Los rasgos del escenario internacional en este año que concluye definen en buena medida la agenda y las principales tendencias para el 2012.
El repliegue de los EEUU de Irak, Libia y (parcialmente) Afganistán, simbolizan una nueva política exterior más prescindente. En nuestra región ya hace tiempo que los EEUU ha dejado de tener política y delegado en Brasil las principales responsabilidades.
La Unión Europea, siempre “a punto de lanzar su política exterior y de defensa común” va a profundizar su distancia respecto de los asuntos internacionales. Los efectos de la crisis sobre la política europea aún no han madurado plenamente. Todos los esfuerzos van a estar centrados en mantener a Europa unida y su escasa relevancia en la política internacional probablemente se profundice.
Las nuevas democracias del mundo árabe miran principalmente a Turquía y los partidos islámicos vencedores en las elecciones, insinúan seguir el modelo equilibrado y prudente de este líder emergente regional.
Probablemente los movimientos de “indignados” van a seguir creciendo al igual que la preocupante tendencia a un aumento de las actitudes discriminatorias y xenófobas en diversos países occidentales, habitualmente llamados “democracias avanzadas”.
Mientras se abren estos espacios de poder para liderazgos regionales y globales, China mantiene un prudente silencio. Cuál será la política de este país ante los asuntos globales y regionales es una de las principales incógnitas de la política internacional del próximo año.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
Culpas y Optimismo
¿Podría haberse evitado la crisis económica que hoy afecta a los Estados Unidos? ¿Quiénes son los principales responsables de la crisis: los gobiernos, las grandes firmas del sector financiero e inmobiliario, los ciudadanos que se endeudaron más allá de sus posibilidades? Por último, ¿cuánto afectará la crisis europea la economía americana?
Estas preguntas sintetizan el debate actual en los Estados Unidos. Las respuestas de los especialistas responsabilizan principalmente a los sucesivos gobiernos, por el exceso de endeudamiento, leyes crecientemente permisivas para el sector financiero y falta de controles sobre sus principales actores. Los especialistas señalan también los excesos e irregularidades en que incurrieron las grandes firmas inmobiliarias y financieras y los principales bancos.
Pero, para la mayoría de los especialistas, es el gobierno quien carga con la culpa. Y, por supuesto, destacan también los riesgos excesivos asumidos por individuos que se endeudaron más allá de sus posibilidades.
En lo que hace a las perspectivas de la crisis, una encuesta realizada a analistas de unas veinte consultoras y centros de estudios de los Estados Unidos refelja una visión relativamente optimista del futuro de la economía norteamericana. Al menos, el 49 % afirma que hoy es más optimista que hace tres meses. El 22 % afirma que es menos optimista y el 29 % no ha variado su opinión.
Con respecto a la eventual profundización de la crisis en Europa, predomina la opinión de que esto es altamente probable (60 %) o, al menos, probable (25 %). Pero muy pocos creen que una recesión en Europa producirá una recesión en los Estados Unidos. Sólo el 7 % cree que esto es probable. El 73 % cree que una recesión en Europa producirá un impacto negativo sobre la economía norteamericana, pero no lo suficiente como para provocar una recesión local. Nuevamente, predomina una visión optimista acerca de la economía de los Estados Unidos.
En términos generales, estas apreciaciones no sugieren un escenario particularmente negativo para las posibilidades de reelección del presidente Obama el año próximo. Además, a diferencia de los expertos, la opinión pública ve como principales responsables de la crisis al sector financiero e inmobiliario antes que al gobierno del actual presidente.
Estas preguntas sintetizan el debate actual en los Estados Unidos. Las respuestas de los especialistas responsabilizan principalmente a los sucesivos gobiernos, por el exceso de endeudamiento, leyes crecientemente permisivas para el sector financiero y falta de controles sobre sus principales actores. Los especialistas señalan también los excesos e irregularidades en que incurrieron las grandes firmas inmobiliarias y financieras y los principales bancos.
Pero, para la mayoría de los especialistas, es el gobierno quien carga con la culpa. Y, por supuesto, destacan también los riesgos excesivos asumidos por individuos que se endeudaron más allá de sus posibilidades.
En lo que hace a las perspectivas de la crisis, una encuesta realizada a analistas de unas veinte consultoras y centros de estudios de los Estados Unidos refelja una visión relativamente optimista del futuro de la economía norteamericana. Al menos, el 49 % afirma que hoy es más optimista que hace tres meses. El 22 % afirma que es menos optimista y el 29 % no ha variado su opinión.
Con respecto a la eventual profundización de la crisis en Europa, predomina la opinión de que esto es altamente probable (60 %) o, al menos, probable (25 %). Pero muy pocos creen que una recesión en Europa producirá una recesión en los Estados Unidos. Sólo el 7 % cree que esto es probable. El 73 % cree que una recesión en Europa producirá un impacto negativo sobre la economía norteamericana, pero no lo suficiente como para provocar una recesión local. Nuevamente, predomina una visión optimista acerca de la economía de los Estados Unidos.
En términos generales, estas apreciaciones no sugieren un escenario particularmente negativo para las posibilidades de reelección del presidente Obama el año próximo. Además, a diferencia de los expertos, la opinión pública ve como principales responsables de la crisis al sector financiero e inmobiliario antes que al gobierno del actual presidente.
sábado, 22 de octubre de 2011
Nueva Era
¿Qué tienen en común los movimientos sociales surgidos en estos últimos diez meses? Todos participan de un escenario global, literalmente. Todo evento se conoce, se interpreta, se observa en tiempo real y eventualmente se imita.
Cada observador, con un celular o una notebook, es un potencial periodista, un potencial activista, un miembro de la comunidad global emergente, con algo de poder en sus manos.
Los nuevos movimientos sociales tienen rasgos e intereses en común. Pero, sobre todo, tienen influencia unos sobre otros.
La ira frente al sistema social y el poder político ha existido siempre. Cualquier observación de la forma en que se organiza el trabajo y se distribuye la riqueza, aun en las sociedades más equitativas, ofrece motivos para la indignación.
