viernes, 17 de diciembre de 2010

Balance 2010

A lo largo del año que concluye, se acentuó la tendencia hacia un sistema internacional más plano, menos jerárquico, más entrelazado globalmente y con un protagonismo declinante de las potencias occidentales tradicionales. La OTAN, y su líder natural, actores imponentes e imposibles de desafiar tras su victoria ante el bloque soviético hace 20 años, hoy se encuentran empantanados en la impenetrable trama geográfica, tribal y clandestina de Afganistán –el mismo escenario que debilitó sustancialmente el poder soviético hacia el fin de la Guerra Fría.

La crisis económica iniciada en Wall Street hace dos años, que parecía haber iniciado su atenuación, dejó este año 30 millones de desocupados en los EEUU y una Europa envuelta en llamas. Los países de la llamada ‘periferia’, donde radican las nuevas potencias económicas globales, se han mantenido al margen de estos embates y acentúan la relativización del protagonismo y peso económico de las potencias tradicionales.

Brasil, miembro destacado del reordenamiento internacional, ha liderado también un proceso de estabilización política de la región. Unasur, promovida tenazmente por Brasil hace un par de años y liderada en su tramo inicial por Néstor Kirchner, ha reemplazando varias veces a la OEA en el tratamiento de temas y la resolución de situaciones conflictivas y aún busca llegar a un consenso para designar al sucesor de su primer Secretario General.

Tal vez 2010 sea recordado en el futuro por el escándalo de WikiLeaks. Tal vez no. La información diseminada no ha sido particularmente novedosa y ha dado lugar a un juego de simulaciones de asombro y escándalo ante cosas que, esencialmente, ya se sabían.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Wiki Gate – Estados Unidos al desnudo

Lo ocurrido en estas semanas tiene innumerables dimensiones y consecuencias: las relaciones internacionales , su naturaleza; el liderazgo de los EEUU, su dudosa existencia, que ya estaba cuestionada; el impacto incalculable de las nuevas tecnologías en nuestra era, en la cultura, en la vida de las naciones, en todos sus niveles; el carácter democratizante de esos impactos, a nivel global, nacional, interpersonal.

Nadie está a salvo. Sólo el comportamiento ético protege al individuo, a los grupos o a los Estados. Todo lo demás, tarde o temprano sale a la luz. La vulnerabilidad del secreto es absoluta. La inteligencia ha pasado a ser una actividad transparente, sobre todo si se basa en un uso irreflexivo e ilimitado de las tecnologías.

La cantidad de dígitos y de símbolos en vez de letras o números en las claves de acceso no proveen seguridad al sistema, que siempre es, tarde o temprano vulnerable. Sólo el criterio, la mesura y la selección del personal adecuado, pueden dar ciertas garantías de salud interna a las organizaciones y a su relación con el contexto.

Resulta prematuro evaluar los alcances del impacto de las revelaciones en cualquiera de estos niveles y dimensiones. Ha habido comentarios que comparan lo que está ocurriendo y sus impactos, actuales y futuros, con el 11 de septiembre de 2001. Probablemente, algunos paralelos sean pertinentes.

Falló la inteligencia. La información estaba, pero no atravesaba los canales inter-agencia que tal vez hubieran conducido a las decisiones adecuadas en el momento adecuado. Es una especulación dolorosa, pero que guarda algo de sentido. Nos hace pensar que, comparativamente, las vidas que se llevaron los atentados tanto como las acciones posteriores ideadas por el ex presidente George W. Bush hacen de estas filtraciones, vistas en perspectiva histórica algo relativamente incruento.

Aun así, cabe esperar que alguna reflexión sensata tenga lugar en alguna oficina de Washington y, por supuesto, que las debidas disculpas lleguen en tiempo y forma a todos, gobiernos, personas, países a los que se les ha faltado el respeto en forma –se esperaba, pero no ocurrió- “secreta.”

Andres Fontata

viernes, 10 de diciembre de 2010

El Hambre en el Mundo

Hace pocos días, el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, acorde con su sigla en inglés) publicó un informe que revela que más de mil millones de personas en el mundo padecen hambre. El informe señala que la mayoría son niños y que las causas principales son los conflictos armados, la inestabilidad política y las crisis económicas.

La mayor parte de los países en peores condiciones son de África y los cuatro que presentan las cifras más alarmantes se ubican en África subsahariana. La República Democrática de Congo es el peor calificado, con la mayor tasa de mortalidad infantil del mundo y tres cuartas partes de su población subalimentada.

El informe señala también situaciones comprometidas en nuestra región: califica como “seria” la situación de Bolivia, Guatemala y Haití; “moderada” la de los países centroamericanos y de algunos de Sudamérica; y denomina “excepciones” a la Argentina, Brasil, Uruguay y Chile.

El IFPRI es financiado por “CGIAR” (Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional), una alianza de asociaciones vinculadas a la agricultura, cuyo principal objetivo es promover el uso de la ciencia para combatir la pobreza.

Sus revelaciones, como las de tantas otras organizaciones comprometidas con la lucha contra la pobreza –las Naciones Unidas, en principio, la más importante de ellas – son impactantes, pero no parecen producir ninguna movilización de recursos ni indicios de voluntad política para que los países en situaciones más ventajosas encuentren medios para generar equilibrios en un sistema internacional que, en otros temas, tiende a buscar estándares comunes más allá de que las asimetrías sean inevitables.

Andres Fontana

jueves, 9 de diciembre de 2010

El Desencanto

Hace dos años, la figura de Obama irrumpió como un factor de cambio en un escenario continuamente tensionado por la política exterior del ex presidente George W. Bush. Obama fue una fuente de expectativas, hasta tal punto que se le otorgó el premio Nobel de la Paz cuando aún no había producido ningún hecho significativo en la política internacional.

