miércoles, 29 de abril de 2009

Trinidad y Tobago

Cuando el presidente Bill Clinton envió una carta personal a sus colegas, en enero de 1994, invitándolos a participar en una reunión cumbre en Miami –la que se conocería como I Cumbre de las Américas– un analista chileno dijo: “el problema es que Estados Unidos no sabe qué le interesa en nuestra región y nosotros no sabemos qué pedirle a los Estados Unidos.”

Por supuesto, cada país tiene sus exigencias y expectativas frente a los Estados Unidos. Por su parte, a los Estados Unidos sólo le interesaba, en ese momento, el libre comercio, a lo que luego fue agregando la llamada “agenda negativa”: narcotráfico, inmigración ilegal, crimen organizado. Pero la frase destaca un “nosotros” que es la región y hoy, 15 años y cuatro Cumbres más tarde, estamos igual: sin objetivos, intereses y visiones comunes que nos permitan generar propuestas concretas y realizables.

En la Cumbre, se destacó la buena disposición al diálogo de Obama, el supuesto inicio de una “nueva era” en las relaciones hemisféricas y la imposibilidad de lograr consenso para la firma de una declaración, que el primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, debió firmar en soledad.

Probablemente el sentido de lo ocurrido en Trinidad y Tobago se perciba mejor mirando lo ocurrido en la víspera: el presidente norteamericano se reunió en México con Felipe Calderón, Hugo Chávez presidió ese día una reunión del ALBA en Venezuela y los países del Mercosur no se enteraron de la coordinación de los pasos a dar en Trinidad y Tobago que, por teléfono, acordaban Lula y Obama ese mismo día.

Andres Fontana

lunes, 27 de abril de 2009

Cien Días

Se cumplen los “cien días” que tradicionalmente marcan el primer tramo de una gestión presidencial y Barack Obama debe pensar que ha pasado poco menos que un siglo. No ha hecho maravillas ni se ha desgastado. Ha mostrado ser un hombre ágil, con capacidad de decisión, tino y un gran sentido del “timing,” al menos para impactar positivamente a una opinión pública local e internacional cada vez mejor informada.
Nosotros lo miramos desde una región que históricamente ha tenido una relación conflictiva con su país. Esa relación mejoró en las últimas dos décadas, con un decaimiento durante la presidencia de Bush. Y hoy podemos decir que la presencia de Obama en la Casa Blanca le ha dado un nuevo tono positivo.
Pero esto sólo puede ser temporario. No porque la relación vaya necesariamente a empeorar sino porque, tarde o temprano, va a recuperar la tendencia al languidecimiento, que ha sido el rasgo predominante de las últimas dos décadas.
Por su parte, Obama ha hecho un gesto fundamental –con su estilo ya conocido de combinar alto impacto y bajo costo– al levantar las restricciones a los viajes de familiares y los envíos de remesas a Cuba. El presidente norteamericano también impartió órdenes a los Departamentos de Estado, del Tesoro y de Comercio no sólo para que el levantamiento de esas restricciones se ponga en marcha lo antes posible sino también para que se implementen otras medidas que faciliten las comunicaciones con los habitantes de Cuba –es decir, con la población pero no con los funcionarios.
No hay motivos para dudar del valor de estas medidas ni de las buenas intenciones del presidente Obama. Tampoco hay motivos para esperar que florezcan nuevas relaciones con Cuba ni con la región, donde los obstáculos de fondo siguen tan presentes como siempre.

Andres Fontana

jueves, 23 de abril de 2009

No más política hemisférica

En la conferencia con la cual se inauguró el año académico de la Carrera de Ciencia Política de la UNLAM, el profesor Javier Correa –conocido especialista en relaciones interamericanas– explicó que, muy probablemente, el presidente Obama delegue en Brasil la relación con nuestra región.

“Nuestra región,” no es más “América Latina” sino “Sudamérica.” En esto coinciden las perspectivas de Brasil y los Estados Unidos. Para Washington, la relación con México y el Caribe es indelegable. Y, en buena medida, Colombia y Venezuela quedan enmarcados en ese contexto. Para Brasil, esa área de la (ex) “América Latina” siempre ha estado afuera de lo que la nueva potencia regional considera su área de influencia.

