viernes, 14 de diciembre de 2012

2013

Al culminar 2012, el escenario internacional es menos incierto que un año atrás. Obama ha sido reelecto. La transición china ha dado muestras de continuidad en lo político y señales de flexibilidad en lo económico. La UE continúa sumida en una severa crisis, pero ha dado renovadas muestras de la voluntad política que la sostiene y, en todo caso, las preguntas más importantes son si habrá pérdida de miembros y hasta dónde llegará el poder intrusivo del poder supranacional, hoy prácticamente trasladado de Bruselas a Berlín.

La primavera árabe ha dejado de ser una ilusión y un movito de incertidumbre. Las nuevas democracias –naturalmente, con gobiernos islamistas— componen una compleja realidad, más cercana a Occidente de lo que muchos esperaban, más independiente e indescifrable de lo que algunos querrían.

En Medio Oriente, preocupan más Israel y la amenaza de un Irán con capacidad nuclear y misilística –sumado a un Estados Unidos siempre dispuesto a usar su poder militar— que el rumbo político de los nuevos gobierno islamistas. Un interrogante de la mayor importancia es el rol político que asumirá Turquía en el nuevo escenario regional.

México, con un nuevo gobierno y el PRI de vuelta en el poder, anuncia su regreso a América Latina. Pero su principal problema son los niveles de violencia y penetración social del narcotráfico y el crimen organizado, diagnóstico que, con mayor o menor dramatismo, comparten casi todos los países de la región.

Mientras tanto, Brasil sigue en ascenso, en su cauto pero no menos deslumbrante protagonismo internacional. Mucho más que en el pasado, para entender la política internacional hay que mirar a las regiones antes que a los centros de poder global.