Obama no ha sido un fracaso sino una frustración. Se encuentra a punto de iniciar su tercer año de gobierno debilitado interna e internacionalmente. Ha sido acorralado por la derecha del partido Republicano y un triunfo electoral en el que se combinaron la novedad del movimiento Tea Party, el recrudecimiento de la crisis económica y el desencanto de sectores que inicialmente habían apoyado a Obama.

Los reclamos en el campo internacional tienen hoy su foco en la política cambiaria de los Estados Unidos, pero pasada la coyuntura las críticas volverán a centrarse en la ocupación militar de Afganistán, su inviabilidad – reconocida públicamente por el nuevo jefe del Ejército británico y cuestionada a mediados de junio por el comandante de las fuerzas de los Estados Unidos y la OTAN, general Stanley McChrystal, lo cual le valiera el cargo— la carencia de una política clara con respecto al plan nuclear de Irán y la falta de compromiso con los vecinos, en particular, la crisis de Haití y la violencia ligada a los carteles de la droga en México, que se suma al perpetuo problema migratorio desde ese país.

No todo es falta de política. Hay situaciones objetivas, como la creciente pérdida de sentido de la OTAN, el distanciamiento de Europa, la inviable solución del conflicto de Medio Oriente y el ascenso de China hacia el primer puesto en la economía global y su consecuente influencia política. Tampoco se trata de dudar del compromiso de Obama con la paz y la seguridad internacionales. El problema es la falta de resultados concretos en el nivel que se esperaba de un presidente que generó tantas expectativas y conduce desde hace dos años el país más poderoso del mundo.

Andres Fontana

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Homenaje

El pasado 15 de noviembre, la Asamblea General de la ONU rindió homenaje al ex presidente de la Argentina y secretario general de UNASUR Néstor Kirchner. El acto fue organizado por la misión permanente de Ecuador, presidente pro tempore de la Unión de Naciones Sudamericanas y como principales oradores participaron el secretario general del organismo, Ban Ki-moon, representantes de los cinco grupos regionales que integran la Asamblea General y representantes del Grupo de los 77, No Alineados y el Grupo de Río.

El embajador de Uruguay José Luis Cancela sostuvo, en nombre de los países de América Latina y el Caribe, que “se perdió un protagonista fundamental para la construcción regional." En nombre de No Alineados, el representante de Egipto subrayó que Néstor Kirchner “guió a su país en el pleno respeto de los derechos humanos (…y) a nivel latinoamericano promovió y desarrolló el proceso de estabilización democrática regional."

A su turno, el representante de la República Checa destacó, en nombre de los países de Europa del Este, el "compromiso incondicional" del ex presidente argentino y dijo que "su visión y su legado se expandió más allá de Sudamérica y seguirá con nosotros". En nombre del Grupo Río, el representante de Chile expresó que la muerte de Néstor Kirchner provocó "un gran dolor no sólo en su pueblo sino a lo largo y ancho del mundo."

El embajador argentino ante la ONU, Jorge Argüello, expresó “el agradecimiento de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y el pueblo argentino” a cada uno de los grupos regionales.

Andres Fontana

martes, 7 de diciembre de 2010

Presencias Regionales

Las últimas semanas se caracterizaron por fuertes presencias regionales, con el triunfo electoral de Dilma Rousseff en Brasil, el acuerdo de cooperación entre Colombia y Venezuela, sellado por los presidentes Santos y Chávez y la estela que aún perdura del protagonismo del presidente Piñera en el rescate de los mineros Chilenos y el incidente antidemocrático sufrido por el presidente Correa en Ecuador.

El fallecimiento del ex presidente argentino Néstor Kirchner motivó la inmediata presencia de los líderes regionales en nuestro país para expresar sus condolencias en un verdadero acto de luto regional. Néstor Kirchner, que en sus primero años como presidente había mostrado suma cautela frente a los escenarios internacionales y regionales, se transformó en los últimos años en un referente esencial de la política sudamericana.

El presidente Piñera fue el primero en llegar a la Casa Rosada. Chávez acompañó a la presidenta Cristina Kirchner hasta los últimos momentos en Santa Cruz, como uno más de la familia. Lula tuvo un gesto de extrema significación al viajar a Buenos Aires en la víspera de elecciones presidenciales en su país y quedarse junto a la presidenta argentina mucho más tiempo que el previsto por sus colaboradores inicialmente. El presidente Mujica estuvo presente mucho más allá de lo que el protocolo requiere.

En este marco de presencias como las mencionadas casi pasa desapercibida la continuada ausencia de los Estados Unidos en la región. Ausencia que, probablemente, ante el debilitamiento de la Administración Obama luego de las últimas elecciones tienda a profundizarse en el año entrante.

Andres Fontana

viernes, 24 de septiembre de 2010

Nuevo clima, pocos logros

El jueves pasado, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el presidente Barack Obama pidió a Israel una extensión de la moratoria sobre la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania que expira el próximo 29 de septiembre. Obama habló de la recuperación económica mundial, la guerra en Afganistán y el programa nuclear iraní, pero dedicó la mayor parte de su intervención al conflicto en Oriente Medio y auguró que, si se dan una serie de condiciones contrarias al reinado del terror, el año próximo será posible un acuerdo que conduzca a un Estado palestino “que viva en paz con Israel".

Obama llegó a Naciones Unidas a ofrecer su segundo discurso como presidente norteamericano en el peor momento de su mandato. Muchos de quienes lo apoyaron hace un año y medio, en el inicio de su mandado, o dos años, cuando aún era candidato, hoy se sienten defraudados. Hay que reconocer que no tuvo suerte, al tener que enfrentar simultáneamente desafíos tan grandes como la crisis económica, el consecuente desempleo, la ocupación de Irak y la guerra en Afganistán. Pero ahora es tarde para decir que recibió una “pesada herencia.”