A lo largo de 2008 vimos sucesivos síntomas del ascenso de Brasil al estatus de actor global, con lo cual nuestro vecino acentuó su rol de líder de la región: otorgamiento del “investment grade,” participación en el G-8 por derecho propio, descubrimiento de cuencas petrolíferas, convocatoria a la conformación del Consejo Sudamericano de Defensa, activa participación en la resolución de conflictos en la zona andina.
No es sorprendente entonces que Brasil acepte gustoso la propuesta del nuevo presidente norteamericano, abrumado por tantos otros problemas y desafíos. Tampoco lo es que un presidente franco y abierto como parece ser Obama dé por concluida la política hemisférica, tal cual la heredamos de una tradición que tuvo sentido durante las Guerras Mundiales, la entre-guerra y la Guerra Fría, pero que fue perdiendo sentido en contextos más recientes.

Andres Fontana

miércoles, 15 de abril de 2009

Poder e Idiología

El resultado de la cumbre del G-20, anunciada como probable inicio de una nueva era, ha sido importante y trascendente, pero alejado de las grandes expectativas que generó el encuentro. Hubo intentos importantes de reestructurar el sistema internacional y, sobre todo, de hacer valer una visión más ‘Europea’ –Estado céntrica, con mayores regulaciones y menores márgenes de libertad para el sector privado– frente al predominio actual de la impronta estadounidense.

Pero el gran debate en torno de los estímulos coyunturales (planes de salvataje à la Obama) versus restructuración y controles (emblemas de la alianza Merkel-Sarkozy) refleja dos posturas enfrentadas en una lucha por el poder y la influencia en los asuntos internacionales. Gordon Brown, anfitrión de la cumbre y aliado inevitable de los Estados Unidos, quedó incómodamente en el medio.

La Europa continental siempre ha estado más cerca de las potencias menores, pero regionalmente influyentes. Esta diferencia se acentuó durante las dos Administraciones del presidente George W. Bush. Y al surgir un nuevo presidente con aptitudes e intenciones proclives a recomponer los vínculos transatlánticos, la crisis abrió la oportunidad para que Europa recupere terreno y diversifique sus alianzas.
Sin duda, en la Cumbre de Londres hubo visiones diferentes del rol del Estado y el ordenamiento del sistema internacional. Pero, al mismo tiempo, hubo una encubierta disputa por el poder internacional en el espacio abierto por la crisis y el debilitamiento de los Estados Unidos.
Andres Fontana

lunes, 13 de abril de 2009

Impactos de la Crisis

Moisés Naím, economista de origen venezolano y editor de “Foreign Policy,” afirma que las instituciones democráticas se encuentran en riesgo. Sobre todo, dice Naím, dado que gran parte de las actuales democracias nacieron en las últimas dos décadas, aproximadamente. Francis Fukuyama ha expresado su preocupación por la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos y el espacio que esto abre a Estados con valores y prácticas muy distantes de los de Occidente.

No obstante la importancia de estos debates, preocupan las consecuencias inmediatas y palpables de la crisis. Un informe del Banco Mundial estima que este año habrá seis millones de nuevos pobres en América Latina. Los economistas independientes prevén que el crecimiento regional estará entre 1% y -1%, con algunos que prevén una contracción del 4% en la región.

Asimismo, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo señala que las remesas a los países de América latina y el Caribe disminuirán este año de manera considerable. Como sabemos, las remesas que trabajadores latinoamericanos que trabajan en los Estados Unidos envía a sus familias han sido, en las últimas décadas, una fuente crucial de ingresos para éstas.

El otro gran debate es si ya resulta posible estimar cuándo se producirá un cambio de tendencia. Lo seguro es que, aun cuando cambie la tendencia en el campo económico, las consecuencias en el campo social van a ser duraderas, lo cual merece previsiones políticas a nivel global y regional, que articulen los esfuerzos y estrategias de cada país.

