lunes, 30 de julio de 2007

Brown: Nuevo y riesgoso estilo

El nuevo Primer Ministro del Reino Unido ha decidido dar un vuelco a la política británica. Decidió conformar un “gabinete de talentos” y abandonar la tradición del gabinete que refleja las alianzas y equilibrios políticos del Parlamento. Gordon Brown ha elegido personalidades no por su lugar y peso en el partido sino por su experiencia profesional y su trayectoria. Esto, que puede resultar natural para un sistema presidencialista, es casi revolucionario para el sistema parlamentario británico y tiene implicancias que ya comenzaron a manifestarse.

Sir Digby Jones, el nuevo Ministro de Comercio e Inversión, fue jefe de la Confederación Británica de Industria (CBI) y como tal representó los intereses del mundo de los negocios. Hoy sus rivales lo acusan de tener “cero sensibilidad” para los problemas sociales y globales, como el cambio climático, haber resistido la afiliación al Partido Laborista y haberse opuesto a los aumentos del salario mínimo propuestos por el Partido. Para completar, sus viejos rivales del mundo sindical han comentado su opinión a los medios: "Gordon formó el gabinete con un grupo de talentos y, también, con Digby Jones."

Sir Alan West, nuevo Ministro de Seguridad interna, es el primer almirante en siglos que integra el gabinete. Naturalmente, hoy se trata de un cargo extremadamente sensible. Sir Alan, quien se destacó durante la Guerra en el Atlántico Sur por ser el último en abandonar el buque HMS Ardent, fue responsable de la Armada Britática durante la invasión a Irak, lo cual no lo inhibió de manifestar sus dudas sobre la legalidad del operativo y su temor a que el personal naval fuera pasible de acusaciones por crímenes de guerra.

Pero tal vez el personaje más polémico convocado por Gordon Brown sea Mark Malloch Brown, quien se ha asumido un alto cargo en el Foreign Office, con responsabilidad sobre Africa, Asia y las Naciones Unidas y es un conocido crítico de la política exterior norteamericana y enemigo de los “neo-cons,” el grupo radicalizado de funcionarios que acompañaron al presidente Bush en la decisión de invadir Irak. Mientras se desempeñaba en las Naciones Unidas en un cargo cercano al Secretario General Kofi Annan, Brown fue protagonista de enfrentamientos con los sectores de derecha más influyentes en la política exterior norteamericana. Pero, a menos de un mes de su designación, el primer enfrentamiento de Brown no fue con los EEUU –si bien anunció que a partir de ahora los EEUU y el Reino Unido ya no están “codo a codo”– sino con su jefe, el Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, el talentoso y joven David Miliband.

En el sistema parlamentario, los integrantes del gobierno mantienen sus cargos mientras conservan la confianza del Parlamento. Esto depende muchas veces del clima de la opinión ciudadana y otras del “clima interno” de la política partidaria. Los periodistas más experimentados de Londres ya recuerdan que en 1806 el RU tuvo su primer “Gabinete de Talentos” y que duró apenas un año.

Andres Fontana

domingo, 1 de julio de 2007

El fin de una era

El pasado 27 de junio, Tony Blair entregó el poder a su sucesor, el nuevo premier británico Gordon Brown. Lo despidió una estridente ovación del Parlamento y, poco después, primer ministro saliente tomó el tren en la estación de King´s Cross, ante el asombro de los viajeros. Con él, partieron no sólo su esposa Cherie sino 10 años de política signada por los aciertos y la tragedia. Blair fue el último beneficiario, y la última víctima, del desconcierto causado por la globalización, los éxitos y fracasos de Thatcher y Reagan y el impacto del nuevo Terrorismo.

Blair gobernó con los principios del Nuevo Laborismo sobre su escritorio y la brillantez de un político pragmático en la cabeza. La prioridad inicial fue la economía. Luego el sector público fue objeto de inversiones e incrementos presupuestarios. Pero Blair exigió reformas radicales, descentralizó implacablemente y garantizó que las reformas se realizaran bajo el celoso escrutinio del público.

