La decisión
del primer ministro israelí, Benjamín
Netanyahu, de ordenar bombardeos masivos y ataques con misiles contra la
población palestina y preparar una operación terrestre en gran escala, tuvo un
fuerte significado político y ocurrió en un contexto novedoso, con varios
interrogantes.
Sin duda, hubo
un componente electoral, propio y ajeno, 15 días después de la victoria
electoral del presidente Obama y dos meses antes de las elecciones en Israel,
convocadas para el 22 de enero. Netanyahu apuntó a fortalecer su
posicionamiento electoral –si bien algunos expertos señalan que su situación ya
era sólida y en realidad una campaña militar genera más riesgos que ventajas,
porque su impacto electoral depende de los resultados.
La decisión
del primer ministro apuntó también a definir la agenda de un actor clave para
Israel. Sus desacuerdos con el presidente de los Estados Unidos, ahora
reelecto, cobraron notoriedad pública poco antes de las elecciones en ese país.
A su vez,
la guerra civil en Siria, escenario de una disputa más amplia entre Irán, el
actual gobierno iraquí y el grupo Hamas, con apoyo de Rusia y –en menos medida–
China, por una parte, y el frente prooccidental que integran Turquía, Arabia
Saudita y Qatar, con apoyo de los Estados Unidos, por otra, conforma un contexto
regional con un crecientes niveles de violencia, a lo que se suman los interrogantes
que genera la llamada “Primavera Árabe.”
Por el
momento, los gobiernos islamitas moderados de Túnez y Egipto han sido fuente de
estabilidad, con un rol destacado del gobierno de Mohamed Morsi, primer
presidente electo de este último país. Estados Unidos ha reconocido ese rol y
ha tenido en consecuencia un cierto cambio de actitud, pero las reservas y la
incertidumbre acerca del marco regional perduran.
A estos factores
que conforman un contexto relativamente novedoso, se suman el acceso de Hamas a
misiles de mayor alcance y precisión y la decisión del presidente Mahmud Abbas
de solicitar el reconocimiento de Palestina como Estado observador (no Miembro)
ante la Asamblea General
de las Naciones Unidas el próximo jueves 29 de Noviembre.