Obama debe mostrar resultados, sobre todo en su política interna. Pero el campo internacional le ofrece también una oportunidad para recuperar su liderazgo. Se trata de un mundo que aún no ha definido su nueva estructura de poder, tras el debilitamiento de los Estados Unidos, la ruptura de la Alianza Atlántica y el surgimiento de nuevos actores que participan en la mesa chica del poder internacional. Ese es un campo propicio para la mentalidad de un presidente claramente diferenciado de la actitud prepotente y militarista de su antecesor.

Andres Fontana

viernes, 17 de septiembre de 2010

Y el 14 de julio?

Hace apenas dos meses, Francia conmemoró otro aniversario de la Revolución Francesa, otro 14 de julio en que millones de personas en todo el mundo recordamos la epopeya de un pueblo rebelado ante la opresión y la injusticia, inspirado por el lema “libertad, igualdad, fraternidad.”

Es cierto que al grito de libertad e igualdad siguió el terror, la guerra y un nuevo imperio. Pero la Revolución Francesa y sus ideales desataron rebeliones en otros países, abriendo la puerta al protagonismo de pueblos oprimidos. Esa posibilidad y los ideales de “libertad, igualdad, fraternidad” fue lo que quedó para la cultura occidental y para su permanente búsqueda de universalización de valores fundamentales.

La Revolución Francesa marcó uno de los hitos más importantes en el camino hacia el reconocimiento mundial de la igualdad esencial de los seres humanos y, por ende, la existencia de derechos fundamentales, inalienables, inherentes a la persona.
Para Francia, este lema no es un slogan de 220 años atrás. Es símbolo de su ser nacional, de su identidad. Fue suprimido, prohibido, desterrado del vocabulario oficial tantas veces como intentos hubo de restablecer el absolutismo y otras formas de opresión. Pero volvió a reimplantarse igual número de veces y hoy ocupa un lugar fundamental en la cultura y el ideario nacional de Francia.

Es difícil imaginar que las políticas represivas de Nicolas Sarkozy, iniciadas justamente a mediados de julio pasado, reflejen el sentir o la opinión mayoritaria de los franceses. Los analistas de todo el mundo las atribuyen más bien al arrinconamiento político que Sarkozy viene sufriendo desde hace tiempo, crisis tras crisis, con su popularidad en picada y sus reflejos políticos en franco deterioro.

Andrés Fontana

lunes, 13 de septiembre de 2010

Lo que faltaba: Fundamentalismo antiislámico

La cercanía de un nuevo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre reaviva siempre posturas ideológicas, debates incongruentes y, naturalmente, la congoja de quienes perdieron a sus seres queridos. Los atentados de esa fecha conmovieron al mundo y cambiaron el rumbo de las relaciones internacionales.

Hasta hoy seguimos pagando decisiones extremadamente erróneas del presidente Bush –en algunos casos basadas en la falsificación de información esencial. La invasión a Irak fue injustificada y claramente equivocada desde el punto de vista político y estratégico. La guerra en Afganistán careció de futuro desde un principio. Ambas fortalecieron y ofrecieron oportunidades de liderazgo a organizaciones terroristas y a países considerados peligrosos por los propios Estados Unidos. Debilitaron además a la otrora vigorosa Alianza Occidental.

Las víctimas de los atentados del 11 de septiembre fueron seguidas por otros miles y miles de víctimas, y cuesta entender el para qué en todos los casos. Curiosa y sorprendentemente, a esta serie de acciones incomprensibles, se suma ahora un pastor anti-islámico, líder de una comunidad cristiana integrista del estado de Florida, quien planea quemar masivamente copias del Corán en el noveno aniversario de los ataques terroristas.

Naturalmente, el pastor Terry Jones ha recibido críticas del gobierno de los EEUU, del Papa y de líderes religiosos de todos los credos. Pero cabe preguntarnos si esta inesperada "histeria antimusulmana," es un hecho aislado, producto de una mente fanática, o es una pieza más en los engranajes de intolerancia religiosa y racial que vienen desarrollándose en los países más avanzados del sistema internacional.

Andres Fontana

lunes, 6 de septiembre de 2010

La Larga Estela

Pocas veces encontramos a alguien que muestra las enormes potencialidades de lo que está a la vista y sin embargo cuesta ver. Afortunadamente, esto ocurre cada tanto. Tal es el caso de Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor de la teoría de “la larga cola” o “la larga estela”. Esencialmente, la teoría –basada en fenómenos comerciales como Amazon.com y otros similares- se refiere a un desplazamiento del foco en pocos productos muy exitosos (por ejemplo, el 20 % de los artículos de un cierto rubro genera el 85 % de las ventas) hacia la creciente importancia del grupo de productos menos exitosos que ahora tienen un mercado prácticamente infinito gracias a Internet.

Anderson extendió su teoría a las características de la enseñanza, el esparcimiento, y otros campos. Parte de la explicación de estos fenómenos se debe al reemplazo de lo objetos materiales por su versión digital –lo cual abarata los costos, permite un almacenamiento no limitado por las dimensiones físicas y pone los objetos y la información al alcance de miles de millones de personas.

Anderson observa que estos fenómenos no van siempre en la misma dirección, sino que generan movimientos múltiples. Por ejemplo, menciona que algunas universidades muy volcadas al uso de las tecnologías han sacado las computadoras de las aulas e incluso construido sistemas de paredes y vidriado que impiden la entrada de señales de comunicación inalámbrica. La tecnología sigue siendo muy importante para la enseñanza y el aprendizaje, pero no en el aula. Asimismo, señala, es habitual que quienes optan por una formación autónoma a través de Internet, luego busquen la educación formal, que les provee los fundamentos de lo que ya saben.

