martes, 1 de diciembre de 2009

Desafíos

La proximidad del Bicentenario ha dado lugar a numerosas actividades académicas orientadas a pensar el país, su historia, sus perspectivas futuras. El campo internacional no ha escapado a estas iniciativas y asistimos a interesantes debates acerca de los principales desafíos que enfrenta la Argentina en lo inmediato y a futuro.

Sin lugar a dudas, el campo internacional presenta siempre numerosos desafíos para todas las naciones y hay quienes interpretan los mismos en términos de amenazas y riesgos y quienes lo hacen en términos de oportunidades. Lo que parece importante destacar es que la Argentina ha sufrido sucesivos cambios en su política exterior a lo largo de las últimas tres décadas pero hubo al mismo tiempo continuidades sustanciales en temas tan importantes como las relaciones pacíficas con los vecinos, el respaldo colectivo a la democracia, la no proliferación de armas de destrucción masiva y la reivindicación de nuestra soberanía sobre Malvinas e Islas del Atlántico Sur.

La lista sigue, pero lo importante es que allí donde hubo continuidad se observa, en primer lugar, dos condiciones fundamentales de las políticas: su razonabilidad y el estar basadas en amplios consensos en la sociedad civil. En segundo lugar, se observa también un considerable nivel de éxito. En algunos casos –por ejemplo, la venta de tecnología nuclear a un número creciente de países– se trata de un éxito ya materializado, cuyas claves han sido la adhesión consistente de la Argentina a los regímenes internacionales correspondientes y la reconocida capacidad tecnológica del país. En otros casos, como Malvinas o las relaciones pacíficas con los vecinos, la “medición” del éxito supone mirar estratégicamente la evolución del contexto regional e internacional y estimar los costos que implicarían o hubieran implicado escenarios alternativos.

Andres Fontana

viernes, 27 de noviembre de 2009

Alarma Innecesaria

En los últimos meses, nuestra región ha vivido una cierta alarma por la compra de armamentos por parte de varios países, a lo que se ha sumado el acuerdo militar entre Colombia y los Estados Unidos y la fuerte reacción de Venezuela, Brasil y la Comunidad Regional en su conjunto. Brasil por su parte ha avanzado en la adquisición de un submarino nuclear y se ha desatado una ola de rumores acerca de la capacidad –y eventual intención– de Brasil para desarrollar armas nucleares.

Un analista desprevenido rápidamente concluiría que estamos en la puerta de una carrera armamentista, una posible escalada de conflictos y, tal vez, proyectos hegemónicos de predominio o supremacía regional. Es cierto que los hechos mencionados son importantes, pero su naturaleza es diversa y su surgimiento en una determinada coyuntura no implica que estén todos vinculados entre sí.

La enemistad entre Venezuela y Colombia es tan cierta como la soledad de esta última en su larga confrontación con las FARC. Estados Unidos ha sido por mucho tiempo el único aliado efectivo con que ha contado Colombia y ha tenido presencia militar durante la presidencia de Bush, un presidente más propenso al uso de la fuerza que el actual presidente norteamericano. Y las tensiones regionales y fricciones con la vecina Venezuela más que anunciar conflictos entre Estados fortalecen las ambiciones reeleccionistas del presidente Colombiano.

Lo que se ve con claridad es la falta de mecanismos de consulta e intercambio de información en materia de seguridad entre los países de la región. La Cumbre de Bariloche ha sido positiva en ese sentido y además ha servido para desescalar el nivel de confrontaciones verbales entre gobernantes de la región por la presencia militar norteamericana.

Andres Fontana

jueves, 26 de noviembre de 2009

Ted Kennedy

La prensa internacional calificó el fallecimiento de Edward Kennedy como fin de una era política. La asociación de su muerte con la temprana desaparición de sus dos hermanos, John y Robert, víctimas de sendos asesinatos el 22 de noviembre de 1963 y el 5 de junio de 1968, ha sido inevitable.

Ted Kennedy ocupó en 1962 la banca que John había dejado vacante al asumir como presidente un año antes. Desde entonces, fue Senador por el estado de Massachussets y dejó su impronta en cientos de leyes relacionadas con los derechos civiles, la educación y los servicios sociales.

Ciertamente, estuvo a la altura del legado político que dejaron sus hermanos y se transformó en uno de los hombres más influyentes de los Estados Unidos a lo largo de cuatro décadas.
Tal vez sea sólo una coincidencia, tal vez una de esas ironías que cada tanto nos plantea la Historia, hace pocos meses el ascenso de Barack Obama fue caracterizado como el inicio de una nueva era en la política de los Estados Unidos. El presidente Obama, claramente conmovido en estos días, calificó a Ted Kennedy como “el mejor senador de la historia contemporánea de los Estados Unidos”. En los círculos políticos de Washington, todo el mundo sabe el rol decisivo que desempeñó Ted Kennedy para que Obama fuera nombrado candidato presidencial, a pesar de la resistencia de diversos sectores del partido demócrata.

