sábado, 1 de septiembre de 2007

El centro del escenario

Hijo de inmigrantes húngaros, con un cierto linaje que se remonta al siglo XVII, Nicolas Sarkozy generó tanto expectativas como reservas cuando asumió la presidencia de Francia en mayo pasado. En el campo internacional, hizo rápidamente honor a las expectativas. Viajó a Berlín en su primer día como presidente, se entrevistó con la canciller alemana, Angela Merkel, y ratificó así el lugar prioritario de Europa en la política exterior francesa. Poco después, desempeñó un papel clave en la suma de respaldos al Tratado de Reforma Institucional durante la reunión del Consejo de la Unión Europea. El 14 de julio, permitió que por primera vez tropas de los 27 países de la Unión Europea desfilaran juntas por las calles de París.

Sarkozy equilibró el fervor pro-europeo de sus primeros gestos con tres reuniones con el presidente George W. Bush. La última, a principios de agosto en la residencia que tiene Bush padre en la localidad de Kennebunkport, en el nordeste de los Estados Unidos, trascendió por sus características informales: “hamburguesas y hot dogs” y ausencia de Cecilia Sarkozy debido a problemas de salud –según le comunicara telefónicamente a la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, quien la había invitado cuando se encontraron durante la cumbre del G8 celebrada en junio en Alemania.

Los medios franceses destacaron con ironía la inusualmente rápida recuperación de Cecilia Sarkozy, quien fue vista al día siguiente durante un paseo de compras. Sin embargo, detrás de estos “favoritos” de la prensa internacional –sólo superados por las fotos “retocadas” del presidente francés que publicó la revista Paris-Match y puso en evidencia el diario L'Express– comienza a delinearse un nuevo escenario de la política internacional, con fuerte presencia francesa.

La Casa Blanca calificó el encuentro en Kennebunkport como inicio de "una nueva era en las relaciones con los franceses," a pesar de las diferencias con respecto a la guerra en Irak. Sarkozy ganó nuevamente el centro de la escena con gestos amistosos hacia Libia y Turquía. Viajó a Trípoli para reunirse con Muammar Kadafi, en una señal de normalización de las relaciones entre Libia y Europa tras la liberación de seis trabajadores médicos, presos desde 1999. Respaldó el ingreso de Turquía a la Unión Europea, gesto recibido con entusiasmo por la poderosa Comisión Europea. Propuso incorporar al Grupo de los 8 (Estados Unidos, Canada, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Rusia) a “los nuevos grandes emergentes”: Brasil, China, India, México y Sudáfrica.

Por último, en lo que fue calificado como una ruptura con la diplomacia de Jacques Chirac, Sarkozy definió al plan nuclear iraní como “principal motivo de inquietud mundial,” criticó a Rusia y China por su “brutalidad” y “voracidad insaciables” (sic), y definió el logro de una “Europa repensada y dispuesta a embarcarse en un proyecto de Unión mediterránea” como “primera gran prioridad nacional de Francia.”

Andres Fontana