Latinos, el futuro
En un ingenioso pasaje de la película en que JL encarna a una empleada de
hotel en Nueva York, el asesor de un senador conservador (enamorado de
Jennifer) es interpelado por los periodistas en la calle, quienes le preguntan
si el senador tiene vínculos con la comunidad latina. El atribulado asesor
responde: “he speaks latin” (habla latin).
Por superficial que parezca, la anécdota –que, además, transcurre en la
ficción– describe el drama de los Republicanos en el escenario actual y,
probablemente, en el futuro. Todos presencian y –casi todos– se dan cuenta de
que los latinos y sus descendientes tienden a ocupar el lugar de los viejos
pioneros y sus descendientes. Son gente de trabajo, esforzada, educan a sus
hijos en la cultura del sacrificio por la familia. Hoy se parecen más a la
mayoría de los norteamericanos que el tradicional “blanco, anglosajón,
protestante.”
Según un estudio reciente, en un par de décadas, la población blanca será
minoritaria en los Estados Unidos y, en cuatro décadas, el 85% del crecimiento
de la población norteamericana provendrá de los inmigrantes y sus
descendientes. Para entonces, la población latina será, aproximadamente, el 30%
del total de los ciudadanos estadounidenses.
Hacia afuera, los Estados Unidos ya no ofrecen un modelo de crecimiento
sino, esencialmente, promueven el libre comercio sin ningún compromiso
subsiguiente. Su propuesta en materia de drogas tiene parecidos. Intenta
limitar el tráfico y controlar el lavado (en nuestros países) y, al mismo
tiempo, exporta armas y genera la mayor demanda global para consumo interno.
Mientras tanto, en el escenario regional, Cuba es el ámbito de negociación
entre las FARC y el gobierno de Colombia, Brasil emprende una inédita cruzada
anticorrupción y América Latina registra las cifras más elevadas de la última
década –salvo el caso de China— en materia de crecimiento económico y
disminución de la pobreza.