viernes, 2 de mayo de 2008

El mundo y nuestros intereses

¿Por qué preocuparnos por lo que pasa en el mundo? Esta pregunta no es retórica ni responde a un rasgo peculiar de nuestra sociedad. En prácticamente todos los casos que cabe considerar, por el nivel de educación de la población, los valores predominantes y otros parámetros de identidad o afinidad con nosotros, la opinión pública de los países no refleja un alto interés por lo que ocurre en el mundo. Tal es el caso de los miembros de la Unión Europea, los Estados Unidos, Australia, Canadá y tantos otros.

La falta de interés en lo que ocurre en el mundo responde sobre todo a la falta de nitidez de los vínculos entre lo nacional y lo internacional. La mayor parte de las acciones de la política exterior –por no decir, en general, las acciones de la política exterior de cualquier país– por ejemplo, la participación en foros, organismos o encuentros de distinto tipo, la firma de acuerdos, las expresiones de respaldo a las declaraciones y acciones de organismos internacionales, carecen de significado específico e identificable con relación a los intereses del país en cuestión, al menos para la opinión pública y, muchas veces, también para sus dirigentes.

La participación en misiones humanitarias ha sido un ejemplo frecuente a lo largo de las crisis posteriores a la caída del Muro de Berlín. Si las tragedias que reclaman una acción internacional siguen adelante sin hallar respuesta, la opinión pública comienza a reclamar que los organismos o países que corresponda se hagan cargo de la situación.

Pero, luego de un tiempo, y sobre todo si se producen incidentes –y, en particular, si se producen bajas del propio país— la opinión pública comienza a preguntarse y reclama a sus gobernantes ¿qué tenemos que hacer ahí? ¿por qué no nos ocupamos primero de nuestros problemas?

En síntesis, resulta prácticamente imposible identificar un vínculo específico, concreto, entre las acciones de la política exterior y la satisfacción de los intereses de un país. Sin embargo, es a través de los vínculos internacionales que los Estados y las sociedades logran gran parte de su desarrollo, establecen su entidad y, con el tiempo, avanzan hacia valores más universales, acordes con la naturaleza y la dignidad humana.

Es en el campo internacional, a través de múltiples interacciones, que las sociedades desarrollan su identidad y avanzan hacia comunidades más amplias e inclusivas. Como dice un conocido autor, las comunidades primero se imaginan, luego se reconocen y finalmente se constituyen.

Andres Fontana.