emplearse con fines exclusivamente pacíficos y, no sólo eso, los países con programas nucleares deben dar garantías de que tal es el caso y prestarse a las inspecciones que permiten que los demás miembros de la comunidad internacional, en todo su derecho, gocen de la tranquilidad que tales garantías e inspecciones ofrecen.

El Dr. ElBaradei, junto con su antecesor Hans Blix –quien visitó la Argentina en 1994 y expresó las mismas consideraciones acerca de la confiabilidad de nuestro país en este terreno tan sensible— fue el encargado de verificar la inexistencia de armas de destrucción masiva en Iraq.
Tal es el rol decisivo del OIEA en situaciones de extrema sensibilidad para la política internacional, como la que precedió la invasión de Irak por las tropas estadounidenses en marzo de 2003. En enero de ese año, no obstante las presiones de los Estados Unidos, decidido a invadir Iraq, ElBaradei expuso ante el Consejo de Seguridad que ese país había desmantelado las instalaciones con capacidad de fabricar armas nucleares, postura que reafirmó a principios de marzo , poco antes de que el presidente Bush ordenara, no obstante, la invasión.

Miembros del cuerpo diplomático de nuestro país, entre ellos el actual Vicecanciller, han sido miembros de tales inspecciones a Iraq, cuyos resultados Estados Unidos desoyó, distorsionó e hizo todo lo posible por modificar. La presencia en nuestro país del Dr. ElBaradei, quien en 2005, recibió el Premio Nóbel de la Paz por su destacada actuación, ratifica una vez más el lugar de la Argentina en el campo del uso de la energía nuclear para fines vinculados a la salud, la energía y otros fines legítimos y de crucial importancia para el futuro de la humanidad.


viernes, 23 de noviembre de 2007

Dónde estamos

Hace un par de semanas, nos preguntamos “dónde nos conviene estar,” en el marco de las tendencias predominantes en la política internacional. Están a la vista las dificultades de la principal potencia mundial para contrarrestar los efectos de su propia política exterior. Están a la vista los efectos devastadores del terrorismo globalizado en la, de por sí difícil, tarea de construir consensos y objetivos comunes en el campo internacional. Esto hoy afecta principalmente a los Estados Unidos y sus aliados tradicionales, en particular, los países de Europa Occidental.

La inesperada irrupción en escena de Nicolas Sarkozy no ha cambiado demasiado el panorama y en lo que hace a las reacciones previsibles a sus políticas los resultados ya están a la vista. Pero hoy el escenario no se caracteriza solamente por las dificultades de la potencia hegemónica, sus aliados y sus rivales. Es necesario escuchar también las advertencias del Secretario General de las Naciones Unidas acerca de una posible (cercana?) catástrofe climática. Es necesario percibir el temor que transmiten miles y miles de inmigrantes (legales e ilegales) en las ciudades de Europa ante la ola creciente y aparentemente imparable de xenofobia. Es necesario preguntarse si lo peor es el plan nuclear de Irán o el tipo de reacción que vienen insinuando el presidente de los Estados Unidos y los sectores “duros” de su Administración encabezados por el vicepresidente Dick Cheney. Y no hemos mirado aún los indicadores de pobreza, desnutrición infantil, mortalidad, desigualdad, escasez o carencia directa de agua potable y otros rasgos inconcebibles del panorama global del siglo XXI.

Nuestra sub-región, atrasada, afectada por muchos de estos males, recurrente en perder oportunidades y propensa a presenciar pasivamente un crecimiento sostenido del crimen organizado, es sin embargo un ámbito caracterizado por la paz, la cooperación regional y una integración tímida pero sostenida como aspiración de nuestras sociedades y promesa constante de nuestros dirigentes.

A esto se agrega día a día una creciente conciencia y demanda cada vez más intensa en materia de políticas ambientales. La inequidad y la falta de oportunidades de progreso son sin duda temas de particular gravedad. Pero en materia de política internacional, la región ofrece un marco de oportunidades y un panorama comparativamente favorable.

Andres Fontana

jueves, 25 de octubre de 2007

RESPONSABILIDAD

Albert Einstein, nacido en Alemania y Premio Nobel de Física en 1921, dijo “hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.” Su alusión a la física fue para destacar el valor de lo humano. Fueron muchas sus frases famosas, algunas muy irónicas sobre la naturaleza humana, pero ninguna ofensiva para una persona o grupo en particular. En su genialidad, predominaba la sabiduría sobre el saber científico.

Doris Lessing nació en Irán, cuando se llamaba Persia, y pasó su juventud en Rhodesia, actual Zimbabwe. A los 82 años, acaba de recibir el Premio Nobel de Literatura. Es conocida por sus obras, pero también por su lucha contra la intolerancia y la discriminación.

El Dr. James Watson, nacido en Chicago, uno de los descubridores del ADN, recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962. El Dr. Watson acaba de escandalizar al mundo con sus declaraciones acerca de diferencias en los niveles de inteligencia entre razas. No importa tanto lo que dijo o verdaderamente quiso decir, sino el contexto histórico y el sentido de responsabilidad que le compete a quien ha alcanzado los peldaños más altos del reconocimiento científico internacional.

Cualquier diario que tomemos de la mesita en la sala del dentista seguramente contiene una noticia sobre la intolerancia racial o religiosa. Seguramente muestra algún conflicto que involucra inmigrantes, abusos, discriminación. La mayor parte de los conflictos internacionales de nuestra era tienen un componente de esa índole.

La semana pasada, los medios destacaron los esfuerzos de la Unión Europea para lidiar con la inmigración, mientras era tristemente noticia la agresión a una joven ecuatoriana en Barcelona. Vemos las políticas duras del presidente francés Nicolás Sarkozy, la inminente acción militar de Turquía contra los Kurdos, los frecuentes conflictos con los inmigrantes en los Estados Unidos.

Ese es el contexto en el que cabe reclamar al Dr. Watson un mayor sentido de responsabilidad, acorde con el lugar que ocupa, inevitablemente, en la sociedad y el campo internacional.

Andres Fontana

jueves, 18 de octubre de 2007

Nóbel Políticos

Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos, y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, co-presidido por el científico argentino Osvaldo Canziani, recibieron el premio Nóbel de la Paz 2007. La elección de Gore mereció más comentarios que la del Panel de la ONU. Nadie puso en duda los " esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático" sino la pertinencia de que el Comité Nóbel premiara a Gore para criticar indirectamente a Bush por la guerra en Irak y el rechazo al Protocolo de Kyoto (1997), que intenta reducir las emisiones de dióxido de carbono.

¿Es cuestionable que el otorgamiento del Nóbel incluya intenciones políticas? En su testamento, Alfred Nóbel (1833-1896), dice que el Premio debe reconocer el esfuerzo de quienes contribuyan “al hermanamiento de los pueblos, la abolición o la reducción de los ejércitos y la celebración y estímulo de congresos de paz.” Resulta difícil imaginar una declaración más política que esta. Pero su significado va a variar según el contexto, según la época.

