viernes, 26 de julio de 2013

Mensaje

A quién estuvo dirigido el mensaje del Papa Francisco en su visita a Brasil? Unos afirman que, principalmente, a los jóvenes. Otros enfatizan su directa comunicación con los más necesitados, ya sea por falta de pan, de salud o de justicia.


Un líder que le habla a todos e identifica qué es común a todos, por encima de creencias e intereses diversos, tiene gran parte del terreno ganado. El Papa Francisco ha mostrado ser capaz de hablarle a todos a través de quienes menos tienen. Y ha ganado una gran batalla en materia de credibilidad y trascendencia, con el contra fondo de una Iglesia que venía perdiendo atractivo en forma sostenida.

Pero el mensaje del Papa Francisco no se refirió centralmente a la Iglesia ni a la fe religiosa sino, sobre todo, a cuestiones terrenales: la justicia social y el futuro de los jóvenes, en particular.

Su mensaje en la favela Manguinhos fu contundente: “Ningún esfuerzo de pacificación será duradero para una sociedad que ignora, margina y abandona en la periferia a una parte de sí misma.”

Su mensaje a los jóvenes, motor de las protestas en Brasil, fue de esperanza: “no pierdan la confianza.” No fue una incitación a continuar las demostraciones ni un llamado a abandonarlas.

El énfasis estuvo puesto en la fe, una fe cuyo objeto no es sólo la Divinidad, sino también lo terrenal, con marcado énfasis en la humildad y, podría decirse, con un fuerte componente generacional que mira hacia el futuro.

Un mensaje más que elocuente en un contexto mundial teñido por la opulencia, la corrupción y la ostentación. La multitud de jóvenes llegados de distintos puntos de Brasil y otros países y su actitud hacia el Papa muestran el fervor que éste en ellos despierta.

Francisco tiene un gran poder que proviene, en buena medida, de su distancia del poder y su contraste con los símbolos del poder, lejos del cálculo y el trabajo por la imagen. Probablemente, esto sea parte de lo que explica la fascinación que el Papa Francisco despierta en los jóvenes.

viernes, 12 de julio de 2013

Agravios y asimetrías

La Cumbre del Mercosur encontró en su agenda dos temas inesperados. Estados Unidos ha espiado sistemáticamente a gobiernos y ciudadanos de un número importante de países, tanto sospechosos de albergar a grupos terroristas como amigos o aliados, entre los que figuran miembros del Mercosur. Por su parte, con una actitud ajena al tratamiento que merecen los Jefes de Estado o de Gobierno, Alemania, Francia, España, Italia y Portugal impidieron recientemente que el avión del presidente de la República de Bolivia, Evo Morales, sobrevolara sus respectivos espacios aéreos.

Este lamentablemente episodio no ha sido ignorado por los mandatarios de los Países Miembros del Mercosur y se espera que sus pares europeos emitan una disculpa formal al presidente de Bolivia. En lo que hace al atropello de los Estados Unidos, también objeto de tratamiento por los participantes en la Cumbre merco sureña, debemos se supone que el presidente Obama daba por sentado que semejante hecho nunca conocería la luz pública.

Sin embargo, la asimetría de poder entre los Estados Unidos y el resto de la Comunidad Internacional hace que este país pueda cometer semejante transgresión con muy bajo costo político. Y cabe preguntarse los alcances de la preocupación de la Casa Blanca al respecto. Washington vive un mundo propio, alejado de las percepciones y opiniones del resto. Un mundo en el que libra una “guerra contra el terrorismo” en soledad y justifica acciones del inmenso aparato militar y de inteligencia estadounidense sin que importen las apreciaciones o reacciones de otros países, amigos, aliados o enemigos.


Esto nos recuerda el comentario de Ken Waltz, un brillante profesor de relaciones internacionales, que dijo hace más de veinte años: la Comunidad Internacional pronto va a extrañar la Guerra Fría. Sin duda, la desaparición de la confrontación entre bloques ha sido afortunada en muchos sentidos. Pero, a la vez, ha dado lugar a que el poder abrumador de la primera potencia global no tenga ningún contrapeso. 

Escuchas y agravios

Debemos suponer que al ordenar, o permitir, escuchas masivas secretas e ilegales a ciudadanos y funcionarios de numerosos países –muchos de ellos “amigos” o aliados– el presidente Obama daba por sentado que semejante hecho nunca conocería la luz pública.
                                
Pero su investidura exige que lo hiciera. Salvo que no le preocupe demasiado la opinión y las percepciones de sociedades que le dieron, en su primera campaña electoral, un apoyo mayor que el que tenía entre los miembros de su propio Partido.

Tal vez esto sea concebible en un contexto de guerra. Tal vez eso sea lo que Obama y muchos de sus colaboradores directos viven: que están en un mundo de “guerra contra el terrorismo.”

Esto, lamentablemente, borraría la diferencia  entre Obama y Bush. Estados Unidos, una vez más, estaría en ese incómodo lugar  en el sistema internacional. Mmm….

Lo cierto es que un Presidente, sin duda bien intencionado e imbuido de principios democráticos, ha hecho o dejado hacer: espiar a Brasil y Alemania, junto con Afganistán, Mauritania, Chad y Mali –ejemplos elegidos no por mis prejuicios, sino por probada presencia de grupos terroristas en estos cuatro países.

Mucho más ofensiva que la de Estados Unidos, ha sido la actitud de Alemania, Francia, España, Italia y Portugal que impidieron al avión del presidente de la República de Bolivia, Evo Morales, sobrevolar sus respectivos espacios aéreos.

Esto nos recuerda el comentario de un malintencionado –brillante– analista de los años 90’, que dijo: vamos a extrañar la Guerra Fría.

Sin duda, la desaparición de la confrontación entre bloques ha sido afortunada en muchos sentidos. Pero, a la vez, ha dado lugar a que el poder abrumador de quienes lo ostentan, por encima de la capacidad, individual o combinada, de los países “periféricos”  (Alemania?) hoy no tenga ningún contrapeso. De otro modo, todo lo dicho en este artículo sería inconcebible.