viernes, 29 de abril de 2011

Dos caras

Con el casamiento del príncipe Guillermo de Gales y Kate Middleton, asistimos a un evento en que la sociedad inglesa se siente parte de algo que, para ellos, significa grandeza.

Pero la otra cara es que la corona en sí misma ha tenido muchos problemas, en los últimos 20 años, para legitimarse frente a su propia sociedad como institución. Se trata de una familia inmensamente rica cuya contribución al bienestar general y a la conducción del gobierno es poco significativa, aunque posee un altísimo valor simbólico.

La Corona también tiene dificultades en cuanto a la sucesión de la reina, sobre todo a partir de los escándalos del heredero al trono, el príncipe Carlos.

Todo esto generó un clima de mucha distancia con el sentir popular. También es parte de esta otra cara el tratar de disimular o de olvidar la crueldad del imperio británico, que no se construyó sobre la base de acuerdos, sino por la imposición a través del uso de la fuerza. De hecho, nosotros, como país, somos uno de los últimos que tienen una disputa de soberanía por una ocupación de tipo colonial.

Esta modalidad fue dejando, a medida que se replegó, situaciones dolorosas. En los ‘70s se evidenció la situación de hambre y pobreza de India, Bangladesh y Pakistán, en las ex colonias africanas. Hasta el día de hoy sigue habiendo situaciones de extrema miseria en países que fueron ocupados, dominados, explotados y, luego, “liberados” por la colonia inglesa.

Hay una cara atractiva de la realeza en Europa y, al mismo tiempo, están enfrentando un gran cuestionamiento. Es por eso la boda del príncipe Guillermo funciona como un elemento de cohesión hacia el interior de la sociedad inglesa y refrenda un sistema con problemas de legitimidad.

Andres Fontana