Similar polémica, produjo la reiterada candidatura de Bob Dylan al Nóbel de literatura. Es comprensible la sensibilidad de quienes cuestionan que las letras de Dylan se equiparen a las grandes obras literarias. Pero, probablemente, la mayor parte de ellos nunca haya intentado leer las letras de Dylan despojadas de la melodía. Ahí se advierte a un poeta cuya calidad literaria va mucho más allá del contexto histórico de los años sesenta, pero cuyos poemas tienen esa fuerza arrolladora porque expresan la ira y la frustración de una generación que transformó su época histórica.

Dylan nunca hubiera escrito las letras –los poemas– que escribió si no hubiera estado expuesto a la tremenda energía cultural generada por la lucha por los derechos civiles y por la paz mundial. John Hammond, el productor de Columbia que “descubrió” a Billie Holiday y Count Basie, y años más tarde a Bob Dylan, dijo ¬–mucho antes de que Dylan escribiera Soplando en el Viento (1962) o Rolling Stone (1965), “sentí que Dylan era un poeta, alguien que podía comunicarse con su generación.” Una honesta interpretación del legado de Alfred Nóbel no puede desligarse de la calidad de las obras premiadas pero, tampoco, de su significación histórica, de su impacto y capacidad de cambio en un contexto determinado.

Andres Fontana

viernes, 12 de octubre de 2007

Lugares Remotos

La noción estratégica referida a la protección de las reservas energéticas “que van a escasear en un futuro,” siempre despertó recelos en la comunidad de estudios internacionales. Se adujo, tal vez con razón, que se trata de una visión geopolítica de “suma cero,” según la cual para que alguien gane hace falta que otro pierda. Se dijo, tal vez apresuradamente, que es una visión que prioriza el conflicto y descarta la cooperación. Se dijo también, ya con sesgo de debate ideológico, que se trata de visiones conspirativas propias de la periferia, que promueven la confrontación con las sociedades más avanzadas en vez fomentar la cooperación.

Lo que no se dijo es que la cuestión merece un análisis empírico basado en tendencias observables, tales como el agotamiento global de las reservas y las evidentes dificultades de las sociedades avanzadas –las más libres, las más ricas, las más respetuosas de la iniciativa individual— para poner límites al consumo de energía, proteger el medio ambiente y mirar la cuestión desde una perspectiva global.

Por ahora, la tendencia predominante no parece ser el vulnerar la soberanía de Estados débiles para acceder a reservas energéticas sino vencer obstáculos naturales en lugares remotos del planeta. En pocas semanas, toneladas de gas natural comenzarán a cruzar el Océano Atlántico rumbo a los Estados Unidos en buques especialmente diseñados provenientes del viejo puerto de Hammerfest. Este pequeño pueblo de pescadores en el extremo norte de Noruega se encuentra frente a un inmenso reservorio de gas ubicado en el fondo del océano, debajo del Artico.

A medida que la demanda energética aumenta y los precios de la energía suben, las grandes firmas se desplazan a los lugares más remotos para encontrar nuevos yacimientos, como el fondo del Mar Caspio en Kazakhastan donde los descubrimientos petrolíferos han sido los más importantes de las últimas décadas.

Cabe preguntarnos entonces acerca del significado de la reciente decisión del Reino Unido de ampliar la zona de exclusión alrededor de las Islas Malvinas a 350 millas. Si bien la medida se enmarca en el cumplimiento de la Convención sobre el Derecho del Mar, no dejan de llamar la atención el carácter unilateral de la misma y la anticipación de un plazo que vence recién en 2009.

Andres Fontana

lunes, 1 de octubre de 2007

Iran

A diferencia de otros ámbitos donde el Estado tiene la responsabilidad de proveer seguridad –el de la seguridad pública, donde debe enfrentar el delito, el de la defensa, donde debe enfrentar las amenazas externas– el ámbito de la seguridad internacional se caracteriza por el hecho de que la comunidad internacional enfrenta las amenazas a la paz y la seguridad internacionales.

Definir qué constituye una amenaza a la paz y la seguridad internacionales es definir qué justifica que las Naciones Unidas ordenen o autoricen el uso de la fuerza. Esa es hoy la única fuente de legitimidad para el uso de la fuerza en el campo internacional y esto depende de un conjunto de actores con gran dificultad para ponerse de acuerdo: los Estados, ONG internacionales, diversos organismos (como el OIEA, que verifica la legalidad de los programas nucleares), la opinión pública internacional, etc.

Desde hace tiempo, al menos desde principios de 2002, el gobierno de los Estados Unidos promueve una visión de Irán que intenta caracterizar a ese país como una amenaza a la paz y la seguridad. Esto merece un examen detenido y, sobre todo, cauto. La imagen de Irán como un Estado que apoya al terrorismo y desarrolla armas de destrucción masiva no sólo es simplista sino, sobre todo, parece tener por objeto el justificar acciones militares antes que preservar la paz y la seguridad.

Los Estados Unidos ya han llevado a cabo una acción militar en Irak de dudosa legitimidad. Sus consecuencias políticas y humanitarias están a la vista. La visión que ofrecieron, no de Irak sino de Saddam Husein, es muy parecida a la que hoy ofrecen no de Irán sino de su presidente Mahmoud Ahmadinejad.

La política exterior de los Estados Unidos no parece interesarse, por ejemplo, en las críticas internas al presidente Ahmadinejad y sus políticas. Estas críticas en ocasiones provienen del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, quien en enero criticó públicamente –algo poco habitual– la política del presidente Ahmadinejad. Y cabe destacar que, en el sistema político iraní, el Ayatollah es quien tiene la última palabra en todas las cuestiones políticas, incluyendo el tema nuclear.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Septiembre 11

Ante esta fecha, lo primero es evocar a las víctimas. El ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 dejó un saldo de 2.759 muertos y 24 desaparecidos y el atentado contra el Pentágono produjo otras 225 muertes.

En esa fecha, concluyó el breve período llamado “post Guerra Fría” y comenzó una nueva era de la política internacional. Al igual que tras la caída del Muro de Berlín, la Comunidad Internacional mostró un alto grado de desconcierto, el cual persiste hasta el presente. No hay rumbo, ni objetivo y los valores e intereses que unen a la Comunidad Internacional ocupan un lugar alejado de las agendas de los líderes mundiales.

El ejemplo más notorio es la guerra en Irak, aun hoy incomprensible en casi todas sus dimensiones. La Comunidad Internacional estuvo siempre en contra de la guerra, y con razón. Pero no pudo construir un consenso con respecto al terrorismo. De hecho, no existe una tipificación de “terrorismo” aceptada de consuno por los Estados Miembros de las Naciones Unidas. Los Estados han aprobado 13 convenciones sobre actos de terrorismo y delitos conexos, pero pocos las han ratificado luego de firmarlas y, menos aun, las han transformado en derecho positivo, en sus respectivos sistemas legales.

Por otra parte, el 11 de septiembre y sus derivaciones permitieron construir y destruir liderazgos. Rudolph Giuliani –Rudolph William Louis "Rudy" Giuliani III, Caballero de la Orden del Imperio Británico (KBE), ex Alcalde de Nueva York y “Persona del Año,” según la revista Time, en 2001– saltó al nivel de celebridad mundial por su desempeño en la escena posterior a los atentados del 11 de septiembre.

