lunes, 10 de septiembre de 2007

Septiembre 11

Ante esta fecha, lo primero es evocar a las víctimas. El ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 dejó un saldo de 2.759 muertos y 24 desaparecidos y el atentado contra el Pentágono produjo otras 225 muertes.

En esa fecha, concluyó el breve período llamado “post Guerra Fría” y comenzó una nueva era de la política internacional. Al igual que tras la caída del Muro de Berlín, la Comunidad Internacional mostró un alto grado de desconcierto, el cual persiste hasta el presente. No hay rumbo, ni objetivo y los valores e intereses que unen a la Comunidad Internacional ocupan un lugar alejado de las agendas de los líderes mundiales.

El ejemplo más notorio es la guerra en Irak, aun hoy incomprensible en casi todas sus dimensiones. La Comunidad Internacional estuvo siempre en contra de la guerra, y con razón. Pero no pudo construir un consenso con respecto al terrorismo. De hecho, no existe una tipificación de “terrorismo” aceptada de consuno por los Estados Miembros de las Naciones Unidas. Los Estados han aprobado 13 convenciones sobre actos de terrorismo y delitos conexos, pero pocos las han ratificado luego de firmarlas y, menos aun, las han transformado en derecho positivo, en sus respectivos sistemas legales.

Por otra parte, el 11 de septiembre y sus derivaciones permitieron construir y destruir liderazgos. Rudolph Giuliani –Rudolph William Louis "Rudy" Giuliani III, Caballero de la Orden del Imperio Británico (KBE), ex Alcalde de Nueva York y “Persona del Año,” según la revista Time, en 2001– saltó al nivel de celebridad mundial por su desempeño en la escena posterior a los atentados del 11 de septiembre.

Hoy, es el candidato mejor posicionado del Partido Republicano para las elecciones presidenciales de 2008. Las encuestas lo ubican primero en la intención de voto para la interna del partido, las famosas “primarias” que anteceden los comicios presidenciales, y en la opinión pública tiene un alto grado de aceptación.

El Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, también conoció un momento de gloria en los tramos siguientes al 11 de septiembre. Pero la decisión de invadir a Irak, su obstinación posterior y la carencia de un plan B para el caso de un fracaso militar derribaron su imagen, la suerte electoral de su partido en 2007 y, en gran medida, la popularidad de su país ante la opinión pública internacional. Más aun, Tony Blair, probablemente uno de los mejores primeros ministros de la historia del Reino Unido, debió abandonar su cargo luego de diez años de una gestión reconocidamente exitosa, por la impopularidad que le valió su persistente respaldo a Bush en suelo iraquí.

Luego del 11 de septiembre, el Terrorismo se instaló como la amenaza que más influye sobre el curso de la política internacional y afecta incluso la política doméstica de muchos Estados, la relación del Estado con los ciudadanos y, en algunos casos, la relación de la comunidad con sectores víctimas de nuevos prejuicios.

Andres Fontana


sábado, 1 de septiembre de 2007

El centro del escenario

Hijo de inmigrantes húngaros, con un cierto linaje que se remonta al siglo XVII, Nicolas Sarkozy generó tanto expectativas como reservas cuando asumió la presidencia de Francia en mayo pasado. En el campo internacional, hizo rápidamente honor a las expectativas. Viajó a Berlín en su primer día como presidente, se entrevistó con la canciller alemana, Angela Merkel, y ratificó así el lugar prioritario de Europa en la política exterior francesa. Poco después, desempeñó un papel clave en la suma de respaldos al Tratado de Reforma Institucional durante la reunión del Consejo de la Unión Europea. El 14 de julio, permitió que por primera vez tropas de los 27 países de la Unión Europea desfilaran juntas por las calles de París.

Sarkozy equilibró el fervor pro-europeo de sus primeros gestos con tres reuniones con el presidente George W. Bush. La última, a principios de agosto en la residencia que tiene Bush padre en la localidad de Kennebunkport, en el nordeste de los Estados Unidos, trascendió por sus características informales: “hamburguesas y hot dogs” y ausencia de Cecilia Sarkozy debido a problemas de salud –según le comunicara telefónicamente a la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, quien la había invitado cuando se encontraron durante la cumbre del G8 celebrada en junio en Alemania.

Los medios franceses destacaron con ironía la inusualmente rápida recuperación de Cecilia Sarkozy, quien fue vista al día siguiente durante un paseo de compras. Sin embargo, detrás de estos “favoritos” de la prensa internacional –sólo superados por las fotos “retocadas” del presidente francés que publicó la revista Paris-Match y puso en evidencia el diario L'Express– comienza a delinearse un nuevo escenario de la política internacional, con fuerte presencia francesa.

La Casa Blanca calificó el encuentro en Kennebunkport como inicio de "una nueva era en las relaciones con los franceses," a pesar de las diferencias con respecto a la guerra en Irak. Sarkozy ganó nuevamente el centro de la escena con gestos amistosos hacia Libia y Turquía. Viajó a Trípoli para reunirse con Muammar Kadafi, en una señal de normalización de las relaciones entre Libia y Europa tras la liberación de seis trabajadores médicos, presos desde 1999. Respaldó el ingreso de Turquía a la Unión Europea, gesto recibido con entusiasmo por la poderosa Comisión Europea. Propuso incorporar al Grupo de los 8 (Estados Unidos, Canada, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Rusia) a “los nuevos grandes emergentes”: Brasil, China, India, México y Sudáfrica.

Por último, en lo que fue calificado como una ruptura con la diplomacia de Jacques Chirac, Sarkozy definió al plan nuclear iraní como “principal motivo de inquietud mundial,” criticó a Rusia y China por su “brutalidad” y “voracidad insaciables” (sic), y definió el logro de una “Europa repensada y dispuesta a embarcarse en un proyecto de Unión mediterránea” como “primera gran prioridad nacional de Francia.”

Andres Fontana