Al momento de escribir esta nota, las
tropas israelíes siguen estacionadas en la frontera con Gaza. Se encuentran del
lado israelí pero en estado de alerta, listas para reingresar si las
negociaciones en El Cairo fracasan.
Su jefe, el comandante Sami Turgeman,
declaró el miércoles que “la operación Margen Protector ha terminado; las
fuerzas están desplegadas en torno de la franja y listas para continuar.”
Para el Estado Mayor israelí, “esta fase
se ha cumplido con éxito.” Se han destruido 32 túneles, más de 3000 cohetes, Hamás
no ha recibido el apoyo del mundo árabe
que esperaba y ha sufrido 900 bajas.
Sin embargo, esa cifra no coincide con
las que ofrece Naciones Unidas, que registra 1814 palestinos muertos, de los
cuales 1312 son civiles, lo que incluye 408 niños y 214 mujeres.
En cualquier caso, aún con las cifras del
Estado Mayor, el Ejército Israelí mató más civiles que milicianos y la imagen
que queda en el campo internacional es la de una mayoría de niños, mujeres y
ancianos.
La condena internacional a Israel ha sido
de alcances que no tienen precedente, al menos en términos de la dureza y la
variedad de países que han expresado esa condena.
Pero a fin de señalar un dato que apunta
a la lógica de acciones y decisiones que, en principio, resultan incomprensibles,
cabe destacar que en la opinión pública israelí predomina una opinión negativa
sobre el repliegue. Prestigiosos analistas locales han criticado la retirada
terrestre, señalando que “se ha disuadido y debilitado” (a Hamás), “pero su
amenaza permanece.”
Y, si bien la opinión pública local sigue
respaldando al primer ministro Benjamín Netanyahu, ese respaldo ha bajado 20
puntos tras la retirada, del 85% en los días más intensos de la invasión al 65
% tras declararse la tregua.