Hoy, es el candidato mejor posicionado del Partido Republicano para las elecciones presidenciales de 2008. Las encuestas lo ubican primero en la intención de voto para la interna del partido, las famosas “primarias” que anteceden los comicios presidenciales, y en la opinión pública tiene un alto grado de aceptación.

El Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, también conoció un momento de gloria en los tramos siguientes al 11 de septiembre. Pero la decisión de invadir a Irak, su obstinación posterior y la carencia de un plan B para el caso de un fracaso militar derribaron su imagen, la suerte electoral de su partido en 2007 y, en gran medida, la popularidad de su país ante la opinión pública internacional. Más aun, Tony Blair, probablemente uno de los mejores primeros ministros de la historia del Reino Unido, debió abandonar su cargo luego de diez años de una gestión reconocidamente exitosa, por la impopularidad que le valió su persistente respaldo a Bush en suelo iraquí.

Luego del 11 de septiembre, el Terrorismo se instaló como la amenaza que más influye sobre el curso de la política internacional y afecta incluso la política doméstica de muchos Estados, la relación del Estado con los ciudadanos y, en algunos casos, la relación de la comunidad con sectores víctimas de nuevos prejuicios.

Andres Fontana


sábado, 1 de septiembre de 2007

El centro del escenario

Hijo de inmigrantes húngaros, con un cierto linaje que se remonta al siglo XVII, Nicolas Sarkozy generó tanto expectativas como reservas cuando asumió la presidencia de Francia en mayo pasado. En el campo internacional, hizo rápidamente honor a las expectativas. Viajó a Berlín en su primer día como presidente, se entrevistó con la canciller alemana, Angela Merkel, y ratificó así el lugar prioritario de Europa en la política exterior francesa. Poco después, desempeñó un papel clave en la suma de respaldos al Tratado de Reforma Institucional durante la reunión del Consejo de la Unión Europea. El 14 de julio, permitió que por primera vez tropas de los 27 países de la Unión Europea desfilaran juntas por las calles de París.

Sarkozy equilibró el fervor pro-europeo de sus primeros gestos con tres reuniones con el presidente George W. Bush. La última, a principios de agosto en la residencia que tiene Bush padre en la localidad de Kennebunkport, en el nordeste de los Estados Unidos, trascendió por sus características informales: “hamburguesas y hot dogs” y ausencia de Cecilia Sarkozy debido a problemas de salud –según le comunicara telefónicamente a la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, quien la había invitado cuando se encontraron durante la cumbre del G8 celebrada en junio en Alemania.

Los medios franceses destacaron con ironía la inusualmente rápida recuperación de Cecilia Sarkozy, quien fue vista al día siguiente durante un paseo de compras. Sin embargo, detrás de estos “favoritos” de la prensa internacional –sólo superados por las fotos “retocadas” del presidente francés que publicó la revista Paris-Match y puso en evidencia el diario L'Express– comienza a delinearse un nuevo escenario de la política internacional, con fuerte presencia francesa.

La Casa Blanca calificó el encuentro en Kennebunkport como inicio de "una nueva era en las relaciones con los franceses," a pesar de las diferencias con respecto a la guerra en Irak. Sarkozy ganó nuevamente el centro de la escena con gestos amistosos hacia Libia y Turquía. Viajó a Trípoli para reunirse con Muammar Kadafi, en una señal de normalización de las relaciones entre Libia y Europa tras la liberación de seis trabajadores médicos, presos desde 1999. Respaldó el ingreso de Turquía a la Unión Europea, gesto recibido con entusiasmo por la poderosa Comisión Europea. Propuso incorporar al Grupo de los 8 (Estados Unidos, Canada, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Rusia) a “los nuevos grandes emergentes”: Brasil, China, India, México y Sudáfrica.

Por último, en lo que fue calificado como una ruptura con la diplomacia de Jacques Chirac, Sarkozy definió al plan nuclear iraní como “principal motivo de inquietud mundial,” criticó a Rusia y China por su “brutalidad” y “voracidad insaciables” (sic), y definió el logro de una “Europa repensada y dispuesta a embarcarse en un proyecto de Unión mediterránea” como “primera gran prioridad nacional de Francia.”

Andres Fontana

miércoles, 15 de agosto de 2007

Bush en caída libre

La popularidad del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, alcanzó su punto más bajo, según una encuesta publicada en estos días. Un sondeo realizado conjuntamente por USA Today y la encuestadora Gallup revela que sólo el 29 % de los estadounidenses respaldan la gestión de Bush al frente del gobierno.

Nuevamente, el rechazo ciudadano a la guerra en Irak alcanzó también una cifra récord: el 62 % considera que el gobierno cometió un error al embarcar al país en una ocupación militar. El 51 % de los entrevistados cree que el reciente incremento de soldados en la zona no va a cambiar en nada la situación y más del 70 % está a favor de que se retiren casi todos los soldados de Irak para abril del próximo año.

La encuesta, realizada entre 1.014 adultos, con un margen de error del 3 %, muestra también que Bush ha perdido apoyo entre sus correligionarios del Partido Republicano. Esto ya se había manifestado recientemente, cuando 37 de los 49 senadores republicanos no respaldaron al presidente en la votación sobre la reforma migratoria impulsada por la Casa Blanca. Asimismo, varios legisladores republicanos han expresado su opinión favorable a un cambio de rumbo en Irak. Es decir, se manifestaron públicamente en contra de la política del Ejecutivo

Un 40 % de los encuestados considera que el fracaso de Bush en la votación sobre la reforma migratoria les ha hecho perder la confianza en el gobierno. El 65 % considera que el presidente no debería de haber intervenido en el caso del ex asesor de la Casa Blanca, Lewis "Scooter" Libby, a quien, haciendo uso de facultades extraordinarias, eximió de los dos años y medio de prisión a los que fue sentenciado por mentiras y obstrucción a la justicia en la investigación sobre la ex espía de la CIA Valerie Plame.

Por último, el 65 % de los consultados cree que la economía está peor ahora que hace cinco años y considera que las condiciones económicas están empeorando. Todo esto muestra un panorama sombrío para los 18 meses de gobierno que le quedan a Bush.

La encuesta se divulgó pocos días antes de que el Departamento de Defensa presente al Congreso su informe sobre la situación en Irak a fin de fundamentar la orden de Bush de aumentar los efectivos en el terreno. Según extractos del documento citados por los medios, la situación en el terreno no ha cambiado y los iraquíes se muestran todavía incapaces de hacerse cargo por su cuenta de la seguridad de su país frente a insurgentes y la violencia sectaria.

Todo indica que una retirada estadounidense daría lugar a una guerra civil que terminaría por involucrar a los países vecinos, entre los que se encuentra Irán, cuya influencia ha crecido exponencialmente durante el último año. Pero, por su parte, el senador Carl Levin, presidente de la comisión de Fuerzas Armadas del Senado, afirmó que "todas las estrategias (de Bush) suponen un compromiso militar de duración indeterminada, y una presencia de las tropas en medio de la violencia sectaria".