No obstante su avanzada enfermedad, Ted se convirtió en estos meses en un estrecho colaborador del presidente Obama para luchar codo por la reforma del sistema de salud, una causa que –con cerca de treinta millones de personas carentes de cobertura médica– apasionaba a ambos.

Andres Fontana

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Guerras equívocas

La presencia norteamericana en Irak y de la OTAN en Afganistán constituye el típico callejón sin salida que plantean los conflictos militares de nuestra era. Se trata de guerras equívocas: no son exactamente “guerras,” en el sentido tradicional, ni dejan de serlo.

Son conflictos que no representan una amenaza al interés nacional ni a la sobrevivencia de las Estados, en particular las democracias establecidas con economías avanzadas. Las grandes potencias, los Estados Unidos en particular, pueden elegir si involucrarse o no.

El uso de la fuerza se decide políticamente y se administra por cuotas. No se trata de guerras heroicas sino de un uso calculado de la fuerza.

Pero rápidamente se transforman en situaciones difíciles de mantener y más difíciles de abandonar. Una vez que se ingresa, surgen problemas insolubles, tanto desde el punto de vista militar como desde el punto de vista ético y político.

El campo de batalla es compartido con la población civil. El uso de fuerza militar se hace crecientemente contradictorio y dificultoso, por las características del campo de batalla y por la presión que ejercen los medios de difusión internacionales y una opinión pública crecientemente bien informada.

Por eso muchas veces los gobiernos esperan a la intensificación de la crisis para intervenir militarmente. Evalúan cuidadosamente qué es lo que está en juego y si la intervención militar puede cambiar la situación.

Aparentemente, nada de esto se hizo antes de invadir Irak y Afganistán. Hoy los líderes de gobiernos que se encuentran involucrados en tales situaciones pagan políticamente el costo de decisiones erróneas en las que no participaron, pero no pueden eludir.

Andres Fontana

martes, 24 de noviembre de 2009

Ruptura

En el mes de Agosto, el gobierno de facto de Honduras exigió el retiro de la delegación diplomática argentina. La respuesta inmediata fue que los diplomáticos argentinos permanecerían en Tegucigalpa. Estos gestos –iniciados con el retiro de las cartas credenciales de la embajadora hondureña en Buenos Aires y un incidente similar en Chile– implican una cadena de rupturas que profundizan el aislamiento internacional del gobierno de facto hondureño.

Por su parte, los Estados Unidos han dado pasos que también producen fisuras en los vínculos regionales. El presidente Obama ha hecho malabares para mantener un equilibrio entre su postura de condena al golpe de estado y la presión de la oposición republicana, que parecen considerar mejor un golpe con ropaje civil que un gobierno elegido democráticamente, pero alineado con Chávez. Al mismo tiempo, en un contexto regional altamente sensibilizado, Washington decidió firmar un acuerdo con Colombia para el uso de siete bases militares de ese país por efectivos norteamericanos.

El golpe de estado en Honduras implicó la ruptura de los acuerdos regionales en materia de defensa de la democracia labrados en 1991 (Resolución 1080 de la OEA, conocida como “compromiso de Santiago”) y 2001 (Carta Democrática de la OEA).Motivó la ruptura de relaciones diplomáticas con numerosos países y un aislamiento internacional con graves consecuencias políticas, económicas y sociales. Ahora comienzan a vislumbrarse rupturas de otra índole, a partir de los gestos políticos de Washington y respuestas desproporcionadas en algunos casos y equilibradas en otros.

Andres Fontana

martes, 18 de agosto de 2009

Pijamas

En la política internacional, un hecho circunstancial puede desatar procesos de inestimables consecuencias. Hoy la región es escenario de confrontaciones que nadie hubiera imaginado meses atrás cuando los presidentes del Continente Americano se reunieron en Trinidad y Tobago.

Es cierto que el jefe de gobierno anfitrión, primer ministro Patrick Manning, debió firmar en soledad la declaración de la Cumbre por falta de consenso. Pero el encuentro mostró un nuevo trato entre el presidente de los Estados Unidos y sus colegas de la región. Se habló incluso del inicio de una nueva era de las relaciones hemisféricas.