Andres Fontana

lunes, 30 de agosto de 2010

El Optimismo de Ayer

Hace pocos días, el historiador estadounidense Gabriel Jackson escribió una nota sobre “EE UU en 1984 y en 2010.” Motivó esa nota su asombro ante los cambios sociales producidos en su país, al que regresó luego de pasar largos períodos en Barcelona.

Sus motivos de asombro son, en principio, cambios en las conductas cotidianas por una inagotable presencia de las tecnologías y algunos aspectos del extremado celo por la seguridad, particularmente en los aeropuertos. Nada nuevo. Pero la observación más aguda de Jackson se refiere al reemplazo del optimismo y la confianza, que hasta hace unos años parecían inacabables en la sociedad norteamericana, por una predominantemente apreciación negativa del futuro.

Sin duda, la huella de los atentados terroristas ha sido profunda. El desempleo resultante de la crisis iniciada en 2008 es aún muy alto. Y las sospechas de que la recuperación económica aún no está garantizada crecen día a día. A estas fuentes de incertidumbre cabe agregar el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos no encuentra una fórmula adecuada para redefinir su política en Irak y Afganistán. Todo indica que las buenas intenciones del presidente Obama no bastan para que las tropas norteamericanas puedan retirarse de ambos países sin que recrudezca la violencia en sus más altos niveles y tarde o temprano se restablezca regímenes autoritarios o, peor aun, fundamentalistas y que todos los esfuerzos, las pérdidas de vidas humanas y los cuantiosos recursos y capital político invertidos hayan sido totalmente en vano.

Andres Fontana

jueves, 12 de agosto de 2010

Tendencias Globales

Una rápida mirada a la primera mitad de 2010 nos muestra una agenda internacional fragmentada, sin logros ni rumbo identificable. No vamos hacia el caos, pero la capacidad del sistema internacional para avanzar en cuestiones de fondo es nula. Al fracaso de la cumbre de Copenhague en materia de Medio Ambiente, en diciembre de 2009, siguió la promesa de avances en materia nuclear en las negociaciones conducentes a la firma de un protocolo adicional al Tratado de No Proliferación en el mes de Mayo.

La cumbre en materia nuclear no sólo fracasó. En el camino, Brasil y Turquía, mediadores informales entre Irán y las potencias occidentales, se transformaron en defensores del programa nuclear de este país. Molesto por la actitud del presidente Lula, a quien había enviado una carta de respaldo por sus gestiones ante Irán, el presidente Obama suspendió su prometida visita a la región, que tendría como epicentro su encuentro con Lula en Brasilia.

La independencia y el creciente peso de las potencias emergentes en el tratamiento de los temas globales, se han transformado no en amenaza pero sí en problema. El desafío al liderazgo de los Estados Unidos y las posturas tradicionales de Occidente ya no tiene sólo a China y Rusia como principales actores. Al mismo tiempo, la relación Estados Unidos-Europa, núcleo de la Alianza que dominó la política internacional de la segunda mitad del siglo XX, está prácticamente disuelto. La primera potencia global actúa sin aliados, salvo el respaldo incondicional del Reino Unido que, a su vez, se torna crecientemente costoso para la política interna de este país y para sus relaciones con la Unión Europea.

Andres Fontana

jueves, 22 de julio de 2010

Obama en el desierto

Sólo el 40 % de la población cree hoy en la capacidad del presidente Obama para manejar la economía. Sus principales críticos se encuentran entre los sectores conservadores, pero esto ya se sabía. La pregunta abierta era cómo reaccionaría la ciudadanía, una opinión pública bastante informada y exigente, sobre todo en lo que hace a los asuntos locales.

En su campaña presidencial, Obama generó una amplia red social con la expectativa de un presidente que mire más a la ciudadanía y menos a Washington. Obama no ignoró ese mandato, pero sus resultados han sido magros. Instrumentó una reforma del sistema de salud y, más recientemente, una reforma financiera de inmensa importancia. Pero no logró dinamizar la economía, disminuir el desempleo ni mejorar la situación de las minorías y los sectores más rezagados.

No pudo avanzar en la reforma migratoria, ni mejorar la relación con México, ni evitar que Arizona imponga una ley que criminaliza la inmigración ilegal. En el plano internacional, cambió el humor de los asuntos globales y mejoró la imagen de los Estados Unidos. Pero no tuvo éxito en los difíciles frentes de Irak, Afganistán, Irán e Israel.

Las encuestas de estos días, los avances de figuras y símbolos republicanos –como el movimiento conservador llamado Tea Party– y las bajas expectativas ante las elecciones legislativas de noviembre, reflejan el desencanto del ciudadano medio y de sectores políticos y sociales que tuvieron tal vez desmedidas expectativas acerca del presidente electo un año y medio atrás.

Andres Fontana





jueves, 8 de julio de 2010

Brasil nuclear

Las negociaciones para la firma de un nuevo protocolo adicional al Tratando de No Proliferación Nuclear de 1968 (TNP) no han dado mayores resultados que la Cumbre de Copenhague sobre cambio climático. Las potencias emergentes y los países menos integrados al sistema internacional se niegan a seguir los estándares que, con mejores modales que el presidente Bush pero defendiendo los mismos intereses e intentando consolidar las mismas asimetrías entre los miembros de la comunidad internacional, han intentado imponer el presidente Obama y sus aliados.

Brasil mantiene un postura en materia nuclear que no es muy diferente a la de Irán, si bien produce reacciones muy distantes de las que hoy genera ese país. Brasil se niega a firmar el protocolo adicional, que otorga mayores capacidades de control (intrusivo) al Organismo Internacional de Energía Atómica -OIEA, órgano de las Naciones Unidas encargado de verificar el cumplimiento de las pautas que establecen el TNP y sus sucesivos protocolos en materia de uso de la energía nuclear para fines exclusivamente pacíficos.