Esto ha sido siempre así, como atestiguan los escritos y relatos verbales de los más antiguos filósofos. Lo que llama la atención es que, en forma sucesiva o simultánea, surjan la primavera árabe, los indignados en España, las protestas en el Reino Unido, la rebelión de los estudiantes en Chile, los indignados en Wall Street, en Roma, en Atenas…
Hay una sensación compartida de que, a generaciones enteras, les han robado el futuro, la expectativa de participar en aquello que está a la vista. Todo el mundo ve lo que ocurre y ese es un disparador de ira y una evidencia de que “se puede hacer algo” saliendo a la calle.
En esa contienda múltiple, las redes sociales le ganaron a la política. Pero, el problema de esa capacidad de movilización es que, de por sí, no conforma un proyecto, una estrategia, un camino de acceso al poder.
En ese sentido, la política tradicional le gana a las redes sociales. Estas son una fuerza transformadora, capaz de precipitar cambios, pero no de conducirlos ni de constituir un actor que participe en la nueva estructura de poder post movilización.
Pasado el momento de mayor tensión, predominan los actores tradicionales. Sin embargo, las instituciones están puestas en duda y los actores tradicionales se encuentran condicionados, rodeados por una necesidad de cambio que parece ineludible.
Cada observador, con un celular o una notebook, es un potencial periodista, un potencial activista, un miembro de la comunidad global emergente, con algo de poder en sus manos.
Los nuevos movimientos sociales tienen rasgos e intereses en común. Pero, sobre todo, tienen influencia unos sobre otros.
La ira frente al sistema social y el poder político ha existido siempre. Cualquier observación de la forma en que se organiza el trabajo y se distribuye la riqueza, aun en las sociedades más equitativas, ofrece motivos para la indignación.
Esto ha sido siempre así, como atestiguan los escritos y relatos verbales de los más antiguos filósofos. Lo que llama la atención es que, en forma sucesiva o simultánea, surjan la primavera árabe, los indignados en España, las protestas en el Reino Unido, la rebelión de los estudiantes en Chile, los indignados en Wall Street, en Roma, en Atenas…
Hay una sensación compartida de que, a generaciones enteras, les han robado el futuro, la expectativa de participar en aquello que está a la vista. Todo el mundo ve lo que ocurre y ese es un disparador de ira y una evidencia de que “se puede hacer algo” saliendo a la calle.
En esa contienda múltiple, las redes sociales le ganaron a la política. Pero, el problema de esa capacidad de movilización es que, de por sí, no conforma un proyecto, una estrategia, un camino de acceso al poder.
En ese sentido, la política tradicional le gana a las redes sociales. Estas son una fuerza transformadora, capaz de precipitar cambios, pero no de conducirlos ni de constituir un actor que participe en la nueva estructura de poder post movilización.
Pasado el momento de mayor tensión, predominan los actores tradicionales. Sin embargo, las instituciones están puestas en duda y los actores tradicionales se encuentran condicionados, rodeados por una necesidad de cambio que parece ineludible.
viernes, 9 de septiembre de 2011
A 10 años del 11 de septiembre
Acaba de cumplirse el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Dos conclusiones importantes. La primera es que el terrorismo internacional –para darle un nombre genérico– ha cambiado el sistema internacional en aspectos esenciales. La segunda es que la ocupación territorial mediante grandes contingentes militares no es una herramienta eficaz.
Los cambios en el sistema internacional van a ser duraderos, si bien el clima político de la era Bush se ha disipado. Naciones Unidas ha perdido credibilidad y protagonismo, sobre todo comparado con lo que el organismo internacional logró en los primeros años de la post Guerra Fría. La defensa internacional de las violaciones a los derechos humanos, que caracterizó ese período y se insinuó como una tendencia de alcance global, ha perdido su ímpetu. La Alianza Atlántica también se ha debilitado y las relaciones hemisféricas –es decir, los vínculos de Estados Unidos y Canadá con el resto de la región – se han diluido y, desde hace tiempo, se reducen a reuniones protocolares sin contenido.
Si Europa no tomó mayor distancia de los Estados Unidos se debió fundamentalmente a temas económicos, hoy transformados en una crisis fenomenal. Si bien diversos factores explican las dificultades de Europa para alcanzar una política exterior y de defensa comunes, el clima internacional generado por los atentados del 11 de septiembre, junto con las políticas adoptadas por los Estados Unidos también constituyeron obstáculos importantes.
Luego de diez años de “guerra antiterrorista,” los Estados Unidos se transformaron en un aliado que infunde más preocupación que confianza. Afortunadamente, hoy parecen haber asimilado las críticas internas y externas que señalaron, desde muy temprano, que el despliegue militar y los bombardeos no son herramientas adecuadas para hacer frente a este tipo de amenaza y, en particular, que la comisión de violaciones a los derechos humanos no es bajo ningún punto de vista aceptable.
Los cambios en el sistema internacional van a ser duraderos, si bien el clima político de la era Bush se ha disipado. Naciones Unidas ha perdido credibilidad y protagonismo, sobre todo comparado con lo que el organismo internacional logró en los primeros años de la post Guerra Fría. La defensa internacional de las violaciones a los derechos humanos, que caracterizó ese período y se insinuó como una tendencia de alcance global, ha perdido su ímpetu. La Alianza Atlántica también se ha debilitado y las relaciones hemisféricas –es decir, los vínculos de Estados Unidos y Canadá con el resto de la región – se han diluido y, desde hace tiempo, se reducen a reuniones protocolares sin contenido.
Si Europa no tomó mayor distancia de los Estados Unidos se debió fundamentalmente a temas económicos, hoy transformados en una crisis fenomenal. Si bien diversos factores explican las dificultades de Europa para alcanzar una política exterior y de defensa comunes, el clima internacional generado por los atentados del 11 de septiembre, junto con las políticas adoptadas por los Estados Unidos también constituyeron obstáculos importantes.
Luego de diez años de “guerra antiterrorista,” los Estados Unidos se transformaron en un aliado que infunde más preocupación que confianza. Afortunadamente, hoy parecen haber asimilado las críticas internas y externas que señalaron, desde muy temprano, que el despliegue militar y los bombardeos no son herramientas adecuadas para hacer frente a este tipo de amenaza y, en particular, que la comisión de violaciones a los derechos humanos no es bajo ningún punto de vista aceptable.
domingo, 4 de septiembre de 2011
No se dan cuenta
Algo está pasando. Estudiantes en las calles, desocupados en diversas manifestaciones, el mundo árabe conmocionado, dictadores derrocados, democracias desafiadas que reaccionan brutalmente. Los escenarios se repiten, si bien son diferentes. Sus actores se miran en forma recíproca y se reconocen mutuamente. Al día siguiente, surgen otros en otros lugares.
