jueves, 8 de julio de 2010

Brasil nuclear

Las negociaciones para la firma de un nuevo protocolo adicional al Tratando de No Proliferación Nuclear de 1968 (TNP) no han dado mayores resultados que la Cumbre de Copenhague sobre cambio climático. Las potencias emergentes y los países menos integrados al sistema internacional se niegan a seguir los estándares que, con mejores modales que el presidente Bush pero defendiendo los mismos intereses e intentando consolidar las mismas asimetrías entre los miembros de la comunidad internacional, han intentado imponer el presidente Obama y sus aliados.

Brasil mantiene un postura en materia nuclear que no es muy diferente a la de Irán, si bien produce reacciones muy distantes de las que hoy genera ese país. Brasil se niega a firmar el protocolo adicional, que otorga mayores capacidades de control (intrusivo) al Organismo Internacional de Energía Atómica -OIEA, órgano de las Naciones Unidas encargado de verificar el cumplimiento de las pautas que establecen el TNP y sus sucesivos protocolos en materia de uso de la energía nuclear para fines exclusivamente pacíficos.

La independencia que reivindica Brasil –quien argumenta que la prohibición del uso de la energía nuclear ya la establece su Constitución y que además tiene un sistema de control recíproco con la Argentina, la ABACC, en el que participa el OIEA- no produce hoy la misma reacción internacional que Irán, porque Brasil es un país no amenazante, con altísimo prestigio y con una economía que ya lo ha establecido en el club de las potencias globales donde se definen los destinos del sistema internacional.

Andres Fontana