La proximidad del Bicentenario ha dado lugar a numerosas actividades académicas orientadas a pensar el país, su historia, sus perspectivas futuras. El campo internacional no ha escapado a estas iniciativas y asistimos a interesantes debates acerca de los principales desafíos que enfrenta la Argentina en lo inmediato y a futuro.
Sin lugar a dudas, el campo internacional presenta siempre numerosos desafíos para todas las naciones y hay quienes interpretan los mismos en términos de amenazas y riesgos y quienes lo hacen en términos de oportunidades. Lo que parece importante destacar es que la Argentina ha sufrido sucesivos cambios en su política exterior a lo largo de las últimas tres décadas pero hubo al mismo tiempo continuidades sustanciales en temas tan importantes como las relaciones pacíficas con los vecinos, el respaldo colectivo a la democracia, la no proliferación de armas de destrucción masiva y la reivindicación de nuestra soberanía sobre Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
La lista sigue, pero lo importante es que allí donde hubo continuidad se observa, en primer lugar, dos condiciones fundamentales de las políticas: su razonabilidad y el estar basadas en amplios consensos en la sociedad civil. En segundo lugar, se observa también un considerable nivel de éxito. En algunos casos –por ejemplo, la venta de tecnología nuclear a un número creciente de países– se trata de un éxito ya materializado, cuyas claves han sido la adhesión consistente de la Argentina a los regímenes internacionales correspondientes y la reconocida capacidad tecnológica del país. En otros casos, como Malvinas o las relaciones pacíficas con los vecinos, la “medición” del éxito supone mirar estratégicamente la evolución del contexto regional e internacional y estimar los costos que implicarían o hubieran implicado escenarios alternativos.
Andres Fontana