viernes, 26 de abril de 2013

Democracias Europeas


Durante décadas, las democracias europeas y su proceso de integración económica –que avanzó luego en los terrenos de la política, la educación y la seguridad— fueron considerados modelos avanzados de régimen político y de voluntad e inteligencia de los Estados para poner por delante sus intereses y objetivos de fondo, resignando parte de su autonomía en pro de las ventajas que ofrecían la cooperación y la integración regional.

“Eso tenemos que hacer nosotros.” Las ideas y los valores que hacen tanto al modelo de democracia occidental como al de integración europea no fueron cuestionados –y, aún hoy, en el marco de una crisis económica cuyo horizonte temporal tiende a expandirse y de crisis políticas en todos los países del sur de Europa— siguen rodeados de un halo de cierto esplendor.

Pero son las propias ciudadanías europeas, sobre todo las de España, Chipre, Italia, Grecia y Portugal, las que más severamente cuestionan la performance de sus propias democracias y, sobre todo, las consecuencias extremadamente crudas de un proceso de integración avanzado entre economías tan desiguales.

Con el telón de fondo de crisis financieras incontrolables, una moneda única difícilmente sostenible y un brecha cada vez más ancha entre los “ricos del norte” y los “pobres del sur” (de Europa) las ciudadanías cuestionan el carácter  no democrático del sistema de toma de decisiones de la Unión Europea, curiosamente, una forma no democrática de relación entre Estados democráticos.

viernes, 19 de abril de 2013

Venezuela


Los apoyos a la victoria electoral de Nicolás Maduro Moros en las elecciones del domingo 14 de abril se sumaron con cierta rapidez a medida que la situación social y política de Venezuela recuperó la calma, luego de los disturbios de principios de la semana.

Los Países Miembros de UNASUR fueron los primeros en expresar su respaldo. En el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), sólo algunos representantes de los Países Miembros lo hicieron tempranamente. El Gobierno de Estados Unidos fue el único país de la región que continuó reclamando el recuento de votos y, junto con Paraguay, postergando el reconocimiento a Nicolás Maduro, mientras crecían los respaldos y reconocimientos internacionales, incluyendo los de Rusia, y China.

Naturalmente, una victoria electoral tan ajustada (con una ventaja de poco más del 1%) da lugar a posturas encontradas, según las simpatías y antipatías de los miembros de la Comunidad Internacional. Pero más significativa que las escasa diferencia del resultado electoral es la reducción de casi 10 puntos del apoyo al Chavismo, con Maduro como candidato, respecto de las elecciones de octubre pasado, con Hugo Chávez como candidato.

No ha habido ningún análisis convincente que explique el por qué de una reducción tan marcada en un lapso tan breve. ¿Es sólo el vacío que deja un líder con una personalidad tan fuerte como la de Chávez? ¿Es que la situación de la economía y la seguridad en Venezuela ha empeorado tanto en pocos meses, como para incidir de esta manera en el comportamiento del electorado? Cualquiera sea el caso, es evidente que el nuevo presidente de Venezuela enfrenta un enorme desafío político y económico para su gestión de gobierno. 

viernes, 12 de abril de 2013

Thatcher


Margaret Thatcher aprovechó la guerra de Malvinas para blindar y legitimar políticas regresivas que, de otro modo, hubiera sido muy difícil sostener sin enfrentar un levantamiento social generalizado. Sobre esta base, Thatcher estableció un mito, abonado por el partido conservador, acerca de su “mano de hierro” y su capacidad de gobierno.

Desde el punto de vista económico, los resultados fueron más que discutibles y, desde el punto de vista social, absolutamente devastadores. Un académico argentino radicado en el Reino Unido, ha señalado en estos días que atribuir a Margaret Thatcher haber salvado al Reino Unido de una incontenible declinación económica se asienta más en percepciones que en una realidad contundente, ya que el crecimiento promedio del PBI durante su gobierno fue del 2,4 por ciento.

Desde el punto de vista de nuestra realidad político social, la distribución del ingreso, la equidad social y el empleo constituyen cuestiones de fondo. Desde esa perspectiva, la evaluación de la política de Margaret Thatcher – idealizada en otros contextos – no puede eludir el hecho de que al final de su gestión, en el Reino Unido el sector de más altos ingresos había multiplicado varias veces su riqueza y los pobres eran mucho más pobres. La desocupación explícita o encubierta afectaba a más de tres millones de personas. La legislación laboral había asumido un carácter regresivo inconcebible en los años de posguerra y el país, básicamente se había desindustrializado.
Quien haya leído las noticias internacionales de estos días, puede apreciar las dificultades extremas que sufre la economía del Reino Unido en estos momentos, por razones en gran parte originadas en la gestión de Margaret Thatcher, en particular, un sistema financiero totalmente desregulado y una deuda pública creciente.

No se trata de señalar estos aspectos para desviar la vista del tema de la Guerra de Malvinas. Su desempeño durante el conflicto bélico es conocido: mentiras y traiciones promovidas desde Londres para dividir a los países de nuestra región y aprovechar enemistades históricas; empleo de armas prohibidas por convenciones internacionales, hundimiento de buques fuera de la zona del conflicto por orden explícita de la primer ministro.

El problema que tiñe la historia de esos años no es una u otra cosa, su ideología o su belicismo, sino la efectiva combinación que logró, con suma habilidad, debemos reconocer, de ambos términos de la ecuación.