Andres Fontana

Medio Oriente: Incertidumbre absoluta

La referencia a una próxima tormenta en Medio Oriente que hace el Prof. Marc Ellis en su artículo evoca la situación de desazón e incertidumbre en que está sumida la población palestina, la enorme inestabilidad del Líbano, la sangrienta cotidianeidad de Irak. Ahí la cuestión estratégica ya no es más la presencia militar de los Estados Unidos, prácticamente con fecha de retiro, sino qué va a ocurrir con la guerra civil entre chiitas y sunnitas, que no conoce otra regla que la violencia extrema.

También son fuente de incertidumbre la creciente capacidad nuclear de Irán y la indescifrable política exterior de Siria y Arabia Saudita. Mientras Irán provee armas y recursos a Hamas, Egipto, con el consentimiento de Israel, le ha venido entregando armas y municiones a Al-Fatah. En el Líbano, la población sigue presa del poder y la constante presión de los sectores chiitas y palestinos que responden al jeque Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, y cuentan con el apoyo de Irán y Siria. Por ende, los esfuerzos de la Liga Arabe en procura de paz chocan siempre con el muro infranqueable de partes que no hablan entre sí y poderes externos cuyos objetivos no se conocen ciertamente.

Todos estos elementos generan un escenario de consecuencias impredecibles, sobre todo cuando el sistema internacional ha dejado de funcionar y los poderes globales no tienen incentivos para asumir su responsabilidad. La incertidumbre, es cierto, ha sido la regla desde el fin de la Guerra Fría y el terrorismo internacional le ha agregado una cuota atormentante, sobre todo, para los habitantes de capitales y metrópolis, los turistas avezados y, hoy por hoy, para todos los que deben subirse a un avión en algún aeropuerto en cualquier lugar del mundo.

Las relaciones internacionales han dejado atrás a los Estados y se dirimen entre grupos, poderes informales y organizaciones de la más diversa índole. Hamas y Al-Fatah son hoy capaces de definir el destino de una región y la situación de millones de personas con mucha más incidencia que los Estados Unidos, la Unión Europea y la Liga Arabe. Ningún análisis de estos días menciona a las Naciones Unidas, o el rol de los mediadores o la capacidad (léase voluntad política) que en otras circunstancias ha tenido el sistema internacional para resolver conflictos y ofrecer garantías mínimas a la población.

La incertidumbre que refleja el análisis de Marc Ellis, la fragmentación del pueblo palestino que muestra con la precisión de quien conoce la historia y vive apasionadamente el drama de un pueblo sometido y cercado por un Estado que, paradójicamente, surgió del dolor y el tormento extremo de otro pueblo, nos indican que términos del análisis político como “incertidumbre” o “fragmentación” son referencias escuálidas al temor y la desesperanza de personas, de individuos y familias que tienen los mismos derechos y deseos que cualquiera de nosotros.

Andres Fontana

Releyendo el Mercosur

Desde su creación, a principios de los noventa, el Mercosur ha perdido gran parte del atractivo que tuvo inicialmente. Los beneficios de la liberación del comercio intra-bloque contentaron a todos como para que los factores que pronto causarían conflictos no perturbaran la armonía entre los cuatro Estados fundadores durante los primeros años. Hacia 1997, se incorporaron Chile y Bolivia como Estados Asociados, lo cual culminaría al año siguiente con la declaración del área como Zona de Paz y Cooperación.

Las crisis de los mercados globales, las drásticas devaluaciones y los períodos de recesión que siguieron pusieron a prueba la solidez del bloque y la lealtad recíproca que se había forjado a lo largo del proceso de integración. Aquí está la cuestión.

En términos de crecimiento, diversificación industrial y competitividad económica, la utilidad del bloque ha sido limitada. La economía no ha sido el fuerte del Mercosur. Sin embargo, sus beneficios en materia de estabilidad regional y resguardo colectivo de los valores e instituciones de la democracia justificaron ampliamente la existencia del bloque y su continuidad.

Es cierto que rara vez se respetaron las reglas. Tampoco se avanzó hacia una verdadera unión aduanera. Por el contrario, a lo largo del tiempo, crecieron las barreras internas y los consecuentes reclamos. Además, siempre hubo opciones “hacia fuera” para sus miembros, el ALCA en particular, a la que todos insinuaron en algún momento su intención de incorporarse individualmente. Brasil siempre tuvo su mira puesta en los asuntos globales, como una suerte de representante “natural” de la sub-región y hoy tiene más energía y recursos invertidos en su vinculación con el G-8 y en su alianza “Bric” (Brasil-Rusia-India-China), que en su vínculo con el Mercosur.

Además siempre hubo disidencias en torno de la “ampliación vs. Profundización” del bloque regional. Mientras la incorporación de nuevos miembros fue siempre promovida por Brasil, la “profundización” (institucionalización de los vínculos, respeto de las reglas, desarrollo de la infraestructura física) fue históricamente defendida por la Argentina.

Pero Brasil se opuso a modificar el “espíritu” del bloque. ¿Para qué instituciones, si con un simple llamado telefónico entre los presidentes todo se soluciona? La Argentina nunca se animó a contradecir esto firmemente y la traducción que hicieron los líderes de Paraguay y Uruguay fue siempre “un simple llamado telefónico entre los presidentes de Brasil y Argentina.”

En lo inmediato, la política exterior de Brasil se ha vuelto claramente más dinámica y más pragmática, sobre todo, desde la reelección del presidente Lula el año pasado. Esto parece dificultar, junto con las expresiones del presidente Chávez hacia los miembros del parlamento brasileño, la ratificación del ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur. Pero, no obstante las debilidades –y por todas las virtudes señaladas– siempre estamos a la espera del próximo relanzamiento del Mercosur.

Andres Fontana

jueves, 9 de agosto de 2007

Guantanamo

El pedido de liberación de cinco detenidos en la base de Guantánamo por cuestiones vinculadas al terrorismo formulada días atrás por el gobierno británico ha generado un intenso debate en los Estados Unidos, que pone de relieve la complejidad de la lucha contra el terrorismo y los crecientes dilemas que enfrenta el gobierno de Bush, más allá de los escenarios bélicos de Irak y Afganistán.

Según un artículo publicado en el periódico The New York Times, funcionarios del Pentágono reaccionaron rápidamente ante el pedido británico y plantearon que el nivel de peligrosidad de los detenidos requiere que, antes de empezar a hablar de su deportación, se sepa qué piensa hacer el Reino Unido con ellos.

Si bien esto pudo tocar las sensibilidades del gobierno y del sistema judicial británicos, lo cierto es que ha habido ya numerosos casos de ex prisioneros que volvieron de inmediato a la actividad terrorista tras su liberación.

Por otra parte, la cuestión de abusos y violaciones a los derechos humanos en la base de Guantánamo ha planteado a la justicia norteamericana sucesivos casos de difícil resolución debido a la carencia de garantías sobre el futuro de los detenidos en casos de ser devueltos a sus países.