Poco después, la condena unánime al golpe de estado en Honduras pareció confirmar esa apreciación. Pero duró poco. Con el correr de las semanas, vimos al presidente de Colombia recorriendo la región para convencer a sus pares de que la presencia militar de los Estados Unidos en su país es realmente otra cosa; varios países adquiriendo armamento en forma vertiginosa y el gobierno de Chile –uno de los países más mesurados de la región– envuelto en un entredicho diplomático por la situación del ex representante de Honduras en Santiago, embajador Francisco Martínez.

En los Estados Unidos, sectores republicanos han obligado al gobierno a poner en duda si “en realidad” se trató de un “verdadero” golpe de Estado. Por supuesto, el golpe de estado hondureño no ha sido la causa de las tensiones en la región. Pero, sin duda, todo hubiera sido diferente si en vez de militares en ropa de combate y un presidente en pijamas hubieran actuado las instituciones de la democracia acorde con sus normas y a la luz del día.

Por Andres Fontana

jueves, 25 de junio de 2009

Sociedades Globales

Cuando en 1991 CNN transmitió la primera Guerra del Golfo en tiempo real y, poco después, Naciones Unidas desplegó una serie de misiones de paz para proteger a grupos perseguidos por razones étnicas o religiosas, los especialistas anunciaron que las guerras heroicas habían terminado y, al mismo tiempo, que emergía una sociedad global basada en principios fundamentales ligados al respeto de la dignidad humana y la difusión del sistema de gobierno y los valores democráticos.
Ya no es la defensa de la patria sino de un conjunto de valores lo que cuenta. Y si es realmente necesario el uso de la fuerza, se espera que sea rápido, eficaz –en lo posible sin bajas para las tropas de intervención – y, sobre todo, televisivo.
Mientras las guerras heroicas pasaban a la historia, la movilización de las sociedades fue ocupando un lugar de creciente importancia, potenciado por el acceso individual a las comunicaciones globales y el surgimiento de un nuevo tipo de periodismo en la política internacional.
Los regímenes autoritarios encontraron crecientemente difícil lidiar con las rebeliones civiles en el marco de esta nueva forma de sociedad global y el sistema internacional se adaptó rápidamente a este estándar que permite a los principales poderes distribuir y quitar legitimidad selectivamente, ya que lo exigido en ciertos casos es tolerado o disimulado en otros. En cualquier caso, la movilización social acompañada por las nuevas formas de la tecnología de las comunicaciones se ha transformado en un factor decisivo para determinar la suerte de los regímenes autoritarios y definir cuándo los líderes políticos de los principales países se pronuncian y cuándo no.
Andres Fontana

jueves, 18 de junio de 2009

Irán

La idea de que cuantos más Estados democráticos haya en el mundo mayor será la seguridad de los Estados Unidos ocupó un lugar importante en la política exterior norteamericana durante la presidencia de Bill Clinton. Sin embargo, los propios defensores de esta teoría explicaron que de la misma no se deriva ninguna recomendación acerca de que los Estados Unidos intervenga en los asuntos internos de otros países ni, mucho menos, que lo haga a través del uso de la fuerza.

La doctrina Bush descartó este argumento y arrastró a los Estados Unidos a guerras innecesarias y difícilmente ganables. El debilitamiento internacional de los Estados Unidos y el propio desgaste de la presidencia de Bush impidieron que luego de Irak y Afganistán siguiera Irán.

Hoy, diversos sectores, dentro y fuera del partido Demócrata, presionan al presidente Obama para que adopte una postura más amenazante frente a Irán. Es cierto que la cuestión de la democracia y los derechos civiles ha estado tradicionalmente en la órbita de los asuntos internos de cada país y las tendencias actuales tienden a colocarlo en el plano de la política internacional. Sin embargo, de eso no se desprende que a los Estados Unidos le corresponda un rol específico al respecto.

En verdad, la preocupación de fondo no es la calidad de la democracia iraní, sino la política del presidente Ahmadinejad en materia nuclear. Pero las previsiones del sistema internacional establecen criterios cargados de cautela y prudencia frente a posibles transgresiones en materia de uso de la energía nuclear y la razonabilidad tampoco indica que el endurecimiento de los Estados Unidos sea necesariamente el camino adecuado en tales situaciones.
Andres Fontana

jueves, 11 de junio de 2009

Cumbre Ambiental

En los temas ambientales todo suma. Desde el pequeño esfuerzo cotidiano de cada persona, hasta las decisiones políticas de los Estados más poderosos. Por ahora, todo indica que es más fácil que cambien los hábitos individuales y las pautas sociales que las posturas políticas de los poderosos.

