Hace pocos días, el historiador estadounidense Gabriel Jackson escribió una nota sobre “EE UU en 1984 y en 2010.” Motivó esa nota su asombro ante los cambios sociales producidos en su país, al que regresó luego de pasar largos períodos en Barcelona.
Sus motivos de asombro son, en principio, cambios en las conductas cotidianas por una inagotable presencia de las tecnologías y algunos aspectos del extremado celo por la seguridad, particularmente en los aeropuertos. Nada nuevo. Pero la observación más aguda de Jackson se refiere al reemplazo del optimismo y la confianza, que hasta hace unos años parecían inacabables en la sociedad norteamericana, por una predominantemente apreciación negativa del futuro.
Sin duda, la huella de los atentados terroristas ha sido profunda. El desempleo resultante de la crisis iniciada en 2008 es aún muy alto. Y las sospechas de que la recuperación económica aún no está garantizada crecen día a día. A estas fuentes de incertidumbre cabe agregar el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos no encuentra una fórmula adecuada para redefinir su política en Irak y Afganistán. Todo indica que las buenas intenciones del presidente Obama no bastan para que las tropas norteamericanas puedan retirarse de ambos países sin que recrudezca la violencia en sus más altos niveles y tarde o temprano se restablezca regímenes autoritarios o, peor aun, fundamentalistas y que todos los esfuerzos, las pérdidas de vidas humanas y los cuantiosos recursos y capital político invertidos hayan sido totalmente en vano.
Andres Fontana
lunes, 30 de agosto de 2010
jueves, 12 de agosto de 2010
Tendencias Globales
Una rápida mirada a la primera mitad de 2010 nos muestra una agenda internacional fragmentada, sin logros ni rumbo identificable. No vamos hacia el caos, pero la capacidad del sistema internacional para avanzar en cuestiones de fondo es nula. Al fracaso de la cumbre de Copenhague en materia de Medio Ambiente, en diciembre de 2009, siguió la promesa de avances en materia nuclear en las negociaciones conducentes a la firma de un protocolo adicional al Tratado de No Proliferación en el mes de Mayo.
La cumbre en materia nuclear no sólo fracasó. En el camino, Brasil y Turquía, mediadores informales entre Irán y las potencias occidentales, se transformaron en defensores del programa nuclear de este país. Molesto por la actitud del presidente Lula, a quien había enviado una carta de respaldo por sus gestiones ante Irán, el presidente Obama suspendió su prometida visita a la región, que tendría como epicentro su encuentro con Lula en Brasilia.
La independencia y el creciente peso de las potencias emergentes en el tratamiento de los temas globales, se han transformado no en amenaza pero sí en problema. El desafío al liderazgo de los Estados Unidos y las posturas tradicionales de Occidente ya no tiene sólo a China y Rusia como principales actores. Al mismo tiempo, la relación Estados Unidos-Europa, núcleo de la Alianza que dominó la política internacional de la segunda mitad del siglo XX, está prácticamente disuelto. La primera potencia global actúa sin aliados, salvo el respaldo incondicional del Reino Unido que, a su vez, se torna crecientemente costoso para la política interna de este país y para sus relaciones con la Unión Europea.
Andres Fontana
La cumbre en materia nuclear no sólo fracasó. En el camino, Brasil y Turquía, mediadores informales entre Irán y las potencias occidentales, se transformaron en defensores del programa nuclear de este país. Molesto por la actitud del presidente Lula, a quien había enviado una carta de respaldo por sus gestiones ante Irán, el presidente Obama suspendió su prometida visita a la región, que tendría como epicentro su encuentro con Lula en Brasilia.
La independencia y el creciente peso de las potencias emergentes en el tratamiento de los temas globales, se han transformado no en amenaza pero sí en problema. El desafío al liderazgo de los Estados Unidos y las posturas tradicionales de Occidente ya no tiene sólo a China y Rusia como principales actores. Al mismo tiempo, la relación Estados Unidos-Europa, núcleo de la Alianza que dominó la política internacional de la segunda mitad del siglo XX, está prácticamente disuelto. La primera potencia global actúa sin aliados, salvo el respaldo incondicional del Reino Unido que, a su vez, se torna crecientemente costoso para la política interna de este país y para sus relaciones con la Unión Europea.
Andres Fontana
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