viernes, 14 de diciembre de 2012

2013

Al culminar 2012, el escenario internacional es menos incierto que un año atrás. Obama ha sido reelecto. La transición china ha dado muestras de continuidad en lo político y señales de flexibilidad en lo económico. La UE continúa sumida en una severa crisis, pero ha dado renovadas muestras de la voluntad política que la sostiene y, en todo caso, las preguntas más importantes son si habrá pérdida de miembros y hasta dónde llegará el poder intrusivo del poder supranacional, hoy prácticamente trasladado de Bruselas a Berlín.

La primavera árabe ha dejado de ser una ilusión y un movito de incertidumbre. Las nuevas democracias –naturalmente, con gobiernos islamistas— componen una compleja realidad, más cercana a Occidente de lo que muchos esperaban, más independiente e indescifrable de lo que algunos querrían.

En Medio Oriente, preocupan más Israel y la amenaza de un Irán con capacidad nuclear y misilística –sumado a un Estados Unidos siempre dispuesto a usar su poder militar— que el rumbo político de los nuevos gobierno islamistas. Un interrogante de la mayor importancia es el rol político que asumirá Turquía en el nuevo escenario regional.

México, con un nuevo gobierno y el PRI de vuelta en el poder, anuncia su regreso a América Latina. Pero su principal problema son los niveles de violencia y penetración social del narcotráfico y el crimen organizado, diagnóstico que, con mayor o menor dramatismo, comparten casi todos los países de la región.

Mientras tanto, Brasil sigue en ascenso, en su cauto pero no menos deslumbrante protagonismo internacional. Mucho más que en el pasado, para entender la política internacional hay que mirar a las regiones antes que a los centros de poder global.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Malos Presagios

El año próximo se cumplirá el 40 aniversario de la guerra de Yom Kipur, que libraran Siria y Egipto contra Israel, entre octubre y noviembre de 1973. Mucho ha variado el panorama político de los dos primeros países y poco se ha avanzado en pos de una paz duradera.


Es difícil imaginar que de la tragedia siria y los embates contra el primer presidente democrático de Egipto, surgirán regímenes capaces de garantizar la paz y la estabilidad frente a un vecino que, a su vez, muestra poca voluntad de acercarse a una solución razonable para la población Palestina.

Sin duda, Israel ha consolidado su poderío militar y mantiene intacto el compromiso de su sociedad con la defensa del país. Pero las amenazas a su seguridad han aumentado – la política de Irán no es un dato menor en este sentido.

Por su parte, Estados Unidos se encuentra sumido en una crisis presupuestaria que ya algunos medios denominan “abismo presupuestario. La primera potencia militar del planeta, que ya ha cedido el primer puesto en materia económica a China, mantiene una postura histórica de respaldo incondicional de Israel, que hoy genera asilamiento internacional y se hace cada vez más difícil de sustentar.

Egipto, que luego del conflicto de 1973 entabló un vínculo estrecho con los Estados Unidos, hoy encierra incógnitas fundamentales y nos invita a preguntarnos por cuánto tiempo el presidente Mohamed Morsi se mantendrá en una postura equidistante entre los Estados Unidos y sus principales rivales.

Mientras el conflicto interno de Siria no se resuelva –y se conozca cuán involucrados quedan China y Rusia en la geopolítica de la región; mientras Israel mantenga una postura no negociadora e Irán siga avanzando con su plan nuclear y haciendo caso omiso de todas las advertencias externas, es imposible estimar cómo va a evolucionar la situación de la región más conflictiva del planeta.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Palestina en la ONU

El jueves pasado, la Asamblea General de Naciones Unidas admitió a Palestina como “Estado observador”, una categoría ambigua, que denomina y niega el status de “Estado” simultáneamente y a la vez reconoce implícitamente derechos soberanos sobre un territorio determinado.


La mayoría abrumadora de la votación (138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones) no refleja un desequilibrio de poder sustancial a favor de las aspiraciones Palestinas ni un cambio sustancial en el status quo del conflicto con Israel. Refleja sí un creciente aislamiento de Israel y Estados Unidos –ni siquiera Alemania y el Reino Unido votaron en contra sino optaron por la abstención– e insinúa el carácter cada vez más difícil de sostener de su postura frente a los cambios en el contexto regional y a nivel global.

La votación fortalece, sin duda, la postura palestina e incrementa su legitimidad internacional. Pero, al mismo tiempo, refuerza la tendencia al deterioro de las relaciones con Israel y, por ende, torna sólo temporaria la revitalización de la situación del presidente palestino Mahmud Abbas, dado que todo recrudecimiento del conflicto opera a favor de Hamas, su principal enemigo político.

Es difícil que el reconocimiento por parte de la ONU, si bien trascendente en términos históricos, redunde en lo inmediato en un fortalecimiento de quienes promueven el diálogo y las negociaciones sobre un Estado palestino.

Por el contrario, la votación en la Asamblea General debilita particularmente la postura del presidente Obama, quien ha tenido sucesivos desencuentros con el primer ministro Netanyahu y ahora presencia una victoria diplomática de los palestinos, actuando en sentido contrario a sus recomendaciones y expectativas. Mientras tanto, el otro mediador importante, con reciente protagonismo en el conflicto, el presidente egipcio Mohammed Morsi, se encuentra envuelto en serias dificultades locales y poco probable que pueda, en lo inmediato, ocuparse de la situación regional.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Medio Oriente


La decisión del primer ministro israelí,  Benjamín Netanyahu, de ordenar bombardeos masivos y ataques con misiles contra la población palestina y preparar una operación terrestre en gran escala, tuvo un fuerte significado político y ocurrió en un contexto novedoso, con varios interrogantes.

Sin duda, hubo un componente electoral, propio y ajeno, 15 días después de la victoria electoral del presidente Obama y dos meses antes de las elecciones en Israel, convocadas para el 22 de enero. Netanyahu apuntó a fortalecer su posicionamiento electoral –si bien algunos expertos señalan que su situación ya era sólida y en realidad una campaña militar genera más riesgos que ventajas, porque su impacto electoral depende de los resultados.

La decisión del primer ministro apuntó también a definir la agenda de un actor clave para Israel. Sus desacuerdos con el presidente de los Estados Unidos, ahora reelecto, cobraron notoriedad pública poco antes de las elecciones en ese país.

A su vez, la guerra civil en Siria, escenario de una disputa más amplia entre Irán, el actual gobierno iraquí y el grupo Hamas, con apoyo de Rusia y –en menos medida– China, por una parte, y el frente prooccidental que integran Turquía, Arabia Saudita y Qatar, con apoyo de los Estados Unidos, por otra, conforma un contexto regional con un crecientes niveles de violencia, a lo que se suman los interrogantes que genera la llamada “Primavera Árabe.”

Por el momento, los gobiernos islamitas moderados de Túnez y Egipto han sido fuente de estabilidad, con un rol destacado del gobierno de Mohamed Morsi, primer presidente electo de este último país. Estados Unidos ha reconocido ese rol y ha tenido en consecuencia un cierto cambio de actitud, pero las reservas y la incertidumbre acerca del marco regional perduran.

