El papa Francisco es
candidato al Premio Nobel de la Paz, noticia que despierta alegría y resulta
natural al sentir de millones de personas. Sin embargo, esta auspiciosa noticia
debe ser analizada con mesura, sin exagerado entusiasmo, para no traicionar la modestia
y humildad de quien, en menos de un año, ha sabido ganarse el corazón de tantos
millones de personas, tanto fieles como ajenas al Catolicismo.
Justamente, la prédica
del Papa Francisco tiene, entre otras enormes virtudes, la capacidad de
trascender las fronteras, las físicas, las morales, las políticas, las
religiosas y, en particular, las que responden a prejuicios e ideologías. Su
candidatura al Premio Nobel de la Paz es congruente con tales virtudes y, a la
vez, debe ser puesta en perspectiva para no contrariar la propia prédica de
Francisco.
Este año los nominados al
Nobel de la Paz alcanzan la cifra récord de 278 candidatos, de los cuales 47
son organizaciones y el resto, individuos. Entre estos últimos figuran el
presidente de Rusia, Vladimir Putin y el ex analista, antiguo empleado de
Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) Edward Snowden, actualmente refugiado
en Rusia.
Pero la variedad de
perfiles y la presencia de candidatos que no pueden sino llamar la atención, se
debe a que, según el testamento de Alfred Nobel, la nominación de candidatos al
Premio Nobel de la Paz puede ser realizada por un amplio espectro de personas,
por ejemplo, legisladores o profesores de Ciencias Políticas.
Entre marzo y mayo, la
comisión Nobel reducirá la lista a unas 10 ó 12 personas y el ganador será
anunciado el 10 de octubre.
Por su parte, en una
entrevista reciente, publicada en el diario italiano "Corriere della
Sera" el 5 de marzo, el Papa sostiene que se considera una persona normal,
que ríe, llora y tiene amigos, y que definirlo como un "superman" o
una "estrella" le parece "ofensivo".