Sin embargo, las tratativas entre China y los Estados Unidos de estas últimas semanas pueden constituir un síntoma positivo. Los dos países más contaminantes del planeta, conjuntamente responsables de un 40 % de las emisiones de “gas invernadero,” han discutido largamente, frente a la cercanía de la reunión cumbre de Copenhague en diciembre próximo.

Para los más optimistas esto en sí mismo es importante para la posibilidad de que se apruebe un “Protocolo de Copenhague,” continuación del Protocolo de Kioto, que expira en 2012. Es cierto que las condiciones que establece China pueden ser causa suficiente para no ser “tan” optimistas. Por su parte, los Estados Unidos también se han negado sistemáticamente a imponer límites estrictos a la emisión de gases invernadero en su territorio.

Tal vez el nuevo tono que Barack Obama le ha impuesto a la política exterior de su país sea un factor positivo decisivo. Pero la desconfianza recíproca es muy alta, al igual que la tentación de servirse mutuamente de excusa para seguir, ambas naciones, ajenas a cualquier compromiso significativo que afecte sus respectivas economías, particularmente en el “clima” de crisis que se vive actualmente.

Andres Fontana

miércoles, 3 de junio de 2009

Cuba y la OEA

La reunión de la Asamblea General de la OEA en San Pedro Sula, Honduras se centró en el eventual reingreso de Cuba al Organismo Regional. El encuentro siguió, con pocas semanas de diferencia, a la Cumbre Hemisférica realizada en Trinidad y Tobago. En esa ocasión, a pesar del clima de cambio en las relaciones hemisféricas introducido por el gobierno de Barack Obama, quedó una vez más en evidencia la carencia de objetivos e intereses comunes en el merco regional.

Si bien la OEA sigue siendo el organismo por excelencia de nuestra región, en su seno difícilmente se discuten intereses de los Estados Miembros con alguna cuota de realismo. El debate acerca del eventual ingreso de Cuba al Organismo fue más que elocuente al respecto. Los Estados Unidos reclamaron a Cuba reformas políticas que, no obstante los cambios que vienen ocurriendo, se encuentran muy lejos de las intenciones del gobierno cubano.

Por su parte, anticipándose a la reunión de la Asamblea General, el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, expresó la posición genuina y difícilmente variable de su gobierno: “A Cuba no le interesa ser miembro de la OEA”.

La diplomacia norteamericana intenta mostrar buena voluntad, pero le resulta difícil eludir el dilema de fondo y le propone a un interlocutor ausente hacer cosas que no está dispuesto a hacer a cambio del ingreso a un foro en cual no está interesado en participar. Por su parte, las posturas de los demás Estados Miembros oscilan entre el respaldo encendido a la posición cubana y esfuerzos por encontrar un punto intermedio en torno de un tema difícilmente resoluble.

Andres Fontana

miércoles, 27 de mayo de 2009

Corea del Norte

La prueba nuclear realizada por Corea del Norte puso una vez más en evidencia que las normas del sistema internacional en materia nuclear no se cumplen y que su transgresión plantea dilemas irresolubles. El Tratado de No Proliferación, abierto a la firma en julio de 1968 y vigente desde 1970, reconoce como “Estados Nucleares” sólo a China, Francia, los Estados Unidos, el Reino Unido y, en su momento, la Unión Soviética, estatus heredado por la Federación Rusa.

El Tratado ha servido principalmente para limitar las transferencias de tecnología nuclear, pero no ha servido para resolver la situación que plantean los Estados que ya poseen armas nucleares, sean signatarios o no del TNP. A su vez, los poderes internacionales han prestado particular atención a aquellos Estados cuya capacidad nuclear se encuentra en desarrollo, como Irán y Corea del Norte.

La prueba que realizó este último puso en evidencia el avance tecnológico realizado en los últimos años y la determinación del país de desafiar a los principales poderes del sistema internacional, lo cual resulta aún más significativo ahora que Rusia y China se han sumado a las condenas.

En su mayor parte, los analistas han atribuido las acciones del gobierno norcoreano a objetivos de política interna, en momentos en que está en juego la sucesión de de Kim Jong-Il. La posición del gobierno ha sido reivindicar su soberanía, aducir motivos de seguridad nacional y sostener que no se detendrá el desarrollo del plan nuclear mientras se mantengan las sanciones internacionales que pesan sobre el país.

Andres Fontana

miércoles, 20 de mayo de 2009

Política Exterior de los EE.UU.