Qué es lo que está pasando? Las demandas son diferentes. En algunos casos se trata de ansias de libertad y expectativas de mayores oportunidades para tener un futuro. En otros, el acceso a la educación o el empleo son los temas centrales. Todas las rebeliones tienen que ver con derechos elementales y se vinculan, directa o indirectamente, a la distribución de la riqueza.
Pero no hay, realmente, un denominador común en términos concretos. Tal vez sí exista un cierto efecto demostración de unos sobre otros y un clima de protesta y rebelión que se va creando, transmitiendo y, por ende, expandiendo de un país a otro, de una región a otra.
En un mundo globalizado, con información en tiempo real para todos en, prácticamente, todo el mundo, esto es de algún modo inevitable. La difusión y la penetración de los valores democráticos en un número creciente de sociedades, iniciada hace más de 20 años con la caída del Muro de Berlín, también tiene bastante que ver. Es un proceso que ha madurado y, repentinamente, ha tomado una velocidad inusitada. A lo largo del mismo, las características que han asumido los medios de comunicación, colectivos e individuales, y las modalidades de su uso por los jóvenes también tienen mucho que ver en todo esto.
Sin duda, algo está pasando. Pero, aparentemente, hay quienes no se dan cuenta.
Qué es lo que está pasando? Las demandas son diferentes. En algunos casos se trata de ansias de libertad y expectativas de mayores oportunidades para tener un futuro. En otros, el acceso a la educación o el empleo son los temas centrales. Todas las rebeliones tienen que ver con derechos elementales y se vinculan, directa o indirectamente, a la distribución de la riqueza.
Pero no hay, realmente, un denominador común en términos concretos. Tal vez sí exista un cierto efecto demostración de unos sobre otros y un clima de protesta y rebelión que se va creando, transmitiendo y, por ende, expandiendo de un país a otro, de una región a otra.
En un mundo globalizado, con información en tiempo real para todos en, prácticamente, todo el mundo, esto es de algún modo inevitable. La difusión y la penetración de los valores democráticos en un número creciente de sociedades, iniciada hace más de 20 años con la caída del Muro de Berlín, también tiene bastante que ver. Es un proceso que ha madurado y, repentinamente, ha tomado una velocidad inusitada. A lo largo del mismo, las características que han asumido los medios de comunicación, colectivos e individuales, y las modalidades de su uso por los jóvenes también tienen mucho que ver en todo esto.
Sin duda, algo está pasando. Pero, aparentemente, hay quienes no se dan cuenta.
jueves, 18 de agosto de 2011
Futuro Incierto
Lo menos que puede decirse acerca de lo que ocurre en la escena internacional es que millones de jóvenes en el mundo tienen hoy un futuro incierto. Estos se suman a quienes desde temprano en sus vidas sabían que, decididamente, no tenían futuro.
Las puertas se cerraron a los jóvenes en muchos países y ahora se abren para dejar salir carros de asalto, camiones hidratantes y hasta tanques, dispuestos a disparar contra los manifestantes.
Es difícil encontrar un denominador común a lo que ocurre en la India, en China, en España, en el Reino Unido y lo ocurrido en el mundo Arabe desde la rebelión de Túnez. Es evidente que la ocupación de las calles y el empleo de las redes sociales es una combinación que muestra cierta eficacia y se ha empleado en Irán, en Túnez y otros lugares donde nadie lo hubiera esperado.
Y existe una relación entre las primeras rebeliones árabes y las órdenes extremas impartidas por el presidente sirio Bachar el Asad, quien se dijo a sí mismo “no voy a correr la suerte de Mubarak, Kadafi o Ben Alí.
Detrás de estas reacciones yacen la impotencia de gobernantes y la frustración de millones de jóvenes. Tanto las ansias de democracia como la indignación por la falta de empleo y la torpeza política de gobiernos democráticos han generado situaciones similares en países extremadamente disímiles.
Repetidamente, cuestiones locales asumen entidad internacional y los sistemas políticos muestran su debilidad e inadecuación para hacer frente a tales situaciones.
Naturalmente, el sistema internacional, que no ha podido reformularse luego de los grandes cambios ocurridos hace ya más de veinte años, carece por completo de respuesta a los nuevos desafíos que, en realidad, recién comienzan a insinuarse.
Las puertas se cerraron a los jóvenes en muchos países y ahora se abren para dejar salir carros de asalto, camiones hidratantes y hasta tanques, dispuestos a disparar contra los manifestantes.
Es difícil encontrar un denominador común a lo que ocurre en la India, en China, en España, en el Reino Unido y lo ocurrido en el mundo Arabe desde la rebelión de Túnez. Es evidente que la ocupación de las calles y el empleo de las redes sociales es una combinación que muestra cierta eficacia y se ha empleado en Irán, en Túnez y otros lugares donde nadie lo hubiera esperado.
Y existe una relación entre las primeras rebeliones árabes y las órdenes extremas impartidas por el presidente sirio Bachar el Asad, quien se dijo a sí mismo “no voy a correr la suerte de Mubarak, Kadafi o Ben Alí.
Detrás de estas reacciones yacen la impotencia de gobernantes y la frustración de millones de jóvenes. Tanto las ansias de democracia como la indignación por la falta de empleo y la torpeza política de gobiernos democráticos han generado situaciones similares en países extremadamente disímiles.
Repetidamente, cuestiones locales asumen entidad internacional y los sistemas políticos muestran su debilidad e inadecuación para hacer frente a tales situaciones.
Naturalmente, el sistema internacional, que no ha podido reformularse luego de los grandes cambios ocurridos hace ya más de veinte años, carece por completo de respuesta a los nuevos desafíos que, en realidad, recién comienzan a insinuarse.
viernes, 29 de julio de 2011
Gran desafío y gran oportunidad
El presidente Ollanta Humala asume en Perú en un marco de presiones y expectativas. El mundo empresario pide medidas que mantengan el alto nivel de crecimiento de estos años. Los trabajadores y un amplio sector marginado de ese crecimiento, reclaman otras medidas. Son sectores que tienen alta legitimidad, por su lealtad electoral y por razones de justicia y de consistencia del nuevo presidente con su pensamiento e identidad política.
