viernes, 21 de noviembre de 2008

Equipo de tormenta

Los pronósticos por país, por región y a nivel global indican que la crisis va a ser cruel y persistente. Algunas empresas han decidido esperar unos meses antes de decidir si deberán “achicarse” o si podrán sostener su tamaño actual hasta que se inicie el ciclo de recuperación económica. La duración del período recesivo resulta crucial y, por ahora, no sabemos cuánto se extenderá.

En Irak hay mejora coyuntural pero el escenario siguiente es incierto y Afganistán lo es más aun. Esa guerra genera menos resistencia en la opinión pública y menor repudio en el mundo árabe. Pero Afganistán es una geografía ingobernable y una cultura cuya morfología social, política y religiosa resulta inentendible para Occidente.

Despidos masivos y otros datos desalentadores anuncian un escenario extremadamente difícil para el próximo presidente de los Estados Unidos en su frente interno. Y, como predice la teoría, cuando el más poderoso se encuentra en problemas, los que siguen en la fila se organizan para lograr un mayor “equilibrio” en la distribución del poder en el sistema internacional. Tal fue el significado de la última reunión del Grupo de los 20.

Todo esto condiciona fuertemente las decisiones del futuro presidente acerca de quiénes deben acompañarlo en el primer tramo de su gestión. Accedió a la presidencia a través de un proceso de significación histórica, cargado de esperanza, con signos de revalorización de la sociedad norteamericana. Y dijo: “Vamos a cerrar Guantánamo.” Excelente.

Indicó: Vamos a concentrar la atención en Afganistán, no con la pretensión de construir una democracia occidental sino para generar una región más estable y menos propensa a apoyar el terrorismo. Es una muy buena señal.

Obama muestra poseer una cuota importante de sabiduría política. Él decidió que la campaña ya había pasado y comenzó a preparar un equipo de tormenta, con Rahm Emmanuel como primer síntoma de lo que viene. Esto no implica traicionar sus convicciones, sino consolidar el capital político de la elección y transformarlo en capacidad de gobierno. Hacer de ese respaldo, nacido del idealismo, un fuerte capital de realismo político para hacer frente a un escenario por demás desafiante.

Andres Fontana