lunes, 13 de mayo de 2013

Cambios sin rumbo


Europa y el norte de África están sufriendo cambios de variada naturaleza. Es difícil imaginar cuán profundos, pero no cabe duda de su trascendencia. La gran diferencia entre ambos es que, mientras los cambios en el mundo árabe parecen dirigirse hacia regímenes democráticos -con las salvedades que merezca cada caso- y con liderazgos de variada inspiración musulmana, los cambios en Europa no parecen orientarse en una dirección determinada.

No hay, a diferencia de procesos de transformación europeos de décadas precedentes, ideas que orienten esos cambios. No es la integración, no es la democracia ni tampoco el protagonismo en los asuntos globales. No hay ánimo de dominación ni de influencia sobre otros territorios ni objetivos compartidos de mayor acercamiento entre los propios.

En este contexto, predominan la desconfianza, el cuestionamiento de los liderazgos paneuropeos, el desprestigio de las elites locales, la desilusión con la integración económica y con unificación monetaria. En el Reino Unido, crecen los sentimientos antieuropeos y en el Sur de Europa la distancia política y social respecto de los más poderosos.

La casa real española y, a su manera, también otras coronas se anticipan a las dificultades por venir e introducen cambios e innovaciones que, en otras circunstancias, hubieran esperado más tiempo ya que la valoración popular de las monarquías ha decaído desde hace tiempo y las crisis actuales no han hecho más que profundizar ese proceso.

De este modo, ni la democracia, ni los liderazgos políticos, ni las casas reales son puntos de referencia de los cambios, mientras que en las sociedades europeas se afianzan la intolerancia racial y religiosa y crecen brutalmente el cuestionamiento a la inmigración y el nacionalismo antieuropeo, como tampoco existe un rumbo económico aceptado consensuadamente ni valores compartidos que sirvan como punto de referencia para los cambios en curso.

jueves, 2 de mayo de 2013

Desafíos Globales

La visita del presidente Obama a México refleja la complejidad e importancia estratégica del vínculo bilateral. Si bien la cuestión comercial ocupa el centro de las tratativas, temas tales como el narcotráfico, la seguridad fronteriza –a lo largo de más de 3.000 kilómetros- y la situación de los migrantes mexicanos en los Estados Unidos, tanto desde el punto de vista legal como laboral, tienen suma relevancia política.


Es cierto que la relación bilateral es de primordial importancia para ambos. Pero, en el actual escenario, la cooperación de México resulta fundamental para los Estados Unidos, por su proyección hacia el Sur, que cubre, al menos, toda América Central, y por los temas de seguridad mencionados anteriormente.

En la misma clave, la Casa Blanca sigue también con atención las negociaciones de paz en Colombia y los primeros tramos de la gestión de Nicolás Maduro en Venezuela.

Pero su principal preocupación es el desafío creciente que plantea la situación en Siria, que puede poner en peligro la estabilidad global. En Siria, están en juego la seguridad de Israel, la relación con Irán, el uso de armas de destrucción masiva, disputas por espacios y ascendencia política entre grupos terroristas y una crisis humanitaria que cada día hace más difícil eludir el tema de una intervención militar, fantasma que persigue insistentemente al presidente Obama.

Dadas las implicancias negativas de este tema para el gobierno norteamericano, con un precedente de altísimo costo por la ocupación de Irak, una situación en Afganistán de la cual no encuentra salida razonable y la crecientemente conflictiva situación de la base de Guantánamo, es más que entendible que una eventual intervención en Siria sea resistida hasta último momento por la máxima autoridad de la Casa Blanca.