jueves, 11 de junio de 2009

Cumbre Ambiental

En los temas ambientales todo suma. Desde el pequeño esfuerzo cotidiano de cada persona, hasta las decisiones políticas de los Estados más poderosos. Por ahora, todo indica que es más fácil que cambien los hábitos individuales y las pautas sociales que las posturas políticas de los poderosos.

Sin embargo, las tratativas entre China y los Estados Unidos de estas últimas semanas pueden constituir un síntoma positivo. Los dos países más contaminantes del planeta, conjuntamente responsables de un 40 % de las emisiones de “gas invernadero,” han discutido largamente, frente a la cercanía de la reunión cumbre de Copenhague en diciembre próximo.

Para los más optimistas esto en sí mismo es importante para la posibilidad de que se apruebe un “Protocolo de Copenhague,” continuación del Protocolo de Kioto, que expira en 2012. Es cierto que las condiciones que establece China pueden ser causa suficiente para no ser “tan” optimistas. Por su parte, los Estados Unidos también se han negado sistemáticamente a imponer límites estrictos a la emisión de gases invernadero en su territorio.

Tal vez el nuevo tono que Barack Obama le ha impuesto a la política exterior de su país sea un factor positivo decisivo. Pero la desconfianza recíproca es muy alta, al igual que la tentación de servirse mutuamente de excusa para seguir, ambas naciones, ajenas a cualquier compromiso significativo que afecte sus respectivas economías, particularmente en el “clima” de crisis que se vive actualmente.

Andres Fontana