Para agregar a las dificultades, el Pentágono ha difundido un informe según el cual, de los 360 detenidos actuales, unos 150 podrían ser liberados, sin especificar cuál sería el destino de los mismos ni las condiciones de su liberación. De los 210 restantes, el Pentágono sostiene que existe suficiente evidencia para enjuiciar a unos 80 detenidos por crímenes de guerra. Pero hay 130 detenidos que deberían ser mantenidos en prisión en forma indefinida, ya que no existe evidencia útil judicialmente pero sí información de inteligencia que desaconseja su liberación.
Pero las críticas internacionales por la base de Guantánamo han crecido exponencialmente y los frecuentes reportes sobre la misma se han vuelto una incómoda fuente de desprestigio para los Estados Unidos.

El gobierno del presidente Bush se encuentra así ante una encrucijada de difícil resolución ya que, por una parte, las crítica y presiones para que cierre la base crecen día a día y, por otra parte, las dificultades legales y políticas para deshacerse de los prisioneros han mostrados ser altamente complejas.

Contradecir las demandas de su propia política antiterrorista resulta casi imposible para la Administración Bush. Pero mantener la base se ha vuelto demasiado costoso. Al mismo tiempo, el destino de los prisioneros plantea serias dificultades. A los casos de quienes temen ser deportados y plantean cuestiones de derechos humanos al carecer de garantías en su país de origen, se suman los países que se resisten a recibir a los ex prisioneros. Y también, como dijimos, hubo casos de ex prisioneros que volvieron a la actividad terrorista tan pronto fueron liberados.

El Departamento de Estado ha reconocido este dilema y un alto funcionario expresó que Estados Unidos no desea ser anfitrión de una cárcel para el mundo, pero tampoco quiere ver cómo caminan libremente criminales de reconocida peligrosidad.

Andres Fontana

miércoles, 8 de agosto de 2007

La Vulnerabilidad de Occidente

Hace casi veinte años que el análisis estratégico intenta definir el carácter de las amenazas y los parámetros de la seguridad de Occidente. Muchos pensaron que el triunfo de Occidente en la Guerra Fría era una continuación de la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, desvirtuada sólo temporariamente por el surgimiento de la Unión Soviética. “Ahora sí,” los valores de Occidente, con la democracia y el respeto por los derechos humanos en primer lugar, serían las bases de una sociedad global que se construiría “ladrillo a ladrillo.”

Muy pronto Bosnia, Somalia, Rwanda, Kosovo y otros tantos lugares donde murieron cientos de miles de seres humanos obligaron a revisar el análisis. Sin embargo, la mayor parte de los autores siguió coincidiendo en que una característica fundamental de la nueva situación era que las democracias avanzadas y las potencias globales no se hallaban amenazadas, privilegio del que gozaban también regiones pacíficas menos avanzadas como la nuestra.

Todo cambió el 11 de septiembre. Pero, también, todo cambió a medida que la Alianza Occidental comenzó a resquebrajarse y a traicionar sus propios valores. La inestabilidad regional y las crisis humanitarias llevaron más de una vez a los Estados Unidos a zonas en las que era difícil intervenir y más difícil aun identificar el propio interés nacional. Ahí comenzó a resquebrajarse –mucho antes de Irak– la solidez de la OTAN y los “vínculos transatlánticos” entre una Europa centrada en sus propios problemas y un Estados Unidos deseoso de ejercer su rol de potencia global.

Esa brecha se profundizó. Francia y Alemania asumieron el liderazgo europeo. El Reino Unido se replegó sobre sus vínculos preferenciales con los Estados Unidos. Con sentimientos xenófobos y aislacionistas, Europa traicionó los valores occidentales de manera tan grave como las crecientes transgresiones del derecho internacional y, en particular, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 en la llamada “guerra anti-terrorista.”

Hubo más atentados e intentos de atentados en las principales capitales. Descubrimos que las “Mezquitas Rojas” financiadas en Pakistán, en Italia, Francia y otros países para contener y re-socializar a jóvenes musulmanes, son lugares de adoctrinamiento y preparación, precisamente… de jóvenes fundamentalistas. Descubrimos también que, más allá del terrorismo organizado, existen grupos terroristas aislados, espontáneos, formados por jóvenes simpatizantes de Al-Queda o simplemente horrorizados por las brutalidades de Occidente. Leemos que “Bush respaldó duras prácticas de la CIA”; que “Cheney presiona a Bush para que ataque a Irán”; que “la comunidad musulmana es objeto de amenazas e insultos” en diversas capitales. Vemos entonces cómo se construyó, ladrillo a ladrillo, el escenario actual –tan distinto del pensado en la post Guerra Fría— en el que la seguridad de Occidente parece tanto o más vulnerable que los años de la Guerra Fría.

Andres Fontana

lunes, 30 de julio de 2007

Brown: Nuevo y riesgoso estilo

El nuevo Primer Ministro del Reino Unido ha decidido dar un vuelco a la política británica. Decidió conformar un “gabinete de talentos” y abandonar la tradición del gabinete que refleja las alianzas y equilibrios políticos del Parlamento. Gordon Brown ha elegido personalidades no por su lugar y peso en el partido sino por su experiencia profesional y su trayectoria. Esto, que puede resultar natural para un sistema presidencialista, es casi revolucionario para el sistema parlamentario británico y tiene implicancias que ya comenzaron a manifestarse.

Sir Digby Jones, el nuevo Ministro de Comercio e Inversión, fue jefe de la Confederación Británica de Industria (CBI) y como tal representó los intereses del mundo de los negocios. Hoy sus rivales lo acusan de tener “cero sensibilidad” para los problemas sociales y globales, como el cambio climático, haber resistido la afiliación al Partido Laborista y haberse opuesto a los aumentos del salario mínimo propuestos por el Partido. Para completar, sus viejos rivales del mundo sindical han comentado su opinión a los medios: "Gordon formó el gabinete con un grupo de talentos y, también, con Digby Jones."

Sir Alan West, nuevo Ministro de Seguridad interna, es el primer almirante en siglos que integra el gabinete. Naturalmente, hoy se trata de un cargo extremadamente sensible. Sir Alan, quien se destacó durante la Guerra en el Atlántico Sur por ser el último en abandonar el buque HMS Ardent, fue responsable de la Armada Britática durante la invasión a Irak, lo cual no lo inhibió de manifestar sus dudas sobre la legalidad del operativo y su temor a que el personal naval fuera pasible de acusaciones por crímenes de guerra.

Pero tal vez el personaje más polémico convocado por Gordon Brown sea Mark Malloch Brown, quien se ha asumido un alto cargo en el Foreign Office, con responsabilidad sobre Africa, Asia y las Naciones Unidas y es un conocido crítico de la política exterior norteamericana y enemigo de los “neo-cons,” el grupo radicalizado de funcionarios que acompañaron al presidente Bush en la decisión de invadir Irak. Mientras se desempeñaba en las Naciones Unidas en un cargo cercano al Secretario General Kofi Annan, Brown fue protagonista de enfrentamientos con los sectores de derecha más influyentes en la política exterior norteamericana. Pero, a menos de un mes de su designación, el primer enfrentamiento de Brown no fue con los EEUU –si bien anunció que a partir de ahora los EEUU y el Reino Unido ya no están “codo a codo”– sino con su jefe, el Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, el talentoso y joven David Miliband.

