jueves, 24 de mayo de 2007

El curioso mundo de la seguridad

En las relaciones internacionales, la seguridad ocupa un lugar destacado. La preocupación por la seguridad fue, en gran medida, el origen de la actividad diplomática. Resulta curioso entonces que ante un tema tan sensible los Estados actúen a veces con poco tino.

Pero la regla general es la contraria. La Argentina estuvo en camino de desarrollar armas nucleares y tuvo un proyecto misilístico llamado “Condor.” Pero suspendió ambos. Desarrolló un sistema de cooperación y control con Brasil e ingresó a los regímenes internacionales en la materia. Brasil también lo hizo.

La Argentina sufrió dos atentados terroristas que no pudo aclarar, pero pronto aumentó considerablemente su capacidad de prevención y desarrolló mecanismos de cooperación con sus vecinos y a nivel internacional. La creación del sistema 3+1 en la Triple Frontera, en el que participan Brasil, Paraguay, la Argentina y los EEUU, es un ejemplo de ello.

Sin embargo, los EEUU han expresado su disconformidad con el Estado de cosas en la Triple Frontera en más de una oportunidad. Lo curioso son los canales (públicos) y las oportunidades (no siempre acertadas).

La propia existencia del sistema 3+1 genera un ámbito –diríamos “el” ámbito– para tratar el tema. Pero las observaciones de funcionarios del Tesoro de los EEUU en febrero pasado acerca de que “hay redes de financiamiento del terrorismo en la Triple Frontera” se hicieron a través de los medios de difusión.

Ahora, acabamos de presenciar un roce diplomático por los contenidos de una página de Internet del Departamento de Estado destinada a los turistas que visitan la Argentina. El incidente tuvo amplia difusión y no es necesario describirlo.

Lo que llama la atención, dada la entidad de la seguridad en las relaciones internacionales, es que en la mencionada página haya una referencia a “individuos y organizaciones vinculados a organizaciones terroristas internacionales” en el párrafo siguiente a una advertencia por la tasa de accidentes de tránsito que se registra en nuestro país.

Es probable que la secuencia sea una casualidad, producto de la poca experiencia de algún funcionario con poco conocimiento del tema y de la región. Pero es curioso, ya que se trata de una página oficial de uno de los órganos más importantes del país más poderoso del planeta.
Si hay otros motivos de la política exterior de los EEUU para que tal referencia sea intencional, eso tampoco justifica tratar un tema tan sensible, como la posible existencia de grupos terroristas en nuestra región, cuando el propio Departamento de Estado e informes oficiales del Senado de los EEUU indican que "no hay una organización terrorista global en la región que represente una amenaza directa para los Estados Unidos" y que se desconoce que operen "células de terroristas islámicos en el hemisferio".

Andres Fontana.

Claves de América Latina

Algo pasa en nuestra región que nos impide celebrar con entusiasmo las altas tasas de crecimiento económico. En varios países –el nuestro en primer lugar— la situación económica de los últimos años ha permitido mejoras significativas en los niveles de empleo y las remuneraciones de los sectores de menores recursos, y mejoras diversas en los ingresos del conjunto de la sociedad.

¿Qué motiva entonces la sensación de desconfianza que parece flotar sobre la región? ¿Por qué se habla de mejoras pero no de progreso? Lo primero es reconocer que las mejoras son reales y son de primera importancia dado que, en buena medida, favorecen a los sectores de menores ingresos. Pero no vemos con claridad qué sigue, cuál es el camino que transitamos.

Un informe reciente de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) revela que en 2006 hubo un incremento del 1,5 % de las inversiones extranjeras directas en la región. Sin embargo, lo que a primera vista parece una mejora, resulta poco alentador cuando se observa que la IED a nivel mundial aumentó el 34 %.

No se trata de un dos o tres por ciento de diferencia; ni siquiera de un 10 %. La diferencia es de 1.5 contra 34 en el destino de los flujos de capitales globales –que arrastran tecnología, know how y mejoras en la calidad del management y los recursos humanos. En realidad, la proporción de la IED que capta América Latina ha disminuido sostenidamente en estos años –en 2004 disminuyó un 19 %– y hoy representa sólo el 8% de la IED global. Es decir, el 92 % de los flujos de inversión se dirige a otras regiones. El mismo Secretario Ejecutivo de la CEPAL, José Luis Machinea, sostuvo: “hay una recuperación, pero si lo comparamos con el mundo, América Latina pierde participación”.

Esto es algo más que un síntoma. La IED saca provecho en muchos casos de la baja calidad institucional que predomina en la región. Pero su continuidad –la presencia de las empresas en la economía y la renovación de sus inversiones— requiere marcos jurídicos sólidos, con ciertas garantías de largo plazo. Nuestras economías funcionan con reglas cambiantes, crisis cíclicas y niveles muy bajos de transparencia. Es casi un milagro que sigamos adelante. Ayudan las coyunturas internacionales, la amplia disponibilidad de recursos naturales y la incansable voluntad de trabajo de nuestros pueblos.

Probablemente, el ejemplo más elocuente de esto último sea el fenómeno de las remesas que, en el caso de varios países latinoamericanos –México, Ecuador, Perú— se ha transformado en la primera o segunda fuente de ingresos externos. En efecto, la tan resistida inmigración de origen Latino a los Estados Unidos produce hoy uno de los principales flujos de divisas hacia la región.

Las remesas enviadas cada mes por los trabajadores latinoamericanos desde los Estados Unidos han pasado a sumar unos 20.000 millones de dólares anuales. Sólo a México, los trabajadores –legales e ilegales– envían a sus familias unos 8.000 millones de dólares anuales, en remesas de unos pocos cientos de dólares mensuales cada una.

La cifra es particularmente considerable si tomamos en cuenta que la IED en la región totalizó en 2006 unos 72.440 millones de dólares frente a los casi 20.000 millones de dólares de las remesas. El sudor de inmigrantes más que sacrificados, trabajando lejos de sus familias y sus lugares queridos, equivale hoy a más del 25 % de las IED en la región. Tal vez sea por eso que se hablamos de mejoras y no de progreso.

Andres Fontana.