jueves, 18 de octubre de 2007

Nóbel Políticos

Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos, y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, co-presidido por el científico argentino Osvaldo Canziani, recibieron el premio Nóbel de la Paz 2007. La elección de Gore mereció más comentarios que la del Panel de la ONU. Nadie puso en duda los " esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático" sino la pertinencia de que el Comité Nóbel premiara a Gore para criticar indirectamente a Bush por la guerra en Irak y el rechazo al Protocolo de Kyoto (1997), que intenta reducir las emisiones de dióxido de carbono.

¿Es cuestionable que el otorgamiento del Nóbel incluya intenciones políticas? En su testamento, Alfred Nóbel (1833-1896), dice que el Premio debe reconocer el esfuerzo de quienes contribuyan “al hermanamiento de los pueblos, la abolición o la reducción de los ejércitos y la celebración y estímulo de congresos de paz.” Resulta difícil imaginar una declaración más política que esta. Pero su significado va a variar según el contexto, según la época.

Similar polémica, produjo la reiterada candidatura de Bob Dylan al Nóbel de literatura. Es comprensible la sensibilidad de quienes cuestionan que las letras de Dylan se equiparen a las grandes obras literarias. Pero, probablemente, la mayor parte de ellos nunca haya intentado leer las letras de Dylan despojadas de la melodía. Ahí se advierte a un poeta cuya calidad literaria va mucho más allá del contexto histórico de los años sesenta, pero cuyos poemas tienen esa fuerza arrolladora porque expresan la ira y la frustración de una generación que transformó su época histórica.

Dylan nunca hubiera escrito las letras –los poemas– que escribió si no hubiera estado expuesto a la tremenda energía cultural generada por la lucha por los derechos civiles y por la paz mundial. John Hammond, el productor de Columbia que “descubrió” a Billie Holiday y Count Basie, y años más tarde a Bob Dylan, dijo ¬–mucho antes de que Dylan escribiera Soplando en el Viento (1962) o Rolling Stone (1965), “sentí que Dylan era un poeta, alguien que podía comunicarse con su generación.” Una honesta interpretación del legado de Alfred Nóbel no puede desligarse de la calidad de las obras premiadas pero, tampoco, de su significación histórica, de su impacto y capacidad de cambio en un contexto determinado.

Andres Fontana