Mientras se alejan poco a
poco la desesperanza y la consternación causadas por el huracán Sandy, quedan
saldos irreparables de pérdidas de vidas y de futuro para miles de familias. El
cálculo ineludible, sin embargo, es el efecto que la tragedia y el subsecuente
protagonismo del presidente Obama van a tener en los comicios de este martes.
Ha sido una carrera pareja,
siempre con una pequeña –significativamente pequeña- ventaja a favor del actual
presidente. Probablemente, el efecto Sandy sea el empujón final que lleve a
Obama a un segundo mandato.
Cualquiera sea el resultado,
el escenario global que deja la gestión del actual presidente de los Estados
Unidos al culminar el año 2012, difiere profundamente de la herencia de su
antecesor. La crisis global, particularmente estadounidense y europea se ha
mantenido, pero mientras se profundiza en algunos países de Europa y mantiene
en vilo la continuidad del euro y la Eurozona , en los Estados Unidos sus efectos
tienden a atenuarse.
La primavera árabe, para
casi todos una sorpresa estratégica del escenario internacional, ha madurado,
para bien y para mal y hoy redefine la situación de Medio Oriente, aisla a
Israel en forma creciente y plantea un escenario de horror y angustiante
incertidumbre con respecto al desenlace (y la duración) de la situación de
Siria.
Al igual que otros casos
resonantes de inoperancia del sistema internacional ante masacres de la
población a manos del Estado –como ocurrió en diversos países africanos a lo
largo de la historia reciente y en regiones pertenecientes a la ex Unión
Soviética durante el primer tramo de la post Guerra Fria– presenciamos la
continuidad inaudita del régimen sirio sin ninguna acción efectiva de los
principales actores de la Comunidad
Internacional , ya sean potencias u organismos.
China juega un rol decisivo
y a la vez pasivo, ausente y distante de los escenarios de crisis, económica,
política, humanitaria que acabamos de mencionar. Sus problemas internos no son
suficiente explicación para lo que parece constituir una estrategia sutil en
extremo y cuyo paso trascendente desconocemos y, por el momento, nadie parece
anticipar.