A estos factores que conforman un contexto relativamente novedoso, se suman el acceso de Hamas a misiles de mayor alcance y precisión y la decisión del presidente Mahmud Abbas de solicitar el reconocimiento de Palestina como Estado observador (no Miembro) ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el próximo jueves 29 de Noviembre.

martes, 20 de noviembre de 2012

Transición China



La síntesis que mejor ilustra la esencia de la transición china es la innovación en lo económico y el mantenimiento de una férrea línea conservadora en lo político. No se trata sólo de la continuidad de personas y familias en las áreas clave del poder, sino también de continuidad del sistema, de sus reglas y de las severas restricciones en materia de libertades civiles e información pública.

China cierra un período de fenomenal crecimiento económico e igualmente fenomenal incremento de su poderío militar y de su peso político en los asuntos globales. Al mismo tiempo, China ha visto crecer en esta década la desigualdad, la corrupción política y el malestar en diversos sectores de la sociedad, que tienden a multiplicarse.

La elección de Xi Jinping, actual vicepresidente, como Secretario General del Partido Comunista Chino, en reemplazo de Hu Jintao garantiza una línea conservadora, refractaria a las reformas y a la mayor flexibilidad que reclaman diversos sectores de la sociedad y numerosos actores del campo internacional.

Por su parte, la designación de Li Keqiang Jiabao como primer ministro augura una mayor apertura en lo económico y las relaciones exteriores. Un perfecto balance para un sistema que ha dado muestras de eficacia y consistencia a lo largo de décadas y hoy enfrenta desafíos internos en materia política y económica y fuertes reclamos de un mayor compromiso y protagonismo en el campo internacional.

En la transición china no hay improvisaciones. La elección de los nuevos líderes resulta de un lento proceso de ascenso de figuras jóvenes a lo largo del tiempo, a través de la paciente y minuciosa observación de los líderes que preparan su sucesión y de los ancianos, los líderes jubilados, que también ocupan puestos clave, sobre todo en el control del aparato militar. Ese proceso se extiende a lo largo de un período no del todo preciso, que siempre toma varios años, e implica que la transición sea, a la vez, recambio generacional y continuidad de la estructura y de la composición social del poder. 

Lo que queda


Un rotundo “no” al pasado

En los últimos años, el sistema internacional inició una búsqueda de rumbo, tras el desconcierto generado por las guerras del presidente George W. Bush. Los últimos años de su presidencia fueron marcados por los errores de su política exterior, en particular la mal llamada “guerra contra el terror” y las evidencias más claras de tales errores fueron el nivel fenomenal de endeudamiento y déficit fiscal de la economía norteamericana, el creciente aislamiento de los Estados Unidos y el hecho de que la salida honrosa no apareció en ningún lugar, con un sistema internacional desarticulado por el ejercicio de una hegemonía militar carente de política.

En ese contexto, el presidente Obama despertó una expectativa tal vez exagerada, pero no infundada. En poco tiempo, logró un cambio de clima en las relaciones internacionales y los niveles de confrontación y desconfianza disminuyeron sensiblemente. En los Estados Unidos, por el contrario, se produjo una polarización política y social, incentivada por el creciente protagonismo de los sectores más radicalizados del Partido Republicano. Esto fue clave para el triunfo de Obama en las elecciones de la semana pasada.

Romney no fue un mal candidato. Pero el predicamento de los sectores radicalizados de su partido generó una gran resistencia en amplias franjas del electorado. A esto se sumaron ciertos logros económicos de Obama y, sin duda, el oportuno huracán pocos días antes de la elección que el presiente aprovechó con genuina vocación y gran aptitud política.

La crisis europea ofreció un telón de fondo que respaldó las políticas de Obama e incrementó la desconfianza por las fórmulas tradicionales de ajuste, recorte y achicamiento del Estado. En ese marco, el presidente recibió un amplio respaldo de los hispanos, las mujeres, los jóvenes y otras de las llamadas “minorías” que dijeron “no” a las fórmulas tradicionales de supuesta eficacia y marcados fracasos tanto en escenarios propios como ajenos.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lo que Viene



Mientras se alejan poco a poco la desesperanza y la consternación causadas por el huracán Sandy, quedan saldos irreparables de pérdidas de vidas y de futuro para miles de familias. El cálculo ineludible, sin embargo, es el efecto que la tragedia y el subsecuente protagonismo del presidente Obama van a tener en los comicios de este martes.

Ha sido una carrera pareja, siempre con una pequeña –significativamente pequeña- ventaja a favor del actual presidente. Probablemente, el efecto Sandy sea el empujón final que lleve a Obama a un segundo mandato.

Cualquiera sea el resultado, el escenario global que deja la gestión del actual presidente de los Estados Unidos al culminar el año 2012, difiere profundamente de la herencia de su antecesor. La crisis global, particularmente estadounidense y europea se ha mantenido, pero mientras se profundiza en algunos países de Europa y mantiene en vilo la continuidad del euro y la Eurozona, en los Estados Unidos sus efectos tienden a atenuarse.

La primavera árabe, para casi todos una sorpresa estratégica del escenario internacional, ha madurado, para bien y para mal y hoy redefine la situación de Medio Oriente, aisla a Israel en forma creciente y plantea un escenario de horror y angustiante incertidumbre con respecto al desenlace (y la duración) de la situación de Siria.

Al igual que otros casos resonantes de inoperancia del sistema internacional ante masacres de la población a manos del Estado –como ocurrió en diversos países africanos a lo largo de la historia reciente y en regiones pertenecientes a la ex Unión Soviética durante el primer tramo de la post Guerra Fria– presenciamos la continuidad inaudita del régimen sirio sin ninguna acción efectiva de los principales actores de la Comunidad Internacional, ya sean potencias u organismos.

China juega un rol decisivo y a la vez pasivo, ausente y distante de los escenarios de crisis, económica, política, humanitaria que acabamos de mencionar. Sus problemas internos no son suficiente explicación para lo que parece constituir una estrategia sutil en extremo y cuyo paso trascendente desconocemos y, por el momento, nadie parece anticipar.



martes, 30 de octubre de 2012

Tramo final

A una semana de la elección presidencial de los Estados Unidos, existen indicios favorables a Obama, pero sólo eso. Es probable que finalmente sea reelecto. Llama la atención, sin embargo, el escaso y oscilante margen de diferencia a favor del actual presidente, frente a un rival que ha sido muy poco efectivo desde el punto de vista de una estrategia de campaña y que tiene a sus espaldas un partido que le crea más problemas que respaldos ventajosos.


Obama sigue siendo más popular en otros lugares del mundo que en los Estados Unidos. Particularmente en Europa, su popularidad es superior al 70 % según una encuesta reciente de German Marshall Fund. La cuestión económica es decisiva en ambos casos y la hermandad de las crisis europea y estadounidense es probable que pese en la mirada favorable de los europeos y en la gran franja de indecisos de los Estados Unidos que en principio tiende a inclinarse por la reelección.

Ele debate último debate, dedicado centralmente a la política exterior muestra una potencia hegemónica en lo militar pero carente de propuestas creíbles acerca del orden internacional. Obama corre con la ventaja de algunos logros, valiosos al menos para el público norteamericano –como el haber descubierto y matado al ex líder de Al Qaeda Osama bin Laden¬– y el derrocamiento del ex presidente libio Muammar Kadafi, posteriormente asesinado. Mitt Romney debió hacer más por diferenciarse del ex presidente George W. Bush que por mostrar un listado de propuestas para problemas que, en verdad, no son la preocupación central del votante promedio de los Estados Unidos.

