miércoles, 15 de agosto de 2007

Bush en caída libre

La popularidad del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, alcanzó su punto más bajo, según una encuesta publicada en estos días. Un sondeo realizado conjuntamente por USA Today y la encuestadora Gallup revela que sólo el 29 % de los estadounidenses respaldan la gestión de Bush al frente del gobierno.

Nuevamente, el rechazo ciudadano a la guerra en Irak alcanzó también una cifra récord: el 62 % considera que el gobierno cometió un error al embarcar al país en una ocupación militar. El 51 % de los entrevistados cree que el reciente incremento de soldados en la zona no va a cambiar en nada la situación y más del 70 % está a favor de que se retiren casi todos los soldados de Irak para abril del próximo año.

La encuesta, realizada entre 1.014 adultos, con un margen de error del 3 %, muestra también que Bush ha perdido apoyo entre sus correligionarios del Partido Republicano. Esto ya se había manifestado recientemente, cuando 37 de los 49 senadores republicanos no respaldaron al presidente en la votación sobre la reforma migratoria impulsada por la Casa Blanca. Asimismo, varios legisladores republicanos han expresado su opinión favorable a un cambio de rumbo en Irak. Es decir, se manifestaron públicamente en contra de la política del Ejecutivo

Un 40 % de los encuestados considera que el fracaso de Bush en la votación sobre la reforma migratoria les ha hecho perder la confianza en el gobierno. El 65 % considera que el presidente no debería de haber intervenido en el caso del ex asesor de la Casa Blanca, Lewis "Scooter" Libby, a quien, haciendo uso de facultades extraordinarias, eximió de los dos años y medio de prisión a los que fue sentenciado por mentiras y obstrucción a la justicia en la investigación sobre la ex espía de la CIA Valerie Plame.

Por último, el 65 % de los consultados cree que la economía está peor ahora que hace cinco años y considera que las condiciones económicas están empeorando. Todo esto muestra un panorama sombrío para los 18 meses de gobierno que le quedan a Bush.

La encuesta se divulgó pocos días antes de que el Departamento de Defensa presente al Congreso su informe sobre la situación en Irak a fin de fundamentar la orden de Bush de aumentar los efectivos en el terreno. Según extractos del documento citados por los medios, la situación en el terreno no ha cambiado y los iraquíes se muestran todavía incapaces de hacerse cargo por su cuenta de la seguridad de su país frente a insurgentes y la violencia sectaria.

Todo indica que una retirada estadounidense daría lugar a una guerra civil que terminaría por involucrar a los países vecinos, entre los que se encuentra Irán, cuya influencia ha crecido exponencialmente durante el último año. Pero, por su parte, el senador Carl Levin, presidente de la comisión de Fuerzas Armadas del Senado, afirmó que "todas las estrategias (de Bush) suponen un compromiso militar de duración indeterminada, y una presencia de las tropas en medio de la violencia sectaria".

Andres Fontana

Medio Oriente: Incertidumbre absoluta

La referencia a una próxima tormenta en Medio Oriente que hace el Prof. Marc Ellis en su artículo evoca la situación de desazón e incertidumbre en que está sumida la población palestina, la enorme inestabilidad del Líbano, la sangrienta cotidianeidad de Irak. Ahí la cuestión estratégica ya no es más la presencia militar de los Estados Unidos, prácticamente con fecha de retiro, sino qué va a ocurrir con la guerra civil entre chiitas y sunnitas, que no conoce otra regla que la violencia extrema.

También son fuente de incertidumbre la creciente capacidad nuclear de Irán y la indescifrable política exterior de Siria y Arabia Saudita. Mientras Irán provee armas y recursos a Hamas, Egipto, con el consentimiento de Israel, le ha venido entregando armas y municiones a Al-Fatah. En el Líbano, la población sigue presa del poder y la constante presión de los sectores chiitas y palestinos que responden al jeque Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, y cuentan con el apoyo de Irán y Siria. Por ende, los esfuerzos de la Liga Arabe en procura de paz chocan siempre con el muro infranqueable de partes que no hablan entre sí y poderes externos cuyos objetivos no se conocen ciertamente.

Todos estos elementos generan un escenario de consecuencias impredecibles, sobre todo cuando el sistema internacional ha dejado de funcionar y los poderes globales no tienen incentivos para asumir su responsabilidad. La incertidumbre, es cierto, ha sido la regla desde el fin de la Guerra Fría y el terrorismo internacional le ha agregado una cuota atormentante, sobre todo, para los habitantes de capitales y metrópolis, los turistas avezados y, hoy por hoy, para todos los que deben subirse a un avión en algún aeropuerto en cualquier lugar del mundo.

