jueves, 25 de junio de 2009

Sociedades Globales

Cuando en 1991 CNN transmitió la primera Guerra del Golfo en tiempo real y, poco después, Naciones Unidas desplegó una serie de misiones de paz para proteger a grupos perseguidos por razones étnicas o religiosas, los especialistas anunciaron que las guerras heroicas habían terminado y, al mismo tiempo, que emergía una sociedad global basada en principios fundamentales ligados al respeto de la dignidad humana y la difusión del sistema de gobierno y los valores democráticos.
Ya no es la defensa de la patria sino de un conjunto de valores lo que cuenta. Y si es realmente necesario el uso de la fuerza, se espera que sea rápido, eficaz –en lo posible sin bajas para las tropas de intervención – y, sobre todo, televisivo.
Mientras las guerras heroicas pasaban a la historia, la movilización de las sociedades fue ocupando un lugar de creciente importancia, potenciado por el acceso individual a las comunicaciones globales y el surgimiento de un nuevo tipo de periodismo en la política internacional.
Los regímenes autoritarios encontraron crecientemente difícil lidiar con las rebeliones civiles en el marco de esta nueva forma de sociedad global y el sistema internacional se adaptó rápidamente a este estándar que permite a los principales poderes distribuir y quitar legitimidad selectivamente, ya que lo exigido en ciertos casos es tolerado o disimulado en otros. En cualquier caso, la movilización social acompañada por las nuevas formas de la tecnología de las comunicaciones se ha transformado en un factor decisivo para determinar la suerte de los regímenes autoritarios y definir cuándo los líderes políticos de los principales países se pronuncian y cuándo no.
Andres Fontana

jueves, 18 de junio de 2009

Irán

La idea de que cuantos más Estados democráticos haya en el mundo mayor será la seguridad de los Estados Unidos ocupó un lugar importante en la política exterior norteamericana durante la presidencia de Bill Clinton. Sin embargo, los propios defensores de esta teoría explicaron que de la misma no se deriva ninguna recomendación acerca de que los Estados Unidos intervenga en los asuntos internos de otros países ni, mucho menos, que lo haga a través del uso de la fuerza.

La doctrina Bush descartó este argumento y arrastró a los Estados Unidos a guerras innecesarias y difícilmente ganables. El debilitamiento internacional de los Estados Unidos y el propio desgaste de la presidencia de Bush impidieron que luego de Irak y Afganistán siguiera Irán.

Hoy, diversos sectores, dentro y fuera del partido Demócrata, presionan al presidente Obama para que adopte una postura más amenazante frente a Irán. Es cierto que la cuestión de la democracia y los derechos civiles ha estado tradicionalmente en la órbita de los asuntos internos de cada país y las tendencias actuales tienden a colocarlo en el plano de la política internacional. Sin embargo, de eso no se desprende que a los Estados Unidos le corresponda un rol específico al respecto.

En verdad, la preocupación de fondo no es la calidad de la democracia iraní, sino la política del presidente Ahmadinejad en materia nuclear. Pero las previsiones del sistema internacional establecen criterios cargados de cautela y prudencia frente a posibles transgresiones en materia de uso de la energía nuclear y la razonabilidad tampoco indica que el endurecimiento de los Estados Unidos sea necesariamente el camino adecuado en tales situaciones.
Andres Fontana

jueves, 11 de junio de 2009

Cumbre Ambiental

En los temas ambientales todo suma. Desde el pequeño esfuerzo cotidiano de cada persona, hasta las decisiones políticas de los Estados más poderosos. Por ahora, todo indica que es más fácil que cambien los hábitos individuales y las pautas sociales que las posturas políticas de los poderosos.

Sin embargo, las tratativas entre China y los Estados Unidos de estas últimas semanas pueden constituir un síntoma positivo. Los dos países más contaminantes del planeta, conjuntamente responsables de un 40 % de las emisiones de “gas invernadero,” han discutido largamente, frente a la cercanía de la reunión cumbre de Copenhague en diciembre próximo.

Para los más optimistas esto en sí mismo es importante para la posibilidad de que se apruebe un “Protocolo de Copenhague,” continuación del Protocolo de Kioto, que expira en 2012. Es cierto que las condiciones que establece China pueden ser causa suficiente para no ser “tan” optimistas. Por su parte, los Estados Unidos también se han negado sistemáticamente a imponer límites estrictos a la emisión de gases invernadero en su territorio.

Tal vez el nuevo tono que Barack Obama le ha impuesto a la política exterior de su país sea un factor positivo decisivo. Pero la desconfianza recíproca es muy alta, al igual que la tentación de servirse mutuamente de excusa para seguir, ambas naciones, ajenas a cualquier compromiso significativo que afecte sus respectivas economías, particularmente en el “clima” de crisis que se vive actualmente.

Andres Fontana

miércoles, 3 de junio de 2009

Cuba y la OEA

La reunión de la Asamblea General de la OEA en San Pedro Sula, Honduras se centró en el eventual reingreso de Cuba al Organismo Regional. El encuentro siguió, con pocas semanas de diferencia, a la Cumbre Hemisférica realizada en Trinidad y Tobago. En esa ocasión, a pesar del clima de cambio en las relaciones hemisféricas introducido por el gobierno de Barack Obama, quedó una vez más en evidencia la carencia de objetivos e intereses comunes en el merco regional.

Si bien la OEA sigue siendo el organismo por excelencia de nuestra región, en su seno difícilmente se discuten intereses de los Estados Miembros con alguna cuota de realismo. El debate acerca del eventual ingreso de Cuba al Organismo fue más que elocuente al respecto. Los Estados Unidos reclamaron a Cuba reformas políticas que, no obstante los cambios que vienen ocurriendo, se encuentran muy lejos de las intenciones del gobierno cubano.

Por su parte, anticipándose a la reunión de la Asamblea General, el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, expresó la posición genuina y difícilmente variable de su gobierno: “A Cuba no le interesa ser miembro de la OEA”.

La diplomacia norteamericana intenta mostrar buena voluntad, pero le resulta difícil eludir el dilema de fondo y le propone a un interlocutor ausente hacer cosas que no está dispuesto a hacer a cambio del ingreso a un foro en cual no está interesado en participar. Por su parte, las posturas de los demás Estados Miembros oscilan entre el respaldo encendido a la posición cubana y esfuerzos por encontrar un punto intermedio en torno de un tema difícilmente resoluble.

Andres Fontana