¿Qué va a hacer Humala? ¿Son compatibles los reclamos de estos sectores con el crecimiento de la economía a altas tasas?
Hay medios internacionales que ya se refieren al nuevo presidente como el “Lula Andino.” Probablemente esto coincida con la presencia de asesores del ex presidente de Brasil en la campaña electoral y el discurso equilibrado que eligió Humala, sobre todo en los días posteriores a ser elegido cuando los mercados reaccionaron negativamente.
Pero Humala debe administrar una economía muy distinta de la de Brasil, con márgenes de opción mucho más estrechos. La economía peruana no crece a altas tasas por inversiones locales ni exportaciones industriales. Carece de un mercado interno considerable y sus exportaciones son principalmente productos primarios, con fuerte énfasis en la minería, y basadas en inversiones internacionales.
Esto no implica que Humala no tenga ningún margen de maniobra o que sus decisiones políticas no sean trascendentes. El recambio presidencial ocurre en un marco regional en proceso de cambio, con un ascendente liderazgo internacional de Brasil y marcada declinación de los Estados Unidos. El estilo que el nuevo presidente peruano imponga a su gestión contribuirá al nuevo perfil de la región, con nuevas alianzas y modos de conducir la economía distanciados de las fórmulas tradicionales. La presencia de las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Kirchner en la ceremonia insinúa esa posibilidad.
¿Qué va a hacer Humala? ¿Son compatibles los reclamos de estos sectores con el crecimiento de la economía a altas tasas?
Hay medios internacionales que ya se refieren al nuevo presidente como el “Lula Andino.” Probablemente esto coincida con la presencia de asesores del ex presidente de Brasil en la campaña electoral y el discurso equilibrado que eligió Humala, sobre todo en los días posteriores a ser elegido cuando los mercados reaccionaron negativamente.
Pero Humala debe administrar una economía muy distinta de la de Brasil, con márgenes de opción mucho más estrechos. La economía peruana no crece a altas tasas por inversiones locales ni exportaciones industriales. Carece de un mercado interno considerable y sus exportaciones son principalmente productos primarios, con fuerte énfasis en la minería, y basadas en inversiones internacionales.
Esto no implica que Humala no tenga ningún margen de maniobra o que sus decisiones políticas no sean trascendentes. El recambio presidencial ocurre en un marco regional en proceso de cambio, con un ascendente liderazgo internacional de Brasil y marcada declinación de los Estados Unidos. El estilo que el nuevo presidente peruano imponga a su gestión contribuirá al nuevo perfil de la región, con nuevas alianzas y modos de conducir la economía distanciados de las fórmulas tradicionales. La presencia de las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Kirchner en la ceremonia insinúa esa posibilidad.
martes, 5 de julio de 2011
FMI
La semana pasada, la ministra de Economía y Finanzas de Francia, Christine Lagarde, fue la primera mujer elegida para conducir el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la historia del organismo. Lagarde recibió el crucial apoyo de China, cuando existía cierta expectativa por la posible elección de Cartens, que se presentaba como símbolo del rol ascendente de las nuevas economías globales.
Brasil apoyó, sin embargo, la nominación de Lagarde en desmedro del candidato mexicano. También lo hizo la Argentina, reconociendo de esa manera el apoyo de la Ministra Francesa a nuestro país en las negociaciones con el Club de Paris. La Argentina destacó asimismo el rol de Lagarde en la búsqueda de soluciones heterodoxas para la crisis europea y su apoyo al rol de las economías emergentes en el Grupo de los 20.
Lagarde es conocida por su solidez profesional, su habilidad política y desapego de las fórmulas ortodoxas. Se sabe asimismo que considera importante una mayor participación de los países en desarrollo en las decisiones del FMI, al igual que su antecesor, el malogrado Dominique Strauss-Kahn, a fin de que la institución se transforme en una entidad verdaderamente multilateral y cooperativa, hoy integrada por 187 países.
La nueva Directora General asume mañana martes, en un momento crítico para Europa y la economía mundial por la incertidumbre que genera la crisis de Grecia y la endeble situación de otros países –Irlanda, España y Portugal.
Por esta razón, no sólo ha sido importante el apoyo de China a la candidatura de Christine Lagarde, sino también la visita del premier chino Wen Jiabao, a Hungría, el Reino Unido y Alemania en plena crisis económica europea.
Brasil apoyó, sin embargo, la nominación de Lagarde en desmedro del candidato mexicano. También lo hizo la Argentina, reconociendo de esa manera el apoyo de la Ministra Francesa a nuestro país en las negociaciones con el Club de Paris. La Argentina destacó asimismo el rol de Lagarde en la búsqueda de soluciones heterodoxas para la crisis europea y su apoyo al rol de las economías emergentes en el Grupo de los 20.
Lagarde es conocida por su solidez profesional, su habilidad política y desapego de las fórmulas ortodoxas. Se sabe asimismo que considera importante una mayor participación de los países en desarrollo en las decisiones del FMI, al igual que su antecesor, el malogrado Dominique Strauss-Kahn, a fin de que la institución se transforme en una entidad verdaderamente multilateral y cooperativa, hoy integrada por 187 países.
La nueva Directora General asume mañana martes, en un momento crítico para Europa y la economía mundial por la incertidumbre que genera la crisis de Grecia y la endeble situación de otros países –Irlanda, España y Portugal.
Por esta razón, no sólo ha sido importante el apoyo de China a la candidatura de Christine Lagarde, sino también la visita del premier chino Wen Jiabao, a Hungría, el Reino Unido y Alemania en plena crisis económica europea.
FMI
La semana pasada, la ministra de Economía y Finanzas de Francia, Christine Lagarde, fue la primera mujer elegida para conducir el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la historia del organismo. Lagarde recibió el crucial apoyo de China, cuando existía cierta expectativa por la posible elección de Cartens, que se presentaba como símbolo del rol ascendente de las nuevas economías globales.
