Soberanía
El martes 21 de
abril de 2009, la Argentina presentó ante las Naciones Unidas el informe correspondiente
sobre el límite exterior de su plataforma continental, según lo dispuesto por la
Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
El informe (40
tomos) implicó 11 años de trabajo,12 campañas oceanográficas y numerosos
estudios acordes con las directrices de las Naciones Unidas. Pero la Argentina dio
de este modo un nuevo e inobjetable sustento a la continuidad de su plataforma marítima
respecto del espacio continental y reafirmó los antecedentes históricos que
fundamentan sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y
Sándwich del Sur, y el Sector Antártico Argentino.
Es natural que nuestro
país aspire a ejercer sus derechos soberanos sobre el territorio marítimo,
derechos que incluyen la exploración y explotación de recursos naturales en el
lecho y subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá del mar
continental y son parte integral del territorio nacional.
Es cierto que
las cuestiones vinculadas a la soberanía despiertan, a veces, sentimientos
encendidos, ya que se vinculan al sentido de Nación, de pertenencia, de ser
parte de un todo. Pero las cuestiones de soberanía implican también, como en
este caso, intereses materiales muy específicos.
Las reservas con
respecto a los temas de soberanía se vinculan muchas veces al temor a que tales
temas puedan motivar o servir de justificativo para acciones bélicas hacia el
exterior o abusos autoritarios hacia la propia sociedad. Sin embargo, la Argentina
ha mantenido su reclamo de soberanía a lo largo de los últimos 29 años en el
marco de un régimen democrático, participativo y con sobradas muestras de
compromisos con la paz y la seguridad internacionales.
Durante esos
años, se ha establecido y consolidado una política de estado, consagrada en
nuestra Constitución y en repetidas ocasiones, como la Declaración de Ushuaia
del 25 de febrero pasado y la visita actual de la presidenta Cristina Fernández
de Kirchner al Comité de Descolonización, la oposición ha acompañado la postura
expresada por Gobierno Nacional. El Informe mencionado más arriba también es
prueba de esa voluntad unánime, dado que su elaboración se llevó a cabo a lo
largo de sucesivas gestiones gubernamentales.
La soberanía, es
cierto, tiene un alto valor simbólico y potencial emotivo. Se vincula con
nuestra bandera, con nuestra historia, con nuestros héroes. Pero se vincula
también con nuestros intereses materiales, lamentablemente hoy contrapuestos a
los de una potencia global con un pasado y un presente colonialistas.
Los isleños, sus intereses –no sus derechos, que
desde el punto de vista del Derecho Internacional son esencialmente nulos–
constituyen una excusa y un velo detrás del cual se han parapetado los
intereses británicos en materia de pesca, petróleo y control militar sobre un
enorme espacio geoestratégico.
El temor a una
relación potencial entre soberanía y propensiones autoritarias o belicistas, se
contrapone a las teorías actuales acerca de la naturaleza de los regímenes
democráticos y su relación con la paz –teorías cuyos antecedentes se remontan a
Kant e incluso a la filosofía clásica– a lo cual hoy se agrega el valor pacificador
de los procesos regionales.
El regionalismo
se ha sumado a la democracia como elemento que fortalece la paz y la vigencia
de las normas internacionales. La Unión Europea surgió como respuesta al temor
a la guerra. El Mercosur surgió como respuesta a los desafíos de la globalización
y el fin de la Guerra Fría y, desde su inicio, ha dado por tierra con casi
todas las hipótesis de conflicto en nuestra región.
Hoy, la
integración sudamericana es no sólo garantía de paz y estabilidad sino también
un marco de reafirmación y ampliación de las identidades nacionales. Se ha
transformado en un respaldo invalorable al reclamo de soberanía de la
Argentina, que sin duda genera preocupación y desconcierto en el gobierno
británico.
La presencia de
la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el Comité de Descolonización de
las Naciones Unidas tiene carácter histórico, ya que es la primera vez que un
Jefe de Estado visita este Comité. Refleja también el carácter democrático, de
consenso ciudadano, que tiene el reclamo argentino, pues integran la delegación
dirigentes y legisladores de los principales partidos de la oposición, además
de veteranos de guerra, familiares y funcionarios. La presidenta defiende
intereses permanentes de nuestro país y transmite un reclamo y un sentir de la
ciudadanía argentina que hoy tiene un sólido respaldo regional.
La política
exterior argentina persigue, en este terreno, no sólo un objetivo legítimo sino
esencialmente viable. Esto se refleja en la combinación del consenso
democrático, el respaldo regional y, más recientemente, un dato de particular
relevancia. Los Estados Unidos, primera potencial global, para quien el Reino
Unido es su principal e incondicional aliado, se ha declarado neutral ante la
disputa de soberanía y ha convocado al diálogo, lo cual coincide con la
reiterada invitación de la República Argentina al Reino Unido a “sentarse a la
mesa de negociaciones.”