jueves, 22 de julio de 2010

Obama en el desierto

Sólo el 40 % de la población cree hoy en la capacidad del presidente Obama para manejar la economía. Sus principales críticos se encuentran entre los sectores conservadores, pero esto ya se sabía. La pregunta abierta era cómo reaccionaría la ciudadanía, una opinión pública bastante informada y exigente, sobre todo en lo que hace a los asuntos locales.

En su campaña presidencial, Obama generó una amplia red social con la expectativa de un presidente que mire más a la ciudadanía y menos a Washington. Obama no ignoró ese mandato, pero sus resultados han sido magros. Instrumentó una reforma del sistema de salud y, más recientemente, una reforma financiera de inmensa importancia. Pero no logró dinamizar la economía, disminuir el desempleo ni mejorar la situación de las minorías y los sectores más rezagados.

No pudo avanzar en la reforma migratoria, ni mejorar la relación con México, ni evitar que Arizona imponga una ley que criminaliza la inmigración ilegal. En el plano internacional, cambió el humor de los asuntos globales y mejoró la imagen de los Estados Unidos. Pero no tuvo éxito en los difíciles frentes de Irak, Afganistán, Irán e Israel.

Las encuestas de estos días, los avances de figuras y símbolos republicanos –como el movimiento conservador llamado Tea Party– y las bajas expectativas ante las elecciones legislativas de noviembre, reflejan el desencanto del ciudadano medio y de sectores políticos y sociales que tuvieron tal vez desmedidas expectativas acerca del presidente electo un año y medio atrás.

Andres Fontana





jueves, 8 de julio de 2010

Brasil nuclear

Las negociaciones para la firma de un nuevo protocolo adicional al Tratando de No Proliferación Nuclear de 1968 (TNP) no han dado mayores resultados que la Cumbre de Copenhague sobre cambio climático. Las potencias emergentes y los países menos integrados al sistema internacional se niegan a seguir los estándares que, con mejores modales que el presidente Bush pero defendiendo los mismos intereses e intentando consolidar las mismas asimetrías entre los miembros de la comunidad internacional, han intentado imponer el presidente Obama y sus aliados.

Brasil mantiene un postura en materia nuclear que no es muy diferente a la de Irán, si bien produce reacciones muy distantes de las que hoy genera ese país. Brasil se niega a firmar el protocolo adicional, que otorga mayores capacidades de control (intrusivo) al Organismo Internacional de Energía Atómica -OIEA, órgano de las Naciones Unidas encargado de verificar el cumplimiento de las pautas que establecen el TNP y sus sucesivos protocolos en materia de uso de la energía nuclear para fines exclusivamente pacíficos.

La independencia que reivindica Brasil –quien argumenta que la prohibición del uso de la energía nuclear ya la establece su Constitución y que además tiene un sistema de control recíproco con la Argentina, la ABACC, en el que participa el OIEA- no produce hoy la misma reacción internacional que Irán, porque Brasil es un país no amenazante, con altísimo prestigio y con una economía que ya lo ha establecido en el club de las potencias globales donde se definen los destinos del sistema internacional.

Andres Fontana

jueves, 1 de julio de 2010

Violencia en México

La violencia que azota a México desde hace años, originada en el mundo del crimen y el tráfico de drogas, pero tradicionalmente ligada al mundo de la política y el poder económico, se ha proyectado brutalmente sobre el escenario preelectoral con el reciente asesinato de Rodolfo Torre Cantú, candidato a gobernador por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para el Estado de Tamaulipas, y el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, uno de los líderes políticos más poderosos del país.

El espiral de violencia que se ha producido en Méjico a partir de varios años atrás, a medida que la presión política y militar sobre las FARC ha obligado a los principales carteles del narcotráfico a emigrar hacia ámbitos más propicios, afecta hoy sustancialmente la economía mejicana, entre otros motivos, por su devastador impacto sobre el turismo y, en alguna medida, por su impacto negativo sobre decisiones de inversión productiva y radicación de empresas globales.

La zona fronteriza con los Estados Unidos tiende hoy a militarizarse por una inconcebible combinación de la política migratoria del principal vecino y socio comercial de México, la realidad social de la zona y la creciente apropiación de ese territorio por el narcotráfico, ciudad por ciudad, calle por calle, en casi todas las localidades fronterizas a ambos lados de la frontera.
Parte del problema de la violencia es que a cada política y a cada medida del Estado Mejicano en contra de los carteles de la droga, éstos responden con mayor vehemencia, tanto en sus ataques contra figuras políticas del más alto nivel como contra figuras anónimas del mundo del crimen ligadas a la política o las fuerzas de seguridad mejicanas.

Andres Fontana