Brasil apoyó, sin embargo, la nominación de Lagarde en desmedro del candidato mexicano. También lo hizo la Argentina, reconociendo de esa manera el apoyo de la Ministra Francesa a nuestro país en las negociaciones con el Club de Paris. La Argentina destacó asimismo el rol de Lagarde en la búsqueda de soluciones heterodoxas para la crisis europea y su apoyo al rol de las economías emergentes en el Grupo de los 20.
Lagarde es conocida por su solidez profesional, su habilidad política y desapego de las fórmulas ortodoxas. Se sabe asimismo que considera importante una mayor participación de los países en desarrollo en las decisiones del FMI, al igual que su antecesor, el malogrado Dominique Strauss-Kahn, a fin de que la institución se transforme en una entidad verdaderamente multilateral y cooperativa, hoy integrada por 187 países.
La nueva Directora General asume mañana martes, en un momento crítico para Europa y la economía mundial por la incertidumbre que genera la crisis de Grecia y la endeble situación de otros países –Irlanda, España y Portugal.
Por esta razón, no sólo ha sido importante el apoyo de China a la candidatura de Christine Lagarde, sino también la visita del premier chino Wen Jiabao, a Hungría, el Reino Unido y Alemania en plena crisis económica europea.
Brasil apoyó, sin embargo, la nominación de Lagarde en desmedro del candidato mexicano. También lo hizo la Argentina, reconociendo de esa manera el apoyo de la Ministra Francesa a nuestro país en las negociaciones con el Club de Paris. La Argentina destacó asimismo el rol de Lagarde en la búsqueda de soluciones heterodoxas para la crisis europea y su apoyo al rol de las economías emergentes en el Grupo de los 20.
Lagarde es conocida por su solidez profesional, su habilidad política y desapego de las fórmulas ortodoxas. Se sabe asimismo que considera importante una mayor participación de los países en desarrollo en las decisiones del FMI, al igual que su antecesor, el malogrado Dominique Strauss-Kahn, a fin de que la institución se transforme en una entidad verdaderamente multilateral y cooperativa, hoy integrada por 187 países.
La nueva Directora General asume mañana martes, en un momento crítico para Europa y la economía mundial por la incertidumbre que genera la crisis de Grecia y la endeble situación de otros países –Irlanda, España y Portugal.
Por esta razón, no sólo ha sido importante el apoyo de China a la candidatura de Christine Lagarde, sino también la visita del premier chino Wen Jiabao, a Hungría, el Reino Unido y Alemania en plena crisis económica europea.
viernes, 24 de junio de 2011
El "Plan B"
Tenga gran cuidado todo gobernante cuyos argumentos para involucrarse en un conflicto sean, al final del mismo, menos convincentes que al principio.
Este axioma estratégico describe uno de los principales desafíos que enfrentan hoy las potencias Occidentales involucradas en Libia y Afganistán, tentadas de ir a Siria y ausentes en su momento en lugares donde debieron estar (Ruanda, por ejemplo).
No hay un orden internacional efectivo que establezca dónde se debe actuar, con qué medios, con qué plazos, con qué objetivos. Los Estados se involucran en conflictos que no son propios. En parte por intereses (petróleo, áreas de influencia), en parte por valores humanitarios, en parte por presión de la opinión pública local e internacional.
Ninguno de esos motivos tiene que ver con una amenaza o con la posibilidad efectiva de neutralizarla cuando la hubiere. Son guerras carentes de objetivos claros, y cuando éstos se aclaran, se observa que los medios empleados son inadecuados.
Los ejércitos han sido preparados y diseñados para la guerra, no para la aplicación del derecho internacional, ni la confrontación con organizaciones clandestinas, sean terroristas, narcotraficantes, o grupos paraestatales.
En intervenciones militares de este tipo, el fracaso es probable y el marco de legitimidad que sirvió inicialmente deja de serlo después de un tiempo. Y se inicia el “Plan B” (cómo salir dignamente).
Ningún estratega tradicional aconsejaría emplear medios militares para otra cosa que no sea la victoria, o la defensa inevitable del propio territorio. Jamás para buscar luego una “salida honrosa.”
Sin embargo, la historia se repite, y los miembros de la OTAN despliegan medios militares sofisticados, buscan resultados rápidos, televisivos y, en lo posible, sin bajas en las propias filas.
Este axioma estratégico describe uno de los principales desafíos que enfrentan hoy las potencias Occidentales involucradas en Libia y Afganistán, tentadas de ir a Siria y ausentes en su momento en lugares donde debieron estar (Ruanda, por ejemplo).
No hay un orden internacional efectivo que establezca dónde se debe actuar, con qué medios, con qué plazos, con qué objetivos. Los Estados se involucran en conflictos que no son propios. En parte por intereses (petróleo, áreas de influencia), en parte por valores humanitarios, en parte por presión de la opinión pública local e internacional.
Ninguno de esos motivos tiene que ver con una amenaza o con la posibilidad efectiva de neutralizarla cuando la hubiere. Son guerras carentes de objetivos claros, y cuando éstos se aclaran, se observa que los medios empleados son inadecuados.
Los ejércitos han sido preparados y diseñados para la guerra, no para la aplicación del derecho internacional, ni la confrontación con organizaciones clandestinas, sean terroristas, narcotraficantes, o grupos paraestatales.
En intervenciones militares de este tipo, el fracaso es probable y el marco de legitimidad que sirvió inicialmente deja de serlo después de un tiempo. Y se inicia el “Plan B” (cómo salir dignamente).
Ningún estratega tradicional aconsejaría emplear medios militares para otra cosa que no sea la victoria, o la defensa inevitable del propio territorio. Jamás para buscar luego una “salida honrosa.”
Sin embargo, la historia se repite, y los miembros de la OTAN despliegan medios militares sofisticados, buscan resultados rápidos, televisivos y, en lo posible, sin bajas en las propias filas.
sábado, 18 de junio de 2011
Descontento
Es un error suponer que el motivo principal de las revueltas en el mundo árabe es la aspiración a una sociedad democrática, que respete la libertad de expresión y otros derechos fundamentales. Ese es, sin duda, un factor importante en la gestación de los movimientos que depusieron al dictador tunecido Ben Alí –cuyo juicio se inicia justamente hoy, lunes 20 de junio– luego al ex dictador de Egipto, Hosni Mubarak, y se extendieron a un número creciente de países, con revueltas que hoy se siguen reproduciendo con la misma intensidad que la represión que les sigue.