La independencia que reivindica Brasil –quien argumenta que la prohibición del uso de la energía nuclear ya la establece su Constitución y que además tiene un sistema de control recíproco con la Argentina, la ABACC, en el que participa el OIEA- no produce hoy la misma reacción internacional que Irán, porque Brasil es un país no amenazante, con altísimo prestigio y con una economía que ya lo ha establecido en el club de las potencias globales donde se definen los destinos del sistema internacional.

Andres Fontana

jueves, 1 de julio de 2010

Violencia en México

La violencia que azota a México desde hace años, originada en el mundo del crimen y el tráfico de drogas, pero tradicionalmente ligada al mundo de la política y el poder económico, se ha proyectado brutalmente sobre el escenario preelectoral con el reciente asesinato de Rodolfo Torre Cantú, candidato a gobernador por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para el Estado de Tamaulipas, y el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, uno de los líderes políticos más poderosos del país.

El espiral de violencia que se ha producido en Méjico a partir de varios años atrás, a medida que la presión política y militar sobre las FARC ha obligado a los principales carteles del narcotráfico a emigrar hacia ámbitos más propicios, afecta hoy sustancialmente la economía mejicana, entre otros motivos, por su devastador impacto sobre el turismo y, en alguna medida, por su impacto negativo sobre decisiones de inversión productiva y radicación de empresas globales.

La zona fronteriza con los Estados Unidos tiende hoy a militarizarse por una inconcebible combinación de la política migratoria del principal vecino y socio comercial de México, la realidad social de la zona y la creciente apropiación de ese territorio por el narcotráfico, ciudad por ciudad, calle por calle, en casi todas las localidades fronterizas a ambos lados de la frontera.
Parte del problema de la violencia es que a cada política y a cada medida del Estado Mejicano en contra de los carteles de la droga, éstos responden con mayor vehemencia, tanto en sus ataques contra figuras políticas del más alto nivel como contra figuras anónimas del mundo del crimen ligadas a la política o las fuerzas de seguridad mejicanas.

Andres Fontana

jueves, 24 de junio de 2010

Control civil

Con el relevo del general Stanley McChrystal, el presidente Obama reafirmó su autoridad y fortaleció la supremacía civil las fuerzas armadas. El “control civil,” como se denomina este principio en la ciencia política, es uno de los fundamentos del sistema democrático moderno y, a la vez, uno de los pilares de la tradición política de los Estados Unidos.

El concepto implica no sólo el respeto de la autoridad civil sino una serie de mecanismos –por ejemplo, en materia de control presupuestario o aprobación de los ascensos en el nivel más alto de la jerarquía militar– en los que participa el Poder Legislativo y una estructura en el Ministerio de Defensa compuesta equilibradamente por especialistas civiles, funcionarios políticos y militares en actividad y retirados.

El general McChrystal no cuestionó la estrategia militar del presidente Obama sino, principalmente al vicepresidente y a un prestigioso enviado especial, de origen académico-diplomático. La enérgica respuesta del presidente Obama no tiene implicancias con respecto al rumbo de la guerra en Afganistán que, por el contrario, fue reafirmado enfáticamente. Sin embargo, a nadie escapan las crecientes dudas –de la opinión pública y de observadores especializados— acerca de la posibilidad de éxito de esa estrategia.

El general David Petraeus, jefe del comando con jurisdicción sobre el área y leyenda por sus éxitos en Irak en 2007-2008, que sucederá a McChrystal no tendrá posibilidades de trasladar el esquema que aplicó en Irak, apelando al apoyo de una población local eminentemente urbana y con altos componentes de clase media. La realidad montañosa impenetrable y carente de clase media de Afganistán ofrecen un escenario muy distinto del de Irak, que Petraeus sin duda conoce muy bien.

Andres Fontana

jueves, 17 de junio de 2010

Palabras frente al desastre

El hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon el 22 de abril, desató la peor catástrofe petrolera de la historia de los Estados Unidos. Hasta ahora, ocupaba este poco honroso lugar el derrame de Exxon Valdez, en las costas de Alaska, en marzo de 1989. La empresa BP ha gastado más de 1.200 millones de dólares, pero no ha podido lograr resultados satisfactorios.

Tampoco ha dado en el clavo Presidente Obama, a pesar de que se ha movido con celeridad y determinación. Pero la actitud de su gobierno ante la tragedia ecológica ha sido considerada por la opinión pública norteamericana peor que la del gobierno de Bush frente al huracán Katrina en 2005. Según un sondeo de ABC News / Washington Post, un 69% de la población tiene una mala opinión de la gestión realizada por Obama.

Por ahora, los esfuerzos verbales han sido más notables que las acciones. Obama afirmó que le gustaría saber a quién "patearle el trasero" por el derrame de petróleo y hasta generó un cruce diplomático con el Reino Unido al referirse a BP como “British Petroleum,” nombre que la empresa no emplea desde 1998.

Por su parte, Carl-Henric Svanberg, el presidente de BP, tuvo que disculparse por haberse referido a los damnificados como "esa pobre gente". Sin embargo, Obama tuvo el acierto de expresar que los efectos de la catástrofe serán comparables, desde el punto de vista ambiental, a los producidos por el ataque terrorista a las Torres Gemelas en 2001, desde el punto de vista de la seguridad de los Estados Unidos y dio a entender que ésta será una gran oportunidad para establecer pautas ambientalistas, las que no pudo acordar en diciembre pasado en la Cumbre de Copenhagen.

Andres Fontana

jueves, 3 de junio de 2010

Cambio de Mapa

El operativo militar de las fuerzas israelíes contra la flota de ayuda humanitaria que intentaba llegar a la franja de Gaza no sólo produjo una fuerte condena internacional, sino un cambio en la ubicación de Israel en el mapa de los poderes mundiales.