En síntesis, a esta altura el presidente Obama no tiene asegurada la reelección pero sí un alto grado de probabilidad de obtenerla. Su presidencia ha generado desencantos y fuertes resistencias, sobre todo en los sectores más conservadores, factores de algún modo neutralizados por las mejoras en la economía que recientemente se acentuaron.

lunes, 22 de octubre de 2012

Valores y Creencias

Los eventos que dominan la atención de la comunidad internacional en estos días parecen estar más vinculados a cuestiones éticas que a disputas de poder o confrontaciones entre teorías acerca del crecimiento económico.


Diversos ejemplos ilustran el momento que vive la comunidad internacional: desde el ataque a Malala Yousufzai, perpetrado por fanáticos religiosos paquistaníes que creen que las mujeres no deben leer ni aprender, hasta el distanciamiento del presidente francés François Hollande respecto de la canciller Ángela Merkel, pasando por la victoria de Obama en su reciente debate frente al republicano Mitt Romney.

Ni Malala es miembro de una organización política ni los talibanes paquistaníes que le dispararon aspiran a ejercer el poder.

Hollande no aspira a liderar la UE ni cree que sus apreciaciones sobre la economía de España, Grecia y Portugal sean más certeras que las de Merkel. Cree que hay un límite al sufrimiento que padecen millones de personas y que también debe haber un límite a la pérdida de dignidad de los Estados Miembros de la Unión Europea.

Obama, es cierto, se vio favorecido por las cifras de desempleo publicadas poco antes del debate con Romney. Pero lo decisivo para su victoria no fueron las fórmulas económicas sino las posturas de uno y otro en torno de la interrupción del embarazo, las obligaciones de la sociedad para con sus miembros –por ejemplo en materia de salud y educación– y el rol de la mujer en la sociedad.

Por supuesto, en todo esto hay cuestiones de poder. Por supuesto, tanto Obama como Romney miran a los 77 millones de católicos que hay los Estados Unidos y saben que entre ellos las opiniones con respecto a la interrupción del embarazo y al matrimonio de personas del mismo sexo están divididas en partes prácticamente iguales.

Pero fue la revelación de lo que “verdaderamente” piensa Romney con respecto a las mujeres lo que le dio la victoria a Obama. Y fue el sinceramiento acerca de sus valores lo que alejó a Hollande de Merkel.

viernes, 12 de octubre de 2012

Chávez

La reelección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela abre el camino a una de las presidencias democráticas más extensas de la Historia. Su próximo mandato, hasta 2019, implica un período de casi 20 años ininterrumpidos en el ejercicio de la primera magistratura.


Al momento de explicar el triunfo de Chávez sobre Henrique Capriles, las opiniones en el campo internacional se encuentran divididas. Sin duda, hay casos en que pesan más los preconceptos que una voluntad genuina de identificar los factores que, más allá de aspectos obvios como la masa de recursos provenientes de los ingresos petrolíferos, permiten comprender un fenómeno de adhesión popular como el que está a la vista.

La reciente reelección del presidente Chávez, con un 55.2 % de los votos, revela una enorme capacidad de liderazgo que se combina con las condiciones de opresión y marginación que históricamente vivió un sector importante de la sociedad venezolana.

Durante la campaña, e incluso después de la victoria, diversos análisis han tratado de descalificar lo primero y relativizar u ocultar lo segundo, al igual que las sustanciales mejoras que introdujeron las políticas sociales del gobierno de Chávez a lo largo de casi 14 años.

Naturalmente, no es objeto de un análisis electoral indagar retrospectivamente procesos que, a lo largo de décadas, generaron una sociedad con profundas desigualdades étnicas y económicas y fracturas socio-geográficas.

Pero, para explicar un triunfo de la magnitud del logrado por Hugo Chávez luego de ejercer la presidencia por casi 15 años, es indispensable prestar atención a su labor dirigida a paliar esa situación –étnico, geográfico, social y económica– propia de la historia de Venezuela y, por supuesto, prestar atención a sus dotes de político en campaña permanente e incluso a su capacidad para contrarrestar las limitaciones impuestas por el deterioro de su salud.

Cabe esperar ahora las nuevas señales de una Venezuela que ha ingresado al Mercosur, que cuenta con menos aliados en el plano internacional que en el pasado ¬–y corre el riesgo de que ese círculo se vea aun más reducido– y cuyo renovado líder apuesta abiertamente al triunfo del presidente Obama en las próximas elecciones de los Estados Unidos.

viernes, 5 de octubre de 2012

Sistema en quiebra




Recientemente, el famoso historiador de las relaciones internacionales, Paul Kennedy, afirmó en una entrevista “nunca vi tantas cosas tan mal al mismo tiempo.”

El listado de “cosas que andan mal” es conocido: la entrada de la Primavera Arabe en la etapa del desencanto, Libia al borde de la guerra civil, Siria con un régimen que asesina en forma sistemática a sus propios ciudadanos y destruye ciudades enteras, ante la parálisis del sistema internacional, la confrontación entre Israel e Irán encerrada en un peligroso y angosto callejón, Europa diezmada por una crisis en parte previsible pero de una magnitud y perseverancia inconcebibles, la campaña electoral de los Estados Unidos que pone de manifiesto la dureza y los alcances de los valores conservadores en la sociedad norteamericana y los límites al liderazgo del presidente Obama, Afganistán encaminado hacia una regresión fundamentalista y el resto de las regiones y países con muy poca incidencia en la política internacional, con China como el caso más elocuente.

Puede decirse, en parte metafórica y en parte literalmente, que el sistema internacional ha quebrado. La falta de liderazgos ha sido señalada con reiteración frecuente. Pero un sistema requiere, además de liderazgos un sistema de reglas efectivas o, al menos, medianamente creíbles.

El sistema internacional, como es sabido, no cuenta con normas similares –en eficacia y credibilidad– a las de un sistema jurídico nacional. Pero requiere, al menos, que parezca que el conjunto mínimo de sus reglas fundamentales se aplican. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la prohibición de las armas nucleares, con muy pocas excepciones, ha sido una. En la post Guerra Fría, la intervención internacional bajo el paraguas de Naciones Unidas por razones humanitarias pasó a ser una regla de aplicación creciente, si bien no sistemática.

Turquía, Estado Miembro de la OTAN, bombardeó Siria en represalia por la muerte de cinco civiles turcos en la localidad fronteriza de Akcakale y fue respaldado por la Organización, que exigió “el cese inmediato de las agresiones contra Turquía,” acorde con la letra del Tratado de Washington de 1949. Pero ni la OTAN ni las Naciones Unidas han emprendido ninguna acción efectiva ante la masacre de más de 20.000 víctimas civiles.

ONU en desconcierto

La secuencia de discursos de los y las jefes de Estado y de Gobierno en el marco de la Asamblea General del máximo organismo internacional reflejó lo que variados artículos de la prensa internacional han señalado en los últimos dos años: la ausencia de liderazgos y el aparente desconcierto, no sólo falta de respuestas, ante los desafíos que el enfrenta la humanidad.

El escenario de la LXVII Asamblea General coincide con un año de elecciones trascendentes a nivel global y regional. España, Francia e Italia han renovado sus primeras figuras en una Europa no sólo convulsionada sino ajena a una pronta recuperación y sumida en un tipo de crisis que parece devorar gobiernos, instituciones, valores (sobre todo los referidos a la tolerancia y las fronteras culturales) y hasta la cohesión de los Estados, como el caso de España.

