viernes, 16 de mayo de 2014

Un Mundo de oportunidades



En su tapa del 13 de febrero de 2003 la revista El Economista presentó un enorme precipicio frente al cual se pregunta cuán profunda es la división entre Europa y los Estados Unidos. Era la víspera de la invasión a Irak y la otrora indestructible “Alianza Occidental” mostraba su progresiva disolución en el nuevo contexto internacional.

En un mundo sin amenazas militares significativas, Europa no tenía motivos para seguir pagando la deuda contraída por la contribución americana a la derrota del nazismo y, en años subsiguientes, a la contención del expansionismo soviético.

Europa, al igual que China, veía en el nuevo escenario un mundo de oportunidades económicas y en el manejo de los asuntos internacionales por los Estados Unidos algo difícilmente controlable y plagado de riesgos más que de posibles beneficios.

Once años después, vemos que el abismo graficado por El Economista se ha profundizado. “Las divisiones entre EE.UU. y la UE debilitan a Occidente frente a Rusia” titulan sus análisis algunos medios. “Estados Unidos resiente la actitud contemporizadora de Alemania frente a Putin”, comentan otros.

Evidentemente, Putin ha visto una oportunidad, al igual que Al Assad y, por qué no, Angela Merkel, que hoy por hoy controla Europa.

Para nosotros, la enseñanza ha sido clara desde hace tiempo. La integración regional, la cooperación Sur-Sur, los lazos económicos con China, la apreciación estratégica del ascenso Brasil, el distanciamiento de las recetas del FMI han sido ejes del crecimiento económico de nuestra región. Desde ese lugar, es importante pensar, como región, en otras oportunidades, las que se abrirán cuando se conforme el orden internacional hoy ausente e inevitablemente necesario.

lunes, 5 de mayo de 2014

Adiós al Estado…



Todo orden internacional supone un poder –eventualmente, más de uno– que impone restricciones, sanciones y, eventualmente, penas muy severas a quienes transgreden las normas, no necesariamente el Derecho Internacional, sino las que dictan la lógica de ese orden.

En el Estado Moderno, el que sucede en Occidente a la declinación del Feudalismo, el monopolio de la fuerza y la imposición de penas a quienes transgreden la ley –que el propio Estado establece–  constituyen atributos inherentes a esta entidad y exclusivos de la misma.

Los pronósticos más optimistas que surgieron hace 25 años, tras el fin de la Guerra Fría y la violenta reacción de la Comunidad Internacional ante la invasión a Kuwait por parte de Irak, chocaron pronto con las tendencias emergentes de esta nueva era: Estados colapsados, crimen transnacional que frecuentemente supera la capacidad militar de los Estados más débiles, flujos de capital e información que resultan incontrolables para los Estados, creciente permeabilidad de las fronteras, etc.

 Hoy presenciamos una cristralización elocuente de esas tendencias. Ciudadanos organizados política y militarmente llevan a cabo la secesión de Crimea respecto de Ucrania y una rápida anexión a Rusia. La Comunidad Internacional no atina a reaccionar, Putin inicia un juego desafiante y Estados Unidos impone sanciones a asesores y empresas próximas al Presidente ruso –es decir, penaliza a individuos en sus intereses privados por una transgresión al Derecho Internacional cometida por otro Estado. (!)

Mientras tanto, Estados Unidos aún sufre las secuelas de wikileaks y las revelaciones de Edward Snowden y Estados tan poderosos como Rusia, China y Arabia Saudita centran gran parte de su atención en YouTube, las redes sociales y el trabajo de los hackers como principales amenazas.

En Europa, el independentismo de Cataluña y Escocia atentan contra la integridad de España y el Reino Unido, otrora metrópolis de vastos imperios. Y en nuestra región, frente a los crecientes niveles de inseguridad, la reacción de ciudadanos de diversos países –que hasta hace un tiempo se limitaba a acudir a la seguridad privada y a la compra de armas– se traduce hoy en frecuentes linchamientos. Para poner tan sólo un ejemplo, en Guatemala, según un informe publicado recientemente, hubo, entre 2004 y 2013, 295 linchamientos y 1.224 detenciones de sospechosos por parte de vecinos.