Las relaciones internacionales han dejado atrás a los Estados y se dirimen entre grupos, poderes informales y organizaciones de la más diversa índole. Hamas y Al-Fatah son hoy capaces de definir el destino de una región y la situación de millones de personas con mucha más incidencia que los Estados Unidos, la Unión Europea y la Liga Arabe. Ningún análisis de estos días menciona a las Naciones Unidas, o el rol de los mediadores o la capacidad (léase voluntad política) que en otras circunstancias ha tenido el sistema internacional para resolver conflictos y ofrecer garantías mínimas a la población.

La incertidumbre que refleja el análisis de Marc Ellis, la fragmentación del pueblo palestino que muestra con la precisión de quien conoce la historia y vive apasionadamente el drama de un pueblo sometido y cercado por un Estado que, paradójicamente, surgió del dolor y el tormento extremo de otro pueblo, nos indican que términos del análisis político como “incertidumbre” o “fragmentación” son referencias escuálidas al temor y la desesperanza de personas, de individuos y familias que tienen los mismos derechos y deseos que cualquiera de nosotros.

Andres Fontana

Releyendo el Mercosur

Desde su creación, a principios de los noventa, el Mercosur ha perdido gran parte del atractivo que tuvo inicialmente. Los beneficios de la liberación del comercio intra-bloque contentaron a todos como para que los factores que pronto causarían conflictos no perturbaran la armonía entre los cuatro Estados fundadores durante los primeros años. Hacia 1997, se incorporaron Chile y Bolivia como Estados Asociados, lo cual culminaría al año siguiente con la declaración del área como Zona de Paz y Cooperación.

Las crisis de los mercados globales, las drásticas devaluaciones y los períodos de recesión que siguieron pusieron a prueba la solidez del bloque y la lealtad recíproca que se había forjado a lo largo del proceso de integración. Aquí está la cuestión.

En términos de crecimiento, diversificación industrial y competitividad económica, la utilidad del bloque ha sido limitada. La economía no ha sido el fuerte del Mercosur. Sin embargo, sus beneficios en materia de estabilidad regional y resguardo colectivo de los valores e instituciones de la democracia justificaron ampliamente la existencia del bloque y su continuidad.

Es cierto que rara vez se respetaron las reglas. Tampoco se avanzó hacia una verdadera unión aduanera. Por el contrario, a lo largo del tiempo, crecieron las barreras internas y los consecuentes reclamos. Además, siempre hubo opciones “hacia fuera” para sus miembros, el ALCA en particular, a la que todos insinuaron en algún momento su intención de incorporarse individualmente. Brasil siempre tuvo su mira puesta en los asuntos globales, como una suerte de representante “natural” de la sub-región y hoy tiene más energía y recursos invertidos en su vinculación con el G-8 y en su alianza “Bric” (Brasil-Rusia-India-China), que en su vínculo con el Mercosur.

Además siempre hubo disidencias en torno de la “ampliación vs. Profundización” del bloque regional. Mientras la incorporación de nuevos miembros fue siempre promovida por Brasil, la “profundización” (institucionalización de los vínculos, respeto de las reglas, desarrollo de la infraestructura física) fue históricamente defendida por la Argentina.

Pero Brasil se opuso a modificar el “espíritu” del bloque. ¿Para qué instituciones, si con un simple llamado telefónico entre los presidentes todo se soluciona? La Argentina nunca se animó a contradecir esto firmemente y la traducción que hicieron los líderes de Paraguay y Uruguay fue siempre “un simple llamado telefónico entre los presidentes de Brasil y Argentina.”

En lo inmediato, la política exterior de Brasil se ha vuelto claramente más dinámica y más pragmática, sobre todo, desde la reelección del presidente Lula el año pasado. Esto parece dificultar, junto con las expresiones del presidente Chávez hacia los miembros del parlamento brasileño, la ratificación del ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur. Pero, no obstante las debilidades –y por todas las virtudes señaladas– siempre estamos a la espera del próximo relanzamiento del Mercosur.

Andres Fontana

jueves, 9 de agosto de 2007

Guantanamo

El pedido de liberación de cinco detenidos en la base de Guantánamo por cuestiones vinculadas al terrorismo formulada días atrás por el gobierno británico ha generado un intenso debate en los Estados Unidos, que pone de relieve la complejidad de la lucha contra el terrorismo y los crecientes dilemas que enfrenta el gobierno de Bush, más allá de los escenarios bélicos de Irak y Afganistán.

Según un artículo publicado en el periódico The New York Times, funcionarios del Pentágono reaccionaron rápidamente ante el pedido británico y plantearon que el nivel de peligrosidad de los detenidos requiere que, antes de empezar a hablar de su deportación, se sepa qué piensa hacer el Reino Unido con ellos.

Si bien esto pudo tocar las sensibilidades del gobierno y del sistema judicial británicos, lo cierto es que ha habido ya numerosos casos de ex prisioneros que volvieron de inmediato a la actividad terrorista tras su liberación.

Por otra parte, la cuestión de abusos y violaciones a los derechos humanos en la base de Guantánamo ha planteado a la justicia norteamericana sucesivos casos de difícil resolución debido a la carencia de garantías sobre el futuro de los detenidos en casos de ser devueltos a sus países.

