martes, 2 de marzo de 2010

Desilusiones

El año que se inicio no anticipa grandes crisis en el escenario internacional. El gran cataclismo ya ocurrió en la segunda mitad de 2008 y sus efectos todavía no han concluido.

Hay impactos específicos, como el desempleo en la mayor parte del mundo, e impactos sistémicos, como el ascenso de China en su rol de potencia global y la consolidación de Brasil, Rusia y la India como miembros del exclusivo club que define los destinos del mundo. Vemos con creciente claridad la declinación de los Estados Unidos como potencia global y a la vez su continuidad como potencia hegemónica militar.

Mientras estos reacomodamientos son esperables, sus connotaciones laterales causan profundas desilusiones. Obama, por supuesto, es el caso más destacado: aceptó el Premio Nobel cuando sus logros por la paz mundial son momento limitados y los desafíos que cuantiosos, como evidencian los fallidos intentos de cambiar la política estadounidense en Afganistán e Irak y los magros logros en materia nuclear, sobre todo rente a Irán.

Obama desilusionó a la opinión pública mundial en la cumbre de Copenhague y los titulares de los meses siguientes han profundizado esa imagen: Obama debió aprender de los Kennedy, Obama se aleja de América Latina, Obama desaira a Europa, Crece el enojo de los hispanos con Obama.

Por su parte, China, Europa y Rusia no ocupan un espacio de liderazgo en la agenda global ni en sus respectivas regiones: violaciones a los derechos humanos y restricción de las libertades, opresión a los países vecinos, discriminación y agresión a los inmigrantes. Nada indica que estas tendencias vayan a revertirse a lo largo del año que se inicia.

Andres Fontana