El presidente de los Estados Unidos, el ejemplo más destacado de desencanto, o liderazgo ausente frente a la expectativa, llevó su campaña electoral al atril de la ONU, mientras sus principales aliados, el Reino Unido e Israel pusieron en evidencia su creciente aislamiento. En México, el regreso del PRI al poder no despierta grandes expectativas sino, principalmente, replantea la pregunta central de toda la sociedad mexicana acerca de cómo encarar la violencia crecientemente atroz del las organizaciones del narcotráfico y crímenes conexos.

En nuestra región ha habido una importante renovación de liderazgo en el principal país de América del Sur, con el ascenso de Dilma Rousseff a la presidencia de Brasil y el opacamiento de la figura de su antecesor, Lula Da Silva. La principal pregunta la plantea ahora el proceso electoral venezolano, habida cuenta del protagonismo internacional que esporádicamente ejerce el actual presidente Hugo Chávez.

Han sido los planteos y reivindicaciones nacionales, no globales o regionales, los que mayor nitidez tuvieron en la AG de este año, entre los que se destacó el de la presidenta de la Argentina Cristina Fernández de Kirchner, tanto frente a las expresiones fuera de lugar de una funcionaria internacional cuanto con respecto a nuestra reivindicación soberana en el Atlántico Sur y la denuncia de las acciones de militarización crecientes de la zona y el conflicto que viene llevando a cabo el Reino Unido.

Homenaje




Resulta difícil no mencionar esta semana el último desatino del candidato conservador Mitt Romney quien –en un discurso que ha alcanzado difusión global— afirmó: “Hay un 47 % de votantes que respaldarán al presidente (Obama), pase lo que pase… dependen del Gobierno, piensan que son víctimas y además creen que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidar de ellos.”


Para no dejar lugar a dudas, Romney agregó: “Mi trabajo no es preocuparme de esa gente. Nunca los voy a convencer de que deberían asumir sus responsabilidades…” A menos de dos meses de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, que tendrán lugar el próximo 6 de noviembre y en las que se elegirán, además de los próximos Presidente y Vice, 33 Senadores, la totalidad de la Cámara Baja (o “de Representantes”, acorde con la denominación local), Gobernadores (en once Estados) y legisladores estatales, Romney reafirmó su discurso en contra del Estado de Bienestar de un modo que puede dar ya un giro definitivo a la campaña a favor del presidente y candidato Barack Obama.

Corresponde sin embargo dedicar la columna internacional del UNO de esta semana a la memoria de Santiago Carrillo, histórico dirigente del Partido Comunista español y artífice de la transición política de los años setenta, quien falleció el pasado martes 18 de septiembre. Carrillo ha sido no sólo un ejemplo de compromiso y apego incondicional a sus convicciones partidarias sino, al mismo tiempo, un símbolo de búsqueda del equilibrio político que hagan posible la transición a la democracia y su estabilidad futura.










Primavera árabe


“¿Cómo pudo pasar esto en un país que ayudamos a liberar?” se preguntó el presidente Obama ante la opinión pública norteamericana. La pregunta fue honesta y refleja la genuina sorpresa de un presidente culto, bienintencionado y educado en dos de las mejores universidades de su país, Harvard y Columbia, consternado ante la trágica muerte del Embajador Christopher Stevens y otros Funcionarios.



La tragedia y lo inconcebible del asesinato se agravan ante el perfil del embajador Stevens, su trayectoria y su compromiso con la causa de las revueltas en el mundo árabe y el caso de Libia en particular. Pero, la pregunta que se hace el presidente Obama, aún con su caudal cultural y sus valores avanzados -para lo que es el promedio de la sociedad norteamericana y, sobre todo, el electorado republicano- refleja una limitada capacidad para comprender las pautas culturales, sensibilidades y complejidad de otras sociedades.



La primavera árabe, sus logros y el apoyo brindado por Occidente no penetran en el sentir de las sociedades árabes y, en particular, los grupos islamitas. La democracia, la igualdad, el estado de derecho distan mucho de ser valores esenciales o, incluso, nociones cargadas de sentido para muchos miembros de estas civilizaciones.



Existen innumerables testimonios de políticos y militares norteamericanos totalmente asombrados durante la ocupación militar de Irak en 2003, por la “falta de reconocimiento” y de “agradecimiento” de la población iraquí. Probablemente, los efectivos que actualmente revisten en Afganistán tengan menos expectativas y sufran menos frustraciones, pero el discurso oficial no es diferente.



Lo que no aparece es el esperado reconocimiento / agradecimiento de la población. Si pensamos en lo que significa una ocupación militar, la destrucción de miles de viviendas, la cantidad innumerable de víctimas civiles, la profanación de lugares sagrados, todo esto sin tomar en cuenta, en absoluto, los abusos que cometen efectivos militares, locales o extranjeros, y miembros de los grupos irregulares, la idea de “liberación” resulta poco afín a las percepciones del conjunto de los miembros de las sociedades árabes, más allá de su cercanía o distancia respecto de los grupos fundamentalistas.



Y deberíamos estar preparados: las democracias del mundo árabe difícilmente devengan en países “amigos de Occidente,” en la medida que la democratización permita expresar el sentir genuino de los ciudadanos árabes respecto de los Estados Unidos y sus Aliados.





lunes, 17 de septiembre de 2012


Latinos, el futuro


En un ingenioso pasaje de la película en que JL encarna a una empleada de hotel en Nueva York, el asesor de un senador conservador (enamorado de Jennifer) es interpelado por los periodistas en la calle, quienes le preguntan si el senador tiene vínculos con la comunidad latina. El atribulado asesor responde: “he speaks latin” (habla latin).

Por superficial que parezca, la anécdota –que, además, transcurre en la ficción– describe el drama de los Republicanos en el escenario actual y, probablemente, en el futuro. Todos presencian y –casi todos– se dan cuenta de que los latinos y sus descendientes tienden a ocupar el lugar de los viejos pioneros y sus descendientes. Son gente de trabajo, esforzada, educan a sus hijos en la cultura del sacrificio por la familia. Hoy se parecen más a la mayoría de los norteamericanos que el tradicional “blanco, anglosajón, protestante.”

Según un estudio reciente, en un par de décadas, la población blanca será minoritaria en los Estados Unidos y, en cuatro décadas, el 85% del crecimiento de la población norteamericana provendrá de los inmigrantes y sus descendientes. Para entonces, la población latina será, aproximadamente, el 30% del total de los ciudadanos estadounidenses.

Hacia afuera, los Estados Unidos ya no ofrecen un modelo de crecimiento sino, esencialmente, promueven el libre comercio sin ningún compromiso subsiguiente. Su propuesta en materia de drogas tiene parecidos. Intenta limitar el tráfico y controlar el lavado (en nuestros países) y, al mismo tiempo, exporta armas y genera la mayor demanda global para consumo interno.

Mientras tanto, en el escenario regional, Cuba es el ámbito de negociación entre las FARC y el gobierno de Colombia, Brasil emprende una inédita cruzada anticorrupción y América Latina registra las cifras más elevadas de la última década –salvo el caso de China— en materia de crecimiento económico y disminución de la pobreza.



Embarazoso


Por lo menos, si no vergonzoso es lo que esta ocurriendo en la campaña presidencial estadounidense detrás de escándalos como el generado por el Senador Todd Akin con respecto a las violaciones y su curiosa teoría al respecto o las propuestas del candidato a Vicepresidente Paul Ryan para demoler lo poco que queda del sistema de bienestar norteamericano para su población, existe una visión  fundamentalista a cerca del carácter y del destino de los estados unidos.