La pregunta que domina los medios internacionales es qué va a hacer Occidente –fundamentalmente los Estados Unidos¬– frente a tales situaciones. El presidente Obama ya se ha pronunciado. Apoya las insurgencias y los reclamos por democracia y respeto de las libertades.
Pero el problema es otro. La cuestión de fondo que motiva las rebeliones –al igual que el movimiento de los Indignados en España– es el desempleo, la desesperanza y una abrumadora desigualdad en la distribución de la riqueza. En un mundo donde la información tiende a ser inocultable y el acceso a ella prácticamente universal, las comparaciones son inevitables. La indignación es creciente y las ansias de libertad tan fuertes como las expectativas de mejora y la convicción de que esto es posible y la gente lo merece.
El verdadero problema para el orden internacional que propugna e intenta garantizar Occidente no son los dictadores –hasta hace poco, aliados cercanos de los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. El verdadero problema es la imposibilidad de satisfacer tales aspiraciones, particularmente en economías extremadamente atrasadas, con un ingreso extremadamente concentrado y carentes de prácticas y sistemas jurídicos afines a las inversiones y el desarrollo que permiten generar empleo y un sistema razonable de distribución del ingreso.
Ni el socialismo ni el capitalismo han sido capaces de ofrecer fórmulas que permitan superar esa situación plazos aceptables.
Andres Fontana
La pregunta que domina los medios internacionales es qué va a hacer Occidente –fundamentalmente los Estados Unidos¬– frente a tales situaciones. El presidente Obama ya se ha pronunciado. Apoya las insurgencias y los reclamos por democracia y respeto de las libertades.
Pero el problema es otro. La cuestión de fondo que motiva las rebeliones –al igual que el movimiento de los Indignados en España– es el desempleo, la desesperanza y una abrumadora desigualdad en la distribución de la riqueza. En un mundo donde la información tiende a ser inocultable y el acceso a ella prácticamente universal, las comparaciones son inevitables. La indignación es creciente y las ansias de libertad tan fuertes como las expectativas de mejora y la convicción de que esto es posible y la gente lo merece.
El verdadero problema para el orden internacional que propugna e intenta garantizar Occidente no son los dictadores –hasta hace poco, aliados cercanos de los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. El verdadero problema es la imposibilidad de satisfacer tales aspiraciones, particularmente en economías extremadamente atrasadas, con un ingreso extremadamente concentrado y carentes de prácticas y sistemas jurídicos afines a las inversiones y el desarrollo que permiten generar empleo y un sistema razonable de distribución del ingreso.
Ni el socialismo ni el capitalismo han sido capaces de ofrecer fórmulas que permitan superar esa situación plazos aceptables.
Andres Fontana
domingo, 12 de junio de 2011
Ollanta Humala
Luego de su ajustada victoria frente a Keiko Fujimori, el presidente electo de Perú fue recibido con una estrepitosa caída de la bolsa. El desplome alcanzó el 12,51 % cuando aún no había finalizado el escrutinio y afectó principalmente a las compañías mineras, uno de los principales blancos de los sectores nacionalistas cercanos a Humala durante la campaña.
Las declaraciones moderadas y conciliadoras del presidente electo, junto con reportes favorables de las agencias calificadoras internacionales, trajeron calma a los mercados.
Humala y sus principales asesores aseguraron que, luego del 28 de julio, mantendrán los lineamientos económicos actuales, respetarán la autonomía del Banco Central y ofrecerán garantías a los inversores internacionales.
Todo indica que el futuro presidente se inclina por una opción pragmática, que no responde totalmente a ninguna de las identidades presentes en su historia: la visión de los militares que acompañaron a Velasco Alavarado en el llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, la del actual presidente de Venezuela, Hugo Chávez o del indigenismo, a la cual probablemente respondan sus afectos pero no necesariamente su decisión política.
La estrategia de campaña y los discursos posteriores a la victoria indican que Ollanta Humala se inclina por un pragmatismo cercano al ex presidente brasileño Lula Da Silva y no se propone modificar un modelo económico que le ha permitido a Perú crecer a uno de los ritmos más altos del mundo en los últimos años. Probablemente también siga a Lula en lo que hace a políticas dirigidas a los sectores de más bajos ingresos, excluidos de los beneficios del boom económico de Perú. Sus anuncios de gira por Brasil , Argentina, Uruguay y Chile coinciden también con una visión pragmática y afín a la integración, más política que económica, que propugna Brasil para la región.
Andres Fontana
Las declaraciones moderadas y conciliadoras del presidente electo, junto con reportes favorables de las agencias calificadoras internacionales, trajeron calma a los mercados.
Humala y sus principales asesores aseguraron que, luego del 28 de julio, mantendrán los lineamientos económicos actuales, respetarán la autonomía del Banco Central y ofrecerán garantías a los inversores internacionales.
Todo indica que el futuro presidente se inclina por una opción pragmática, que no responde totalmente a ninguna de las identidades presentes en su historia: la visión de los militares que acompañaron a Velasco Alavarado en el llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, la del actual presidente de Venezuela, Hugo Chávez o del indigenismo, a la cual probablemente respondan sus afectos pero no necesariamente su decisión política.
La estrategia de campaña y los discursos posteriores a la victoria indican que Ollanta Humala se inclina por un pragmatismo cercano al ex presidente brasileño Lula Da Silva y no se propone modificar un modelo económico que le ha permitido a Perú crecer a uno de los ritmos más altos del mundo en los últimos años. Probablemente también siga a Lula en lo que hace a políticas dirigidas a los sectores de más bajos ingresos, excluidos de los beneficios del boom económico de Perú. Sus anuncios de gira por Brasil , Argentina, Uruguay y Chile coinciden también con una visión pragmática y afín a la integración, más política que económica, que propugna Brasil para la región.
Andres Fontana
viernes, 3 de junio de 2011
Fuera de punto
“La hora de nuestro liderazgo no ha pasado.” Durante su visita a Londres, previa a la cumbre del G8, el presidente Obama reafirmó el carácter “esencial” de la alianza con el Reino Unido, y advirtió: “Es un error pensar que otras naciones representan el futuro.”