La prioridad entonces no fue la economía en un sentido ajeno al rol del Estado. Tampoco lo fue en forma subordinada al Estado, sino con una combinación pragmática de economía de mercado y objetivos sociales logrados en torno de una eficiencia competitiva del Estado.

Las reformas que implementó Blair estuvieron vinculadas al desarrollo de la comunidad y se implementaron con cercanía de la ciudadanía, como testigo y custodio. Sólo en sus últimos años, Blair fue blanco de serias acusaciones de corrupción en su gobierno. Este conjunto de interacciones en torno de la competitividad fortalecieron la economía, permitieron un PBI per cápita superior al de los países más ricos de la Unión Europea y constituyeron la base de un incremento creciente del empleo. Este modelo, según sus defensores, combina el sistema de mérito con la igualdad de oportunidades y conduce a una redistribución del ingreso sobre la base de resultados previos.

El pragmatismo de Blair lo llevó a fortalecer las políticas de seguridad, a pesar de las críticas de sus propios partidarios. Pero el primer ministro se mantuvo fiel a uno de los principios básicos de la Tercera Vía de Anthony Giddens, fuente intelectual del Nuevo Laborismo: “no dejar ningún problema en manos de la derecha.”

Al principio de su mandato, Blair reaccionó con brillantez y entereza ante la trágica muerte de la princesa Diana. Pero, tras seis años de gobierno, su pragmatismo lo traicionó y si bien él no traicionó los principios del Nuevo Laborismo, los sobreactuó. En pos de “llevar a cabo una política exterior activa,” Blair cometió el principal error de su carrera con el apoyo a Bush en su previsiblemente desastroza invasión a Irak.

No se equivocó al apoyar la política exterior de los Estados Unidos frente a una Europa ausente del concierto internacional. Pero no supo trazar la línea cuando la alianza incursionó en el fanatismo y la mentira a la opinión pública. Su sostenido apoyo a una política errónea e impopular, le valió el descrédito ante sus conciudadanos y abrió la oportunidad a sus opositores internos.

Andres Fontana.

Malvinas: nuevo enfoque

En su intervención ante la XXXVII Asamblea General Ordinaria de la OEA, el Dr. Taiana, Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de nuestro país, reiteró el reclamo de la Argentina por la usurpación territorial por parte del Reino Unido, que data de enero de 1833.

La posición argentina, volcada incluso en muestra Constitución, es que la recuperación del ejercicio de la soberanía sobre las Islas y espacios marítimos se lleve a cabo en forma pacífica, conforme a los principios del derecho internacional, y respetando el modo de vida de los habitantes de las islas.

Esta posición ha tenido continuidad a lo largo de los 24 años de vida democrática de nuestro país. Además, luego del restablecimiento de relaciones con el Reino Unido en 1990, ambos países acordaron un conjunto de mecanismos de cooperación. Pero, en más de quince años tales mecanismos no generaron ningún resultado signitificativo para los intereses de nuestro país.

Desde los años de la guerra en el Atlántico Sur, la Argentina no sólo se democratizó sino también llevó a cabo un proceso de integración que ofrece enormes garantías de estabilidad. La Argentina desarrolló con Brasil un régimen de contabilidad y control del uso de la energía nuclear para fines exclusivamente pacíficos, ratificó el Tratado de No Proliferación, se integró al MTCR, régimen internacional que controla la proliferación de tecnologías misilísticas, y participó activamente en numerosas misiones de paz decididas o autorizadas por las Naciones Unidas.

Sin embargo, el Reino Unido ha mantenido –y ampliado– su dotación militar en las Islas. Ha construido un nuevo aeropuerto apto para el aterrizaje de grandes aviones de transporte de tropas y, más recientemente, ha establecido en Malvinas la base de su Comando del Atlántico Sur, originariamente en la Isla Ascensión. Las medidas de confianza dispuestas en los acuerdos de cooperación implican un proceso de consultas, interncambios y, eventualmente, actividades militares conjuntas que, desde 1994, el Reino Unido se ha negado a cumplir.

