Cuando en 1991 CNN transmitió la primera Guerra del Golfo en tiempo real y, poco después, Naciones Unidas desplegó una serie de misiones de paz para proteger a grupos perseguidos por razones étnicas o religiosas, los especialistas anunciaron que las guerras heroicas habían terminado y, al mismo tiempo, que emergía una sociedad global basada en principios fundamentales ligados al respeto de la dignidad humana y la difusión del sistema de gobierno y los valores democráticos.
Ya no es la defensa de la patria sino de un conjunto de valores lo que cuenta. Y si es realmente necesario el uso de la fuerza, se espera que sea rápido, eficaz –en lo posible sin bajas para las tropas de intervención – y, sobre todo, televisivo.
Mientras las guerras heroicas pasaban a la historia, la movilización de las sociedades fue ocupando un lugar de creciente importancia, potenciado por el acceso individual a las comunicaciones globales y el surgimiento de un nuevo tipo de periodismo en la política internacional.
Los regímenes autoritarios encontraron crecientemente difícil lidiar con las rebeliones civiles en el marco de esta nueva forma de sociedad global y el sistema internacional se adaptó rápidamente a este estándar que permite a los principales poderes distribuir y quitar legitimidad selectivamente, ya que lo exigido en ciertos casos es tolerado o disimulado en otros. En cualquier caso, la movilización social acompañada por las nuevas formas de la tecnología de las comunicaciones se ha transformado en un factor decisivo para determinar la suerte de los regímenes autoritarios y definir cuándo los líderes políticos de los principales países se pronuncian y cuándo no.
Andres Fontana