viernes, 24 de octubre de 2014

Agendas post electorales



La región atraviesa un período de reacomodamientos políticos trascendentes, pero sin un eje unificador o de convergencia en términos políticos o económicos. La heterogeneidad de estilos y orientaciones, sin un perfil predominante a nivel regional, se apoya a su vez en electorados habitualmente cercanos a un empate.

La práctica del ballotage como regla general refleja sociedades que tampoco tienen un perfil o preferencia ideológica predominante sino, más bien, una división entre dos orientaciones contrastantes, con bases sociales respectivas también contrastantes.

Esto acota la capacidad de los gobiernos que, si bien en un principio pueden aprovechar para avanzar con medidas de su preferencia, pronto ven sus márgenes de maniobra restringidos.

A esto se suma que, actualmente, en nuestra región las agendas gubernamentales están condicionadas por dos temas de primer orden: la contracción económica global y grados crecientes de inseguridad, en su mayor parte causados por un accionar arrollador del crimen organizado y el narcotráfico.

Probablemente, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, reelegido en junio pasado luego de cuatro años de una gestión considerablemente exitosa, sea la principal excepción a esta tendencia. Santos inició su gestión con esa agenda en la mano y mantuvo una estrecha relación con el presidente Obama, que le permitió alcanzar éxitos considerables en materia de seguridad interna.

Pero Enrique Peña Nieto, presidente de México desde diciembre de 2012, ha visto fuertemente opacada su gestión por la violencia de los carteles de la droga, con incrementos considerables en materia de inseguridad a nivel nacional y regiones prácticamente copadas bajo el control de las organizaciones criminales.

De manera distinta, pero con elementos en común, el gobierno del Frente Amplio, no obstante sus logros políticos y el estilo personal del presidente Mujica, vio crecientemente opacada su gestión por un incremento de la inseguridad de algún modo insólito para los estándares y la tradición de Uruguay.