Para agregar a las dificultades, el Pentágono ha difundido un informe según el cual, de los 360 detenidos actuales, unos 150 podrían ser liberados, sin especificar cuál sería el destino de los mismos ni las condiciones de su liberación. De los 210 restantes, el Pentágono sostiene que existe suficiente evidencia para enjuiciar a unos 80 detenidos por crímenes de guerra. Pero hay 130 detenidos que deberían ser mantenidos en prisión en forma indefinida, ya que no existe evidencia útil judicialmente pero sí información de inteligencia que desaconseja su liberación.
Pero las críticas internacionales por la base de Guantánamo han crecido exponencialmente y los frecuentes reportes sobre la misma se han vuelto una incómoda fuente de desprestigio para los Estados Unidos.

El gobierno del presidente Bush se encuentra así ante una encrucijada de difícil resolución ya que, por una parte, las crítica y presiones para que cierre la base crecen día a día y, por otra parte, las dificultades legales y políticas para deshacerse de los prisioneros han mostrados ser altamente complejas.

Contradecir las demandas de su propia política antiterrorista resulta casi imposible para la Administración Bush. Pero mantener la base se ha vuelto demasiado costoso. Al mismo tiempo, el destino de los prisioneros plantea serias dificultades. A los casos de quienes temen ser deportados y plantean cuestiones de derechos humanos al carecer de garantías en su país de origen, se suman los países que se resisten a recibir a los ex prisioneros. Y también, como dijimos, hubo casos de ex prisioneros que volvieron a la actividad terrorista tan pronto fueron liberados.

El Departamento de Estado ha reconocido este dilema y un alto funcionario expresó que Estados Unidos no desea ser anfitrión de una cárcel para el mundo, pero tampoco quiere ver cómo caminan libremente criminales de reconocida peligrosidad.

Andres Fontana

miércoles, 8 de agosto de 2007

La Vulnerabilidad de Occidente

Hace casi veinte años que el análisis estratégico intenta definir el carácter de las amenazas y los parámetros de la seguridad de Occidente. Muchos pensaron que el triunfo de Occidente en la Guerra Fría era una continuación de la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, desvirtuada sólo temporariamente por el surgimiento de la Unión Soviética. “Ahora sí,” los valores de Occidente, con la democracia y el respeto por los derechos humanos en primer lugar, serían las bases de una sociedad global que se construiría “ladrillo a ladrillo.”

Muy pronto Bosnia, Somalia, Rwanda, Kosovo y otros tantos lugares donde murieron cientos de miles de seres humanos obligaron a revisar el análisis. Sin embargo, la mayor parte de los autores siguió coincidiendo en que una característica fundamental de la nueva situación era que las democracias avanzadas y las potencias globales no se hallaban amenazadas, privilegio del que gozaban también regiones pacíficas menos avanzadas como la nuestra.

Todo cambió el 11 de septiembre. Pero, también, todo cambió a medida que la Alianza Occidental comenzó a resquebrajarse y a traicionar sus propios valores. La inestabilidad regional y las crisis humanitarias llevaron más de una vez a los Estados Unidos a zonas en las que era difícil intervenir y más difícil aun identificar el propio interés nacional. Ahí comenzó a resquebrajarse –mucho antes de Irak– la solidez de la OTAN y los “vínculos transatlánticos” entre una Europa centrada en sus propios problemas y un Estados Unidos deseoso de ejercer su rol de potencia global.

Esa brecha se profundizó. Francia y Alemania asumieron el liderazgo europeo. El Reino Unido se replegó sobre sus vínculos preferenciales con los Estados Unidos. Con sentimientos xenófobos y aislacionistas, Europa traicionó los valores occidentales de manera tan grave como las crecientes transgresiones del derecho internacional y, en particular, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 en la llamada “guerra anti-terrorista.”

Hubo más atentados e intentos de atentados en las principales capitales. Descubrimos que las “Mezquitas Rojas” financiadas en Pakistán, en Italia, Francia y otros países para contener y re-socializar a jóvenes musulmanes, son lugares de adoctrinamiento y preparación, precisamente… de jóvenes fundamentalistas. Descubrimos también que, más allá del terrorismo organizado, existen grupos terroristas aislados, espontáneos, formados por jóvenes simpatizantes de Al-Queda o simplemente horrorizados por las brutalidades de Occidente. Leemos que “Bush respaldó duras prácticas de la CIA”; que “Cheney presiona a Bush para que ataque a Irán”; que “la comunidad musulmana es objeto de amenazas e insultos” en diversas capitales. Vemos entonces cómo se construyó, ladrillo a ladrillo, el escenario actual –tan distinto del pensado en la post Guerra Fría— en el que la seguridad de Occidente parece tanto o más vulnerable que los años de la Guerra Fría.

Andres Fontana