En sus primeros meses al frente del gobierno, el presidente Obama ha hecho un esfuerzo considerable por combinar principios con respuestas. No muy diferente de lo hecho en la campaña electoral, apuesta a una combinación de valores y realismo. En 2008, apostó a las redes como mecanismo de comunicación, de recaudación de fondos y de participación ciudadana en la construcción de sus propuestas. Hoy apuesta a la transparencia como una herramienta similar, de uso múltiple, para comunicar objetivos, expresar valores y colocar el problema en el terreno del otro, toda vez que es posible.

Así trató el tema Cuba, días antes de la Cumbre Hemisférica de Trinidad y Tobago. Así está tratando la cuestión Iraní, en el marco de una dura negociación con Israel, escenario que combina uno de los principales problemas de la política exterior de los Estados Unidos (el plan nuclear iraní), uno de sus principales aliados (Israel) y una de las principales cuestiones humanitarias de nuestra era (la situación del pueblo Palestino).

Obama enfrenta a cada actor con dilemas basados más en valores y transparencia que en imposiciones de política realista. Así está tratando la cuestión fundamental del cierre de la base de Guantánamo, donde el dilema fundamental es qué hacer con los 240 prisioneros, a los cuales es tan complejo someter a juicio como liberarlos. Y así ha tratado la divulgación de fotografías que reflejan torturas en las cárceles de Irak y Afganistán, situación en la que la transparencia compite con la seguridad de miles de soldados norteamericanos desplegados en la zona.

Andres Fontana

jueves, 14 de mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa

La paz en Medio Oriente fue el tema central de la visita del papa Benedicto XVI a Tierra Santa. La prensa internacional prestó particular atención a la vinculación del Papa con las comunidades judía y musulmana, pero éste expresó su profundo respeto y su decidida intención de “contribuir al diálogo entre judíos y musulmanes."

Benedicto XVI visitó la región en un clima político muy distinto del que rodeó el viaje de Juan Pablo II nueve años atrás. En ese entonces, un acuerdo de paz no resultaba inverosímil y los Acuerdos de Camp David, firmados por Egipto e Israel en 1978, con la mediación del presidente Jimmy Carter, aún constituían un punto de referencia para la paz en la región.
Hoy las condiciones son esencialmente distintas y han empeorado con el giro político en el gobierno de Israel y el recrudecimiento de la violencia en la Franja de Gaza. Por su parte, tanto sectores musulmanes como judíos han reclamado las disculpas del Sumo Pontífice por afirmaciones y decisiones de años recientes –en particular, las del discurso de 2006, en que citó un texto medieval que caracteriza enseñanzas de Mahoma como "malignas e inhumanas" y el perdón de la excomunión a clérigos que públicamente pusieron en duda el Holocausto. A esto se sumaron declaraciones de un cardenal del Vaticano que comparó la situación en la Franja de Gaza con "un enorme campo de concentración" y el viaje del Sumo Pontífice fue puesto en duda hasta último momento. Por los mismos motivos, la visita ha sido sumamente importante y constituye una señal del compromiso de Benedicto XVI con el logro de la paz en Medio Oriente.
Andres Fontana

miércoles, 6 de mayo de 2009

La debilidad de las fronteras

La semana pasada, Judith Butler, reconocida intelectual norteamericana, presentó su libro ¿Quién le canta al Estado-nación? El éxito de la presentación ante una entusiasta audiencia, que superó las 500 personas, se debió particularmente a que Butler muestra un fenómeno que nos afecta a todos: la pérdida de consistencia del Estado-nación como marco de nuestra identidad, como principal referente de un espacio físico y jurídico, como proveedor de seguridad, certidumbre y otros elementos fundamentales de la vida cotidiana.
Butler argumenta que la globalización ha afectado aspectos clave de la cultura, que hacen a la identidad de las personas, y nos invita a pensar acerca del renacimiento de la xenofobia y la permanencia de diversas formas de discriminación en sociedades que, en otros aspectos, consideramos esencialmente avanzadas.
Diversos actores del sistema internacional nos han presentado y han promovido la globalización como una ampliación sin fronteras de la actividad económica, no sólo en lo comercial y financiero sino también en el campo de la producción, la innovación tecnológica, las comunicaciones y otros aspectos de la actividad económica y cultural. Pero esta actitud abierta, promotora del cambio, no ha tenido un correlato razonable en materia de migraciones o en la aceptación de lo diverso como algo natural en el marco de fronteras políticas nacionales.
El cuestionamiento de aspectos anacrónicos del Estado-nación que formula Butler tiene tanta llegada porque todos percibimos que estamos en una era de fronteras cada vez más fluidas, permeables y, en muchos aspectos, anacrónicas.

