A una semana de la elección presidencial de los Estados Unidos, existen indicios favorables a Obama, pero sólo eso. Es probable que finalmente sea reelecto. Llama la atención, sin embargo, el escaso y oscilante margen de diferencia a favor del actual presidente, frente a un rival que ha sido muy poco efectivo desde el punto de vista de una estrategia de campaña y que tiene a sus espaldas un partido que le crea más problemas que respaldos ventajosos.
Obama sigue siendo más popular en otros lugares del mundo que en los Estados Unidos. Particularmente en Europa, su popularidad es superior al 70 % según una encuesta reciente de German Marshall Fund. La cuestión económica es decisiva en ambos casos y la hermandad de las crisis europea y estadounidense es probable que pese en la mirada favorable de los europeos y en la gran franja de indecisos de los Estados Unidos que en principio tiende a inclinarse por la reelección.
Ele debate último debate, dedicado centralmente a la política exterior muestra una potencia hegemónica en lo militar pero carente de propuestas creíbles acerca del orden internacional. Obama corre con la ventaja de algunos logros, valiosos al menos para el público norteamericano –como el haber descubierto y matado al ex líder de Al Qaeda Osama bin Laden¬– y el derrocamiento del ex presidente libio Muammar Kadafi, posteriormente asesinado. Mitt Romney debió hacer más por diferenciarse del ex presidente George W. Bush que por mostrar un listado de propuestas para problemas que, en verdad, no son la preocupación central del votante promedio de los Estados Unidos.
En síntesis, a esta altura el presidente Obama no tiene asegurada la reelección pero sí un alto grado de probabilidad de obtenerla. Su presidencia ha generado desencantos y fuertes resistencias, sobre todo en los sectores más conservadores, factores de algún modo neutralizados por las mejoras en la economía que recientemente se acentuaron.