No se trata simplemente de tea party y su visión ultraconservadora del Estado y las reglas morales que deben regir supuestamente, la vida de todos los ciudadanos.

Se trata de algo mucho más abarcador, parte del sistema de creencias y del imaginario a cerca de si mismo, de una franja muy ancha de la sociedad, que tradicionalmente se la identifica con el “Mid West” que se extiende verticalmente desde la frontera con Canadá hasta la frontera con México.

Es la idea de que fueron los pioneros (y solo ellos) quienes construyeron los estados unidos y dejaron una herencia que “solo” pertenece a los ciudadanos nativos. Todo lo demás, lo extraño, lo ajeno, lo diferente racial o culturalmente, es de algún modo una intromisión, cuando no una amenaza a la identidad y el estilo de vida de la sociedad norteamericana.
Esa es la línea divisoria que esta en juego en esta elección.

jueves, 23 de agosto de 2012


Cuarteles de Invierno


 La prolongada inacción de la Comunidad Internacional ante la tragedia en Siria reinstaló el tema de la ausencia de un liderazgos. La cuestión ya se planteó en varias ocasiones, ante las sucesivas crisis en el marco de la Unión Europea, también durante un largo período de la revolución Libia y con relación a la impotencia de la Comunidad Internacional para actuar con un mínimo de eficacia frente al problema del calentamiento global.

La naturaleza de los problemas en juego hace poco probable la toma de decisiones acertadas o el surgimiento de liderazgos duraderos. ¿Quién puede liderar lo que hasta hace poco se llamó “primavera árabe” y hoy es un conjunto extremadamente heterogéneo de situaciones y procesos, que van desde la democratización de naciones de estructura y tradición tribal hasta matanzas prolongadas de la población civil? Angela Merkel lideró las decisiones de la Unión Europea mientras hubo la posibilidad de tomar decisiones sin que ello implique la destrucción completa de economías estatales o la expulsión de Estados Miembros.

Lo mismo podría decirse con respecto al rumbo en que se encaminan la política israelí con respecto a Palestina o la política de los Estados Unidos con respecto a Irán, sin olvidar su inviable situación en Afganistán. Son contextos  que hacen muy difícil que haya decisiones acertadas, más allá del tino o la determinación de quienes tienen la responsabilidad de tomarlas. La Agenda Internacional tiende a estar compuesta por problemas ingobernables ante los cuales no resulta posible tomar decisiones sin producir efectos no deseados, extremadamente graves.

Ante ese escenario, naciones y regiones eligen replegarse y reducir al mínimo su exposición e involucramiento. Los ámbitos propios, más controlables, se han tornado más atractivos, menos riesgosos y, más propicios para la toma de decisiones gubernamentales, ya sea a nivel nacional o regional, con la mayor distancia posible de los temas globales.

lunes, 13 de agosto de 2012


En qué andamos?

  
A 100 días de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, un 56% de la opinión pública considera que la gestión del presidente Obama ha empeorado la situación económica del país. Las reformas impulsadas por el presiente, que inició su gestión en enero de 2009, han perdido respaldo. El 55% de los ciudadanos preferiría revocarlas.

Es inusual que un presidente en ejercicio en los Estados Unidos pierda las elecciones para un segundo mandato. Pero Obama corre el riesgo de perder las elecciones, sobre todo si el candidato republicano Mitt Romney logra centrar el debate en la economía y las políticas sociales del actual presidente.

Como corresponde, uno de los instrumentos para contrarrestar las debilidades internas es agitar el frente externo. Mientras Romney comente una serie de errores durante su gira internacional –particularmente en Israel y el Reino Unido– Obama centra su atención en la situación europea y ofrece soluciones para la crisis.

Con más de 9.000 víctimas civiles en Afganistán en los últimos cuatro años y unas 2.000 bajas en las filas del ejército norteamericano desde que comenzó la guerra en 2001, el presidente de los Estados Unidos (premio nobel de la Paz en 2009) ha ordenado un cuantioso despliegue militar en el Golfo Pérsico para disuadir a Irán de sus intenciones contra Israel y de restringir el paso en el estratégico estrecho de Ormuz, mientras avanza con un desmedido rearme del Pentágono e incrementa el empleo de aviones comandados a distancia (hoy la Fuerza Aérea de los Estados Unidos cuenta con más de 1.300 “pilotos” entrenados para este tipo de aeronave) no sólo para observación sino para ataques masivos cuyas principales víctimas las provee la población civil de Afganistán. 

viernes, 10 de agosto de 2012


España


 Bajo el nombre de “el gran ajuste” asistimos a una manifestación extrema de una tendencia de fondo: la pérdida de autonomía de los Estados frente a los avances de otros actores, algunos visibles, como el predominio alemán sobre el resto de Europa o el poder de imposición de los órganos supranacionales de la UE, otros menos visibles, como el poder y la autonomía de los flujos financieros e informativos globales.

El escenario que enfrentan los Estados se caracteriza por la pérdida creciente de capacidad de decisión soberana y de control de los procesos económicos y sociales, mientras se incrementa constantemente el poder que fluye por otros canales: las redes sociales, los flujos tecnológicos, la  apropiación privada del conocimiento científico y la tecnología y su aplicación a actividades productivas, criminales o de cualquier índole.

Por eso muchos gobiernos parecen actuar contradiciendo no sólo sus promesas sino también sus propósitos. Los máximos responsables del poder deben poner de lado sus preferencias y actuar acorde con fórmulas que, de un modo u otro, le son impuestas. Quién las impone varía de coyuntura a coyuntura. Pero, casi siempre, se trata de actores afines a los intereses del poder financiero más concentrado.

Las fórmulas son conocidas: suba de impuestos, recortes salariales, reducción del gasto social, menos salud y educación accesible a los sectores de menores ingresos. Todo esto, ya conocido, hoy parece estar penetrando muy cerca del corazón de los Estados, es decir, su capacidad de decisión soberana sobre asuntos primordiales para el bienestar de su población. 

México y sus desafíos



Las elecciones presidenciales de México se insertan en un escenario político regional en plena ebullición debido a la destitución del Presidente Lugo en Paraguay, la suspensión de este país del Mercosur y la Unasur, junto con la incorporación plena de Venezuela al primero de estos bloques.

El proceso electoral mexicano ha sido una vez más cuestionado por el candidato del Partido de la Revolución Democrática, Andrés López Obrador, quien pidió un recuento general de los votos. Sin embargo, la diferencia a favor del candidato victorioso, en este caso, el ex gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, del tradicional Partido Revolucionario Institucional (PRI), es mucho mayor que en la elección anterior, cuando López Obrador perdió por un puñado de votos y desató una ola de protestas en denuncia de un supuesto fraude electoral.

Los estudiantes mexicanos le dieron un nuevo tinte a la campaña a través del movimiento #  Yo Soy 132, surgido en respuesta a declaraciones públicas desafortunadas de Enrique Peña Nieto quien, luego de una demostración estudiantil en su contra, insultó a los participantes y afirmó, sin fundamentos, que no se trataba de estudiantes. Las principales consignas del movimiento se refirieron a la complicidad de los principales medios con el candidato del PRI, a la falta de información fidedigna para la ciudadanía y la corrupción generalizada en la administración del Estado.