Andres Fontana

lunes, 4 de mayo de 2009

Trascendencia Histórica

Pasó casi desapercibido y fue un hecho de trascendencia histórica. La semana pasada, en nuestro país, los presidentes de Paraguay y Bolivia, Fernando Lugo y Evo Morales, firmaron, en presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el acuerdo limítrofe logrado 74 años después de la Guerra del Chaco, un conflicto feroz en el que murieron casi cien mil personas.

La Argentina fue sede del evento debido a que preside la Comisión de Garantes, encargada de fijar los límites entre ambos países, entidad que también integran Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay. El rol de la Argentina fue trascendente en la historia del conflicto, que tuvo lugar entre 1932 y 1935, por el control de una zona que se creía rica en petróleo.

Ambos países habían perdido parte de su territorio en guerras recientes: Paraguay en la de la Triple Alianza (1865-1870) y Bolivia en la del Pacífico (1879-1883). La Guerra, el mayor conflicto bélico de nuestro continente en el siglo XX, involucró a casi 500.000 soldados de ambas naciones, con bajas que ascendieron a 55.000 personas en el caso de Bolivia y a 40.000 en el Paraguay.

La Argentina organizó y presidió el Comité Internacional de Mediación que condujo a la firma de un acuerdo de Paz, motivo por el cual el canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1936. El reconocimiento a la mediación argentina en la Guerra del Chaco, plasmado en la persona de nuestro canciller –primer latinoamericano en recibir esa distinción internacional– se reeditó con la firma del acuerdo limítrofe en nuestro país 74 años más tarde.

Andres Fontana

miércoles, 29 de abril de 2009

Trinidad y Tobago

Cuando el presidente Bill Clinton envió una carta personal a sus colegas, en enero de 1994, invitándolos a participar en una reunión cumbre en Miami –la que se conocería como I Cumbre de las Américas– un analista chileno dijo: “el problema es que Estados Unidos no sabe qué le interesa en nuestra región y nosotros no sabemos qué pedirle a los Estados Unidos.”

Por supuesto, cada país tiene sus exigencias y expectativas frente a los Estados Unidos. Por su parte, a los Estados Unidos sólo le interesaba, en ese momento, el libre comercio, a lo que luego fue agregando la llamada “agenda negativa”: narcotráfico, inmigración ilegal, crimen organizado. Pero la frase destaca un “nosotros” que es la región y hoy, 15 años y cuatro Cumbres más tarde, estamos igual: sin objetivos, intereses y visiones comunes que nos permitan generar propuestas concretas y realizables.

En la Cumbre, se destacó la buena disposición al diálogo de Obama, el supuesto inicio de una “nueva era” en las relaciones hemisféricas y la imposibilidad de lograr consenso para la firma de una declaración, que el primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, debió firmar en soledad.

Probablemente el sentido de lo ocurrido en Trinidad y Tobago se perciba mejor mirando lo ocurrido en la víspera: el presidente norteamericano se reunió en México con Felipe Calderón, Hugo Chávez presidió ese día una reunión del ALBA en Venezuela y los países del Mercosur no se enteraron de la coordinación de los pasos a dar en Trinidad y Tobago que, por teléfono, acordaban Lula y Obama ese mismo día.

Andres Fontana

lunes, 27 de abril de 2009

Cien Días

Se cumplen los “cien días” que tradicionalmente marcan el primer tramo de una gestión presidencial y Barack Obama debe pensar que ha pasado poco menos que un siglo. No ha hecho maravillas ni se ha desgastado. Ha mostrado ser un hombre ágil, con capacidad de decisión, tino y un gran sentido del “timing,” al menos para impactar positivamente a una opinión pública local e internacional cada vez mejor informada.
Nosotros lo miramos desde una región que históricamente ha tenido una relación conflictiva con su país. Esa relación mejoró en las últimas dos décadas, con un decaimiento durante la presidencia de Bush. Y hoy podemos decir que la presencia de Obama en la Casa Blanca le ha dado un nuevo tono positivo.
Pero esto sólo puede ser temporario. No porque la relación vaya necesariamente a empeorar sino porque, tarde o temprano, va a recuperar la tendencia al languidecimiento, que ha sido el rasgo predominante de las últimas dos décadas.
Por su parte, Obama ha hecho un gesto fundamental –con su estilo ya conocido de combinar alto impacto y bajo costo– al levantar las restricciones a los viajes de familiares y los envíos de remesas a Cuba. El presidente norteamericano también impartió órdenes a los Departamentos de Estado, del Tesoro y de Comercio no sólo para que el levantamiento de esas restricciones se ponga en marcha lo antes posible sino también para que se implementen otras medidas que faciliten las comunicaciones con los habitantes de Cuba –es decir, con la población pero no con los funcionarios.
No hay motivos para dudar del valor de estas medidas ni de las buenas intenciones del presidente Obama. Tampoco hay motivos para esperar que florezcan nuevas relaciones con Cuba ni con la región, donde los obstáculos de fondo siguen tan presentes como siempre.

