viernes, 2 de octubre de 2015

Lo que importa

Resulta difícil distinguir claramente qué es lo que está en juego en Siria, que justifica el interés la tardía intervención de las grandes potencias, luego de cuatro años, en que la guerra y la represión estatal han cobrado 310.00 víctimas y más de 4 millones de refugiados -según datos de la ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) revelados hace pocos meses.
Los Estados Unidos señalan al presidente Bachar El Assad como principal responsable de la crisis humanitaria, mientras Rusia sostiene que la situación es producto de la intervención de Occidente. Pero hoy ambos coinciden en señalar al EI (Estado Islámico) como principal enemigo y, aunque no lo digan, ambas potencias carecen de una estrategia medianamente razonable para enfrentarlo. Su avance y su atracción para combatientes de diversas latitudes son, hoy, incontenibles.
Aun así, cada una de las potencias promueve una coalición diferente -los Estados Unidos con varios países occidentales y Rusia con Irak e Irán, ambas con acciones que, todos sabemos, carecen de eficacia.

Lo que parece estar en juego, frente a cientos de miles de muertos, millones de personas que lo han perdido todo, un país devastado, un tirano que ha ejercido una violencia extrema sobre la población civil y
un enemigo inmanejable como el EI, es la competencia entre dos potencias por el predominio en una zona estratégicamente clave.

Todo esto indica que, para las grandes potencias, desde antes del Imperio Romano y hasta nuestros días, a la hora de hacer valer su poder no cuentan ni el sufrimiento humano ni la dignidad de otros países ni ningún otro criterio sino sus intereses por encima de cualquier otra consideración. Tal vez, la única novedad sea que hoy no lo hacen en nombre de la grandeza del Imperio sino en nombre de la paz y valores humanitarios.