La trágica muerte del presidente de Polonia Lech Kaczynski golpeó a una Europa conmocionada por sucesivos eventos, que han dado un tinte dramático a la situación del viejo continente en las últimas semanas.
La desaparición del presidente Kaczynski en un accidente aéreo cerca de Smolensk, una de las ciudades más antiguas de Rusia al oeste de su territorio, siguió a los atentados terroristas perpetrados en los subtes de Moscú y, dos días más tarde, en Daguestán, que en total dejaron decenas de muertos.
Salvo los atentados, reivindicados por el líder guerrillero chechenio Doku Umarov, los dramas de Europa no guardan relación visible entre sí: la crisis económica griega y los agrios desacuerdos políticos en torno de su salvataje; el aplauso de los sectores más duros de la opinión pública alemana al triunfo de las propuestas conservadoras de su canciller frente a una Grecia que, bajo estas condiciones, marcha casi inexorablemente al default; los triunfos electorales –en realidad, contundentes victorias— de la ultraderecha en Hungría, Austria e Italia la semana pasada; la difícil sostenibilidad política del euro; la aguda crisis política en que se encuentra sumida España desde hace meses; la caída “en picada” de la popularidad de Sarkozy.
Este conjunto de situaciones en el escenario europeo auguran una profundización de la tendencia de estos años a una auto-marginación de Europa respecto de los asuntos internacionales y una creciente pérdida de cohesión de la otrora pujante alianza atlántica. Europa ha invitado a los Estados Unidos a dirigirse a China, India y otras potencias emergentes como sus socios principales para tratar los temas globales.
Andres Fontana
martes, 13 de abril de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
La reelección de Insulza
La reciente reelección de José Miguel Insulza como secretario general de la OEA refleja en parte el clima de las relaciones hemisféricas. El destacado político chileno contó, desde un principio, con el apoyo de países como Paraguay, Chile y Argentina. Pero fue resistido por los Estados Unidos, Bolivia se abstuvo, Perú sólo se interesó a último momento y Venezuela aprovechó una vez más para cuestionar la relevancia del organismo regional “sin la presencia de Cuba.”
Estados Unidos, en cambio, le ha reclamado a Insulza una postura más firme ante Cuba y una mayor eficacia en la resolución del conflicto entre Colombia y Venezuela. También ha disentido con el Secretario General, antes y ahora, en la política a seguir frente a la crisis política de Honduras.
El resto de los países de la región ha cuestionado mucho menos al Secretario General de la OEA, pero ha encontrado difícil, a lo largo del último año, lograr plenas coincidencias con respecto a estos temas. Casi todos están de acuerdo con la reincorporación de Cuba a la OEA pero no en lo que hace a la situación interna de ese país en materia de derechos humanos. Las posturas ante Honduras han perdido unanimidad y, podríamos decir, interés de fondo.
El consenso incluye un clima favorable a la reforma del organismo y de la carta democrática, debido a la creciente preocupación por la solidez y estabilidad de las instituciones democráticas en la región. La OEA ha tenido un papel importante en ese terreno. Pero, aun así, su relevancia ha disminuido como se refleja en la escasa atención recibida por la reelección del secretario general del organismo, incluida la ausencia de otro aspirante que disputara su aspiraciones.
Andres Fontana
Estados Unidos, en cambio, le ha reclamado a Insulza una postura más firme ante Cuba y una mayor eficacia en la resolución del conflicto entre Colombia y Venezuela. También ha disentido con el Secretario General, antes y ahora, en la política a seguir frente a la crisis política de Honduras.
El resto de los países de la región ha cuestionado mucho menos al Secretario General de la OEA, pero ha encontrado difícil, a lo largo del último año, lograr plenas coincidencias con respecto a estos temas. Casi todos están de acuerdo con la reincorporación de Cuba a la OEA pero no en lo que hace a la situación interna de ese país en materia de derechos humanos. Las posturas ante Honduras han perdido unanimidad y, podríamos decir, interés de fondo.
El consenso incluye un clima favorable a la reforma del organismo y de la carta democrática, debido a la creciente preocupación por la solidez y estabilidad de las instituciones democráticas en la región. La OEA ha tenido un papel importante en ese terreno. Pero, aun así, su relevancia ha disminuido como se refleja en la escasa atención recibida por la reelección del secretario general del organismo, incluida la ausencia de otro aspirante que disputara su aspiraciones.
Andres Fontana
martes, 6 de abril de 2010
Nuevos Acuerdos Nucleares
Los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Barack Obama y Dmitri Medvédev, han acordado firmar un nuevo tratado en materia de reducción de arsenales nucleares que reemplazará al START de 1991 y al START II –firmado en 1993 pero nunca puesto en vigencia. El acuerdo obliga a las partes a reducir el número de cabezas nucleares por debajo de 1.675, mientras cada potencia tiene actualmente cerca de 2.200.
Desde el punto de vista militar –y del sentido común– cuesta entender la diferencia para la seguridad global. La historia diplomática nos dice que el beneficio reside en que estas cosas sirven para otras, representan un ánimo de cooperación y un entendimiento estratégico del más alto nivel. Ningún otro gesto podría tener tal valor simbólico, aunque la capacidad destructiva de cada potencia haya quedado intacta.
Tal fue la lógica de los acuerdos nucleares firmados por Brasil y Argentina en 1991, sobre la base de los protocolos firmados por los presidentes Sarney y Alfonsín en los años ochenta. A la inversa de Rusia y Estados Unidos, ni la Argentina ni Brasil tenían armas nucleares. Materialmente no había amenazas. Pero el alto valor simbólico de los acuerdos permitió a ambos países avanzar rápidamente en otras áreas de cooperación y constituir un ámbito de integración económica, creciente inter-relación militar y ausencia de conflictos y amenazas tradicionales –lo que técnicamente se llama una “zona de paz y cooperación.” Tal es el valor accesorio de los acuerdos nucleares…
Andres Fontana
Desde el punto de vista militar –y del sentido común– cuesta entender la diferencia para la seguridad global. La historia diplomática nos dice que el beneficio reside en que estas cosas sirven para otras, representan un ánimo de cooperación y un entendimiento estratégico del más alto nivel. Ningún otro gesto podría tener tal valor simbólico, aunque la capacidad destructiva de cada potencia haya quedado intacta.
Tal fue la lógica de los acuerdos nucleares firmados por Brasil y Argentina en 1991, sobre la base de los protocolos firmados por los presidentes Sarney y Alfonsín en los años ochenta. A la inversa de Rusia y Estados Unidos, ni la Argentina ni Brasil tenían armas nucleares. Materialmente no había amenazas. Pero el alto valor simbólico de los acuerdos permitió a ambos países avanzar rápidamente en otras áreas de cooperación y constituir un ámbito de integración económica, creciente inter-relación militar y ausencia de conflictos y amenazas tradicionales –lo que técnicamente se llama una “zona de paz y cooperación.” Tal es el valor accesorio de los acuerdos nucleares…
Andres Fontana
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