Andres Fontana

jueves, 23 de abril de 2009

No más política hemisférica

En la conferencia con la cual se inauguró el año académico de la Carrera de Ciencia Política de la UNLAM, el profesor Javier Correa –conocido especialista en relaciones interamericanas– explicó que, muy probablemente, el presidente Obama delegue en Brasil la relación con nuestra región.

“Nuestra región,” no es más “América Latina” sino “Sudamérica.” En esto coinciden las perspectivas de Brasil y los Estados Unidos. Para Washington, la relación con México y el Caribe es indelegable. Y, en buena medida, Colombia y Venezuela quedan enmarcados en ese contexto. Para Brasil, esa área de la (ex) “América Latina” siempre ha estado afuera de lo que la nueva potencia regional considera su área de influencia.

A lo largo de 2008 vimos sucesivos síntomas del ascenso de Brasil al estatus de actor global, con lo cual nuestro vecino acentuó su rol de líder de la región: otorgamiento del “investment grade,” participación en el G-8 por derecho propio, descubrimiento de cuencas petrolíferas, convocatoria a la conformación del Consejo Sudamericano de Defensa, activa participación en la resolución de conflictos en la zona andina.
No es sorprendente entonces que Brasil acepte gustoso la propuesta del nuevo presidente norteamericano, abrumado por tantos otros problemas y desafíos. Tampoco lo es que un presidente franco y abierto como parece ser Obama dé por concluida la política hemisférica, tal cual la heredamos de una tradición que tuvo sentido durante las Guerras Mundiales, la entre-guerra y la Guerra Fría, pero que fue perdiendo sentido en contextos más recientes.

Andres Fontana

miércoles, 15 de abril de 2009

Poder e Idiología

El resultado de la cumbre del G-20, anunciada como probable inicio de una nueva era, ha sido importante y trascendente, pero alejado de las grandes expectativas que generó el encuentro. Hubo intentos importantes de reestructurar el sistema internacional y, sobre todo, de hacer valer una visión más ‘Europea’ –Estado céntrica, con mayores regulaciones y menores márgenes de libertad para el sector privado– frente al predominio actual de la impronta estadounidense.

Pero el gran debate en torno de los estímulos coyunturales (planes de salvataje à la Obama) versus restructuración y controles (emblemas de la alianza Merkel-Sarkozy) refleja dos posturas enfrentadas en una lucha por el poder y la influencia en los asuntos internacionales. Gordon Brown, anfitrión de la cumbre y aliado inevitable de los Estados Unidos, quedó incómodamente en el medio.

La Europa continental siempre ha estado más cerca de las potencias menores, pero regionalmente influyentes. Esta diferencia se acentuó durante las dos Administraciones del presidente George W. Bush. Y al surgir un nuevo presidente con aptitudes e intenciones proclives a recomponer los vínculos transatlánticos, la crisis abrió la oportunidad para que Europa recupere terreno y diversifique sus alianzas.
Sin duda, en la Cumbre de Londres hubo visiones diferentes del rol del Estado y el ordenamiento del sistema internacional. Pero, al mismo tiempo, hubo una encubierta disputa por el poder internacional en el espacio abierto por la crisis y el debilitamiento de los Estados Unidos.
Andres Fontana

lunes, 13 de abril de 2009

Impactos de la Crisis

Moisés Naím, economista de origen venezolano y editor de “Foreign Policy,” afirma que las instituciones democráticas se encuentran en riesgo. Sobre todo, dice Naím, dado que gran parte de las actuales democracias nacieron en las últimas dos décadas, aproximadamente. Francis Fukuyama ha expresado su preocupación por la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos y el espacio que esto abre a Estados con valores y prácticas muy distantes de los de Occidente.

No obstante la importancia de estos debates, preocupan las consecuencias inmediatas y palpables de la crisis. Un informe del Banco Mundial estima que este año habrá seis millones de nuevos pobres en América Latina. Los economistas independientes prevén que el crecimiento regional estará entre 1% y -1%, con algunos que prevén una contracción del 4% en la región.

Asimismo, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo señala que las remesas a los países de América latina y el Caribe disminuirán este año de manera considerable. Como sabemos, las remesas que trabajadores latinoamericanos que trabajan en los Estados Unidos envía a sus familias han sido, en las últimas décadas, una fuente crucial de ingresos para éstas.

