lunes, 17 de septiembre de 2012


Latinos, el futuro


En un ingenioso pasaje de la película en que JL encarna a una empleada de hotel en Nueva York, el asesor de un senador conservador (enamorado de Jennifer) es interpelado por los periodistas en la calle, quienes le preguntan si el senador tiene vínculos con la comunidad latina. El atribulado asesor responde: “he speaks latin” (habla latin).

Por superficial que parezca, la anécdota –que, además, transcurre en la ficción– describe el drama de los Republicanos en el escenario actual y, probablemente, en el futuro. Todos presencian y –casi todos– se dan cuenta de que los latinos y sus descendientes tienden a ocupar el lugar de los viejos pioneros y sus descendientes. Son gente de trabajo, esforzada, educan a sus hijos en la cultura del sacrificio por la familia. Hoy se parecen más a la mayoría de los norteamericanos que el tradicional “blanco, anglosajón, protestante.”

Según un estudio reciente, en un par de décadas, la población blanca será minoritaria en los Estados Unidos y, en cuatro décadas, el 85% del crecimiento de la población norteamericana provendrá de los inmigrantes y sus descendientes. Para entonces, la población latina será, aproximadamente, el 30% del total de los ciudadanos estadounidenses.

Hacia afuera, los Estados Unidos ya no ofrecen un modelo de crecimiento sino, esencialmente, promueven el libre comercio sin ningún compromiso subsiguiente. Su propuesta en materia de drogas tiene parecidos. Intenta limitar el tráfico y controlar el lavado (en nuestros países) y, al mismo tiempo, exporta armas y genera la mayor demanda global para consumo interno.

Mientras tanto, en el escenario regional, Cuba es el ámbito de negociación entre las FARC y el gobierno de Colombia, Brasil emprende una inédita cruzada anticorrupción y América Latina registra las cifras más elevadas de la última década –salvo el caso de China— en materia de crecimiento económico y disminución de la pobreza.



Embarazoso


Por lo menos, si no vergonzoso es lo que esta ocurriendo en la campaña presidencial estadounidense detrás de escándalos como el generado por el Senador Todd Akin con respecto a las violaciones y su curiosa teoría al respecto o las propuestas del candidato a Vicepresidente Paul Ryan para demoler lo poco que queda del sistema de bienestar norteamericano para su población, existe una visión  fundamentalista a cerca del carácter y del destino de los estados unidos.

No se trata simplemente de tea party y su visión ultraconservadora del Estado y las reglas morales que deben regir supuestamente, la vida de todos los ciudadanos.

Se trata de algo mucho más abarcador, parte del sistema de creencias y del imaginario a cerca de si mismo, de una franja muy ancha de la sociedad, que tradicionalmente se la identifica con el “Mid West” que se extiende verticalmente desde la frontera con Canadá hasta la frontera con México.

Es la idea de que fueron los pioneros (y solo ellos) quienes construyeron los estados unidos y dejaron una herencia que “solo” pertenece a los ciudadanos nativos. Todo lo demás, lo extraño, lo ajeno, lo diferente racial o culturalmente, es de algún modo una intromisión, cuando no una amenaza a la identidad y el estilo de vida de la sociedad norteamericana.
Esa es la línea divisoria que esta en juego en esta elección.