Con el relevo del general Stanley McChrystal, el presidente Obama reafirmó su autoridad y fortaleció la supremacía civil las fuerzas armadas. El “control civil,” como se denomina este principio en la ciencia política, es uno de los fundamentos del sistema democrático moderno y, a la vez, uno de los pilares de la tradición política de los Estados Unidos.
El concepto implica no sólo el respeto de la autoridad civil sino una serie de mecanismos –por ejemplo, en materia de control presupuestario o aprobación de los ascensos en el nivel más alto de la jerarquía militar– en los que participa el Poder Legislativo y una estructura en el Ministerio de Defensa compuesta equilibradamente por especialistas civiles, funcionarios políticos y militares en actividad y retirados.
El general McChrystal no cuestionó la estrategia militar del presidente Obama sino, principalmente al vicepresidente y a un prestigioso enviado especial, de origen académico-diplomático. La enérgica respuesta del presidente Obama no tiene implicancias con respecto al rumbo de la guerra en Afganistán que, por el contrario, fue reafirmado enfáticamente. Sin embargo, a nadie escapan las crecientes dudas –de la opinión pública y de observadores especializados— acerca de la posibilidad de éxito de esa estrategia.
El general David Petraeus, jefe del comando con jurisdicción sobre el área y leyenda por sus éxitos en Irak en 2007-2008, que sucederá a McChrystal no tendrá posibilidades de trasladar el esquema que aplicó en Irak, apelando al apoyo de una población local eminentemente urbana y con altos componentes de clase media. La realidad montañosa impenetrable y carente de clase media de Afganistán ofrecen un escenario muy distinto del de Irak, que Petraeus sin duda conoce muy bien.
Andres Fontana