El otro gran debate es si ya resulta posible estimar cuándo se producirá un cambio de tendencia. Lo seguro es que, aun cuando cambie la tendencia en el campo económico, las consecuencias en el campo social van a ser duraderas, lo cual merece previsiones políticas a nivel global y regional, que articulen los esfuerzos y estrategias de cada país.

Andres Fontana

miércoles, 8 de abril de 2009

Alta incertidumbre

Las decisiones en la política internacional hoy se toman con escasa información. Por lo menos, los actores que participan en el tablero principal carecen de datos cruciales, mientras reciben información que no hace a la problemática que más les preocupa. Se sabe más acerca de la imposibilidad de predecir los alcances que tendrá la crisis global, que acerca de cuándo llegará el momento en que se avizore la recuperación con algo de certeza.

Se sabe que los Estados Unidos están en retirada. En algunos casos, porque ha llegado la hora de decisiones sensatas –como la retirada de Irak. En otros, porque la crisis ha impuesto la necesidad de un reordenamiento de del sistema internacional que, en lo formal, va a comenzar por sus principales entidades financieras –FMI, Banco Mundial– y quiénes ocupan en ellas los lugares de mayor influencia.

Esto es, en parte, lo que gentilmente le ha planteado el presidente Lula a su anfitrión en Washington, el presidente Obama, en los pasos preparatorios de la cumbre del Grupo de los 20 del próximo 2 de abril. Pero no se sabe cuáles son los pasos concretos que va a dar Estados Unidos. La ferocidad de la crisis ha impedido saber hasta dónde el presidente Obama se plantea reformular la política exterior. Aun antes de asumir la presidencia, Obama debió ocuparse casi excluyentemente de la estrategia y las medidas de respuesta inmediata frente a la ola de malas noticias en el campo económico-financiero.

Con la inauguración de su presidencia, los países de nuestra región pasaron de un nivel bajo de expectativas con respecto a una posible recomposición de los vínculos interamericanos, a una postura de expectativas moderadas pero alentadoras. La perspectiva de un bajo impacto de la crisis global en nuestras economías pronto se transformó en preocupación creciente, si bien matizada por un cierto optimismo acerca de que el impacto no sea tan devastador como en otras economías. Pero lo que verdaderamente, predomina es un alto nivel de incertidumbre en todo el campo internacional.

Andres Fontana

martes, 7 de abril de 2009

Reordenamiento Mundial

Desde 1999, el G 20 ha tenido como uno de sus principales objetivos el fortalecimiento del sistema financiero internacional y la promoción del desarrollo sustentable. Hoy frente al desafío de la crisis internacional, se define como un ámbito de cooperación entre las economías avanzadas y las emergentes para hacer frente a la crisis, restablecer la confianza y contribuir a una pronta recuperación de la economía mundial.

Sin embargo, los objetivos de la próxima cumbre son más complejos que el propósito de cooperar y coordinar esfuerzos. Se trata de un intento de reestructuración del sistema financiero internacional, con profundas implicancias políticas. La cumbre de diciembre, realizada en Washington, subrayó la importancia de las instituciones financieras internacionales, en particular, el FMI, el Banco Mundial y los bancos multilaterales, como el BID, para dar una respuesta a la crisis. Pero junto con la importancia de estas instituciones, los líderes mundiales destacaron la necesidad de su reforma.

Este objetivo es tan trascendente y las condiciones políticas a nivel internacional son tan excepcionales, que hay quienes se preguntan si la próxima reunión del G 20 será un “nuevo Bretton Woods,” haciendo referencia a la reunión que dio nacimiento al sistema financiero internacional de posguerra.

Es importante, en ese marco, destacar el rol de Brasil y Corea del Sur. No se trata sólo de actuar como representantes de las economías emergentes sino de asegurar que la agenda enfatice la necesidad de respaldar a las economías en desarrollo y evitar la retracción de las inversiones internacionales y el proteccionismo como respuestas a la crisis.

Muchos subrayan el colapso de confianza que implica esta crisis y señalan principalmente a los Estados Unidos como responsable de la misma. Crecientemente, se crea un clima propicio para exigir a Estados Unidos que revea su rol excluyente en la política internacional. El propio presidente de los Estados Unidos, Barack Obama –quien se excusó de concurrir, como presidente electo, a la cumbre de Washington, en diciembre– se ha manifestado en contra de soluciones basadas en el proteccionismo y el aislamiento internacional y ha anunciado una abierta disposición de los Estados Unidos a la acción multilateral. Será interesante volver a revisar este tema con posterioridad al 2 de abril.

Andres Fontana