lunes, 24 de febrero de 2014

2014 Agitado…

El escenario internacional de este año muestra síntomas de agitación social y política en prácticamente todas las regiones. La crisis política del gobierno de Maduro se acentúa tras el control de las protestas. Varios actores, tanto de la oposición como del propio oficialismo –lo que incluye a sectores de las fuerzas armadas– actúan con autonomía y crecientes grados de violencia. Hay numerosos civiles armados de ambos lados.
Mucho más grave, sobre todo desde el punto de vista de la violencia armada y la represión, es la que vive Ukrania, con su fisonomía e identidad político-cultural vinculadas tanto a Rusia como a la Unión Europea.
Mientras tanto, hemos presenciado en días recientes la frustración de los intentos de detener las matanzas en Siria y acercar a las partes a algún tipo de entendimiento. Tampoco la ex primavera egipcia augura un escenario optimista y no se descarta que si la oposición vuelve a las calles la represión sea mucho más sangrienta que la de agosto pasado.
En todos estos escenarios –y en los que sean comparables, tanto en el futuro como en el pasado reciente– un resultado de algún modo sistemático es el incremento de la autonomía institucional y el peso político de las fuerzas armadas. En algunos casos, el gobierno pasa a depender de ellas en forma creciente. En otros, las instituciones armadas directamente se hacer cargo del poder.


Brasil no se asemeja a las crisis mencionadas, pero es evidente que el gobierno de Dilma Rousseff va a enfrentar escenarios críticos a lo largo de 2014, al menos hasta la realización del Mundial de Fútbol, para el que faltan apenas tres meses. Tal vez su carta más audaz y a la vez brillante haya sido el anuncio de la invitación al Papa Francisco al evento deportivo global.