jueves, 28 de febrero de 2008

¿Va a cambiar la política exterior de los EEUU?

Creemos que poco. La expectativa de cambios en la política exterior de los Estados Unidos se basa en dos supuestos: el fracaso de la actual y la diferencia entre Bush y cualquiera de los precandidatos de las eternas “primarias” estadounidenses. Ambas premisas son ciertas, pero conducen a conclusiones erróneas, porque la política exterior de los Estados Unidos resulta de la combinación de un extremo pragmatismo y un legado de valores y convicciones tan importantes como lo anterior.

Los ciudadanos y gobernantes norteamericanos comparten la convicción de que su país tiene una responsabilidad global indelegable. Esto ha tomado formas distintas a lo largo de la historia, y la actual no es la más simpática ni la más heroica. Pero es tan importante como otras y es parte de una historia consistente. En ella, los Estados Unidos salen periódicamente de su ancestral aislacionismo y abrazan su sentido de “misión”—fortalecido y abrevado en la mente y el espíritu norteamericanos durante el período aislacionista, que en este caso fue el breve lapso entre la post guerra fría y el ataque a las torres en 2001.

Además, si bien en la cultura y la política interna de los Estados Unidos priman las instituciones y el aprecio por la legalidad, en su política exterior priman descarnadamente los intereses y una fuerte vivencia de misión que, en forma combinada, operan como justificativos (uno pragmático, el otro moral) de un alto nivel de discrecionalidad que tiende a vulnerar las normas e instituciones internacionales.

El pueblo norteamericano vive esta aparente contradicción con naturalidad, porque ve la política exterior de su país a la luz del fuerte sentido de misión que mencionamos. Se ve a sí mismo como portador y custodio de valores universales, lo cual incrementa la tendencia al unilateralismo que caracteriza la política exterior de los Estados Unidos—particularmente, durante los períodos más extrovertidos de su política exterior.

A esto se suma un elemento fundamental: la política exterior no la dictan sólo los presidentes, las cancillerías, los congresos y la opinión pública sino, también resulta en gran parte del lugar que cada país ocupa en la estructura del sistema internacional. Estados Unidos, desde hace casi 20 años, ocupa el lugar más importante en ese sistema, casi sin verdaderos contrapesos. Esto no va a cambiar súbitamente y, por ende, si bien es probable que el próximo gobierno de los Estados Unidos sea muy diferente del actual, su política exterior va a variar sólo marginalmente.

Andres Fontana