La muerte de nueve activistas y el arresto de unos 600, entre ellos, parlamentarios e intelectuales de Alemania, Bulgaria, Irlanda, Noruega, Suecia y otros países, profundizó la brecha entre Israel y el sistema internacional. De país amigo, y varios sentidos aliado de los Estados Unidos, Israel ha pasado a ocupar el lugar de “problema.” Estados Unidos nunca va a dejar a Israel totalmente librado a su suerte. Pero la coyuntura actual obliga a un cambio de actitud y eventualmente de política.

La Unión Europea también se ha visto obligada a reaccionar. Y Turquía, el principal puente entre Occidente y el Mundo Islámico y tal vez el o único aliado regional de Israel, no tiene otro camino que alejarse.

En este nuevo mapa, para Israel no es posible continuar con las mismas políticas sin incrementar los costos. Hasta hoy, éstos se han manifestado, principalmente, en términos de un creciente aislamiento y una pérdida de legitimidad internacional también creciente.

Israel ha enfrentado una amenaza a su supervivencia como Estado desde su misma creación a lo largo de toda su existencia. La justificación de su política hacia la población Palestina sobre esa base ha perdido credibilidad y hace muy difícil que aun los Estados más cercanos, por un motivo u otro, puedan seguir prestando su apoyo sin que haya cambios al menos en lo que hace al aspecto humanitario con relación a Palestina. Este se ha transformado en el eslabón más débil de la cadena que vincula a Israel con el sistema internacional.

Andres Fontana

viernes, 14 de mayo de 2010

La realidad de Europa

Zapatero decidió dar un paso atrás y alejarse del abismo. Vio demasiado cerca esa crisis con gente en la calle, inflación desenfrenada y otros males ya conocidos en otros lugares. El peligro del “abismo” fue anunciado primero por las consultoras, luego por el comportamiento de los mercados y ahora por el discurso de los líderes occidentales, el presidente Obama en un lugar gravitante.

Portugal deberá hacer lo mismo pronto. Aceptar el ajuste como inevitable, casi impuesto por la realidad. Grecia ya lo hizo. Merkel perdió las últimas elecciones por no actuar con la suficiente ejecutividad para salir al rescate de las economías del Euro. Todo esto es muy duro para la mayor parte de la población allí donde se aplica. Mirado globalmente, es otro paso del reacomodamiento del sistema internacional iniciado tras la crisis Wall Street a fines de 2008.

Es otro paso del proceso que coloca a China, Brasil y otros poderes “emergentes” en un lugar prominente del sistema internacional. Son los acreedores o los que menos deben en un mundo de sociedades opulentas muy endeudadas, sociedad con alta productividad pero niveles de consumo y gasto militar muy por encima de su efectiva generación de riqueza. En Estados Unidos esto ha sido acompañado, la mayor parte del tiempo, por oportunidades de progreso y movilidad social ascendente. En Europa ha habido inmovilidad por décadas, crecientes dificultades para insertarse en el mercado laboral y enormes dificultades para avanzar en base a la iniciativa y el esfuerzo individual.

El mito de la integración niveladora hacia arriba, con buenas instituciones y una moneda común no se ha desvanecido, pero ha mostrado que necesita mayor vitalidad en sociedades que tienden a la inmovilidad y el asilamiento.

Andres Fontana

viernes, 7 de mayo de 2010

Abismo

La metáfora del abismo ha sido muy usada, en estas semanas, para advertir a los jefes de gobierno de algunos países de Europa del riesgo inminente de “caer” en una situación semejante a la crisis económica de Grecia. La recomendación es la de siempre: ajuste fiscal, medidas de austeridad, encarecimiento de crédito.

Todo es a corto plazo e incluyen decisiones que, de un modo u otro, generan desempleo, caída del nivel de activad y reducción de los ingresos. La reacción social es previsible y el descrédito inevitable, pero las consecuencias de no seguir esas recomendaciones también son, aparentemente, inevitables.
El dilema es conocido por los países de nuestra región. Sus decisiones políticas, tanto el salvataje por parte de otros países -que no siempre llega a tiempo- como los ajustes, que tampoco permiten evitar la crisis.

Pero, detrás de este tipo de crisis, el problema de fondo radica en el nivel de productividad, la falta de condiciones de competitividad externa de algunas economías y su simultánea inserción en circuitos en los que interactúan con economías con niveles de competitividad muy superiores.

Esos también son abismos que la terminología llama “brechas tecnológicas” o “brechas de productividad”, y esas diferencias no se pueden reducir con medidas coyunturales. Solo la inversión en educación y tecnología a lo largo del tiempo, en forma sistemática, y la mejora de las instituciones educativas a lo largo del tiempo pueden operar con eficacia en esa dirección.

Andres Fontana

lunes, 3 de mayo de 2010

Interdependencia

Cuando en 1977 Keohane y Nye escribieron el ahora clásico “Poder e Interdependencia”, tenían en mente una Europa estrechamente vinculada, por cultura, inversiones, comercio, viajes frecuentes, intereses estratégicos y otros lazos fundamentales, con los Estados Unidos. Los propios países de Europa (Occidental) avanzaban hacia una creciente integración regional y nutrían los vínculos internos de la OTAN, generados en el marco de una guerra extremadamente cruenta y una delicadísima situación estratégica.

Treinta años después, debilitada la alianza, consolidada la integración y frente a los desafíos que implica encontrar el camino de una política exterior común, Europa no logra recomponerse luego de los embates de una fenomenal crisis económica que muchos pensaban superada. Los traspiés de Gordon Brown, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi y el gobierno belga, estas últimas semanas no resultan directamente de la crisis económica pero reflejan el nivel de tensiones que vive el viejo continente.

