viernes, 27 de septiembre de 2013

Donde está la crisis?

El triunfo electoral de Angela Merkel invita a muchos a pensar en una flexibilización, no en continuidad o endurecimiento, de la política alemana hacia Europa. La expectativa surge de la probable coalición entre la Democracia Cristiana que ella lidera y la Social Democracia, de inspiración laborista o de centro-izquierda.

Es poco probable, sin embargo, que Merkel extienda su mano a los países del Sur de Europa, endeudados, con altas tasas de desempleo e inmersos en continuas crisis políticas. La fórmula del éxito alemán, sostiene Merkel, es aplicable en otros países: disciplina fiscal, reducción del gasto social, etc.

En realidad, la fórmula alemana oculta más de lo que ofrece como camino viable. No habla del brutal drenaje de recursos desde esos países “indisciplinados” hacia Alemania, en apariencia sólo exitosa en base al sacrificio y la disciplina.

Otra aparente paradoja nos muestra a un Estados Unidos debilitado y en retirada de su rol como garante del orden en el escenario global. Sin embargo, cinco años después de la crisis financiera global iniciada en las oficinas de Wall Street en 2008, la economía norteamericana está fortalecida, el presidente Obama ha sido reelecto y poco se habla de Afganistán o Guantánamo.

Es cierto que han crecido los cuestionamientos políticos a los Estados Unidos, como se evidenció en la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas y varias regiones ven –en muchos casos con alivio– un claro repliegue de la presencia norteamericana.

Lo que no se ve claramente es dónde han quedado las consecuencia de una crisis que fue caracterizada como “gran depresión” y como la más grave desde los años 30.


En algún lugar, esos costos se están pagando. Vemos desde hace tiempo cómo varias economías europeas se desangran y, en lo que va de 2013, China y América Latina entran en un período de desaceleración del crecimiento económico, mientras las otrora florecientes primaveras del mundo árabe se internan en oscuras sendas de autoritarismo. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Orden Global

La situación en Siria y las decisiones de las potencias globales reflejan los dilemas y carencias del orden internacional contemporáneo. Han pasado casi 25 años desde el fin de la Guerra Fría y 12 desde los ataques terroristas a las Torres Gemelas. Se esperó inicialmente que Naciones Unidas fuera el punto de referencia y legitimación de las acciones que se llevaran a cabo toda vez que se quebrantara la paz o se pusiera en peligro la seguridad internacional.

Se avanzó en definir a esta última no sólo en términos de guerras entre Estados sino también con referencia a violaciones masivas de los derechos humanos o situaciones en que un Estado ejerciera la violencia contra su ciudadanía en forma sostenida.

Los límites de la Comunidad Internacional al respecto no se fijaron con claridad. Más bien quedaron librados a la reacción de la opinión pública internacional, un actor difuso y volátil pero de importancia crucial en nuestra era. Al mismo tiempo, cobró centralidad el control de las armas de destrucción masiva y se prestó particular atención a las armas químicas, por ser de fácil fabricación y, a diferencia de las nucleares, pasibles de un empleo acotado.

Estas fueron, más o menos, las reglas del orden internacional emergente. Tras los ataques a las Torres Gemelas, el presidente Bush las ignoró en forma explícita –su discurso acerca de las Naciones Unidas en febrero de 2003, poco antes de la invasión a Irak, fue elocuente al respecto.

A lo largo de todo este trayecto, la ausencia de amenazas de guerra permitió una cómoda abstención de la mayor parte de los miembros de la Comunidad Internacional, primero frente a las crisis humanitarias y luego ante los avances de los Estados Unidos.


Al mismo tiempo, la primera potencia militar siguió siendo vista como la responsable de resolver las situaciones de crisis en, prácticamente, cualquier lugar del planeta. Hoy, con más de 100.000 muertos, el probado empleo de armas químicas y dos años de guerra civil en Siria, estas líneas generales parecen en principio inalterables.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Aislamiento de los EEUU

La posición del presidente Barack Obama frente a la Comunidad Internacional es tan incómoda como frente a su público interno. Los Estados Unidos tienen una responsabilidad global, por su peso en el sistema internacional y por decisiones propias y del resto de los Miembros de ese sistema.

Haber esperado a este momento para actuar frente a la situación creada en Siria ha sido un error estratégico y una abdicación de responsabilidad. Optar por el uso de la fuerza refleja la opaca percepción del resto de la Comunidad Internacional que tienen los analistas, asesores y decisores de la política exterior norteamericana.

Cualquier asesor europeo o latinoamericano hubiera advertido al presidente Obama con toda claridad acerca de la reacción que esa decisión produciría en la opinión pública internacional y entre países aliados y amigos de los Estados Unidos.

La Argentina, en ejercicio de la presidencia provisional del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas durante el mes de Agosto, fue muy clara en este sentido, tanto desde el punto de vista de la postura de un país democrático, comprometido con la defensa de los derechos humanos y representativo de la postura de toda una región con respecto a estos temas, como en lo que hace a una apreciación equilibrada de los asuntos internacionales.

La posición de la presidenta Cristina Kirchner reflejó todos estos matices, ignorados frontalmente por las decisiones del gobierno norteamericano. El motivo de errores de esta magnitud se vincula a intereses de tanto peso como los que llevaron al presidente Bush a invadir Irak y también a la actitud tradicional de los Estados Unidos frente a las Naciones Unidas: ignorar a la Asamblea General, descartar la búsqueda de consensos y acciones concertadas, poner énfasis en la asistencia humanitaria y respetar el rol que el Secretario General debe tener en este tipo de acción.


Estados Unidos ha descartado estos caminos en forma sistemática. Esa tradición ha colocado a la Casa Blanca en la actual coyuntura en una situación tan incómoda que incluso la máxima autoridad de la Iglesia Católica condena explícitamente su postura.