Resulta curioso que la agenda para la cual el presidente Obama reclama liderazgo incluya temas tales como Afganistán (guerra iniciada por los Estados Unidos y de la cual hoy busca una salida honrosa); la situación en Medio Oriente (rebeliones contra regímenes hasta hace poco aliados de los Estados Unidos y conflicto árabe-israelí, donde la potencia global juega un papel contrario a la opinión de, incluso, sus principales aliados); la crisis económica internacional (que afecta principalmente a Europa, pero se origina en las oficinas de Wall Street); y el medio ambiente (de cuyo deterioro Estados Unidos es uno de los principales responsables y ni siquiera ha firmado el protocolo de Kyoto).
El anhelo del presidente Obama por recuperar liderazgo y representar el futuro se basa en un hecho puntual: la reciente muerte de Bin Laden a manos de un grupo de elite norteamericano. Es decir, una acción ilegal, de la cual sólo se difundió la foto del presidente y sus colaboradores directos presenciándola a través de una pantalla cuyas imágenes fueron vetadas a la opinión pública internacional.
Se trata de un hecho trascendente. Cuya repercusión internacional no fue del todo positiva y cuya eficacia en términos de la confrontación con el terrorismo es al menos dudosa.
A la luz de estos hechos, resulta difícil entender, si es genuina, la aspiración del presidente de los Estados Unidos a recuperar el liderazgo y representar el futuro. No parece estar en sintonía con aquéllos a quien se propone liderar y orientarlos hacia el futuro.
Andres Fontana
Resulta curioso que la agenda para la cual el presidente Obama reclama liderazgo incluya temas tales como Afganistán (guerra iniciada por los Estados Unidos y de la cual hoy busca una salida honrosa); la situación en Medio Oriente (rebeliones contra regímenes hasta hace poco aliados de los Estados Unidos y conflicto árabe-israelí, donde la potencia global juega un papel contrario a la opinión de, incluso, sus principales aliados); la crisis económica internacional (que afecta principalmente a Europa, pero se origina en las oficinas de Wall Street); y el medio ambiente (de cuyo deterioro Estados Unidos es uno de los principales responsables y ni siquiera ha firmado el protocolo de Kyoto).
El anhelo del presidente Obama por recuperar liderazgo y representar el futuro se basa en un hecho puntual: la reciente muerte de Bin Laden a manos de un grupo de elite norteamericano. Es decir, una acción ilegal, de la cual sólo se difundió la foto del presidente y sus colaboradores directos presenciándola a través de una pantalla cuyas imágenes fueron vetadas a la opinión pública internacional.
Se trata de un hecho trascendente. Cuya repercusión internacional no fue del todo positiva y cuya eficacia en términos de la confrontación con el terrorismo es al menos dudosa.
A la luz de estos hechos, resulta difícil entender, si es genuina, la aspiración del presidente de los Estados Unidos a recuperar el liderazgo y representar el futuro. No parece estar en sintonía con aquéllos a quien se propone liderar y orientarlos hacia el futuro.
Andres Fontana
sábado, 28 de mayo de 2011
Indignados
El PSOE perdió 1.500.000 de votos en las elecciones del 22 mayo. Hubo casi un millón de “votos protesta”, unos 600.000 en blanco y unos 400.000 anulados. Hubo cientos de miles de personas en las calles y en las plazas a lo largo de 8 días, en distintos puntos de España. Probablemente muchos de estos votos y de estos manifestantes sean las mismas personas. Aun así, son millones, que sufren el 21 % de desempleo que afecta al mercado laboral de España y trepa al 44 % cuando se trata de jóvenes menores de 25 años. Y a esto se suman, en Occidente, los millones de desempleados de otros países europeos y los Estados Unidos.
La indignación es moral. Por la frustración, por el sufrimiento. También surge una indignación ética e intelectual, manifiesta en la opinión pública internacional, y reflejada en el tono de los análisis económicos y políticos de estos meses. Adam Smith escribió su obra cúlmine hace casi dos siglos y medio. En pocos años, hará un siglo que John Maynard Keynes publicó su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero. El debate económico ha tenido tiempo y oportunidades –unas diez hecatombes económicas con efectos globales en las dos últimas décadas– para desarrollar fórmulas y “recomendaciones” que eviten tanto sufrimiento y frustración.
Pero no es el caso. La Unión Europea, los republicanos estadounidenses, organismos internacionales y gobiernos de países de la Eurozona afectados directa o indirectamente por las crisis de España, Grecia, Portugal e Irlanda, ensayan o recomiendan las mismas fórmulas de siempre: recorte de gastos, equilibrio presupuestario, encarecimiento del crédito y la consecuente contracción del empleo y la producción de bienes. La indignación puede ser el motor de los cambios sociales y políticos de esta década.
Andres Fontana
La indignación es moral. Por la frustración, por el sufrimiento. También surge una indignación ética e intelectual, manifiesta en la opinión pública internacional, y reflejada en el tono de los análisis económicos y políticos de estos meses. Adam Smith escribió su obra cúlmine hace casi dos siglos y medio. En pocos años, hará un siglo que John Maynard Keynes publicó su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero. El debate económico ha tenido tiempo y oportunidades –unas diez hecatombes económicas con efectos globales en las dos últimas décadas– para desarrollar fórmulas y “recomendaciones” que eviten tanto sufrimiento y frustración.
Pero no es el caso. La Unión Europea, los republicanos estadounidenses, organismos internacionales y gobiernos de países de la Eurozona afectados directa o indirectamente por las crisis de España, Grecia, Portugal e Irlanda, ensayan o recomiendan las mismas fórmulas de siempre: recorte de gastos, equilibrio presupuestario, encarecimiento del crédito y la consecuente contracción del empleo y la producción de bienes. La indignación puede ser el motor de los cambios sociales y políticos de esta década.
Andres Fontana
martes, 10 de mayo de 2011
Bin Laden
Con la desaparición de Osama Bin Laden la popularidad del presidente Obama aumentó 3 dígitos y la confianza en su política de seguridad, al igual que la aprobación de su manejo de la guerra en Afganistán, entre 7 y 8 puntos. Al mismo tiempo, se han abierto varios debates en el campo internacional y local de los Estados Unidos. Muchos nos preguntamos si la operación militar con sus procedimientos y resultados aumentó, efectivamente, la seguridad de los Estados Unidos. La orden de eliminación física fue una directiva política, no una decisión militar tomada al fragor de un enfrentamiento armado.