En el sistema parlamentario, los integrantes del gobierno mantienen sus cargos mientras conservan la confianza del Parlamento. Esto depende muchas veces del clima de la opinión ciudadana y otras del “clima interno” de la política partidaria. Los periodistas más experimentados de Londres ya recuerdan que en 1806 el RU tuvo su primer “Gabinete de Talentos” y que duró apenas un año.

Andres Fontana

domingo, 1 de julio de 2007

El fin de una era

El pasado 27 de junio, Tony Blair entregó el poder a su sucesor, el nuevo premier británico Gordon Brown. Lo despidió una estridente ovación del Parlamento y, poco después, primer ministro saliente tomó el tren en la estación de King´s Cross, ante el asombro de los viajeros. Con él, partieron no sólo su esposa Cherie sino 10 años de política signada por los aciertos y la tragedia. Blair fue el último beneficiario, y la última víctima, del desconcierto causado por la globalización, los éxitos y fracasos de Thatcher y Reagan y el impacto del nuevo Terrorismo.

Blair gobernó con los principios del Nuevo Laborismo sobre su escritorio y la brillantez de un político pragmático en la cabeza. La prioridad inicial fue la economía. Luego el sector público fue objeto de inversiones e incrementos presupuestarios. Pero Blair exigió reformas radicales, descentralizó implacablemente y garantizó que las reformas se realizaran bajo el celoso escrutinio del público.

La prioridad entonces no fue la economía en un sentido ajeno al rol del Estado. Tampoco lo fue en forma subordinada al Estado, sino con una combinación pragmática de economía de mercado y objetivos sociales logrados en torno de una eficiencia competitiva del Estado.

Las reformas que implementó Blair estuvieron vinculadas al desarrollo de la comunidad y se implementaron con cercanía de la ciudadanía, como testigo y custodio. Sólo en sus últimos años, Blair fue blanco de serias acusaciones de corrupción en su gobierno. Este conjunto de interacciones en torno de la competitividad fortalecieron la economía, permitieron un PBI per cápita superior al de los países más ricos de la Unión Europea y constituyeron la base de un incremento creciente del empleo. Este modelo, según sus defensores, combina el sistema de mérito con la igualdad de oportunidades y conduce a una redistribución del ingreso sobre la base de resultados previos.

El pragmatismo de Blair lo llevó a fortalecer las políticas de seguridad, a pesar de las críticas de sus propios partidarios. Pero el primer ministro se mantuvo fiel a uno de los principios básicos de la Tercera Vía de Anthony Giddens, fuente intelectual del Nuevo Laborismo: “no dejar ningún problema en manos de la derecha.”

Al principio de su mandato, Blair reaccionó con brillantez y entereza ante la trágica muerte de la princesa Diana. Pero, tras seis años de gobierno, su pragmatismo lo traicionó y si bien él no traicionó los principios del Nuevo Laborismo, los sobreactuó. En pos de “llevar a cabo una política exterior activa,” Blair cometió el principal error de su carrera con el apoyo a Bush en su previsiblemente desastroza invasión a Irak.

No se equivocó al apoyar la política exterior de los Estados Unidos frente a una Europa ausente del concierto internacional. Pero no supo trazar la línea cuando la alianza incursionó en el fanatismo y la mentira a la opinión pública. Su sostenido apoyo a una política errónea e impopular, le valió el descrédito ante sus conciudadanos y abrió la oportunidad a sus opositores internos.

Andres Fontana.

Malvinas: nuevo enfoque

En su intervención ante la XXXVII Asamblea General Ordinaria de la OEA, el Dr. Taiana, Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de nuestro país, reiteró el reclamo de la Argentina por la usurpación territorial por parte del Reino Unido, que data de enero de 1833.

La posición argentina, volcada incluso en muestra Constitución, es que la recuperación del ejercicio de la soberanía sobre las Islas y espacios marítimos se lleve a cabo en forma pacífica, conforme a los principios del derecho internacional, y respetando el modo de vida de los habitantes de las islas.

Esta posición ha tenido continuidad a lo largo de los 24 años de vida democrática de nuestro país. Además, luego del restablecimiento de relaciones con el Reino Unido en 1990, ambos países acordaron un conjunto de mecanismos de cooperación. Pero, en más de quince años tales mecanismos no generaron ningún resultado signitificativo para los intereses de nuestro país.

Desde los años de la guerra en el Atlántico Sur, la Argentina no sólo se democratizó sino también llevó a cabo un proceso de integración que ofrece enormes garantías de estabilidad. La Argentina desarrolló con Brasil un régimen de contabilidad y control del uso de la energía nuclear para fines exclusivamente pacíficos, ratificó el Tratado de No Proliferación, se integró al MTCR, régimen internacional que controla la proliferación de tecnologías misilísticas, y participó activamente en numerosas misiones de paz decididas o autorizadas por las Naciones Unidas.

Sin embargo, el Reino Unido ha mantenido –y ampliado– su dotación militar en las Islas. Ha construido un nuevo aeropuerto apto para el aterrizaje de grandes aviones de transporte de tropas y, más recientemente, ha establecido en Malvinas la base de su Comando del Atlántico Sur, originariamente en la Isla Ascensión. Las medidas de confianza dispuestas en los acuerdos de cooperación implican un proceso de consultas, interncambios y, eventualmente, actividades militares conjuntas que, desde 1994, el Reino Unido se ha negado a cumplir.

Recientemente, la falta de cooperación también se ha manifestado en otras árreas, tales como la renuencia a que ambos países cooperen en materia de transporte aéreo, el otorgamiento de licencias de pesca por períodos de un cuarto de siglo –en abierta contradicción con la Declaración Conjunta de 1990– y la exclusión de empresas argentinas de las exploraciones petroleras en el área en disputa, contradiciendo el compromiso de cooperación asumido en la Declaración Conjunta argentino-británica sobre actividades costa afuera del 27 de septiembre de 1995.

El gobierno argentino impulsa la reanudación de las negociaciones sobre soberanía, ante una persistente negativa británica, lo cual ha sido la principal línea de continuidad de estos veinticinco años. Hoy, la diferencia principal respecto de la política llevada a cabo en años anteriores, es un énfasis de nuestro reclamo en, precisamente, el no cumplimiento de lo acordado en materia de cooperación por parte del Reino Unido, no obstante las señales de amistad y las garantías en matreria de seguridad ofrecidas por la Argentina.

Andres Fontana

Las principales víctimas

Las guerras de estos años han agregado un rasgo trágico a lo ya conocido. Hoy, las principales víctimas de la guerra son civiles, en particular, mujeres, niños y ancianos. Son guerras no declaradas, que eluden el campo de batalla y tienen lugar en las ciudades y aldeas, las partes del conflicto no son Estados –al menos no todos– y actúan con prescindencia del derecho interno e internacional.