Andres Fontana

miércoles, 8 de abril de 2009

Alta incertidumbre

Las decisiones en la política internacional hoy se toman con escasa información. Por lo menos, los actores que participan en el tablero principal carecen de datos cruciales, mientras reciben información que no hace a la problemática que más les preocupa. Se sabe más acerca de la imposibilidad de predecir los alcances que tendrá la crisis global, que acerca de cuándo llegará el momento en que se avizore la recuperación con algo de certeza.

Se sabe que los Estados Unidos están en retirada. En algunos casos, porque ha llegado la hora de decisiones sensatas –como la retirada de Irak. En otros, porque la crisis ha impuesto la necesidad de un reordenamiento de del sistema internacional que, en lo formal, va a comenzar por sus principales entidades financieras –FMI, Banco Mundial– y quiénes ocupan en ellas los lugares de mayor influencia.

Esto es, en parte, lo que gentilmente le ha planteado el presidente Lula a su anfitrión en Washington, el presidente Obama, en los pasos preparatorios de la cumbre del Grupo de los 20 del próximo 2 de abril. Pero no se sabe cuáles son los pasos concretos que va a dar Estados Unidos. La ferocidad de la crisis ha impedido saber hasta dónde el presidente Obama se plantea reformular la política exterior. Aun antes de asumir la presidencia, Obama debió ocuparse casi excluyentemente de la estrategia y las medidas de respuesta inmediata frente a la ola de malas noticias en el campo económico-financiero.

Con la inauguración de su presidencia, los países de nuestra región pasaron de un nivel bajo de expectativas con respecto a una posible recomposición de los vínculos interamericanos, a una postura de expectativas moderadas pero alentadoras. La perspectiva de un bajo impacto de la crisis global en nuestras economías pronto se transformó en preocupación creciente, si bien matizada por un cierto optimismo acerca de que el impacto no sea tan devastador como en otras economías. Pero lo que verdaderamente, predomina es un alto nivel de incertidumbre en todo el campo internacional.

Andres Fontana

martes, 7 de abril de 2009

Reordenamiento Mundial

Desde 1999, el G 20 ha tenido como uno de sus principales objetivos el fortalecimiento del sistema financiero internacional y la promoción del desarrollo sustentable. Hoy frente al desafío de la crisis internacional, se define como un ámbito de cooperación entre las economías avanzadas y las emergentes para hacer frente a la crisis, restablecer la confianza y contribuir a una pronta recuperación de la economía mundial.

Sin embargo, los objetivos de la próxima cumbre son más complejos que el propósito de cooperar y coordinar esfuerzos. Se trata de un intento de reestructuración del sistema financiero internacional, con profundas implicancias políticas. La cumbre de diciembre, realizada en Washington, subrayó la importancia de las instituciones financieras internacionales, en particular, el FMI, el Banco Mundial y los bancos multilaterales, como el BID, para dar una respuesta a la crisis. Pero junto con la importancia de estas instituciones, los líderes mundiales destacaron la necesidad de su reforma.

Este objetivo es tan trascendente y las condiciones políticas a nivel internacional son tan excepcionales, que hay quienes se preguntan si la próxima reunión del G 20 será un “nuevo Bretton Woods,” haciendo referencia a la reunión que dio nacimiento al sistema financiero internacional de posguerra.

Es importante, en ese marco, destacar el rol de Brasil y Corea del Sur. No se trata sólo de actuar como representantes de las economías emergentes sino de asegurar que la agenda enfatice la necesidad de respaldar a las economías en desarrollo y evitar la retracción de las inversiones internacionales y el proteccionismo como respuestas a la crisis.

Muchos subrayan el colapso de confianza que implica esta crisis y señalan principalmente a los Estados Unidos como responsable de la misma. Crecientemente, se crea un clima propicio para exigir a Estados Unidos que revea su rol excluyente en la política internacional. El propio presidente de los Estados Unidos, Barack Obama –quien se excusó de concurrir, como presidente electo, a la cumbre de Washington, en diciembre– se ha manifestado en contra de soluciones basadas en el proteccionismo y el aislamiento internacional y ha anunciado una abierta disposición de los Estados Unidos a la acción multilateral. Será interesante volver a revisar este tema con posterioridad al 2 de abril.

Andres Fontana