viernes, 24 de julio de 2015

Fin de Mandato

El lunes pasado se reabrieron las embajadas de Cuba en Washington y de los Estados Unidos en La Habana. Poco antes, Irán y los Estados Unidos firmaban, junto con otras potencias occidentales, un acuerdo en materia de armas nucleares, que entre otras cosas abre la posibilidad –a futuro- de que se reabra la Embajada americana en Teheran.

Se trata de gestos inequívocos, y trascendentes, a dos de las comunidades más antinorteamericanas de todo el planeta –cada una a su manera. La política hacia nuestra región ha sido uno de los aspectos más deslucidos de la gestión de Obama, que se inició con una errónea postura frente a la crisis hondureña, siguió con intentos formales de aproximación muy poco productivos y finalmente cayó en una diplomacia vacía hacia quienes no se subordinan a la política de Washington. En lo positivo, Obama optó por gestos amistosos pero no muy transcendentes hacia Colombia y otros países del Cordón Andino y un foco de su política operativa contra el crimen organizado en Centro América, con resultados que han estado a la vista en estos días.

Pero Obama no tomó las decisiones de estas últimas semanas en situación de crisis –es decir, ante la necesidad de actuar frente a circunstancias amenazantes que tienden a agravarse. Más bien, se ha mostrado decidido a dejar su huella en la historia del primer tramo del siglo XXI y demostrar que el primer presidente afro-americano de los EEUU, sucesor de George W. Bush y por lo tanto heredero de una confrontación extrema con el mundo islámico y de muy poca afinidad con el mundo latino, no ha estado ocho ocupando el Salón Oval en vano. .

Hace menos de un mes, Obama tuvo también un par de victorias internas, con los fallos de la Corte Suprema que respaldaron sus políticas referidas a reforma sanitaria y derechos de la comunidad gay. Nada parecido a un final de mandato de creciente debilidad.