lunes, 4 de noviembre de 2013

Nostalgias de la Guerra Fría

Comparar la política internacional de estos años con la Guerra Fría puede parecer exagerado. Sin embargo, se trata esencialmente una metáfora que, al mismo tiempo, señala similitudes cada vez más preocupantes.

La suspensión de garantías ante potenciales abusos del Estado es un aspecto decisivo. El marco legal de excepción que los Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados extra-europeos sancionaron luego de los ataques terroristas de 2001, dejó de ser “de excepción” para transformarse en legislación ordinaria que los Estados aplican discrecionalmente.

La CIA actúa con las mismas prácticas de la Guerra Fría, es decir, no sólo espionaje sino también empleo de la tortura, la extorsión y el secuestro. El uso de drones ha aumentado sensiblemente bajo la presidencia de Barack Obama, con cifras alarmantes de víctimas civiles. Sólo en Pakistán, murieron más de 3000 personas en los últimos diez años.

El terror nuclear ya no está en el centro de la escena. La agenda internacional ha cambiado, pero los Estados Unidos, China y Rusia se neutralizan mutuamente al tratar cualquier tema de interés global, se trate de Siria, Irán o el medio ambiente.  Prevalecen no sólo los intereses de cada potencia sino también la lógica de “suma de cero” (el rédito político de un actor es percibido inevitablemente como pérdida del otro), característica del sistema internacional de aquellos años.

Las escuchas telefónicas realizadas por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de los Estados Unidos que incluye a los líderes de países amigos, aliados, rivales, al Papa Francisco, al FMI y el Banco Mundial, y a cientos de millones de personas de todas las regiones del planeta, no son un dato aislado. Se trata sólo de un aspecto que evoca los años de la Guerra Fría.

Tal vez, la mayor diferencia radique en que, en aquel contexto, existía, efectivamente, un conflicto de alcance global y riesgos extremos para la humanidad, mientras que los móviles actuales responden, esencialmente, a la competencia política y a intereses económicos, públicos y privados, de las grandes potencias.