Al mismo tiempo, Grecia, España y Portugal se hunden en depresión económica, problemas financieros inmanejables y niveles de desempleo en algunos casos desesperantes –como el de las mujeres españolas, que virtualmente han dejado de buscar empleo. Keohane y Nye trataron de mostrar, en contra de escuelas tradicionales, el poder de la política no subordinado mecánicamente a la economía. El escenario de la Europa actual, alejada de los Estados Unidos, indiferente a las grandes disputas por el poder militar y poco comprometida con los asuntos globales, muestra un simultaneidad de debilidad tanto económica como política frente a los desafíos de la post crisis.

Andres Fontana

martes, 13 de abril de 2010

Polonia y el drama europeo

La trágica muerte del presidente de Polonia Lech Kaczynski golpeó a una Europa conmocionada por sucesivos eventos, que han dado un tinte dramático a la situación del viejo continente en las últimas semanas.

La desaparición del presidente Kaczynski en un accidente aéreo cerca de Smolensk, una de las ciudades más antiguas de Rusia al oeste de su territorio, siguió a los atentados terroristas perpetrados en los subtes de Moscú y, dos días más tarde, en Daguestán, que en total dejaron decenas de muertos.

Salvo los atentados, reivindicados por el líder guerrillero chechenio Doku Umarov, los dramas de Europa no guardan relación visible entre sí: la crisis económica griega y los agrios desacuerdos políticos en torno de su salvataje; el aplauso de los sectores más duros de la opinión pública alemana al triunfo de las propuestas conservadoras de su canciller frente a una Grecia que, bajo estas condiciones, marcha casi inexorablemente al default; los triunfos electorales –en realidad, contundentes victorias— de la ultraderecha en Hungría, Austria e Italia la semana pasada; la difícil sostenibilidad política del euro; la aguda crisis política en que se encuentra sumida España desde hace meses; la caída “en picada” de la popularidad de Sarkozy.

Este conjunto de situaciones en el escenario europeo auguran una profundización de la tendencia de estos años a una auto-marginación de Europa respecto de los asuntos internacionales y una creciente pérdida de cohesión de la otrora pujante alianza atlántica. Europa ha invitado a los Estados Unidos a dirigirse a China, India y otras potencias emergentes como sus socios principales para tratar los temas globales.

Andres Fontana

jueves, 8 de abril de 2010

La reelección de Insulza

La reciente reelección de José Miguel Insulza como secretario general de la OEA refleja en parte el clima de las relaciones hemisféricas. El destacado político chileno contó, desde un principio, con el apoyo de países como Paraguay, Chile y Argentina. Pero fue resistido por los Estados Unidos, Bolivia se abstuvo, Perú sólo se interesó a último momento y Venezuela aprovechó una vez más para cuestionar la relevancia del organismo regional “sin la presencia de Cuba.”

Estados Unidos, en cambio, le ha reclamado a Insulza una postura más firme ante Cuba y una mayor eficacia en la resolución del conflicto entre Colombia y Venezuela. También ha disentido con el Secretario General, antes y ahora, en la política a seguir frente a la crisis política de Honduras.

El resto de los países de la región ha cuestionado mucho menos al Secretario General de la OEA, pero ha encontrado difícil, a lo largo del último año, lograr plenas coincidencias con respecto a estos temas. Casi todos están de acuerdo con la reincorporación de Cuba a la OEA pero no en lo que hace a la situación interna de ese país en materia de derechos humanos. Las posturas ante Honduras han perdido unanimidad y, podríamos decir, interés de fondo.

El consenso incluye un clima favorable a la reforma del organismo y de la carta democrática, debido a la creciente preocupación por la solidez y estabilidad de las instituciones democráticas en la región. La OEA ha tenido un papel importante en ese terreno. Pero, aun así, su relevancia ha disminuido como se refleja en la escasa atención recibida por la reelección del secretario general del organismo, incluida la ausencia de otro aspirante que disputara su aspiraciones.

Andres Fontana

martes, 6 de abril de 2010

Nuevos Acuerdos Nucleares

Los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Barack Obama y Dmitri Medvédev, han acordado firmar un nuevo tratado en materia de reducción de arsenales nucleares que reemplazará al START de 1991 y al START II –firmado en 1993 pero nunca puesto en vigencia. El acuerdo obliga a las partes a reducir el número de cabezas nucleares por debajo de 1.675, mientras cada potencia tiene actualmente cerca de 2.200.

Desde el punto de vista militar –y del sentido común– cuesta entender la diferencia para la seguridad global. La historia diplomática nos dice que el beneficio reside en que estas cosas sirven para otras, representan un ánimo de cooperación y un entendimiento estratégico del más alto nivel. Ningún otro gesto podría tener tal valor simbólico, aunque la capacidad destructiva de cada potencia haya quedado intacta.

Tal fue la lógica de los acuerdos nucleares firmados por Brasil y Argentina en 1991, sobre la base de los protocolos firmados por los presidentes Sarney y Alfonsín en los años ochenta. A la inversa de Rusia y Estados Unidos, ni la Argentina ni Brasil tenían armas nucleares. Materialmente no había amenazas. Pero el alto valor simbólico de los acuerdos permitió a ambos países avanzar rápidamente en otras áreas de cooperación y constituir un ámbito de integración económica, creciente inter-relación militar y ausencia de conflictos y amenazas tradicionales –lo que técnicamente se llama una “zona de paz y cooperación.” Tal es el valor accesorio de los acuerdos nucleares…

Andres Fontana

lunes, 22 de marzo de 2010

Política exterior y política local

Es habitual que los especialistas sostengan que “toda” la política exterior de los Estados Unidos es política local (“política doméstica” en la jerga de los especialistas). No se espera que esto sea totalmente cierto ni se trata de una simple metáfora. Se exagera para destacar un rasgo predominante de la política exterior norteamericana, atribuible en mayor o menor medida a todos los Estados en el campo internacional.