En Irak, desde el comienzo de la invasión, en marzo de 2003, murieron más de 600 mil personas. Como consecuencia de esta guerra, el número de refugiados aumentó por primera vez en cinco años y asciende a casi 10 millones de personas, según informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

El año pasado, 1,5 millones de personas buscó refugio en otros países por la guerra en Irak (especialmente en Siria y Jordania). Pero el mayor grupo de refugiados sigue siendo el de los afganos con 2,1 millones de personas. Estas estadísticas no incluyen los 4,3 millones de refugiados palestinos asentados en Jordania, Siria y los territorios ocupados. En suma, incluyendo a los desplazados internos (sólo en Colombia, casi tres millones de personas), ha habido un incremento de 13 millones de refugiados, lo cual llevó la cantidad global a 33 millones, en 2006.

En Palestina, la población civil se encuentra bajo el fuego, la extorsión y los abusos de tres bandos. La prensa internacional ha declarado en estos días a Al Fatah como salvadora del pueblo frente a la amenaza de Hamas. Sin duda, esta última organización representa una amenaza mayor que Al Fatah –sobre todo para Occidente e Israel en particular, y también para los Palestinos. Pero éstos han conocido por décadas los abusos de clanes y familias ligadas a Al Fatah, con cuyo apoyo han actuado como verdaderas mafias locales.

Hamas ha sembrado el terror en amplios sectores de la población y, a partir de que asumió el control total de la Franja de Gaza, Israel cerró los pasos fronterizos –a Egipto (Rafah y Karni) y a Israel (Erez)– generando incidentes, sobre todo en Erez donde miles de civiles intentan huir de la franja de Gaza.

Con una creciente escasez de alimentos básicos (harina, arroz, azúcar), la situación comienza a tener ribetes de crisis humanitaria. Los bombardeos de Israel sobre la población civil y la violencia desatada por la confrontación interna entre Hamas y al Fatah no cesan. Mientras tanto, los Estados Unidos han decidido apoyar con armas y financiamiento a Al Fatah y la Unión Europea, como hemos visto en otros escenarios de crisis, se mantiene prescindente y ofrece efusivas declaraciones sobre los valores democráticos y humanitarios.

Andres Fontana

viernes, 8 de junio de 2007

El terrorismo condiciona la política internacional

El terrorismo se instaló en septiembre de 2001 como la principal amenaza a la paz y la seguridad internacionales.

La amenaza existía y se había manifestado a lo largo de siglos, bajo distintas formas, pero raramente como amenaza global, capaz de actuar en prácticamente cualquier lugar del planeta y con objetivos muy difíciles de identificar ni motivaciones susceptibles de alguna interpretación satisfactoria.

Hubo antecedentes en la década previa, en el marco de los primeros años de la post Guerra Fría y con marcada afinidad con lo que el autor Samuel Huntington preanunciara como “Choque de Civilizaciones,” en su libro homónimo.

Este es un fenómeno nuevo, aunque su origen como modus operandi se remonte siglos atrás, por lo menos, a los primeros años de la era Cristiana cuando los Sicarios y los Zealots –grupos judíos muy activos durante la ocupación Romana de Medio Oriente en el primer siglo después de Cristo– comenzaron a cometer asesinatos a pleno día y frente a testigos para enviar mensajes a las autoridades romanas y a aquellos judíos que colaboraban con ellas.

Esta metodología se conocería siglos más tarde como “terrorismo,” en particular, con posterioridad al regime de la terreur establecido en Francia, luego de la Revolución Francesa.
Hoy presenciamos un fenómeno que, con similitud en la metodología y tal vez en algún otro rasgo –según con qué lo comparemos- pero de una naturaleza particular, con suficiente alcance como para afectar las premisas y fundamentos de las relaciones internacionales y los sistemas políticos de nuestro tiempo.

Israel no podría justificar –ni probablemente llevaría a cabo- bombardeos sobre blancos civiles, como el que dio lugar a la llamada 'tragedia' de Beit Hanun en noviembre de 2006, donde murieron 22 palestinos, en su mayor parte mujeres y niños. Estados Unidos no podría haber justificado –ni probablemente llevado a cabo- la invasión a Irak, si bien más de una vez estuvo en sus planes y objetivos estratégicos antes del 11 de septiembre de 2001.

La respuesta del presidente Bush a los atentados fracturó la Alianza Occidental y enajenó a los Estados Unidos el respaldo de las principales potencias de Europa, salvo el Reino Unido.
La aventura le costó recientemente el cargo de Primer Ministro a Tony Blair, uno de los líderes más populares de la Europa de los últimos tiempos. También le costó las elecciones parlamentarias al partido Republicano y, probablemente, también le cueste las presidenciales del año próximo.

El terrorismo, como vemos, tiene la capacidad de dividir el sistema internacional y también el interior de las naciones y las regiones.

En estos días, si bien vinculado a un tipo de terrorismo distinto del internacional globalizado, presenciamos uno de los mayores enfrentamientos entre el gobierno de Rodríguez Zapatero y el Partido Popular de España.

El motivo central son las promesas incumplidas de ETA, hecho tal vez potenciado por la ingenuidad del Jefe de Gobierno español que pensó que podía confiar en las promesas y compromisos de una organización que desde hace cuatro décadas comete crímenes sangrientos y cobra vidas sin ningún reparo ni muestra de escozor.

Andres Fontana.

sábado, 2 de junio de 2007

La Política Internacional en visible caos

La paz y la cooperación se presentan a nuestros ojos como algo normal, a veces alterado por actos de violencia o conflictos aislados. Conductas condenadas por las voces de la razón en los foros internacionales y vistas como algo fuera de lo común y fuera de la ley internacional. Sin embargo, la vida no era así un par de siglos atrás. La guerra era lo normal, lo esperable, lo temido. Y lo patriótico. No había un derecho internacional que la condenara ni organismos internacionales que trataran de preservar la paz y promover la cooperación.

Lo que hoy presenciamos como normal es en realidad el resultado de experiencias históricas no tan lejanas y el trabajo constante de cancillerías, organismos internacionales y otros actores que intentan día a día contrarrestar la tendencia de los Estados a ejercer el poder unos sobre otros y recurrir a la fuerza para hacer valer sus intereses.

La creación de las Naciones Unidas o el desarrollo de procesos de integración como la Unión Europea han sido grandes logros de nuestra era. Tuvieron, sin embargo, que ocurrir dos Guerras Mundiales, el Holocausto y los bombardeos atómicos de Nagasaki e Hiroshima para que los Estados decidieran crear un organismo internacional destinado a preservar la paz y la seguridad internacionales y la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, que diera origen al proceso de integración de Europa.

Hoy estamos volviendo al “estado natural” de las relaciones internacionales. Las Naciones Unidas han quedado rezagadas tras los emprendimientos bélicos de la primera potencia mundial. Pregúntese el lector cómo se llama el actual Secretario General de las Naciones Unidas y comprobará el escaso o nulo protagonismo del organismo en la política internacional de nuestros días.

Probablemente sí haya oído hablar del Sr. Wolfowitz, presidente saliente del Banco Mundial debido al conflicto de intereses que implicó la presencia en la institución de su compañera sentimental Shaha Riza. El Banco Mundial, a diferencia de otros órganos del sistema de Naciones Unidas –como el FMI, la OMC o el mismo Consejo de Seguridad— había gozado hasta el momento de cierto prestigio en el marco de la comunidad internacional.

