jueves, 25 de octubre de 2007

RESPONSABILIDAD

Albert Einstein, nacido en Alemania y Premio Nobel de Física en 1921, dijo “hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.” Su alusión a la física fue para destacar el valor de lo humano. Fueron muchas sus frases famosas, algunas muy irónicas sobre la naturaleza humana, pero ninguna ofensiva para una persona o grupo en particular. En su genialidad, predominaba la sabiduría sobre el saber científico.

Doris Lessing nació en Irán, cuando se llamaba Persia, y pasó su juventud en Rhodesia, actual Zimbabwe. A los 82 años, acaba de recibir el Premio Nobel de Literatura. Es conocida por sus obras, pero también por su lucha contra la intolerancia y la discriminación.

El Dr. James Watson, nacido en Chicago, uno de los descubridores del ADN, recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962. El Dr. Watson acaba de escandalizar al mundo con sus declaraciones acerca de diferencias en los niveles de inteligencia entre razas. No importa tanto lo que dijo o verdaderamente quiso decir, sino el contexto histórico y el sentido de responsabilidad que le compete a quien ha alcanzado los peldaños más altos del reconocimiento científico internacional.

Cualquier diario que tomemos de la mesita en la sala del dentista seguramente contiene una noticia sobre la intolerancia racial o religiosa. Seguramente muestra algún conflicto que involucra inmigrantes, abusos, discriminación. La mayor parte de los conflictos internacionales de nuestra era tienen un componente de esa índole.

La semana pasada, los medios destacaron los esfuerzos de la Unión Europea para lidiar con la inmigración, mientras era tristemente noticia la agresión a una joven ecuatoriana en Barcelona. Vemos las políticas duras del presidente francés Nicolás Sarkozy, la inminente acción militar de Turquía contra los Kurdos, los frecuentes conflictos con los inmigrantes en los Estados Unidos.

Ese es el contexto en el que cabe reclamar al Dr. Watson un mayor sentido de responsabilidad, acorde con el lugar que ocupa, inevitablemente, en la sociedad y el campo internacional.

Andres Fontana

jueves, 18 de octubre de 2007

Nóbel Políticos

Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos, y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, co-presidido por el científico argentino Osvaldo Canziani, recibieron el premio Nóbel de la Paz 2007. La elección de Gore mereció más comentarios que la del Panel de la ONU. Nadie puso en duda los " esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático" sino la pertinencia de que el Comité Nóbel premiara a Gore para criticar indirectamente a Bush por la guerra en Irak y el rechazo al Protocolo de Kyoto (1997), que intenta reducir las emisiones de dióxido de carbono.

¿Es cuestionable que el otorgamiento del Nóbel incluya intenciones políticas? En su testamento, Alfred Nóbel (1833-1896), dice que el Premio debe reconocer el esfuerzo de quienes contribuyan “al hermanamiento de los pueblos, la abolición o la reducción de los ejércitos y la celebración y estímulo de congresos de paz.” Resulta difícil imaginar una declaración más política que esta. Pero su significado va a variar según el contexto, según la época.

Similar polémica, produjo la reiterada candidatura de Bob Dylan al Nóbel de literatura. Es comprensible la sensibilidad de quienes cuestionan que las letras de Dylan se equiparen a las grandes obras literarias. Pero, probablemente, la mayor parte de ellos nunca haya intentado leer las letras de Dylan despojadas de la melodía. Ahí se advierte a un poeta cuya calidad literaria va mucho más allá del contexto histórico de los años sesenta, pero cuyos poemas tienen esa fuerza arrolladora porque expresan la ira y la frustración de una generación que transformó su época histórica.

Dylan nunca hubiera escrito las letras –los poemas– que escribió si no hubiera estado expuesto a la tremenda energía cultural generada por la lucha por los derechos civiles y por la paz mundial. John Hammond, el productor de Columbia que “descubrió” a Billie Holiday y Count Basie, y años más tarde a Bob Dylan, dijo ¬–mucho antes de que Dylan escribiera Soplando en el Viento (1962) o Rolling Stone (1965), “sentí que Dylan era un poeta, alguien que podía comunicarse con su generación.” Una honesta interpretación del legado de Alfred Nóbel no puede desligarse de la calidad de las obras premiadas pero, tampoco, de su significación histórica, de su impacto y capacidad de cambio en un contexto determinado.

