Zapatero decidió dar un paso atrás y alejarse del abismo. Vio demasiado cerca esa crisis con gente en la calle, inflación desenfrenada y otros males ya conocidos en otros lugares. El peligro del “abismo” fue anunciado primero por las consultoras, luego por el comportamiento de los mercados y ahora por el discurso de los líderes occidentales, el presidente Obama en un lugar gravitante.
Portugal deberá hacer lo mismo pronto. Aceptar el ajuste como inevitable, casi impuesto por la realidad. Grecia ya lo hizo. Merkel perdió las últimas elecciones por no actuar con la suficiente ejecutividad para salir al rescate de las economías del Euro. Todo esto es muy duro para la mayor parte de la población allí donde se aplica. Mirado globalmente, es otro paso del reacomodamiento del sistema internacional iniciado tras la crisis Wall Street a fines de 2008.
Es otro paso del proceso que coloca a China, Brasil y otros poderes “emergentes” en un lugar prominente del sistema internacional. Son los acreedores o los que menos deben en un mundo de sociedades opulentas muy endeudadas, sociedad con alta productividad pero niveles de consumo y gasto militar muy por encima de su efectiva generación de riqueza. En Estados Unidos esto ha sido acompañado, la mayor parte del tiempo, por oportunidades de progreso y movilidad social ascendente. En Europa ha habido inmovilidad por décadas, crecientes dificultades para insertarse en el mercado laboral y enormes dificultades para avanzar en base a la iniciativa y el esfuerzo individual.
El mito de la integración niveladora hacia arriba, con buenas instituciones y una moneda común no se ha desvanecido, pero ha mostrado que necesita mayor vitalidad en sociedades que tienden a la inmovilidad y el asilamiento.
Andres Fontana
viernes, 14 de mayo de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
Abismo
La metáfora del abismo ha sido muy usada, en estas semanas, para advertir a los jefes de gobierno de algunos países de Europa del riesgo inminente de “caer” en una situación semejante a la crisis económica de Grecia. La recomendación es la de siempre: ajuste fiscal, medidas de austeridad, encarecimiento de crédito.
Todo es a corto plazo e incluyen decisiones que, de un modo u otro, generan desempleo, caída del nivel de activad y reducción de los ingresos. La reacción social es previsible y el descrédito inevitable, pero las consecuencias de no seguir esas recomendaciones también son, aparentemente, inevitables.
El dilema es conocido por los países de nuestra región. Sus decisiones políticas, tanto el salvataje por parte de otros países -que no siempre llega a tiempo- como los ajustes, que tampoco permiten evitar la crisis.
Pero, detrás de este tipo de crisis, el problema de fondo radica en el nivel de productividad, la falta de condiciones de competitividad externa de algunas economías y su simultánea inserción en circuitos en los que interactúan con economías con niveles de competitividad muy superiores.
Esos también son abismos que la terminología llama “brechas tecnológicas” o “brechas de productividad”, y esas diferencias no se pueden reducir con medidas coyunturales. Solo la inversión en educación y tecnología a lo largo del tiempo, en forma sistemática, y la mejora de las instituciones educativas a lo largo del tiempo pueden operar con eficacia en esa dirección.
Andres Fontana
Todo es a corto plazo e incluyen decisiones que, de un modo u otro, generan desempleo, caída del nivel de activad y reducción de los ingresos. La reacción social es previsible y el descrédito inevitable, pero las consecuencias de no seguir esas recomendaciones también son, aparentemente, inevitables.
El dilema es conocido por los países de nuestra región. Sus decisiones políticas, tanto el salvataje por parte de otros países -que no siempre llega a tiempo- como los ajustes, que tampoco permiten evitar la crisis.
Pero, detrás de este tipo de crisis, el problema de fondo radica en el nivel de productividad, la falta de condiciones de competitividad externa de algunas economías y su simultánea inserción en circuitos en los que interactúan con economías con niveles de competitividad muy superiores.
Esos también son abismos que la terminología llama “brechas tecnológicas” o “brechas de productividad”, y esas diferencias no se pueden reducir con medidas coyunturales. Solo la inversión en educación y tecnología a lo largo del tiempo, en forma sistemática, y la mejora de las instituciones educativas a lo largo del tiempo pueden operar con eficacia en esa dirección.
Andres Fontana
lunes, 3 de mayo de 2010
Interdependencia
Cuando en 1977 Keohane y Nye escribieron el ahora clásico “Poder e Interdependencia”, tenían en mente una Europa estrechamente vinculada, por cultura, inversiones, comercio, viajes frecuentes, intereses estratégicos y otros lazos fundamentales, con los Estados Unidos. Los propios países de Europa (Occidental) avanzaban hacia una creciente integración regional y nutrían los vínculos internos de la OTAN, generados en el marco de una guerra extremadamente cruenta y una delicadísima situación estratégica.
Treinta años después, debilitada la alianza, consolidada la integración y frente a los desafíos que implica encontrar el camino de una política exterior común, Europa no logra recomponerse luego de los embates de una fenomenal crisis económica que muchos pensaban superada. Los traspiés de Gordon Brown, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi y el gobierno belga, estas últimas semanas no resultan directamente de la crisis económica pero reflejan el nivel de tensiones que vive el viejo continente.
Al mismo tiempo, Grecia, España y Portugal se hunden en depresión económica, problemas financieros inmanejables y niveles de desempleo en algunos casos desesperantes –como el de las mujeres españolas, que virtualmente han dejado de buscar empleo. Keohane y Nye trataron de mostrar, en contra de escuelas tradicionales, el poder de la política no subordinado mecánicamente a la economía. El escenario de la Europa actual, alejada de los Estados Unidos, indiferente a las grandes disputas por el poder militar y poco comprometida con los asuntos globales, muestra un simultaneidad de debilidad tanto económica como política frente a los desafíos de la post crisis.
Andres Fontana
Treinta años después, debilitada la alianza, consolidada la integración y frente a los desafíos que implica encontrar el camino de una política exterior común, Europa no logra recomponerse luego de los embates de una fenomenal crisis económica que muchos pensaban superada. Los traspiés de Gordon Brown, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi y el gobierno belga, estas últimas semanas no resultan directamente de la crisis económica pero reflejan el nivel de tensiones que vive el viejo continente.
Al mismo tiempo, Grecia, España y Portugal se hunden en depresión económica, problemas financieros inmanejables y niveles de desempleo en algunos casos desesperantes –como el de las mujeres españolas, que virtualmente han dejado de buscar empleo. Keohane y Nye trataron de mostrar, en contra de escuelas tradicionales, el poder de la política no subordinado mecánicamente a la economía. El escenario de la Europa actual, alejada de los Estados Unidos, indiferente a las grandes disputas por el poder militar y poco comprometida con los asuntos globales, muestra un simultaneidad de debilidad tanto económica como política frente a los desafíos de la post crisis.
Andres Fontana
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