viernes, 18 de abril de 2008

La relación con los EEUU

La reciente visita del subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Tom Shannon, que incluyó reuniones con el jefe de gabinete Alberto Fernández y el canciller Jorge Taiana y culminó con una audiencia con la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, reencauzó en sus parámetros normales la relación con los Estados Unidos. Es lo que se esperaba y resulta auspicioso. La escalada de tensiones que se produjo en la relación bilateral a lo largo de los últimos meses del año pasado y principios del presente carece de sentido y no satisface los intereses de ninguno de los dos países.

Algunos detalles respaldan esta apreciación. La visita fue precedida por gestos de cortesía, que incluyeron que el embajador Héctor Timerman fuera recibido por el presidente George W. Bush, luego de una cierta espera para la presentación de sus cartas credenciales y que el presidente Bush le entregara una carta en la que expresa su apoyo a la política de derechos humanos adoptada por la Argentina durante los últimos años. Más aun, el presidente norteamericano aceptó un presente del embajador, lo cual, en principio, constituye una excepción a las reglas de protocolo de la Casa Blanca.

Luego de las reuniones en Buenos Aires, hubo anuncios tales como el restablecimiento de reuniones semestrales entre funcionarios de los departamentos de Estado y de Defensa con sus pares argentinos. En lenguaje diplomático, tales reuniones tienen un significado positivo que trasciende los contenidos y el carácter esencialmente técnico de las mismas. Y Shannon volvió a destacar la importancia del vínculo con la Argentina, al que calificó como "excelente".

Sin embargo, según se deriva de comentarios del propio Shanon y de los análisis de la visita publicados en diversos medios, el interés principal de los Estados Unidos no reside centralmente en el vínculo bilateral con la Argentina sino en el rol que nuestro país puede jugar en la relación de los Estados Unidos con Venezuela. Shannon destacó varias veces la preocupación de su país por la estabilidad política en la región y puso énfasis en el papel de la Argentina en ese escenario
En realidad, el interés de los Estados Unidos no se centra, específicamente, en la relación con Venezuela sino en el rol que el presidente Hugo Chávez desempeña en la política internacional y regional, el cual trasciende la política exterior de su país.

Todo esto refleja una vez más, como el viaje del propio presidente Bush a la región hace poco más de un año, que los Estados Unidos carecen de una política integral hacia la región. Los esfuerzos por poner en marcha un proceso de integración que realizaran la Casa Blanca y el Departamento de Estado durante los primeros años de la post Guerra Fría, si bien centrados en los acuerdos de libre comercio, dieron algunos frutos pero declinaron hacia el final de la década y fueron interrumpidos, si bien no explícitamente, al iniciarse la política exterior centrada en la lucha contra el terrorismo global.

Queda abierta la pregunta acerca de los cambios que introducirá la próxima Administración a partir del año próximo. Pero no hay motivos para tener altas expectativas.

Andres Fontana

miércoles, 9 de abril de 2008

Tropiezo de Hillary

Mientras la política colombiana volvía a agitarse por los esfuerzos internacionales para lograr la liberación de Ingrid Betancourt, una inesperada noticia involucró a la Senadora Hillary Rodham Clinton, precandidata presidencial por el Partido Demócrata de los Estados Unidos. Ocurrió la semana pasada. Mark Penn, principal responsable de la campaña de Hillary, debió renunciar a su cargo al cobrar estado público que asesoraba al gobierno de Alvaro Uribe para lograr que, finalmente, se firmara el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Esto implica un serio problema ético, dado que la Senadora Clinton se ha opuesto a la firma de ese tratado, como es tradicional en su partido. La Administración Bush avanzó sustancialmente en las negociaciones hacia fines de 2006, enfrentando la oposición de líderes sindicales –siempre cercanos al Partido Demócrata— y de miembros de organizaciones defensoras de los derechos humanos que acusan al Gobierno y al Congreso colombianos de diversos tipos de abusos. A fin de superar tales obstáculos, el Gobierno colombiano contrató diversas consultoras americanas, pagando entre quince y cuarenta mil dólares de honorarios mensuales. Casi todas las firmas están integradas por ex miembros del gobierno de Bill Clinton, no por obra de la casualidad ni por mera incongruencia ideológica de los ex funcionarios, sino porque, siendo el Partido Demócrata el principal opositor a los tratados de libre comercio, el eventual voto a favor de sus legisladores tiene un valor crucial y nadie está mejor ubicado para inducir tales decisiones en el bloque demócrata que operadores del mismo partido. El gobierno colombiano contrató a la firma Burson-Marsteller, de la que Penn es miembro, con honorarios de U$S 300,000 a lo largo de un año. Burson-Marsteller ha causado complicaciones en la campaña de Hillary Clinton anteriormente, dado que también representa a Countrywide Financial Corporation, la principal empresa de préstamos hipotecarios de los Estados Unidos, actividad la senadora Clinton ha criticado en forma encendida y, además, provee servicios a Blackwater Worldwide, la empresa privada de seguridad que actualmente es investigada por el gobierno norteamericano por la muerte de civiles en Irak. Las internas del Partido Demócrata, con otro hito el próximo 22 de abril siguen planteando hechos políticos inesperados y dilemas éticos de las más variadas tonalidades.


Andres Fontana