Sin embargo, el principal desafío para el próximo gobierno de México no surge de las características y los enfrentamientos del proceso electoral –supervisado por miles de observadores del Instituto Federal Electoral y cientos de veedores internacionales– sino de la violencia generad por el crimen organizado y los carteles del narcotráfico, ante lo cual el gobierno saliente no logró ningún resultado satisfactorio y, por el contrario, ha tenido que cargar con el costo político que suponen más de 10.000 muertos por año y una creciente desmoralización de las fuerzas de seguridad.

Cambios Globales



En las últimas semanas, una vez más se manifestó la tendencia hacia redefiniciones del poder en el campo internacional. Los países emergentes fueron decisivos en el respaldo a las políticas de crecimiento frente a las políticas de austeridad y recorte del gasto promovidas por Alemania y exigieron asimismo una reforma del FMI que modifique la distribución del poder de voto en el organismo.
Esto significa una fuerte presión sobre Europa, Alemania en particular, y el reclamo de que se implementen reformas que ya fueran aprobadas en 2010 y amplían la capacidad de influencia de las economías emergentes en los asuntos globales.
Brasil y Argentina llevaron una postura común y los llamados BRIC -que han sumado a Sudáfrica- tuvieron un rol protagónico en diversas instancias de la Cumbre.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner se dirigió al premier británico para entregarle las resoluciones de Naciones Unidas sobre Malvinas y Cameron dejó la sala. El Reino Unido vive una creciente incomodidad ante el apoyo internacional que viene recibiendo el reclamo argentino acerca de sentarse a la mesa de negociaciones.
La postura y los intereses de una diversidad de países cuyas economías han crecido sostenidamente a lo largo de un extenso período ocupa un lugar antes reservado al peso excluyente de las economías tempranamente industrializadas.

Mientras tanto, en las elecciones de Egipto, proceso de suma importancia en la actual escena internacional, la pregunta no es ya que poder global respalda a este o aquel candidato sino cuál es el grado de moderación o radicalización esperable de los Hermanos Musulmanes y las otras corrientes islamistas que en forma conjunta lograron el 65% de los votos y en las zonas más humildes alcanzaron cifras prácticamente excluyentes.


 OEA 2012


La 42 Asamblea General de la OEA, reunida la semana pasada en Tiquipaya, ciudad del departamento de Cochabamba en la  República de Bolivia, mostró una vez más la tensión entre los principios fundamentales del organismo, tales como la defensa de los derechos humanos, la paz, la seguridad internacional y la integridad territorial de los Estados, por una parte, y la heterogeneidad de intereses e identidades de sus miembros, por otra.

Sin duda, a los Estados Unidos y a Canadá les resulta difícil comprender las sensibilidades latinoamericanas en materia de derechos humanos ante una historia de abusos e intervenciones cometidas por el primero de estos dos países durante la Guerra Fría y la pasividad y eventual complicidad de la OEA en repetidas ocasiones.

Canadá no era miembro entonces. Pero hoy, a más de veinte años de su incorporación al Organismo, prevalece en su postura su condición de miembro del Commonwealth frente a un reclamo de soberanía respaldado por Resoluciones de las Naciones Unidas, elementos históricos y jurídicos y el apoyo unánime de la Subregión.

Canadá muestra así su distancia cultural y política respecto de la región. Se abstiene de condenar la creciente militarización del Atlántico Sur y se opone a la convocatoria a “reanudar cuanto antes las negociaciones sobre la disputa de soberanía” que formula la declaración sobre la cuestión Malvinas sancionada por La 42 Asamblea General.

Estados Unidos se ha acercado más a la postura argentina, no obstante su vínculo preferencial con el Reino Unido y, mientras Canadá votó en contra de la Declaración, Washington se declaró neutral.




Soberanía

  
El martes 21 de abril de 2009, la Argentina presentó ante las Naciones Unidas el informe correspondiente sobre el límite exterior de su plataforma continental, según lo dispuesto por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

El informe (40 tomos) implicó 11 años de trabajo,12 campañas oceanográficas y numerosos estudios acordes con las directrices de las Naciones Unidas. Pero la Argentina dio de este modo un nuevo e inobjetable sustento a la continuidad de su plataforma marítima respecto del espacio continental y reafirmó los antecedentes históricos que fundamentan sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y el Sector Antártico Argentino.

Es natural que nuestro país aspire a ejercer sus derechos soberanos sobre el territorio marítimo, derechos que incluyen la exploración y explotación de recursos naturales en el lecho y subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá del mar continental y son parte integral del territorio nacional.

Es cierto que las cuestiones vinculadas a la soberanía despiertan, a veces, sentimientos encendidos, ya que se vinculan al sentido de Nación, de pertenencia, de ser parte de un todo. Pero las cuestiones de soberanía implican también, como en este caso, intereses materiales muy específicos.

Las reservas con respecto a los temas de soberanía se vinculan muchas veces al temor a que tales temas puedan motivar o servir de justificativo para acciones bélicas hacia el exterior o abusos autoritarios hacia la propia sociedad. Sin embargo, la Argentina ha mantenido su reclamo de soberanía a lo largo de los últimos 29 años en el marco de un régimen democrático, participativo y con sobradas muestras de compromisos con la paz y la seguridad internacionales.

Durante esos años, se ha establecido y consolidado una política de estado, consagrada en nuestra Constitución y en repetidas ocasiones, como la Declaración de Ushuaia del 25 de febrero pasado y la visita actual de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al Comité de Descolonización, la oposición ha acompañado la postura expresada por Gobierno Nacional. El Informe mencionado más arriba también es prueba de esa voluntad unánime, dado que su elaboración se llevó a cabo a lo largo de sucesivas gestiones gubernamentales.

La soberanía, es cierto, tiene un alto valor simbólico y potencial emotivo. Se vincula con nuestra bandera, con nuestra historia, con nuestros héroes. Pero se vincula también con nuestros intereses materiales, lamentablemente hoy contrapuestos a los de una potencia global con un pasado y un presente colonialistas.

Los  isleños, sus intereses –no sus derechos, que desde el punto de vista del Derecho Internacional son esencialmente nulos– constituyen una excusa y un velo detrás del cual se han parapetado los intereses británicos en materia de pesca, petróleo y control militar sobre un enorme espacio geoestratégico.

El temor a una relación potencial entre soberanía y propensiones autoritarias o belicistas, se contrapone a las teorías actuales acerca de la naturaleza de los regímenes democráticos y su relación con la paz –teorías cuyos antecedentes se remontan a Kant e incluso a la filosofía clásica– a lo cual hoy se agrega el valor pacificador de los procesos regionales.

El regionalismo se ha sumado a la democracia como elemento que fortalece la paz y la vigencia de las normas internacionales. La Unión Europea surgió como respuesta al temor a la guerra. El Mercosur surgió como respuesta a los desafíos de la globalización y el fin de la Guerra Fría y, desde su inicio, ha dado por tierra con casi todas las hipótesis de conflicto en nuestra región.

Hoy, la integración sudamericana es no sólo garantía de paz y estabilidad sino también un marco de reafirmación y ampliación de las identidades nacionales. Se ha transformado en un respaldo invalorable al reclamo de soberanía de la Argentina, que sin duda genera preocupación y desconcierto en el gobierno británico.

La presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas tiene carácter histórico, ya que es la primera vez que un Jefe de Estado visita este Comité. Refleja también el carácter democrático, de consenso ciudadano, que tiene el reclamo argentino, pues integran la delegación dirigentes y legisladores de los principales partidos de la oposición, además de veteranos de guerra, familiares y funcionarios. La presidenta defiende intereses permanentes de nuestro país y transmite un reclamo y un sentir de la ciudadanía argentina que hoy tiene un sólido respaldo regional.