Pasada la campaña, el interés de Obama en América Latina se reveló como, esencialmente, interés en el voto latino –decisivo para su triunfo. El interés de Gordon Brown en Malvinas tiene que ver con inversiones petrolíferas y el poderoso lobby que los isleños instalaron hace años en Londres. El acento en su perfil internacional que el presiente Lula ha puesto en estos días –un inesperado (y poco promisorio) rol en la política de Medio Oriente, una sorpresiva candidatura a Secretario General de la ONU- ocurre en plena campaña por la sucesión presidencial.

En el caso de Israel no es posible trazar una línea clara entre política doméstica y política exterior. Desde su inicio, Israel siente comprometida su existencia y diseña su organización interna en función de esa amenaza. Un aspecto paradigmático de esa fusión es el lugar que ocupa en el Estado israelí la protección individual del soldado –sobre todo en caso de ser tomado prisionero- dado que esto compromete el tejido social que garantiza el compromiso de la ciudadanía con la particular forma de relación de Israel con el contexto inmediato y el internacional en sentido amplio.

Andres Fontana

martes, 2 de marzo de 2010

Desilusiones

El año que se inicio no anticipa grandes crisis en el escenario internacional. El gran cataclismo ya ocurrió en la segunda mitad de 2008 y sus efectos todavía no han concluido.

Hay impactos específicos, como el desempleo en la mayor parte del mundo, e impactos sistémicos, como el ascenso de China en su rol de potencia global y la consolidación de Brasil, Rusia y la India como miembros del exclusivo club que define los destinos del mundo. Vemos con creciente claridad la declinación de los Estados Unidos como potencia global y a la vez su continuidad como potencia hegemónica militar.

Mientras estos reacomodamientos son esperables, sus connotaciones laterales causan profundas desilusiones. Obama, por supuesto, es el caso más destacado: aceptó el Premio Nobel cuando sus logros por la paz mundial son momento limitados y los desafíos que cuantiosos, como evidencian los fallidos intentos de cambiar la política estadounidense en Afganistán e Irak y los magros logros en materia nuclear, sobre todo rente a Irán.

Obama desilusionó a la opinión pública mundial en la cumbre de Copenhague y los titulares de los meses siguientes han profundizado esa imagen: Obama debió aprender de los Kennedy, Obama se aleja de América Latina, Obama desaira a Europa, Crece el enojo de los hispanos con Obama.

Por su parte, China, Europa y Rusia no ocupan un espacio de liderazgo en la agenda global ni en sus respectivas regiones: violaciones a los derechos humanos y restricción de las libertades, opresión a los países vecinos, discriminación y agresión a los inmigrantes. Nada indica que estas tendencias vayan a revertirse a lo largo del año que se inicia.

Andres Fontana

lunes, 4 de enero de 2010

Cambios en el Sistema Internacional

El 2009 comenzó en un clima de expectativas y temor. Con la elección de Barack Obama como presidente y una crisis de alcances inéditos desde los años ’30, Estados Unidos daba a la comunidad internacional motivos de angustia y esperanza, simultáneamente. La crisis fue menos severa y extendida en el tiempo que lo temido. Y Obama mostró ser menos hábil y eficaz que lo esperado.

Cambió el clima sombrío y desmesurado que había generado George W. Bush. Pero sus logros en temas decisivos como Irak, Afganistán, la situación palestina, el cambio climático y la ausencia de Europa en la política internacional fueron magros o nulos. Aceptó un Premio Nobel por razones difíciles de entender –tanto las de quienes lo ofrecieron, como las de quien lo aceptó– y, por primera vez en muchas décadas, llevó las relaciones con nuestra región a un campo inesperadamente crítico y a ser motivo de su primer traspié en política exterior.

El sistema internacional evolucionó hacia un mayor equilibrio y menores tensiones. Los principales actores lograron varios entendimientos recíprocos y abrieron espacios en reconocimiento de nuevos protagonistas, como Brasil, la India y Sudáfrica. El estilo Obama tuvo mucho que ver en esto y ése fue un mérito importante del nuevo presidente, claramente inclinado a la innovación y la horizontalidad democrática.

En ese marco, Brasil se incorporó como miembro pleno al reordenamiento del sistema internacional. Estados Unidos recuperó algo de imagen y, al mismo tiempo, cedió espacios. China se estableció indiscutidamente como segunda potencia global, con un calendario razonable para ocupar el primer puesto en el concierto de los próximos quince o veinte años. Rusia reafirmó su carácter de actor desafiante y ajeno a las pautas establecidas que se contrapongan a sus intereses. Una y otra vez, Occidente se encontró en situaciones de desconcierto ante la menos predecible de las potencias globales, hoy aliado, mañana potencial enemigo y habitualmente transgresor de las reglas escritas o tácitas del orden internacional.

El G-20 desplazó el protagonismo del G-8, diluido en su perfil con nuevas incorporaciones y una agenda poscrisis que lo asemejan al anterior y ponen en duda, una vez más, el sistema internacional heredado de la posguerra.

La desafiante conflictividad de Irán y de Corea del Norte, la situación en la indomable frontera afgano-paquistaní, la expansión silenciosa de la popularidad del terrorismo en diversas comunidades del mundo islámico –ya plenamente incorporado a la geografía de Europa occidental–, el nuevo protagonismo de la piratería y la incapacidad de la Unión Europea para incorporarse como actor efectivo a la política internacional señalan los límites de eficacia del actual ordenamiento mundial.

Más aún, la profundización de la brecha entre países pobres y ricos y la continuidad de violaciones masivas a los derechos humanos en diversos puntos del planeta, junto con el tratamiento que tuvo la cuestión ambiental en la cumbre de Copenhague, evidencian la ineptitud de un sistema basado esencialmente en la soberanía estatal frente a los temas inevitablemente globales que definen la agenda internacional de estos años.

Andres Fontana