En el contexto de Medio Oriente es muy
difícil definir qué es más importante, si la paz o la democracia. Los
acontecimientos de los últimos meses auguran un contexto por lo menos incierto
para ambas. La paz en Siria parece lejana y los grandes poderes internacionales
parecen abandonar la población siria a su suerte.
Israel y Palestina, por su parte y con
todas sus dificultades, son la excepción del momento con el reinicio de las
conversaciones de paz. Ni siquiera las nuevas colonias israelíes en los
territorios ocupados han interrumpido el diálogo.
Sin duda, el contexto regional no ayuda,
pero el principal obstáculo se encuentra a las espaldas de cada mandatario, con
una profunda fragmentación del poder en Palestina y profundos desacuerdos
acerca del proceso de paz en la sociedad y la política israelíes.
Y aun quienes apoyan el diálogo saben que
es prácticamente imposible que Palestina e Israel puedan llegar a algún
entendimiento sobre los temas de fondo, es decir, el estatus de Jerusalén y
la situación de la población palestina.
Sin embargo, aún con sus limitaciones y amenazado por un contexto de extrema
violencia a su alrededor, el diálogo entre Israel y Palestina es hoy el hecho
más positivo en una región extremadamente convulsionada.