La política exterior argentina persigue, en este terreno, no sólo un objetivo legítimo sino esencialmente viable. Esto se refleja en la combinación del consenso democrático, el respaldo regional y, más recientemente, un dato de particular relevancia. Los Estados Unidos, primera potencial global, para quien el Reino Unido es su principal e incondicional aliado, se ha declarado neutral ante la disputa de soberanía y ha convocado al diálogo, lo cual coincide con la reiterada invitación de la República Argentina al Reino Unido a “sentarse a la mesa de negociaciones.”

Guiños 


¿Cómo funciona el sistema internacional cuando hay, simultáneamente, elecciones y cambios de liderazgo en las principales potencias? ¿Cuál es la lógica que surge entre ellas: confrontación, solidaridad, complicidades ocultas? Podemos tomar como ejemplo el diálogo entre Obama y Medvédev, un presidente en campaña por su reelección, y uno a punto de entregar el poder a su sucesor y antecesor inmediato, en ocasión, nada menos, que la cumbre mundial sobre seguridad nuclear. Con los micrófonos supuestamente apagados, Obama prometió a su interlocutor que “tras mi reelección tendré más flexibilidad,” enviando así un mensaje por adelantado a Putín para que no lo hostigue durante el período electoral con un tema tan sensible como el escudo de misiles estadounidense. Putín no tuvo que esperar que Medvédev transmitiera el mensaje ya que los micrófonos estaban encendidos y medio mundo pudo escuchar a Obama “en vivo.” China, donde está ocurriendo un profundo cambio de liderazgo, se unió a sus rivales en la presión a Corea del Norte con respecto al tema nuclear, con lo cual este país junto con Irán quedaron como los únicos dos “problemas” en materia nuclear. Después de todo, reclamó Obama ante una audiencia universitaria luego de su gaffe televisiva “los misiles deberían ser un área de cooperación, no de tensión.” Una perspectiva innovadora, tratándose del país con mayor poder misilístico y nuclear en el mundo. Menos innovador fue Sarkozy, también en campaña por su reelección, quien envió un guiño a la nacionalidad francesa, insinuando sellará las fronteras y endurecerá la política migratoria.

Déficit Moral 


Del rey Juan Carlos pidió disculpas por el safari y prometió que “no volverá a ocurrir”. Los custodios del Presiente Obama desataron un escándalo durante la cumbre hemisférica del Cartagena de Indias por la contratación de prostitutas. No fueron dos chicos traviesos jugando de galanes en la noche de Cartagena sino once miembros del servicio secreto que vela por la seguridad del Presidente y entre diez y doce militares (según el informe publico del gobierno de los Estados Unidos) que contrataron a “mas de veinte mujeres” y las levaron a sus habitaciones en el hotel donde se alojaba la comitiva Presidencial. Hay una discusión ética de alcances que es muy difícil precisar y una puesta en riesgo de la seguridad Presidencial prácticamente inconcebible. En paralelo, se han publicado fotos de soldados norteamericanos, con cadáveres y restos humanos de guerrilleros afganos, actitud que la Casa Blanca considero “reprensible”. Es notable. El discurso del Presidente Obama en la cumbre fue esencialmente una declamación de principios y valores morales más que de política y metas acordada con los países de la región. España, sumida en una crisis de consecuencias sociales extremas y, luego de 37 años de democracia comenzando a considerar las violaciones a los Derechos Humanos durante las cuatro décadas del franquismo, provee a la opinión publica internacional, un discurso semejante en estrecha sintonía con el Presidente Obama, frente a las medidas adoptadas por el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner con respecto a Repsol-YPF, luego de ostensibles de la empresa que han significado una profunda caída de las reservas y la producción y un marcado déficit energético para nuestro país.

La Crisis Europea 


El Reino Unido entró oficialmente en recesión al publicarse los resultados del último trimestre que indican un segundo período consecutivo de contracción económica. De este modo, la economía británica se sumó a las recesiones vigentes en España, Portugal, Italia, Grecia, Irlanda, Holanda y Bélgica. El primer ministro David Cameron se declaró " decepcionado," pero sostuvo que su gobierno no modificará el plan de ajuste fiscal. En el Continente, en cambio, la posibilidad de que el candidato socialista François Hollande gane las elecciones francesas, ha promovido expectativas en casi todos los países de Europa con respecto al surgimiento de políticas alternativas a la fórmula basada en recortes y austeridad fiscal, tenazmente promovida por la canciller alemana Angela Merkel. El candidato francés afirmó que Europa no crecerá sólo solo con disciplina fiscal y, casi simultáneamente, el dos veces primer ministro de Italia (1996-1998 y 2006-2008) y presidente de la Comisión Europea entre 1999 y 2004, Romano Prodi, afirmó que “si Alemania está convencida de poder hacerlo sola, Italia deberá trabajar con Francia y España para impulsar Europa.” Prodi no descalificó las políticas de austeridad de Rajoy, en España, y Mario Monti, en su propio país, pero advirtió que “no resultan suficiente” y afirmó simplemente que “es necesario cambiar de política.” Ante la posible derrota de Sarkozy, la poderosa canciller alemana quedaría aislada. En vista de la creciente rebelión en contra de su postura, Merkel respondió, simplemente, que "no tiene sentido hablar de flexibilizar los objetivos de déficit." Sin embargo, la canciller alemana parece haber percibido con algo de preocupación el cambio del clima político europeo y aceptó, posteriormente, la necesidad de un “crecimiento con reformas.”

Momento Difícil 


Según las cifras difundidas por Eurostat, la oficina oficial de estadísticas de la Unión Europea, el desempleo en la Eurozona ha alcanzado el nivel más alto desde la creación de la moneda única en 1999. La tasa promedio de los 17 países miembros alcanzó el 10,9% en marzo. Con las economías en una pronunciada caída, algunos gobiernos debaten si implementar medidas más estrictas en materia de austeridad o buscar fórmulas que estimulen el crecimiento. España, al igual que la mitad de los países de la Eurozona, se encuentra oficialmente en recesión y tiene el más alto nivel de desempleo, con una tasa superior al 24 %. La calificadora de riesgo Standard & Poor’s ha sembrado de dudas fatales el camino de España hacia un respaldo adicional de la UE o de fuentes extra europeas y la presentación del Plan de Estabilidad del gobierno de Mariano Rajoy ha terminado de hundir la poca confianza que restaba en el futuro inmediato de la otrora cabeza de un majestuoso imperio. El Plan de Estabilidad ha sido ampliamente criticado por sus numerosas inconsistencias, entre las que se destaca el identificar recortes netos con “reformas”, el optimismo con respecto a la tasa de crecimiento de 2012 y las drásticas reducciones en materia de salud y educación. Los líderes de la oposición han señalado que un ajuste de esta naturaleza sólo va a profundizar la crisis y tanto el primer ministro italiano, Mario Monti, como el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, han culpado a España por algunos de sus problemas locales o la han señalado como “el camino que no hay que seguir.” La crisis, sin duda, no es de origen local sino europeo. Pero a España la ha encontrado en un momento políticamente difícil con un gobierno que, a falta de enfoques razonables al interior de su dirigencia, ha optado por la más rígida de las doctrinas anticrisis.

