viernes, 24 de septiembre de 2010

Nuevo clima, pocos logros

El jueves pasado, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el presidente Barack Obama pidió a Israel una extensión de la moratoria sobre la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania que expira el próximo 29 de septiembre. Obama habló de la recuperación económica mundial, la guerra en Afganistán y el programa nuclear iraní, pero dedicó la mayor parte de su intervención al conflicto en Oriente Medio y auguró que, si se dan una serie de condiciones contrarias al reinado del terror, el año próximo será posible un acuerdo que conduzca a un Estado palestino “que viva en paz con Israel".

Obama llegó a Naciones Unidas a ofrecer su segundo discurso como presidente norteamericano en el peor momento de su mandato. Muchos de quienes lo apoyaron hace un año y medio, en el inicio de su mandado, o dos años, cuando aún era candidato, hoy se sienten defraudados. Hay que reconocer que no tuvo suerte, al tener que enfrentar simultáneamente desafíos tan grandes como la crisis económica, el consecuente desempleo, la ocupación de Irak y la guerra en Afganistán. Pero ahora es tarde para decir que recibió una “pesada herencia.”

Obama debe mostrar resultados, sobre todo en su política interna. Pero el campo internacional le ofrece también una oportunidad para recuperar su liderazgo. Se trata de un mundo que aún no ha definido su nueva estructura de poder, tras el debilitamiento de los Estados Unidos, la ruptura de la Alianza Atlántica y el surgimiento de nuevos actores que participan en la mesa chica del poder internacional. Ese es un campo propicio para la mentalidad de un presidente claramente diferenciado de la actitud prepotente y militarista de su antecesor.

Andres Fontana

viernes, 17 de septiembre de 2010

Y el 14 de julio?

Hace apenas dos meses, Francia conmemoró otro aniversario de la Revolución Francesa, otro 14 de julio en que millones de personas en todo el mundo recordamos la epopeya de un pueblo rebelado ante la opresión y la injusticia, inspirado por el lema “libertad, igualdad, fraternidad.”

Es cierto que al grito de libertad e igualdad siguió el terror, la guerra y un nuevo imperio. Pero la Revolución Francesa y sus ideales desataron rebeliones en otros países, abriendo la puerta al protagonismo de pueblos oprimidos. Esa posibilidad y los ideales de “libertad, igualdad, fraternidad” fue lo que quedó para la cultura occidental y para su permanente búsqueda de universalización de valores fundamentales.

La Revolución Francesa marcó uno de los hitos más importantes en el camino hacia el reconocimiento mundial de la igualdad esencial de los seres humanos y, por ende, la existencia de derechos fundamentales, inalienables, inherentes a la persona.
Para Francia, este lema no es un slogan de 220 años atrás. Es símbolo de su ser nacional, de su identidad. Fue suprimido, prohibido, desterrado del vocabulario oficial tantas veces como intentos hubo de restablecer el absolutismo y otras formas de opresión. Pero volvió a reimplantarse igual número de veces y hoy ocupa un lugar fundamental en la cultura y el ideario nacional de Francia.

Es difícil imaginar que las políticas represivas de Nicolas Sarkozy, iniciadas justamente a mediados de julio pasado, reflejen el sentir o la opinión mayoritaria de los franceses. Los analistas de todo el mundo las atribuyen más bien al arrinconamiento político que Sarkozy viene sufriendo desde hace tiempo, crisis tras crisis, con su popularidad en picada y sus reflejos políticos en franco deterioro.

Andrés Fontana

lunes, 13 de septiembre de 2010

Lo que faltaba: Fundamentalismo antiislámico

La cercanía de un nuevo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre reaviva siempre posturas ideológicas, debates incongruentes y, naturalmente, la congoja de quienes perdieron a sus seres queridos. Los atentados de esa fecha conmovieron al mundo y cambiaron el rumbo de las relaciones internacionales.

Hasta hoy seguimos pagando decisiones extremadamente erróneas del presidente Bush –en algunos casos basadas en la falsificación de información esencial. La invasión a Irak fue injustificada y claramente equivocada desde el punto de vista político y estratégico. La guerra en Afganistán careció de futuro desde un principio. Ambas fortalecieron y ofrecieron oportunidades de liderazgo a organizaciones terroristas y a países considerados peligrosos por los propios Estados Unidos. Debilitaron además a la otrora vigorosa Alianza Occidental.

Las víctimas de los atentados del 11 de septiembre fueron seguidas por otros miles y miles de víctimas, y cuesta entender el para qué en todos los casos. Curiosa y sorprendentemente, a esta serie de acciones incomprensibles, se suma ahora un pastor anti-islámico, líder de una comunidad cristiana integrista del estado de Florida, quien planea quemar masivamente copias del Corán en el noveno aniversario de los ataques terroristas.

Naturalmente, el pastor Terry Jones ha recibido críticas del gobierno de los EEUU, del Papa y de líderes religiosos de todos los credos. Pero cabe preguntarnos si esta inesperada "histeria antimusulmana," es un hecho aislado, producto de una mente fanática, o es una pieza más en los engranajes de intolerancia religiosa y racial que vienen desarrollándose en los países más avanzados del sistema internacional.

Andres Fontana

lunes, 6 de septiembre de 2010

La Larga Estela

Pocas veces encontramos a alguien que muestra las enormes potencialidades de lo que está a la vista y sin embargo cuesta ver. Afortunadamente, esto ocurre cada tanto. Tal es el caso de Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor de la teoría de “la larga cola” o “la larga estela”. Esencialmente, la teoría –basada en fenómenos comerciales como Amazon.com y otros similares- se refiere a un desplazamiento del foco en pocos productos muy exitosos (por ejemplo, el 20 % de los artículos de un cierto rubro genera el 85 % de las ventas) hacia la creciente importancia del grupo de productos menos exitosos que ahora tienen un mercado prácticamente infinito gracias a Internet.

Anderson extendió su teoría a las características de la enseñanza, el esparcimiento, y otros campos. Parte de la explicación de estos fenómenos se debe al reemplazo de lo objetos materiales por su versión digital –lo cual abarata los costos, permite un almacenamiento no limitado por las dimensiones físicas y pone los objetos y la información al alcance de miles de millones de personas.

Anderson observa que estos fenómenos no van siempre en la misma dirección, sino que generan movimientos múltiples. Por ejemplo, menciona que algunas universidades muy volcadas al uso de las tecnologías han sacado las computadoras de las aulas e incluso construido sistemas de paredes y vidriado que impiden la entrada de señales de comunicación inalámbrica. La tecnología sigue siendo muy importante para la enseñanza y el aprendizaje, pero no en el aula. Asimismo, señala, es habitual que quienes optan por una formación autónoma a través de Internet, luego busquen la educación formal, que les provee los fundamentos de lo que ya saben.

Andres Fontana