Recientemente, la falta de cooperación también se ha manifestado en otras árreas, tales como la renuencia a que ambos países cooperen en materia de transporte aéreo, el otorgamiento de licencias de pesca por períodos de un cuarto de siglo –en abierta contradicción con la Declaración Conjunta de 1990– y la exclusión de empresas argentinas de las exploraciones petroleras en el área en disputa, contradiciendo el compromiso de cooperación asumido en la Declaración Conjunta argentino-británica sobre actividades costa afuera del 27 de septiembre de 1995.

El gobierno argentino impulsa la reanudación de las negociaciones sobre soberanía, ante una persistente negativa británica, lo cual ha sido la principal línea de continuidad de estos veinticinco años. Hoy, la diferencia principal respecto de la política llevada a cabo en años anteriores, es un énfasis de nuestro reclamo en, precisamente, el no cumplimiento de lo acordado en materia de cooperación por parte del Reino Unido, no obstante las señales de amistad y las garantías en matreria de seguridad ofrecidas por la Argentina.

Andres Fontana

Las principales víctimas

Las guerras de estos años han agregado un rasgo trágico a lo ya conocido. Hoy, las principales víctimas de la guerra son civiles, en particular, mujeres, niños y ancianos. Son guerras no declaradas, que eluden el campo de batalla y tienen lugar en las ciudades y aldeas, las partes del conflicto no son Estados –al menos no todos– y actúan con prescindencia del derecho interno e internacional.

En Irak, desde el comienzo de la invasión, en marzo de 2003, murieron más de 600 mil personas. Como consecuencia de esta guerra, el número de refugiados aumentó por primera vez en cinco años y asciende a casi 10 millones de personas, según informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

El año pasado, 1,5 millones de personas buscó refugio en otros países por la guerra en Irak (especialmente en Siria y Jordania). Pero el mayor grupo de refugiados sigue siendo el de los afganos con 2,1 millones de personas. Estas estadísticas no incluyen los 4,3 millones de refugiados palestinos asentados en Jordania, Siria y los territorios ocupados. En suma, incluyendo a los desplazados internos (sólo en Colombia, casi tres millones de personas), ha habido un incremento de 13 millones de refugiados, lo cual llevó la cantidad global a 33 millones, en 2006.

En Palestina, la población civil se encuentra bajo el fuego, la extorsión y los abusos de tres bandos. La prensa internacional ha declarado en estos días a Al Fatah como salvadora del pueblo frente a la amenaza de Hamas. Sin duda, esta última organización representa una amenaza mayor que Al Fatah –sobre todo para Occidente e Israel en particular, y también para los Palestinos. Pero éstos han conocido por décadas los abusos de clanes y familias ligadas a Al Fatah, con cuyo apoyo han actuado como verdaderas mafias locales.

Hamas ha sembrado el terror en amplios sectores de la población y, a partir de que asumió el control total de la Franja de Gaza, Israel cerró los pasos fronterizos –a Egipto (Rafah y Karni) y a Israel (Erez)– generando incidentes, sobre todo en Erez donde miles de civiles intentan huir de la franja de Gaza.

Con una creciente escasez de alimentos básicos (harina, arroz, azúcar), la situación comienza a tener ribetes de crisis humanitaria. Los bombardeos de Israel sobre la población civil y la violencia desatada por la confrontación interna entre Hamas y al Fatah no cesan. Mientras tanto, los Estados Unidos han decidido apoyar con armas y financiamiento a Al Fatah y la Unión Europea, como hemos visto en otros escenarios de crisis, se mantiene prescindente y ofrece efusivas declaraciones sobre los valores democráticos y humanitarios.

Andres Fontana