lunes, 21 de octubre de 2013

Una Mala Idea (con peores intenciones)

El intento republicano de dar por tierra con el ambicioso plan de salud de los Estados Unidos, impulsado y defendido con uñas y dientes por el presidente Obama, ha resultado en un fiasco político.

Para el público norteamericano hay dos temas en juego. Uno es la reforma del sistema de salud. Sobre esto ya se ha legislado y existe una nueva realidad, que convive con opiniones divididas. Pero la ciudadanía es consciente de que lo aprobado por el Congreso de los Estados Unidos sienta una nueva base para el sistema de salud de su país.

El otro tema es la responsabilidad que les compete a quienes ocupan lugares claves en el sistema político, y eso incluye a los legisladores de la oposición.

Para los Republicanos esto no es, simplemente, una batalla perdida. Es un punto de inflexión en su desarrollo de las últimas dos décadas, con un presidente que dejó una trágica herencia para su nación y para el sistema internacional y, luego, con la creciente influencia de grupos conservadores radicalizados –el Tea Party, el más conocido de ellos– en el desempeño del Partido.

Sin duda, es impreciso –y, de alguna manera, injusto– hablar de este modo de “los Republicanos”, como si fueran una unidad monolítica. Muchos miembros del Partido, históricamente conocido como “Grand Old Party” (el Gran Viejo Partido) no comparten la postura de los grupos ultra-conservadores, hoy con nutrida presencia en el Congreso.

Pero los efectos de este fiasco, un inconcebible intento de paralizar la administración federal de un país con inevitable influencia y efectos concatenados en la política y la economía internacionales, van sentirse en el Partido en su totalidad. Las encuestas más recientes ya lo reflejan, con opiniones negativas que oscilan entre el 47 y el 70 %, según de qué se hable.

Es probable que ese rechazo a la forma en que algunos legisladores se comportaron en estos días se mantenga a lo largo de los próximos dos años y afecte la capacidad electoral de los Republicanos, al menos durante ese tramo de la vida política de los Estados Unidos. 


viernes, 11 de octubre de 2013

Desaceleración Global

Según el informe económico que autoridades del FMI y el Banco Mundial discutieron la semana pasada, las economías más avanzadas continuarán lentamente con su proceso de recuperación, pero hay dos motivos de preocupación para la economía global: la desaceleración del crecimiento de Brasil, India, China y algunos otros países importantes y la incertidumbre que generan la situación del gobierno de Estados Unidos y la retracción de su endeudamiento externo.

Incertidumbre para la economía global no significa bajo crecimiento de la economía estadounidense –que viene recuperándose firmemente de la crisis que originara hace cinco años– sino, probablemente, aumento de las tasas de interés, que conlleva encarecimiento del crédito y atracción hacia los Estados Unidos de capitales que operan en otras economías, particularmente las emergentes.

Estos movimientos de capital hacia la economía norteamericana no responden solamente a un aumento efectivo de la tasa de interés en ese país y del valor de los Bonos del Tesoro estadounidense, sino también a las expectativas, que resultan un factor decisivo en tales movimientos y son moldeables por diversos factores extra-económicos.

Las que más sufren en ese contextos son las economías con fuerte presencia de inversión financiera internacional y –lo que es una precondición de esa presencia– bajos niveles de regulación de la entrada y salida de capitales y del funcionamiento de los mercados.

En síntesis, la retracción de los niveles de crecimiento de la economía mundial no se deberá sólo a la desaceleración de los BRIC sino también al modo en que se recupera la economía norteamericana, se recompone su situación fiscal y se ejerce el poder sobre otras economías a través de la “mano invisible” del mercado.


Europa, que continúa con problemas y no ve mejoras sustanciales en su horizonte de corto y mediano plazo, no es esta vez la tradicional beneficiaria de las decisiones políticas y los movimientos estratégicos de los Estados Unidos.