Andres Fontana

viernes, 12 de octubre de 2007

Lugares Remotos

La noción estratégica referida a la protección de las reservas energéticas “que van a escasear en un futuro,” siempre despertó recelos en la comunidad de estudios internacionales. Se adujo, tal vez con razón, que se trata de una visión geopolítica de “suma cero,” según la cual para que alguien gane hace falta que otro pierda. Se dijo, tal vez apresuradamente, que es una visión que prioriza el conflicto y descarta la cooperación. Se dijo también, ya con sesgo de debate ideológico, que se trata de visiones conspirativas propias de la periferia, que promueven la confrontación con las sociedades más avanzadas en vez fomentar la cooperación.

Lo que no se dijo es que la cuestión merece un análisis empírico basado en tendencias observables, tales como el agotamiento global de las reservas y las evidentes dificultades de las sociedades avanzadas –las más libres, las más ricas, las más respetuosas de la iniciativa individual— para poner límites al consumo de energía, proteger el medio ambiente y mirar la cuestión desde una perspectiva global.

Por ahora, la tendencia predominante no parece ser el vulnerar la soberanía de Estados débiles para acceder a reservas energéticas sino vencer obstáculos naturales en lugares remotos del planeta. En pocas semanas, toneladas de gas natural comenzarán a cruzar el Océano Atlántico rumbo a los Estados Unidos en buques especialmente diseñados provenientes del viejo puerto de Hammerfest. Este pequeño pueblo de pescadores en el extremo norte de Noruega se encuentra frente a un inmenso reservorio de gas ubicado en el fondo del océano, debajo del Artico.

A medida que la demanda energética aumenta y los precios de la energía suben, las grandes firmas se desplazan a los lugares más remotos para encontrar nuevos yacimientos, como el fondo del Mar Caspio en Kazakhastan donde los descubrimientos petrolíferos han sido los más importantes de las últimas décadas.

Cabe preguntarnos entonces acerca del significado de la reciente decisión del Reino Unido de ampliar la zona de exclusión alrededor de las Islas Malvinas a 350 millas. Si bien la medida se enmarca en el cumplimiento de la Convención sobre el Derecho del Mar, no dejan de llamar la atención el carácter unilateral de la misma y la anticipación de un plazo que vence recién en 2009.

Andres Fontana

lunes, 1 de octubre de 2007

Iran

A diferencia de otros ámbitos donde el Estado tiene la responsabilidad de proveer seguridad –el de la seguridad pública, donde debe enfrentar el delito, el de la defensa, donde debe enfrentar las amenazas externas– el ámbito de la seguridad internacional se caracteriza por el hecho de que la comunidad internacional enfrenta las amenazas a la paz y la seguridad internacionales.

Definir qué constituye una amenaza a la paz y la seguridad internacionales es definir qué justifica que las Naciones Unidas ordenen o autoricen el uso de la fuerza. Esa es hoy la única fuente de legitimidad para el uso de la fuerza en el campo internacional y esto depende de un conjunto de actores con gran dificultad para ponerse de acuerdo: los Estados, ONG internacionales, diversos organismos (como el OIEA, que verifica la legalidad de los programas nucleares), la opinión pública internacional, etc.

Desde hace tiempo, al menos desde principios de 2002, el gobierno de los Estados Unidos promueve una visión de Irán que intenta caracterizar a ese país como una amenaza a la paz y la seguridad. Esto merece un examen detenido y, sobre todo, cauto. La imagen de Irán como un Estado que apoya al terrorismo y desarrolla armas de destrucción masiva no sólo es simplista sino, sobre todo, parece tener por objeto el justificar acciones militares antes que preservar la paz y la seguridad.

Los Estados Unidos ya han llevado a cabo una acción militar en Irak de dudosa legitimidad. Sus consecuencias políticas y humanitarias están a la vista. La visión que ofrecieron, no de Irak sino de Saddam Husein, es muy parecida a la que hoy ofrecen no de Irán sino de su presidente Mahmoud Ahmadinejad.

La política exterior de los Estados Unidos no parece interesarse, por ejemplo, en las críticas internas al presidente Ahmadinejad y sus políticas. Estas críticas en ocasiones provienen del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, quien en enero criticó públicamente –algo poco habitual– la política del presidente Ahmadinejad. Y cabe destacar que, en el sistema político iraní, el Ayatollah es quien tiene la última palabra en todas las cuestiones políticas, incluyendo el tema nuclear.