Guerras e Ideas 


 El escenario europeo muestra en primer plano la confrontación entre dos modelos o enfoques de política frente a la crisis: austeridad versus crecimiento; recortes versus creación de empleo; dominio financiero versus mayor presencia del Estado. En un segundo plano, se observa el ascenso de los partidos de extrema derecha y la proliferación de grupos neonazis. Sami Nair, destacado analista y político franco-argelino, señaló recientemente que Francois Hollande había derrotado a Sarkozy pero no a la derecha y anticipó problemas para los partidos tradicionales en las próximas elecciones legislativas, ya que en las presidenciales la extrema derecha se había acercado al 20 % de los votos. En otros países, no sólo en Grecia o Polonia donde el ingreso per cápita es muy bajo, sino en Suiza (país no Miembro pero emblemáticamente europeo) o Noruega, los partidos de ultraderecha alcanzan porcentajes electorales significativos, llegando al 26 y al 23 % de los votos respectivamente. Por su parte, los grupos neonazis proliferan y exacerban su violencia y hay ciudades en toda Europa Occidental donde los extranjeros temen salir a la calle después de cierta hora o no se atreven a viajar en subte. Estas son guerras, no debates ni confrontaciones de ideas. La opción por “salir” de la zona del Euro no es económica. Es ideológica, aislacionista y caldo de cultivo para el ultra nacionalismo, mientras siempre existe una afinidad natural entre los valores y las prácticas democráticas y los procesos de integración, como se ha constatado en Europa y en nuestra propia región. Pero hay un tercer plano, mucho menos visible, donde sí se debaten ideas y propuestas frente a la crisis. Son las universidades europeas donde se está revisando cuidadosamente la relación entre la formación universitaria y la futura empleabilidad; donde la excelencia académica va de la mano con una genuina preocupación por el perfil de los empleos, actuales y futuros; y donde se le exige a la investigación académica y científica una mayor cercanía a la aplicación productiva de sus resultados.

lunes, 5 de marzo de 2012

Malvinas 2012

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo dos anuncios novedosos con respecto a Malvinas en su mensaje de apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Uno se refirió a los vuelos a las islas y el otro a la posible presencia de la presidenta en el Comité de Descolonización, de Naciones Unidas, que se reúne anualmente en el mes de junio.

Los medios nacionales e internacionales destacaron las novedades, pero lo fundamental del tramo del discurso presidencial referido a Malvinas fue la continuidad: reafirmación del reclamo, reafirmación del compromiso argentino de emplear exclusivamente medios pacíficos para respaldar su reclamo y exigencia de que se cumplan las resoluciones de Naciones Unidas sobre el tema.

2012 es un año muy particular con respecto a la disputa de soberanía por ser el treinta aniversario del conflicto bélico en el Atlántico Sur. Por ende es esperable que haya novedades, pero en realidad ha predominado la continuidad, sobre todo en lo que hace a las cuestiones fondo.

El Reino Unido ha incrementado su despliegue militar recientemente. También lo hizo en septiembre de 2010 y en años anteriores, al igual que incumplió lo acordado con nuestro país de materia de medidas de confianza mutua en temas militares.

El Reino Unido mantiene la misma actitud que en los años inmediatamente posteriores al conflicto bélico e ignora treinta años de continuidad en aspectos esenciales de la política exterior argentina, tales como la renuncia al empleo de la fuerza para hacer valer sus derechos, la fuerte apuesta a la integración regional, el compromiso constante con los objetivos de paz y seguridad internacionales que persiguen las Naciones Unidas y otros organismos como la OEA o foros como el Grupo de Río.

El Reino Unido ha alterado un tanto su actitud, probablemente debido a problemas internos del gobierno tory y como reacción a los apoyos internacionales y regionales a la postura argentina. Pero ha mantenido lo fundamental: su negativa a sentarse a la mesa de negociaciones y su indiferencia absoluta a los llamados de Naciones Unidas y otros actores destacados de la Comunidad Internacional.

viernes, 10 de febrero de 2012

Malvinas: La inviabilidad del largo plazo

El desembarco británico en las Islas Malvinas en 1833 y el repliegue de la población argentina de aquel entonces se basó en el despliegue de fuerza militar. Lo mismo ocurre con el ejercicio actual, por parte del Reino Unido, de una soberanía objetada por el reclamo argentino, contraria a normas del derecho internacional y acorralada por los respaldos internacionales a la postura de nuestro país.

Si el despliegue militar para sostener el ejercicio de la soberanía en el Atlántico Sur resultó eficaz a lo largo de tantos años, la preocupación que hoy evidencia el gobierno británico resulta llamativa. Y, como cabe esperar, ante esa preocupación, Londres incrementa su despliegue militar en el Atlántico Sur.

Es cierto que estaba prevista una cierta demostración de fuerza en la conmemoración del 30 aniversario de la de la Guerra de Malvinas, así como estaba prevista la presencia del príncipe Guillermo con uniforme de la RAF. Pero, en estos días, a dos meses del aniversario, el gobierno británico anunció el posible desplazamiento de un submarino nuclear. Los acontecimientos se anticiparon, el discurso subió de tono a un nivel difícilmente comprensible –como acusar de ‘colonialismo’ a la Argentina– y primó la y desmesura.

“¿Por qué tanto nerviosismo?, se preguntan en los centros de estudios estratégicos de Londres. “¿Por qué preocuparse y hacer un despliegue ostentoso que, previsiblemente, va a ser censurado internacionalmente?”

El Reino Unido controla la pesca y el petróleo en el entorno de Malvinas. Genera ingresos cuantiosos para sus habitantes. Cuenta con una capacidad militar difícilmente desafiable. Ha incumplido acuerdos de cooperación en esos tres terrenos (pesca, petróleo y medidas de confianza recíproca en el campo militar). Ha hecho todo esto hasta ahora, prácticamente, sin costo político internacional. ¿Por qué ahora actúa de esta manera?

Como tantas veces en los asuntos estratégicos, lo que explica el cambio en la racionalidad de los actores es un cambio el contexto. Y ahí, en el contexto estratégico, ha habido cambios importantes. Londres está crecientemente aislada de su propio marco regional, el europeo. Washington, principal poder militar del planeta y aliado incondicional del Reino Unido, se repliega de sus frentes de batalla. La política interna y la situación económica inglesa hace tiempo que enfrentan un escenario complejo.

Y, en ese contexto, la Argentina recibe un apoyo explícito y comprometido de sus vecinos y aliados regionales. Más aun, en diciembre de 2011, China reitera su apoyo al reclamo argentino por las Malvinas y poco después Washington expresa que se trata de un asunto bilateral y prefiere que el Reino Unido y la Argentina negocien una solución diplomática. En estos días, incluso antes de su llegada a la Argentina, la secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Hemisféricos, Roberta Jacobson, reitera la postura norteamericana a favor del diálogo y la acción diplomática.

Pero Londres tiene una razón adicional para su desmesura: la exploración petrolera en el Atlántico Sur requiere cuantiosas inversiones y esto supone la confianza y un cierto grado de certidumbre de los inversores. La aparente irracionalidad tiene un propósito: reafirmar ante los inversores que el compromiso del gobierno británico es incondicional.

Ese no es el único factor, pero es importante. Al mismo tiempo, el nerviosismo de Londres se explica por una cierta toma de conciencia, catalizada por los apoyos regionales e internacionales a la Argentina: la toma de conciencia de que, en el largo plazo, la situación actual, el status quo no es viable.