Europa no tiene guerras, pero las tensiones por la desigualdad, los inmigrantes, la discriminación y la amenaza terrorista crecen día a día. Medio Oriente sí está en guerra y ésta tiende a expandirse territorialmente, a incrementar los niveles de violencia y a legitimar el “vale todo” para cada uno de los bandos.

¿Dónde se dirimen pacíficamente los conflictos? Cuál es la voz legítima y creíble en el concierto internacional que puede garantizar paz y seguridad a quienes se encuentran envueltos en un conflicto cercano al uso de la fuerza o donde éste ya se ha establecido? Cuáles son las expectativas de los países menos poderosos, con escasos recursos, que requieren de estabilidad, flujos de capital y políticas de desarrollo regional para ordenar mínimamente su futuro? Hacia dónde o a quién debemos mirar hoy, diecisiete años después del fin de la Guerra Fría, para encontrar razonabilidad en la política internacional?

Andres Fontana.

jueves, 24 de mayo de 2007

El curioso mundo de la seguridad

En las relaciones internacionales, la seguridad ocupa un lugar destacado. La preocupación por la seguridad fue, en gran medida, el origen de la actividad diplomática. Resulta curioso entonces que ante un tema tan sensible los Estados actúen a veces con poco tino.

Pero la regla general es la contraria. La Argentina estuvo en camino de desarrollar armas nucleares y tuvo un proyecto misilístico llamado “Condor.” Pero suspendió ambos. Desarrolló un sistema de cooperación y control con Brasil e ingresó a los regímenes internacionales en la materia. Brasil también lo hizo.

La Argentina sufrió dos atentados terroristas que no pudo aclarar, pero pronto aumentó considerablemente su capacidad de prevención y desarrolló mecanismos de cooperación con sus vecinos y a nivel internacional. La creación del sistema 3+1 en la Triple Frontera, en el que participan Brasil, Paraguay, la Argentina y los EEUU, es un ejemplo de ello.

Sin embargo, los EEUU han expresado su disconformidad con el Estado de cosas en la Triple Frontera en más de una oportunidad. Lo curioso son los canales (públicos) y las oportunidades (no siempre acertadas).

La propia existencia del sistema 3+1 genera un ámbito –diríamos “el” ámbito– para tratar el tema. Pero las observaciones de funcionarios del Tesoro de los EEUU en febrero pasado acerca de que “hay redes de financiamiento del terrorismo en la Triple Frontera” se hicieron a través de los medios de difusión.

Ahora, acabamos de presenciar un roce diplomático por los contenidos de una página de Internet del Departamento de Estado destinada a los turistas que visitan la Argentina. El incidente tuvo amplia difusión y no es necesario describirlo.

Lo que llama la atención, dada la entidad de la seguridad en las relaciones internacionales, es que en la mencionada página haya una referencia a “individuos y organizaciones vinculados a organizaciones terroristas internacionales” en el párrafo siguiente a una advertencia por la tasa de accidentes de tránsito que se registra en nuestro país.

Es probable que la secuencia sea una casualidad, producto de la poca experiencia de algún funcionario con poco conocimiento del tema y de la región. Pero es curioso, ya que se trata de una página oficial de uno de los órganos más importantes del país más poderoso del planeta.
Si hay otros motivos de la política exterior de los EEUU para que tal referencia sea intencional, eso tampoco justifica tratar un tema tan sensible, como la posible existencia de grupos terroristas en nuestra región, cuando el propio Departamento de Estado e informes oficiales del Senado de los EEUU indican que "no hay una organización terrorista global en la región que represente una amenaza directa para los Estados Unidos" y que se desconoce que operen "células de terroristas islámicos en el hemisferio".

Andres Fontana.

Claves de América Latina

Algo pasa en nuestra región que nos impide celebrar con entusiasmo las altas tasas de crecimiento económico. En varios países –el nuestro en primer lugar— la situación económica de los últimos años ha permitido mejoras significativas en los niveles de empleo y las remuneraciones de los sectores de menores recursos, y mejoras diversas en los ingresos del conjunto de la sociedad.

¿Qué motiva entonces la sensación de desconfianza que parece flotar sobre la región? ¿Por qué se habla de mejoras pero no de progreso? Lo primero es reconocer que las mejoras son reales y son de primera importancia dado que, en buena medida, favorecen a los sectores de menores ingresos. Pero no vemos con claridad qué sigue, cuál es el camino que transitamos.

Un informe reciente de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) revela que en 2006 hubo un incremento del 1,5 % de las inversiones extranjeras directas en la región. Sin embargo, lo que a primera vista parece una mejora, resulta poco alentador cuando se observa que la IED a nivel mundial aumentó el 34 %.

No se trata de un dos o tres por ciento de diferencia; ni siquiera de un 10 %. La diferencia es de 1.5 contra 34 en el destino de los flujos de capitales globales –que arrastran tecnología, know how y mejoras en la calidad del management y los recursos humanos. En realidad, la proporción de la IED que capta América Latina ha disminuido sostenidamente en estos años –en 2004 disminuyó un 19 %– y hoy representa sólo el 8% de la IED global. Es decir, el 92 % de los flujos de inversión se dirige a otras regiones. El mismo Secretario Ejecutivo de la CEPAL, José Luis Machinea, sostuvo: “hay una recuperación, pero si lo comparamos con el mundo, América Latina pierde participación”.

Esto es algo más que un síntoma. La IED saca provecho en muchos casos de la baja calidad institucional que predomina en la región. Pero su continuidad –la presencia de las empresas en la economía y la renovación de sus inversiones— requiere marcos jurídicos sólidos, con ciertas garantías de largo plazo. Nuestras economías funcionan con reglas cambiantes, crisis cíclicas y niveles muy bajos de transparencia. Es casi un milagro que sigamos adelante. Ayudan las coyunturas internacionales, la amplia disponibilidad de recursos naturales y la incansable voluntad de trabajo de nuestros pueblos.

Probablemente, el ejemplo más elocuente de esto último sea el fenómeno de las remesas que, en el caso de varios países latinoamericanos –México, Ecuador, Perú— se ha transformado en la primera o segunda fuente de ingresos externos. En efecto, la tan resistida inmigración de origen Latino a los Estados Unidos produce hoy uno de los principales flujos de divisas hacia la región.

Las remesas enviadas cada mes por los trabajadores latinoamericanos desde los Estados Unidos han pasado a sumar unos 20.000 millones de dólares anuales. Sólo a México, los trabajadores –legales e ilegales– envían a sus familias unos 8.000 millones de dólares anuales, en remesas de unos pocos cientos de dólares mensuales cada una.

La cifra es particularmente considerable si tomamos en cuenta que la IED en la región totalizó en 2006 unos 72.440 millones de dólares frente a los casi 20.000 millones de dólares de las remesas. El sudor de inmigrantes más que sacrificados, trabajando lejos de sus familias y sus lugares queridos, equivale hoy a más del 25 % de las IED en la región. Tal vez sea por eso que se hablamos de mejoras y no de progreso.

Andres Fontana.