La sombra de Guantánamo se proyecta sobre estos hechos y plantea si las informaciones obtenidas por medio de la tortura no se hubieran logrado con mayor rapidez a través de procedimientos legales y una mayor intervención política en la conducción del proceso de interrogatorios y negociaciones. El director de la CIA ha reconocido que se usaron "técnicas de interrogación coercitivas" y que el debate de si se podría haber obtenido igual información de otro modo "va a ser una pregunta abierta".
A esto se suma el futuro de las relaciones entre los Estados Unidos y Pakistán.El titular del Departamento de Seguridad Nacional, Joseph Lieberman, afirmó que "Pakistán debe demostrar a Estados Unidos que no sabía que el líder de Al Qaeda Osama Bin Laden se escondía en un complejo cercano a la capital de Islamabad". Más aun, el ministro de comercio de Afganistán aseguró que el país sí sabía del paradero de Bin Laden. Por lo pronto, Estados Unidos ordenó el cierre de su embajada y consulados en Pakistán.
La pregunta que surge es si, dada la situación político-militar de una porción del planeta que abarca desde Marruecos, Túnez y Libia hasta Irak, Irán y Afganistán, que atraviesa Egipto, Israel y Siria y deja a los principales aliados occidentales del mundo árabe en situaciones extremadamente delicadas, Estados Unidos puede abrir otro frente de conflicto, particularmente en un país con características geográficas y estructuras tribales que dibujan un escenario propicio para el desgaste y un eventual fracaso.
Andres Fontana
La sombra de Guantánamo se proyecta sobre estos hechos y plantea si las informaciones obtenidas por medio de la tortura no se hubieran logrado con mayor rapidez a través de procedimientos legales y una mayor intervención política en la conducción del proceso de interrogatorios y negociaciones. El director de la CIA ha reconocido que se usaron "técnicas de interrogación coercitivas" y que el debate de si se podría haber obtenido igual información de otro modo "va a ser una pregunta abierta".
A esto se suma el futuro de las relaciones entre los Estados Unidos y Pakistán.El titular del Departamento de Seguridad Nacional, Joseph Lieberman, afirmó que "Pakistán debe demostrar a Estados Unidos que no sabía que el líder de Al Qaeda Osama Bin Laden se escondía en un complejo cercano a la capital de Islamabad". Más aun, el ministro de comercio de Afganistán aseguró que el país sí sabía del paradero de Bin Laden. Por lo pronto, Estados Unidos ordenó el cierre de su embajada y consulados en Pakistán.
La pregunta que surge es si, dada la situación político-militar de una porción del planeta que abarca desde Marruecos, Túnez y Libia hasta Irak, Irán y Afganistán, que atraviesa Egipto, Israel y Siria y deja a los principales aliados occidentales del mundo árabe en situaciones extremadamente delicadas, Estados Unidos puede abrir otro frente de conflicto, particularmente en un país con características geográficas y estructuras tribales que dibujan un escenario propicio para el desgaste y un eventual fracaso.
Andres Fontana
viernes, 29 de abril de 2011
Dos caras
Con el casamiento del príncipe Guillermo de Gales y Kate Middleton, asistimos a un evento en que la sociedad inglesa se siente parte de algo que, para ellos, significa grandeza.
Pero la otra cara es que la corona en sí misma ha tenido muchos problemas, en los últimos 20 años, para legitimarse frente a su propia sociedad como institución. Se trata de una familia inmensamente rica cuya contribución al bienestar general y a la conducción del gobierno es poco significativa, aunque posee un altísimo valor simbólico.
La Corona también tiene dificultades en cuanto a la sucesión de la reina, sobre todo a partir de los escándalos del heredero al trono, el príncipe Carlos.
Todo esto generó un clima de mucha distancia con el sentir popular. También es parte de esta otra cara el tratar de disimular o de olvidar la crueldad del imperio británico, que no se construyó sobre la base de acuerdos, sino por la imposición a través del uso de la fuerza. De hecho, nosotros, como país, somos uno de los últimos que tienen una disputa de soberanía por una ocupación de tipo colonial.
Esta modalidad fue dejando, a medida que se replegó, situaciones dolorosas. En los ‘70s se evidenció la situación de hambre y pobreza de India, Bangladesh y Pakistán, en las ex colonias africanas. Hasta el día de hoy sigue habiendo situaciones de extrema miseria en países que fueron ocupados, dominados, explotados y, luego, “liberados” por la colonia inglesa.
Hay una cara atractiva de la realeza en Europa y, al mismo tiempo, están enfrentando un gran cuestionamiento. Es por eso la boda del príncipe Guillermo funciona como un elemento de cohesión hacia el interior de la sociedad inglesa y refrenda un sistema con problemas de legitimidad.
Andres Fontana
Pero la otra cara es que la corona en sí misma ha tenido muchos problemas, en los últimos 20 años, para legitimarse frente a su propia sociedad como institución. Se trata de una familia inmensamente rica cuya contribución al bienestar general y a la conducción del gobierno es poco significativa, aunque posee un altísimo valor simbólico.
La Corona también tiene dificultades en cuanto a la sucesión de la reina, sobre todo a partir de los escándalos del heredero al trono, el príncipe Carlos.
Todo esto generó un clima de mucha distancia con el sentir popular. También es parte de esta otra cara el tratar de disimular o de olvidar la crueldad del imperio británico, que no se construyó sobre la base de acuerdos, sino por la imposición a través del uso de la fuerza. De hecho, nosotros, como país, somos uno de los últimos que tienen una disputa de soberanía por una ocupación de tipo colonial.
Esta modalidad fue dejando, a medida que se replegó, situaciones dolorosas. En los ‘70s se evidenció la situación de hambre y pobreza de India, Bangladesh y Pakistán, en las ex colonias africanas. Hasta el día de hoy sigue habiendo situaciones de extrema miseria en países que fueron ocupados, dominados, explotados y, luego, “liberados” por la colonia inglesa.
Hay una cara atractiva de la realeza en Europa y, al mismo tiempo, están enfrentando un gran cuestionamiento. Es por eso la boda del príncipe Guillermo funciona como un elemento de cohesión hacia el interior de la sociedad inglesa y refrenda un sistema con problemas de legitimidad.
Andres Fontana
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