Durante las semanas previas a la victoria de Barack Obama, el principal comentario de los analistas norteamericanos fue “Obama significa cambio, y eso es lo que hoy quiere el votante medio.” Si ese fue el factor decisivo, Hillary –que comenzó la campaña como favorita- cometió un error al recurrir a “la experiencia” como su principal ventaja. En realidad, ella también significaba cambio: mujer, demócrata, con ideas progresistas. Pero parte del electorado de su partido la identificó con el regreso a la Casa Blanca no sólo de Bill Clinton sino también de un círculo de asesores y ex funcionarios a quienes la opinión pública identifica con “los negocios de Washingrton” y a los que habitualmente se refiere como “los abogados de Bill.” Eso significa, para una porción importante de votantes y dirigentes demócratas, que Washington continuaría siendo un ámbito de negocios y decisiones desligadas de la realidad y los intereses del país y del ciudadano común. Ahí, con la presencia tan visible de Bill en la campaña, Hillary, una mujer sin duda inteligente y con una personalidad avasallante, cometió otro error y no pudo despertar la ilusión ni alimentar los sueños de los votantes. Ahora comienza el mayor desafío para Obama: no sólo enfrentar a un candidato con vasta experiencia y muy buena llegada a los medios, sino mostrar que está preparado para transformar los sueños en realidad. Estados Unidos sufre serios problemas internos y, en el campo internacional, ha perdido aliados, ha cosechado enemigos y ha transformado una realidad de por sí compleja y conflictiva en un conjunto de volcanes en erupción. En ese contexto, la decisión de Obama con respecto a su compañero de fórmula es decisiva. Todo parece indicar que Hillary deja de ser una opción, entre otros motivos, porque la presencia de Bill terminó siendo un factor negativo en la campaña de su mujer y, como dijo recientemente el asesor de Obama para asuntos Latinoamericanos “nadie quiere ver a tres presidentes en la Casa Blanca.” Por su parte, McCain puede cometer el mismo error que Hillary y sobre-enfatizar la experiencia, si bien hay que reconocer que hasta ahora ha hecho un gran trabajo de diferenciación respecto de Bush y su entorno político.
Andres Fontana.
Andres Fontana.